¿Cuáles son los estilos de crianza?

Los estilos de crianza se clasifican en; autoritario, permisivo, negligente y democrático, los tres primeros hacen alusión al desequilibrio, disfuncionalidad, crítica, rechazo y castigo hacia los hijos; el democrático es el más recomendado, dado que fomenta una conducta adaptativa a nivel social, demuestra independencia, autoestima y autonomía, además se fortalece la empatía y generosidad con los demás, se establecen vínculos de convivencia de forma espontánea; sin duda estas habilidades sociales son trascendentales porque somos seres sociales y debemos enfocarnos en cómo establecer relaciones saludables dentro de todos los contextos ya sea familiar, escolar, laboral, entre otros. Estilo de crianza autoritario. Un control fuerte en cuanto la exigencia, poca disposición y reciprocidad definen el estilo de crianza autoritario. Aquí son los adultos los que mandan, y los niños los que callan y obedecen. Son padres que esperan muchísimo de sus hijos, imponen gran cantidad de reglas y si no se cumplen aplican castigos. Por otro lado, no suelen ser afectuosos con sus hijos, sino que se muestran distantes. Los niños suelen ser sumisos y obedientes, de baja autoestima, sin embargo, ante tantas normas y exigencias los hijos pueden rebelarse en la adolescencia. Los niños de padres autoritarios suelen tener una baja autoestima, puesto que sus padres no han tenido en cuenta sus necesidades emocionales y afectivas al mismo nivel que las normas. Han aprendido que el poder y exigencias externas son prioritarias, y por eso se muestran obedientes y sumisos ante poderes externos. Sin embargo, son niños inseguros con baja inteligencia emocional, que difícilmente tienen autocontrol sobre sus emociones o conductas cuando una fuente de control externo está ausente. Por esta razón, son vulnerables a presentar conductas agresivas ante las situaciones cuyo autocontrol solo depende de ellos mismos. Estilo de crianza permisivo. Por el contrario, padres permisivos son aquellos de control relajado, alta disponibilidad y reciprocidad para las necesidades de los niños. Hoy en día es común escuchar hablar de los “padres helicóptero”, los que sobrevuelan alrededor de sus niños, pendientes de satisfacer hasta el menor de sus caprichos y que no saben decir un “no”. El estilo de crianza permisivo se basa en establecer pocos (o ningún) límites, resultando perjudicial para estos niños, que después tienen dificultades para desempeñarse académica y socialmente y suelen comportarse como pequeños “tiranos". Estos niños se caracterizan por ser muy alegres, divertidos y expresivos. Sin embargo, al no estar acostumbrados a las normas, los límites, las exigencias y el esfuerzo, también son niños muy inmaduros, incapaces de controlar sus impulsos y que se rinden con facilidad. Además, suelen ser niños bastante egoístas, puesto que siempre les han priorizado por encima de todo, y no han tenido que renunciar a cosas por los demás. Estilo de crianza democrático. Se lo conoce también como estilo de crianza asertivo. Es el más equilibrado, sabe combinar un control fuerte con una alta disponibilidad. Son padres que ponen reglas claras, pero están abiertos a dialogar y explicar sus motivos. Sus hijos reciben contención y afecto además de límites, y suelen crecer con autoestima alta, empatía hacia los demás y capacidades de liderazgo. Los niños de padres democráticos se caracterizan por tener una autoestima sana, con confianza en ellos mismos, que se esfuerzan por conseguir sus objetivos y no se rinden con facilidad. Afrontan las nuevas situaciones con confianza y entusiasmo. Tienen buenas habilidades sociales, de manera que son competentes socialmente, y tienen una gran inteligencia emocional, que les permite expresar, comprender y controlar sus propias emociones, así como comprender las de los demás y tener empatía. Estilo de crianza negligente. Un control relajado, baja reciprocidad y afecto dan como resultado el estilo de crianza negligente. Son padres y madres desatendidos, que no brindan contención a sus niños ni están emocional o físicamente disponibles para ellos. No exigen mucho de sus niños pero tampoco se muestran solícitos o afectuosos. Delegan la crianza en terceros, como la institución escolar. Sus hijos crecen abandonados, con pobre autoestima, no saben cumplir normas y tienen problemas en la interacción social. Estos niños presentan problemas de identidad y baja autoestima. No conocen la importancia de las normas, y, por tanto, difícilmente las cumplirán. Además, son poco sensibles a las necesidades de los demás y especialmente vulnerables a presentar problemas de conducta, con los conflictos personales y sociales que esto conlleva. Por supuesto que estos cuatro estilos de crianza no suelen darse “puros”, sino que son una idealización. Por lo tanto, mi "consejo" es que no pierdas de vista cuál es tu objetivo al momento de educar y "crecer" a tu hijo. Si pretendes que tus hijos sean personas sanas pon en práctica estas diez estrategias. 1. Ten siempre presente que tu hijo depende de ti, y que tu conducta y tus reacciones hacia su conducta determinarán su comportamiento. 2. Ten en cuenta sus necesidades emocionales y afectivas, no solo las básicas. Los niños necesitan cariño, afecto, amor y paciencia. Es importante reconocer que cada estilo trae consecuencias, por ende, apegarse al mejor estilo de crianza es lo recomendable.

¿Cómo ayuda la crianza respetuosa en los niños?

Ser padres es un reto constante con el objetivo de lograr que su bebé se convierta en un adulto funcional, responsable y, ante todo, feliz. Esta no es una tarea sencilla, hay varios estilos de crianza parental y es responsabilidad de padres y madres decidir a qué estilo criar a sus hijos. El estilo que más se promueve recientemente y que mejores resultados da a largo plazo, es la crianza respetuosa. ¿Qué es la crianza respetuosa? La crianza respetuosa es un estilo de educar y criar a los niños que se basa en el respeto y la igualdad entre padres e hijos. Este estilo de crianza tiene su origen en la Teoría del Apego del psicoanalista John Bowlby. Pensando con sentido común, podemos pensar que la crianza de nuestros hijos se basa siempre en el respeto y el amor. Las formas tradicionales de educar a los más pequeños y muchas de nuestras costumbres sociales, no se corresponden con esta idea de criar desde la igualdad. La crianza respetuosa establece una serie de pautas, consejos y guías para qué los papás y mamás aprendan a responder de forma idónea a las diferentes acciones de sus bebés en cada etapa de su desarrollo. ¿Cuáles son los principios de la crianza respetuosa? La crianza respetuosa consiste en criar a tu bebé desde el entendimiento, la empatía y el amor, pero como iguales. No se trata de darle todo lo que pida en el momento que lo pida, sino de entender cuáles son sus necesidades emocionales y afectivas y responder a ellas de la forma más apropiada. Está muy relacionada con la disciplina positiva. Estos son los principios de este estilo: ● Respeto: Respeto mutuo entre progenitores e hijos. Es un punto complejo, puesto que los niños deben aprender y entender que papá y mamá son figuras de autoridad, pero papá y mamá deben comprender que el bebé es un ser humano complejo con necesidades particulares. Esto es más complicado de lo que pueda parecer. ● Amor incondicional: Querer a tu pequeño sin peros, a pesar de susdefectos, errores o personalidad, es la base de cualquier relación saludable entre padres e hijos. Cuando se produce el embarazo, comienzan las ilusiones y las esperanzas, pero cargar a tu bebé con tus expectativas para él, es injusto y fuente de muchas frustraciones cuando, inevitablemente, no las cumpla todas. ● Igualdad: Como padres deben entender que los niños tienen opiniones, sentimientos e ideas, igual que los adultos y estos deben ser respetados. La crianza respetuosa nos enseña que no hay que silenciar a tus hijos, puesto que deben aprender a expresar sin miedo lo que piensan y sienten. ● Empatía: Es crucial para la crianza respetuosa, conectar con tu bebé, ponerte en sus zapatos y tratar de entender por qué está actuando de una forma o de otra. Esto es imprescindible para poder crear ese vínculo de respeto tan necesario.La crianza respetuosa es, actualmente, el estilo de crianza más recomendado por expertos. Esto se debe a que es la forma más efectiva de criar a un niño. Seguir los principios y claves de la crianza respetuosa proporcionará a tu hijo las herramientas cognitivas y emocionales que necesita para desenvolverse en el mundo con confianza y seguridad sin dejar de lado la empatía y la comprensión. ● Mejor gestión emocional: Los niños que se han criado con este estilo demuestran una mayor inteligencia emocional. Son capaces de reconocer sus sentimientos, identificar la causa y gestionar sus reacciones emocionales de la mejor forma posible. ● Menos problemas de autoestima: Con la crianza respetuosa, los niños interiorizan que su opinión tiene valor, aunque no siempre se salgan con la suya y que sus sentimientos son reconocidos. Por lo tanto, son niños con más confianza en sí mismos y con mayor autonomía infantil.

¿Por qué se generan las crisis? (existenciales)

Es posible definir a una crisis como todo aquel suceso que sobrepasa las capacidades que tiene un individuo para adaptarse a lo que le ocurre, y en el caso de las crisis existenciales éstas pueden ser definidas como el cambio de un estado de bienestar general a un estado de constante insatisfacción con la situación de vida del presente. Es decir, una crisis existencial se genera a partir de la percepción que tiene un individuo acerca de su propia vida, derivado de las propias expectativas que se tengan: logros académicos, familiares, laborales e incluso espirituales son algunos de los aspectos que pueden influenciar la aparición de un momento de crisis. Sin embargo, es importante reconocer que se trata de un suceso que es, hasta cierto punto, una eventualidad, un aspecto pasajero de la vida cotidiana que pudiera estar derivado de varios factores: sentir que no se cuenta con suficientes logros, tener una rutina que no permite espacios recreativos a solas o tiempo de calidad con los seres queridos, la presencia de eventos que han hecho que se pospongan o cancelen planes a futuro, etc. El sentimiento de insatisfacción con la propia vida puede ser pasajero en la medida que se tome consciencia de cuáles son aquellas circunstancias que efectivamente no pueden cambiarse y cuáles son aquellas que, en cambio, pueden ser modificadas para establecer nuevas ideas, nuevas metas o nuevas circunstancia que se encuentren más alineadas con los ideales y sueños personales. Además de esto puede ser de utilidad reconocer que la crisis se trata de una eventualidad que no es única: a una gran cantidad de la población le llega por lo menos un momento de crisis existencial a lo largo de su vida, por lo que abrir la mirada a un panorama más amplio y entender que muy probablemente no seamos la única persona atravesando una crisis puede brindar alivio. Si la mayoría experimenta sentimientos y pensamientos similares esto puede proveer un sentido de “normalidad” que por sí mismo disminuya la incertidumbre y la insatisfacción al permitir que los individuos dejen de verse a sí mismos como víctimas desesperanzadas de sus circunstancias y en su lugar se reconozcan como responsables de su propio bienestar, con la capacidad de alterar el presente y por ende, también el futuro. Reconocer que así como existen circunstancias que escapan a nuestro control también existe potencial en lugares, personas y habilidades que seguramente no se estén desarrollando o explotando, para ello es necesario establecer qué criterios rigen la vida (ideales, valores, metas, etc.) y de ese modo sea posible empezar a tramar un panorama que sea el punto de partida hacia lo que se quiere conseguir, conscientes de que es necesario hacernos responsables de nuestros actos.

¿Cuándo rehacer mi vida de pareja?

La separación de pareja es un momento de gran cambio y desafío en la vida de cualquier persona. Después de compartir intimidad, sueños y rutinas con alguien durante un período de tiempo significativo, el ajuste a la vida sin esa persona puede resultar abrumador. Entre las muchas preguntas y preocupaciones que surgen en este proceso, una de las más comunes es cuándo es el momento adecuado para comenzar a rehacer tu vida. La realidad es que no existe una respuesta universal o una fórmula mágica que determine el momento preciso para rehacer tu vida después de una separación. Cada individuo experimenta y procesa las emociones de manera única, y el tiempo necesario para sanar y avanzar varía considerablemente de una persona a otra. Sin embargo, hay algunas pautas generales que pueden ser útiles para aquellos que se encuentran en esta situación. Escucha tus emociones El primer paso es escuchar y respetar tus propias emociones. La tristeza, la confusión, el enojo e incluso el alivio son respuestas emocionales comunes a una separación. Permítete sentir estas emociones y no te juzgues por ellas. Reconoce que es natural sentir una variedad de emociones durante este período de transición. Dale tiempo al tiempo La curación emocional no sigue un calendario específico. Es importante darse tiempo para procesar la separación y sanar las heridas emocionales. Intentar apresurar el proceso o negar tus sentimientos puede prolongar el dolor y dificultar la recuperación. Busca apoyo Buscar apoyo emocional durante este tiempo puede ser invaluable. Amigos cercanos, familiares comprensivos o incluso un terapeuta pueden brindarte el apoyo y la perspectiva necesarios para atravesar este período difícil. Compartir tus sentimientos y preocupaciones con otros puede ayudarte a sentirte menos solo y proporcionarte nuevas formas de abordar tus emociones. Reconecta contigo mismo La separación puede ser una oportunidad para reconectar contigo mismo y redescubrir tus intereses, pasiones y metas personales. Dedica tiempo a actividades que te traigan alegría y satisfacción, ya sea practicando un pasatiempo, viajando o embarcándote en nuevos proyectos. Establece límites claros Si bien es importante abrirse a nuevas experiencias y oportunidades, también es crucial establecer límites claros para proteger tu bienestar emocional. Esto puede implicar establecer límites con tu ex pareja, establecer límites con amigos y familiares bien intencionados, y aprender a decir no a las actividades que no te benefician emocionalmente. Explora nuevas relaciones (cuando estés listo) Finalmente, es importante recordar que no hay un marco de tiempo fijo para comenzar a buscar una nueva relación después de una separación. Es fundamental escuchar tu intuición y sentirte verdaderamente listo y emocionalmente disponible antes de embarcarte en una nueva relación. No te sientas presionado por las expectativas externas o las comparaciones con otros. Confía en ti mismo y sigue tu propio camino hacia la sanación y el crecimiento personal. En última instancia, la pregunta de cuándo rehacer tu vida después de una separación de pareja no tiene una respuesta definitiva. Es un proceso único y personal que requiere autocompasión, paciencia y autenticidad. Permítete sentir, explorar y crecer a tu propio ritmo, y recuerda que el viaje hacia la sanación y la felicidad puede ser tan significativo como el destino mismo. Psic. Jonathan García Mezhua

¿Cuándo debemos ir a terapia de parejas?

La terapia de pareja desde el punto de vista de la psicología consiste en ofrecer estrategias y soluciones para poder abordar y mejorar los posibles problemas que surgen en una relación de pareja. En la mayoría de los casos se solucionan estos problemas, pero es cierto que hay un porcentaje de parejas en terapia que deciden dejar la relación. No siempre el seguir o continuar la relación es la mejor solución, claramente lo importante de la terapia es que cada una por cuenta propia pueda identificar las circunstancias que no permiten que la relación continúe.     Pero la pregunta aquí es ¿cuándo es necesario acudir a terapia de pareja? Un signo de que una pareja necesita ir a terapia sería cualquiera que cree malestar a uno de los miembros de la pareja o los dos y que esté afectando a la dinámica de la pareja o de la familia. En general, los más comunes son los siguientes: Problemas de comunicación. Sería cuando hablamos y hemos dejado de entendernos, oímos, pero no escuchamos. Se produce una disonancia entre lo que pienso, lo que he dicho y lo que el otro ha entendido. Dificultades en la intimidad y/o la sexualidad. Siempre me ha parecido imprescindible diferenciar intimidad y sexualidad. No es lo mismo parejas que tienen dificultades en la sexualidad por algún problema orgánico o emocional, que parejas que tienen un distanciamiento en la intimidad, en el quedarse a solas sin saber qué hacer, de qué hablar. Proyecto vital. La pareja está en constante movimiento, lo que valía en un principio no tiene por qué valer años después. Ir actualizando el proyecto vital de cómo la pareja va creciendo es fundamental para fomentar la unión de la pareja. Dificultades con los hijos. La educación de los hijos suele ser un punto conflictivo dentro de una pareja. ¿Sabemos cómo queremos educar? ¿Cómo reaccionamos ante determinadas situaciones? Las parejas tienen que perder el miedo a discutir siempre y cuando no se salten las líneas rojas de las faltas de respeto. No obstante, hay que saber discutir, hay que saber cómo plantear el desacuerdo y centrarse en el tema sobre el que estamos discutiendo. (Si estamos hablando de la educación de los hijos, la conversación no puede derivar a otros temas). Trabajar una infidelidad suele ser duro y doloroso. Es necesario entender qué ha pasado, trabajar la reconstrucción de la confianza y que se produzca una reparación del daño causado. ¿Cuál es el objetivo de la terapia de pareja? El principal objetivo sería entenderse y una vez que hemos podido entender, modificar o aceptar las conductas que están erosionando la pareja. Las personas y las parejas tienen la falsa creencia de que el objetivo de una terapia de pareja es que la pareja acabe junta sea como sea, algo que no siempre es posible. El objetivo final de una terapia de pareja es conseguir bienestar, ya sean juntos o separados. En ocasiones, el objetivo de una terapia de pareja es mediar en una buena separación en que ambos salgan lo menos lastimados posible. “La relación de pareja es como un amplificador de muchas sensaciones de nuestra vida: potencia todo aquello que nos ocurre. Si las cosas funcionan bien, la relación se ve mejorada y a la vez vuelve amplificado ese bienestar a la persona” Todo aquello que la pareja pueda llevar a cabo para mejorar la relación y reconocer aquellas situaciones en terapia que les permitan seguir adelante es un gran plus para que todo marche bien, sin embargo, como también se mencionó, no siempre el seguir juntos implica que sea lo más sano para las personas, al final cada uno es un ser individual el cual puede determinar si lo mejor es no continuar.

Cosas que no se recomiendan hacer después de una separación

Las rupturas amorosas son sucesos complicados pues se trata de un vínculo que suele ser valorado como “especial” e incluso como “por encima de” otro tipo de relaciones (familia, amigos), por lo que se sobreentiende que la pareja tiene un rol específico que “ningún otro individuo podría ejercer” y esto repercute en el proceso de readaptación al tener que hacer nuevamente la vida sin pareja. Crecemos escuchando acerca de una “media naranja” que ha de complementar a la perfección a la persona que somos, que sabrá atender y resolver en torno a nuestros sueños, necesidades e ideales, eligiendo olvidar en ocasiones que se trata simplemente de otra persona tan imperfecta y tan carente como uno mismo y por ende es posible que existan  diferencias irreconciliables que lleven a terminar la relación. Si bien las circunstancias en las que ha ocurrido la ruptura amorosa tendrán peso (si terminaron en “buenos” o en “malos” términos, si se encontraban viviendo juntos o no, la existencia de planes o compromisos familiares, económicos, etc.) existen algunas premisas que pueden prevenir de manera general que una persona desarrolle complicaciones en el duelo por separación al enfrentar sentimientos como frustración, abandono, decepción e incluso inutilidad y por supuesto, desamor. Por lo tanto, en primer lugar es importante ser conscientes de si se está atravesando una renuencia a dejar ir a la otra persona a fin de evadir la vivencia de todo lo que trae consigo la ruptura del vínculo afectivo. Esto puede manifestarse no tan sólo con la renuencia a dejar ir si no con la búsqueda activa de la ex pareja, ya sea de manera personal (presentándose en su casa o en su trabajo por ejemplo) o por medios electrónicos con llamadas y mensajes que intenten simular que la relación no ha terminado. Esto por supuesto es una de las cosas que no se deben hacer tras experimentar una separación dado que una relación sana debe establecerse bajo la reciprocidad y el consenso y toda acción que demerite o intente anular la decisión de la ex pareja sólo dañará la relación que hubo junto con la que pudo haber existido tras la ruptura. Para poder adaptarse a la  nueva realidad es necesario por supuesto, en primer lugar, reconocer que existirán cambios y que es ideal que seamos participantes activos en ellos al mantener una comunicación respetuosa que busque establecer acuerdos. De allí que tampoco sea ideal incurrir en la contraparte de éste tipo de acciones, es decir, tampoco hay que poner distancia de manera total con la otra persona desde la negación, pues se estaría tratando entonces no de un recurso para sanar emocionalmente si no de un mecanismo para evadir la realidad de la pérdida que ayude a pretender o afirmar que “todo está bien” y que “no ha pasado nada” para proseguir con la cotidianidad. Por último, en el caso de existir hijos en común no se debe hablar mal de la expareja pues esto constituye una forma de violencia hacia la integridad de los menores en tanto ello atenta contra su derecho a una vida digna en la que tengan presente que si bien la relación entre sus padres ha llegado a un fin, la relación entre hijos-padres es completamente distinta y por ello pueden y deben seguir contando con ambos tutores.

¿Cómo ayudar a una persona que no tiene sentido de vida?

Es importante recordar que el sentido de vida cambia según nuestras experiencias y en ocasiones el sentido de vida se pierde, para esas ocasiones donde perdemos el sentido de vida es importante seguir las siguientes recomendaciones: Escucha sin juzgar. Cuando quiera hablarte de lo que le ocurre, trata de adoptar una postura relajada y cercana. Haz ver que te interesa lo que tiene que contarte, aunque te lo haya repetido en más de una ocasión recuerda que debemos de tener paciencia. Intenta mantener el contacto visual y no estar en modo multitarea, presta atención y escucha todo lo que tenga que contarte, con una actitud libre de juicios, sin categorizar ni, mucho menos, diagnosticar. Aunque parezca que no sirva de nada, para muchas personas es muy terapéutico el poder expresar lo que siente y lo que le ocurre, se puede hacer mucho con solo escuchar. No minimices (ni maximices) su problema. “Eso son tonterías”, “verás que pronto se te pasa”, “¿ya estamos otra vez con lo mismo?”. Muy lejos de ayudar, todas estas afirmaciones pueden acrecentar la sensación de frustración de la persona que sufre por no poder sanar algo que para los demás parece tan simple, recuerda que la gravedad de los problemas los dictamina la persona que está pasando por eso. “Tú no estás bien”, “esto es muy grave”. Estas afirmaciones, pueden preocupar en exceso a la persona que sufre y empeorar sus síntomas, sugerirle ayuda es importante sin alarmar de más a la persona Algunas frases que puedes utilizar para reconfortar a la persona y darle a su problema la importancia justa que tiene podrían ser: “veo que estás sufriendo”, “podemos buscar juntos soluciones” “verás que tiene solución” “llorar no está mal”   Anima sin presionar. Una característica muy común de la mayoría de las personas que pierden el sentido de vida, es que la persona deje de hacer algunas cosas que hacía antes del síntoma, ya sea por miedo, por falta de motivación, etc. Puedes animarle a que retome alguna actividad que antes le gustaba, pero sin presionarle a hacerlo. Para ello, también puedes proponerle ser su acompañante en esa actividad, o alguna alternativa más factible o sencilla que puedas hacer, siempre dejando claro que quizá no siempre podrás acompañarle pero que mientras puedas lo intentarás Pide permiso para hablar del tema y para acercarte. ¿Te apetece que hablemos? ¿Podemos tocar el tema? Puede ser una buena forma de iniciar una conversación sobre el problema de esa persona. Nunca hables con un tercero del problema de alguien delante de él o ella, puede ser que malinterprete la situación, deja siempre que sea la persona que lo sufre quien hable de su propio problema.     No aconsejes ni des lecciones. “Tú lo que tienes que hacer es…”, “Deberías hacer” “A ti lo que te pasa es…” Por mucho que quizás tú mismo hayas pasado por una situación parecida, recuerda que no todos afrontamos los problemas de la misma forma, por lo que algo que a ti te funcionó muy bien, puede no ser en absoluto una solución para otra persona. Sí que puedes hablar de tu experiencia y de cómo encontraste soluciones (eso puede ser muy enriquecedor para la otra persona) pero, como siempre, desde una posición libre de juicios y sin pretender que la otra persona pase por los mismos pasos, es importante que no pierda su autonomía y capacidad de decisión, habrá momentos donde si es importante decir que eso no lo debe hacer, por ejemplo, si empieza a consumir drogas. Ofrece ayuda profesional sin estigmatizar. Si ves que esa persona lleva mucho tiempo conviviendo con su malestar, puedes animarle a acudir a un profesional de la salud mental para ponerle fin. Puedes decirle que el hecho de hablar con una persona experta, quizás podría ayudarle mucho más que sólo hablar con gente cercana. También recuérdale que no hay que estar loco para ir a un psicólogo, sino que en algunas ocasiones es muy útil para mejorar ciertas dificultades, que es normal y saludable. Recuérdale lo que sientes por él/ella. Tanto si los consejos anteriores te funcionan como si no, recuérdale de vez en cuando a la persona que sufre, que vas a estar a su lado pase lo que pase, y que puede contar con tu apoyo, recuérdale lo mucho que le amas. Puedes recordarle las cosas que te gustan de él/ella y por qué le quieres o aprecias. Esto es muy reconfortante para las personas que sufren y, aunque no te lo sepan agradecer en ese momento, les ayuda saber que hay alguien que, pese a todo lo que le está pasando, está ahí para ellos. Cultiva tu paciencia y cuídate.  Cada uno necesita su tiempo y aprender sus propios recursos para superar ciertas situaciones. Así que, sé paciente y recuerda que, aunque en ocasiones lo parezca, la gran mayoría de personas no sufre por voluntad propia. Puedes fallar en ocasiones, ya que acompañar y/o convivir con una persona con estas características puede ser agotador y desgastante. No te sientas culpable si en ocasiones te enfadas o te frustras, ni tampoco si necesitas un respiro. De hecho, para que puedas ayudar bien a alguien, lo más importante es que no te olvides de cuidarte a ti mismo. Psic. Jonathan García Mezhua Cabello P., P., (2000). EL SENTIDO DE LA VIDA.. Pharos , 7 (2), . RANKL, VICTOR E. EL HOMBRE EN BUSCA DEL SENTIDO. 6a. ed. BARCELONA: HERDER, 1985.

¿Qué hacer cuando se pierde el sentido de la vida?

Todos nosotros, nos hemos encontrado en situaciones en las que nos hemos sentido perdidos. Cuando nos sentimos perdidos no sabemos qué hacer o por dónde comenzar. De hecho, sentirse perdido en la vida es bastante habitual, todos en algún momento nos hemos sentido así. En su mayoría son situaciones que pueden cambiarnos la vida, situaciones que implican una importante decisión en nuestra vida, aunque ni siquiera entendemos lo que realmente está pasando (más adelante y con perspectiva en muchas ocasiones encontramos el sentido). Para algunas personas es la pérdida de un ser querido, para otros es perder un trabajo, sufrir un accidente, ser víctima de una agresión, una ruptura, divorcio, inmigración o cualquier otra situación que percibamos como traumática. En una situación como esa, tendemos a pensar demasiado y nos enfocamos solo en esa situación específica. Empezamos a sentirnos ansiosos sobre cómo vamos a superarlo, y tal vez, al mismo tiempo, tristes o culpables (o ambos) por lo que está sucediendo. Comenzamos a tomar decisiones por las razones equivocadas, pensando en lo que otros dirían o en lo que otros harían en nuestra situación. Por ejemplo, cuando perdemos nuestro trabajo solicitamos un trabajo para el que no estamos capacitados y que no nos gusta para nada, solo porque «debería estar trabajando». Además, generalmente, estas situaciones vienen acompañadas de emociones negativas, como el miedo al futuro, miedo al fracaso (o incluso al éxito), tristeza por el pasado o por nuestras pérdidas, remordimientos o culpa y ansiedad. a anhedonia no es una enfermedad o un trastorno en el sentido íntegro. Se trata más bien de un síntoma, un rasgo que acompaña a otros trastornos, como puede ser una depresión, la distimia o incluso la esquizofrenia, según la investigación citada previamente. Lejos de alarmarnos ante estos procesos, vale la pena informarse más al respecto y descubrir que muchas personas sufren esta sensación a ‘pequeña escala’ en su vida cotidiana. Para poder aclarar las ideas, veamos más a continuación acerca de la anhedonia, por partes. Podríamos definir la anhedonia como la pérdida del placer en las cosas más comunes, una caída del interés por todo lo que nos envuelve, acompañada de apatía. La pérdida del sentido de la vida es un estado emocional que se manifiesta a través de una serie de síntomas emocionales, cognitivos y conductuales. Si bien la experiencia puede variar de una persona a otra, algunos síntomas comunes incluyen: Apatía y Desinterés: Las personas que experimentan la pérdida del sentido de la vida tienden a sentir una profunda apatía y desinterés por actividades que antes disfrutaban. Pueden perder la motivación para participar en pasatiempos, trabajo o relaciones sociales. Sentimientos de Vacío: Las personas afectadas a menudo describen una sensación profunda de vacío emocional, como si hubiera un agujero en su interior. Pueden sentir que la vida carece de propósito o significado. Desesperanza: La desesperanza es un síntoma común que involucra una creencia negativa y persistente de que las cosas nunca mejorarán. Las personas pueden sentir que no hay solución para sus problemas y que el futuro es sombrío. Cambios en el patrón de sueño y comida: La pérdida del sentido de la vida puede influir en los hábitos de sueño y alimentación. Algunas personas pueden experimentar trastornos del sueño como insomnio o exceso de sueño, así como cambios en el apetito, ya sea la pérdida de apetito o comer en exceso. Aislamiento Social: Quienes enfrentan la pérdida del sentido de la vida a menudo se retiran socialmente. Pueden evitar interacciones sociales y sentirse distantes de amigos y familiares. Pensamientos Negativos y Autocríticos: Los pensamientos negativos sobre uno mismo y el mundo pueden ser prominentes. Las personas pueden culparse a sí mismas por su situación y ver el mundo como un lugar inhóspito. Falta de energía: La pérdida del sentido de la vida a menudo va acompañada de una sensación de fatiga persistente, lo que puede dificultar el cumplimiento de las tareas diarias. Cuando uno se encuentra en el abismo de la pérdida del sentido de la vida, puede parecer una tarea abrumadora encontrar el camino de regreso hacia la satisfacción y el propósito. Sin embargo, existen estrategias y pasos que pueden ayudar a enfrentar esta situación desafiante: Hablar con alguien de confianza: Compartir tus sentimientos y pensamientos con amigos cercanos, familiares o un terapeuta puede ser un primer paso crucial. La comunicación abierta puede proporcionar apoyo emocional y una perspectiva externa que te ayude a entender mejor tu situación. Explorar tus emociones: Aceptar y procesar las emociones que experimentas es fundamental. En lugar de reprimir o negar tus sentimientos de apatía, desesperanza o vacío, permítete sentirlos y comprender su origen. Establecer metas pequeñas:  En lugar de buscar un propósito de vida grandioso de inmediato, establece metas más pequeñas y alcanzables. Estos logros incrementales pueden ayudarte a recuperar la confianza en ti mismo y en tu capacidad para influir en tu vida. Reevaluar tus valores y metas: Aprovecha este período para reflexionar sobre lo que es importante para ti y lo que deseas lograr en la vida. Pregúntate a ti mismo si tus metas y valores actuales se alinean con tu verdadera esencia y propósito. Buscar nuevas experiencias: Explora nuevos intereses, pasatiempos o actividades que puedan despertar tu curiosidad y energía. La exposición a experiencias nuevas puede ayudarte a encontrar un sentido renovado en la vida. Practicar la gratitud: Cultivar la gratitud por las cosas pequeñas y positivas en tu vida puede ayudarte a cambiar tu enfoque hacia lo positivo y a apreciar las bendiciones que a menudo pasan desapercibidas. Ayuda profesional: Si la pérdida del sentido de la vida persiste o se acompaña de síntomas graves de salud mental, buscar la ayuda de un profesional de la salud mental es fundamental. La terapia y el asesoramiento pueden proporcionar herramientas y estrategias específicas para abordar los desafíos emocionales. Conexiones sociales: Cultiva y fortalece tus relaciones sociales. Mantener conexiones significativas con amigos y seres queridos puede proporcionar un apoyo vital y un sentido de pertenencia. Cuidado personal: Dedica tiempo a cuidarte física

Como recuperar mi sentido de vida

En algún momento de nuestra vida podemos llegar a sentir que hemos perdido el rumbo, el sabor o el color de la vida, básicamente perdemos el sentido de vivir, pues sea la situación que se haya presentado llegamos en algún momento a quedarnos vacíos, y en muchas ocasiones cuesta volver a recuperar ese sentido de nuestra vida. Lo importante de toda esta situación es ser consciente de que necesitamos salir de ese estado, de buscar nuevamente el brillo que en algún momento se perdió y recuperar la confianza y el gusto en aquellas actividades que bien dejamos de hacer o le perdimos la chispa por volver hacer. Para esto existen diferentes formas que nos permiten poder llevar a cabo este proceso, sin embargo, es importante mencionar que la salud no viene de afuera o al menos no en este caso, pues para poder recuperar nuestro sentido de vida la intención se genera en nuestro interior, ese ámbito misterioso donde habita nuestro Ser. Nuestro Ser es una brújula maravillosa, nuestro guía más fiel. Él custodia nuestro sentido íntimo del vivir y de completar la vida con la muerte. Es nuestra principal fuente de salud; de ahí la importancia de percibir que somos, y no solo que estamos. Tenemos muchas herramientas a nuestro alcance para aumentar nuestro "bien-estar"; sin embargo, el que podamos identificar cuáles nos ayuden a recuperar nuestra estabilidad es la que más nos será útil, pues como se mencionaba todo dependerá de la situación y no todo aquello que a mí me ayudo puede hacer que ayude a alguien más. VIVE TUS ESTADOS EMOCIONALES PLENAMENTE Son nuestro GPS y nos informan de lo que sucede en nuestro interior. Siéntete solo, siéntete vulnerable, siente envidia, siente alegría, miedo, tristeza, pero por favor no desconectes… ¡Siéntete!   ACEPTA LAS PÉRDIDAS, AUNQUE CAUSEN DOLOR Las pérdidas son nuestras pequeñas muertes maestras, las que nos preparan para una vida y una muerte más maduras. Nos vuelven humildes y sabios, nos abren el corazón y nos recuerdan que la vida nunca se detiene. NO BUSQUES RESPUESTAS, ENCUENTRA PREGUNTAS No caigas en la trampa de la hiperactividad, la dispersión y el consumo para encontrar respuestas a tus ansiedades. Vive en la incertidumbre de manera sencilla y espera… CAMBIA LA CULPA POR LA RESPONSABILIDAD Aprende de los errores y pide perdón si es necesario. Pero, sobre todo, acepta que estás en continuo aprendizaje. Quiérete por ello. FRACASA, FRACASA Y VUELVE A FRACASAR Y luego sonríe y vuelve a empezar. Envejecerás más lento y serás más sabio. CULTIVA LA INTEGRIDAD Y LA AUTENTICIDAD Acorta la distancia entre lo que eres y lo que haces (y, sobre todo, invierte tiempo en descubrir quién eres realmente, sin tus condicionantes). No te juzgues, obsérvate, y ten paciencia. RECUERDA QUE HAS DE MORIR Acéptalo sin resignarte. Visualízalo, hazte amigo de esta imagen; solo así te podrás entregar a la gran aventura que es la vida. ANTE LAS DIFICULTADES, NO ELIJAS SUFRIR Elige aprender. A pesar del dolor que pueda acompañarte en determinadas circunstancias, sigue presente y ábrete a ellas. Como todo en la vida, pasará, y si no te resistes –ninguneando tu dolor o eternizando el sufrimiento–, saldrás enriquecido de la experiencia. RESPÉTATE, NO MINIMICES, ACEPTA LO QUE SIENTES Dale valor a cada una de tus emociones, de lo que sientes en cada momento, aprende a aceptar lo que estas pasando y darle el valor que merece. CULTIVA EL SILENCIO Y LA SOLEDAD En realidad es todo lo que tienes, date el tiempo de convivir contigo mismo, de sanar en tu soledad y en el silencio, aprendiendo amarte y convivir en tu propio espacio. ALIMENTA TU ALMA CON BELLEZA Y SABIDURÍA Es aquello que trasciende la estética y el conocimiento, y que no se capta con la mente, sino con el alma. Procúrate experiencias de esta naturaleza y deja que te nutran. NO SOLO CREZCAS COMO PERSONA, ¡MADURA! Aprender de las situaciones nos hacen crecer y madurar en todos los sentidos, permítete aprender de todo aquello que podemos llegar a ver como un fracaso, ya que muchas veces de aquellas caídas logramos aprender mucho más.  CELEBRA LA VIDA CON ALEGRÍA Disfruta los momentos que llegan a tu vida, vive cada experiencia con las personas que te rodean y se permiten estar contigo, sonríe, baila, disfruta cada momento que se presente en ti. TRASCIENDE TU PROPIO INSTINTO No lo rechaces, pero no le ofrezcas tu reino interior. Enséñale cuál es su lugar, con disciplina y con cariño. Superar nuestro instinto es liberarse de las cadenas de los tres mecanismos primarios de supervivencia: el miedo, el deseo y el ansia de dominio. TRAE LA MEDITACIÓN A TU VIDA COTIDIANA La meditación nos permite la conexión con uno mismo, y poder sanar mediante la meditación nos da el control sobre nuestras emociones y la capacidad de saber identificarlas mediante ese espacio de silencio y tranquilidad de uno mismo. SI AYUDAS A OTROS, PRACTICA LA HUMILDAD En palabras generales, el poder recuperar nuestro sentido de vida va ligado a sanar todo aquello que nos perturba en este presente, de buscar nuevamente el sentido y brillo de todo aquello que en algún momento pudimos perder y luchar en cierto modo contra nosotros mismos para poder recuperar nuevamente esa estabilidad que anteriormente teníamos. Referencias: Dra. Natalia Eres. (2017, December 13). 17 consejos para dar más sentido a tu vida. Cuerpomente; Cuerpomente. https://www.cuerpomente.com/salud-natural/mente/dar-sentido-vida_1670 ‌

¿Qué es el sentido de vida?

Lo que cada ser humano entiende por sentido de vida se encontrará variando de acuerdo a la sociedad en la que se encuentra, pues esta ha de moldear su conducta, intereses, gustos, ambiciones, etc. Mismos que otorgarán una serie de características particulares a cada persona y por ende influenciarán cuáles son los intereses que persigue, y cuál es la respuesta personal a la pregunta “¿Por qué estoy aquí?”. La respuesta a dicha cuestión funciona como introducción personal a la búsqueda de un sentido de vida, aunque este último corresponde de manera más directa con la pregunta “¿Para qué existo?”, a partir de la cual es posible desarrollar una serie de pensamientos que vayan encaminados a encontrar una respuesta satisfactoria para ello, bajo el entendido de que esta puede cambiar y transformarse con el paso del tiempo. Muchas personas consideran que el “ser feliz” es una respuesta satisfactoria a ambas preguntas; sin embargo, esto mismo puede derivar en un cuestionamiento mayor que solo podrá ser respondido mediante el autoconocimiento para obtener las respuestas más concisas ´posibles al “por qué” y “para qué” nos encontramos existiendo, para proporcionar al día a día un sentido de dirección y/o de realización, pues, si bien la misma vida suele encargarse de mandar a las personas a través de distintos caminos no es lo mismo percibirse como un mero espectador más. Tener un rol activo en las decisiones cotidianas, tener la seguridad de que se están tomando pequeños pasos que en conjunto resultarán en algo más grande son algunos de los indicadores de que se está tomando un camino que se sienta como propio, y está bien si durante un tiempo pareciera que nada está claro, pero mientras se realicen actividades de manera consciente en lugar de con el sentimiento de ser un barco a la deriva, es posible afirmar que la propia vida tiene intención o sentido.  Y si bien este concepto se trata de algo individual y personal, es necesario reconocer también la relación bidireccional que acompaña a todo ser humano a lo largo de su vida, que es la relación individuo-sociedad. Probablemente de manera inicial existan expectativas que de un modo y otro repercutan en aquello que soy capaz de esperar de mí mismo, mis exigencias personales se ven influenciadas por las exigencias que otros han tenido de mí en el pasado, pero es necesario reconocer cuándo esa influencia empaña el sentido de vida y lo aleja de ser algo personal, y cuándo simplemente se convierten en algo que encuentro conveniente para mí mismo. Por lo anterior, es posible concluir que el sentido de vida se trata de algo tan complejo y/o tan simple como cada quien decida que este sea, y en tanto se trate de algo alcanzable que permita un estado de bienestar podría ir desde el “ayudar al prójimo” hasta “mudarme a otro continente” o “ser capaz de gastar X cantidad en mis vacaciones anuales” siempre y cuando se trate de algo que de manera consciente resulte satisfactorio sin necesitar aprobación externa.

Emociones más comunes en el duelo

Como seres humanos estamos destinados a sentir, nadie como seres vivos está exento de esto, cada suceso que por nuestra vida se va presentando desencadena ciertas emociones y cada una de ellas cuenta con diferentes intensidades que van desde lo más mínimo a lo que muchas veces ya no podemos controlar, por eso es muy importante poder reconocerlas, pues solo así podremos entender de que forma trabajar en ellas y en qué momento posiblemente necesitemos ayuda para gestionarlas. Comúnmente cuando experimentamos alguna perdida, cada una de nuestras emociones pueden llegar a relucir unas más que otra, sin embargo, poder entender que es por lo que estoy pasando y a su vez entender que tipo de emoción se está presentando nos ayuda a poder elegir qué camino tomar, pues bien, nuestro duelo puede ser algo aceptable y tolerable el cual podemos llegar a sanar con el calor de la familia y amigos o bien acompañados con algún profesional de la salud mental. Pero antes de que todas estas decisiones pasen, primeramente, hay que saber cuáles son las emociones más comunes que llegamos a presentar durante un duelo, ya mencionamos que pueden variar y que cada una puede ser intensa o leve, pero lo más importante es saber cuáles son. Las emociones que más se presentan son: Tristeza La tristeza es el más frecuente de las emociones asociadas ante una pérdida. Y una de las características más reconocidas por el resto de las personas. La tristeza puede demostrarse con llanto o sin derramar una sola lágrima.  Es descrito como un “vacío”, “sufrimiento”, “desazón”. Sin embargo, es de considerar que, aunque cada uno de nosotros pueda dar su propia descripción de tristeza, lo más común es el simplemente sentirse triste. Es posible que este sentimiento pueda ser negado por el mismo afligido, sin embargo, lo habitual es que no sea tolerado por las personas a su alrededor con frases como el “no estés triste”, “todo estará bien”, etc. Lo que en ocasiones demerita este importante sentimiento, ya que es parte de cualquier despedida. Enojo Este es otro de los sentimientos que se pueden presentar. Si bien no es tan fácil reconocer como la tristeza, y algunas veces es difícil concebir que además de estar triste, también se presenta coraje. En algunos casos es más sencillo ocultar sentimientos de tristeza a través del enojo, como es el caso de una separación en la pareja, o el del ser despedido en donde todo el enojo se dirige hacia alguien más. Sin embargo, ante un fallecimiento puede ser desconcertante el sentir enojo, y es más difícil dar una explicación. Algunos se sentirán defraudados, como el pensar que nos dejan solos, o molestos contra la persona que no cuido adecuadamente una enfermedad. Este sentimiento suele estar más oculto y uno de los riesgos existentes es el interiorizar el enojo u otras palabras dirigirlo hacia adentro. Aparte de las emociones comunes que se presentan en el duelo, también se desarrollan sentimientos que llegan a estar influenciados de las mismas emociones como: Ansiedad Esta es una emoción tan común en los seres humanos, en la mayoría de los casos en un mecanismo de protección. El que nos preocupe estar en una zona peligrosa de la ciudad tiene su razón de ser, y por el que evitamos lo más posible el peligro. En el caso de una muerte puede activarse esta sensación por dos motivos, uno de ellos al mostrarnos nuestra propia vulnerabilidad, nuestra fragilidad ante la vida que la mayor parte del tiempo tendemos a evitar. Estos pensamientos no pueden ser desechados ante una muerte cercana. Lo que nos ocasiona miedo y preocupación. Muchas veces esta emoción es enmascarada por otros más evidentes como la tristeza o el enojo, pero no deja ocupar una parte importante de las emociones despertadas ante una perdida. El otro motivo son aquellas preocupaciones más “mundanas” si se quiere ver de esta forma. Aquellas preocupaciones que tienen que ver desde cómo llevar a cabo los procedimientos propios de las ceremonias correspondientes, hasta aquellas preocupaciones acerca de lo que depara el futuro. Algunos ejemplos pueden verse cuando uno de los cónyuges fallece y el otro tiene que hacerse cargo de situaciones no realizadas con anterioridad (como llevar las cuentas). Lo más importante de esta emoción es que nos permite ponernos alertas ante situaciones de peligro o incomodidad, generando una respuesta inmediata ante la situación, y la mayoría de las veces es un aviso de nuestro organismo para que estemos preparados o bien realizar modificaciones necesarias en nuestra vida. Culpa Normalmente, la culpa se manifiesta respecto a algo que ocurrió, o algo que se pasó por alto en el momento de la muerte. En ocasiones puede ser una culpa irracional, como el no haber hecho lo suficiente, o haber estado presente cada momento. Pero en otros casos la culpa tiene un trasfondo real, como el haber tenido malas relaciones o un conflicto no resuelto del que ya no se podrá hacer nada. Este es un sentimiento que al igual que la tristeza y el enojo tiene que ser validado por la persona y los que la rodean, es también un sentimiento difícil que puede comprometer el bienestar del individuo, en algunos casos vale la pena dar un poco de criterio de realidad para poder disminuir o hacer más llevadero este sentimiento. Soledad Este es otro sentimiento que se llega a vivir ante una perdida, y aunque no es considerada agradable, es algo por lo cual constantemente podemos pasar. Varía mucho al respecto de la perdida que se haya tenido y/o la cercanía que se presente, por lo que no es lo mismo perder a un familiar con el que se tenga poco contacto, que uno con el que se conviva todo el tiempo. Otro de los factores influyentes de este sentimiento es que tanto apoyo social se tenga. Para algunas personas perder un ser querido es perder también todo su sostén, para otros se convierte en una oportunidad para darse cuenta de la conexión que se tiene con otras personas.

Hablemos sobre la positividad patológica en el duelo

Por norma general, cuando un ser querido fallece existe una expectativa social que nos incita a “no dejar que la vida se desmorone”. Usualmente allegados y familia recurren a frases que en una primera instancia buscan dar consuelo, pero que inevitablemente ponen un énfasis en “dejar ir” “soltar” y “seguir adelante” de un modo que no necesariamente corresponde con los hechos acontecidos y por ende, pueden invalidar las emociones naturales que surgen a raíz de la pérdida. Al incurrir en estas actividades es posible caer un fenómeno llamado “positividad patológica” que consiste en reprimir de manera forzada la expresión de pensamientos y sentimientos dolorosos y difíciles de procesar, evitando reconocer la existencia de emociones displacenteras para “evitar” el malestar asociado a ellas. En su lugar, la persona adopta actitudes que, en apariencia, son resilientes y “positivas”. Por supuesto, no toda noción de pensamientos positivos puede ni debe ser catalogada como algo “patológico”, este término se reserva para aquellas conductas y actitudes que impiden a una persona seguir desarrollando de manera plena sus actividades de la vida diaria, incluso aquellas que son vitales como higiene y alimentación. En resumen, cuando existen circunstancias y características específicas que impiden un desarrollo normal de acuerdo al lugar y la cultura podemos decir que algo se está tornando patológico. Esto es especialmente dañino durante el periodo en el que una persona se encuentra atravesando un duelo, pues el principio de lo que sería un duelo saludable tiene como punto de partida la normalización de las emociones y sentimientos que surgen a partir de la pérdida, sin importar cuan complicados y dolorosos de procesar sean, por lo que al querer filtrar lo que se está viviendo en ese instante y relegar toda aquella manifestación emocional que se considere como inadecuada puede impedirle a la persona abordar de una manera óptima su duelo. Para poder sanar es importante conocer y entender cuál es el daño que se está viviendo, su relevancia en nuestra vida, sus causas, sus facetas y las necesidades que este trae consigo, aspectos que son difíciles e incluso imposibles de lograr cuando se ha fijado la mente desde un inicio en lo indeseable y/o inaceptable que es siquiera hacerse consciente de aquello que está afectando la vida personal. Hablar del dolor no lo hará peor ni lo prolongará si no todo lo contrario, nos permitirá entender que se trata únicamente de una faceta más de nuestra vida, de un aspecto individual o particular de un momento específico de nuestra historia, pero somos mucho más que la pérdida que nos encontremos atravesando, y por muy desagradables que sean las emociones del momento es decisión personal guardarlas como congeladas en el tiempo de modo que no nos abandonen nunca, o permitirles ser y dejarlas salir para que hagan espacio a otras vivencias.

Gestión emocional en el duelo

El duelo emocional es un proceso de adaptación que nos permite restablecer el equilibrio personal que ha quedado alterado por una pérdida. Las consecuencias emocionales están directamente relacionadas con la persona o personas que hemos perdido y también con el modo en el que se ha producido la pérdida: el tiempo de relación, la intensidad y las circunstancias de esa relación, lo imprevisto de la pérdida. Pero siempre supone un gran dolor, tristeza, desestructuración y desorganización. A pesar del sufrimiento que causa, el duelo emocional es un proceso necesario y ayuda a adaptarse a la pérdida, prepara para vivir sin la presencia física de esa persona o personas, y es fundamental, para conducir correctamente el vínculo afectivo de forma que sea compatible con la realidad presente. Su duración es muy variable, pero podemos considerar que los dos primeros años suelen ser los más duros, de todas formas, cada persona tiene su propio ritmo y necesita un tiempo distinto para la adaptación a su nueva situación. Sobre todo, no hay que desalentarse, confía en que saldrás adelante. Además de la tristeza existen otras manifestaciones sobre la pérdida Emociones y sentimientos Tristeza Enfado Alivio Impotencia Miedo Confusión Rabia Soledad Anhelo Insensibilidad Pensamientos Incredibilidad Confusión Preocupación Alucinaciones breves y fugaces Sensación de Irrealidad Sensaciones físicas Opresión en el pecho Opresión en la garganta Vértigos Irregularidades ritmo cardiaco Falta de aire Debilidad muscular Conductas Soñar con la persona que hemos perdido Evitar recordatorios de la persona Suspirar Llorar Atesorar objetos que le pertenecían Buscar y llamar en voz alta Existen diferentes tipos de duelos emocionales. Siempre asociamos duelo a la pérdida por la muerte de un ser querido; pero el dolor, la tristeza y el resto de emociones, pueden ser de igual o mayor intensidad y complejidad en otras formas de pérdida: Pérdida de la salud: enfermedades. Pérdida de la juventud: envejecer. Pérdida de la imagen física: engordar, adelgazar, desfiguración por accidente, desfiguración por enfermedad o tratamientos. Pérdida de la fertilidad: imposibilidad para ser madre/padre de forma biológica, abortos, etc. Pérdida de una estabilidad económica: pérdida de trabajo, disminución del nivel de vida, aceptación de un cambio en el ritmo de vida por imposibilidad económica, etc. Pérdida de un ser querido: fallecimiento, rupturas sentimentales, enfrentamientos con amigos, etc. Un elemento común en la pérdida emocional y el consiguiente proceso de duelo emocional es que el desencadenante es un acontecimiento o situación que no está bajo nuestro control, y que conlleva emociones como impotencia, incredulidad, frustración, desesperanza, incertidumbre y por supuesto tristeza. Es importante recordar que la experiencia de lo que representa una pérdida es subjetiva e intransferible pues depende, entre otros factores, del tipo de relación que existía con aquello que ya no forma parte de nuestra vida, del motivo de la ruptura y del rol que se ha jugado en ésta (como actor o como receptor de la pérdida). Para gestionar emocionalmente la pérdida hacemos especial énfasis a las tareas que Worden señala como necesarias en un proceso de duelo: Aceptar la realidad de la pérdida. Trabajar y expresar el dolor Adaptarse a la nueva situación en ausencia de… Recolocar emocionalmente a la persona o aquello que se ha perdido, así como invertir energía en la vida. Cada persona debe tomar la decisión de buscar ayuda profesional libremente, pero debe plantearse seriamente hablar con alguien sobre su duelo si presenta alguno de los siguientes síntomas: Dificultades para el funcionamiento habitual de la persona, sentimientos de culpa muy elevado, desesperación extrema, ira descontrolada, depresión continuada en el tiempo, sintomatología física, que comprometa el bienestar físico, abuso de sustancias o ideas suicidas. Hacer un duelo sano, sea cual sea la pérdida, permitirá seguir adelante creando nuevas oportunidades, abriéndose de forma no condicionada a nuevas relaciones y recobrar así el sentido de la vida y de los proyectos que sirven como motor desde un nuevo plano, en el que, como expresan algunas personas, “siento que después de todo he crecido”.

Como se aplica la inteligencia emocional en el duelo

Definir el duelo es tan fácil como lo difícil que es entenderlo cuando se sufre, un proceso en el cual el ser humano experimenta el más profundo dolor por la pérdida de un ser querido, es tanto así́ que el mismo dolor es necesario psicológica como físicamente en el ser humano, ya que la muerte de un ser querido hace que cambie la configuración mental del tiempo y las relaciones afectivas y personales de las persona, las cuales, son las que representan el sentimiento de esperanza y la impresión de llevar un rumbo en la vida. En palabras más completas “el duelo es una respuesta normal y saludable a una perdida. Este representa las emociones que se sienten cuando se pierde a alguien o algo importante para usted en la propia vida. Pues las personas necesitan hacer el duelo por muchos motivos diferentes, incluidos los siguientes” (Family Doctor, 2012, p. 1.): La muerte de un ser querido, incluida las mascotas El divorcio o cambios en las relaciones, incluidas las amistades Cambios en su salud o en la salud de un ser querido Pérdida de un trabajo o cambios en la estabilidad financiera Cambios en la forma de vida, como los que ocurren durante la jubilación o cuando se muda alguien nuevo” (family Doctor,2012,p.1) El duelo es una situación vulnerable por la que todos los seres humanos están destinados a enfrentar, con la incertidumbre de no saber el tiempo ni el espacio donde suceda una pérdida o la muerte propia, muchos han acompañado a diversas personas de su círculo social, en velorios o inhumaciones en cementerios, viendo esta situación ajena a sus familias y creyendo que, aunque algún día muy lejano se estará́ en esa situación, se afrontará de manera subjetivamente normal. La inteligencia emocional es una herramienta fundamental de prevención en el afrontamiento del duelo, ya que en situaciones de muertes inesperadas tanto, como en las esperadas de pacientes con enfermedades crónicas, los síntomas emocionales, las etapas del duelo y sus manifestaciones, no solo dependen de la estructura de la personalidad de cada quien si no de esa preparación psicológica que se equilibra. Es importante recordar lo importante que es aprender a aceptar el dolor, enfrentarlo y sanarlo, ya que el sufrimiento que vivimos no es culpa de los demás, regularmente tampoco de sí mismo, y por el contrario resulta por efecto de la naturaleza, o por efecto de la voluntad divina según sea la creencia y en los casos desastrosos por efecto de la mala voluntad del ser humano. En este sentido es importante entender que “La palabra duelo significa dolerse, el que se duele” (González Vázquez Claudia, 2011, p. 5.), ya que el duelo por un ser querido es el dolor por la desaparición o muerte de un ser que amamos y sobre el que depositamos amor o en otros casos odio o hayamos hecho daño, lo que por el contrario en vez de hacer sentir lastima sobre si mismos por la pérdida del ser querido, puede hacer sentir culpabilidad, pesadumbre y dolor. Como se puede ver el ser humano se traspasa sobre sí con sus sentimientos y emociones y trasciende sobre sí por sus pensamientos, lo difícil es cuando los sentimientos y pensamientos chocan entre sí en una etapa del duelo, porque llevan a la persona a no saber qué sentir o qué pensar, y hacen que ésta enfrente su duelo por el azar y conscientemente Es importante comprender que “Las emociones son tesoros, porque todas ellas, hasta las que no nos resultan agradables de experimentar, tienen un mensaje para nosotros y si somos capaces de descifrar que nos están intentando contar tendremos una información valiosa con la que contar para seguir avanzando en nuestro camino” (superar el duelo,2014, p.1.), ya que estos mismos nos permiten pasar de lo que sentimos a lo que pensamos en lo más profundo del inconsciente, donde regularmente ocultamos lo que realmente somos, pensamos, queremos y podemos hacer con toda la seguridad y amor. Lo que permite entender por qué se afirma que “otras veces simplemente las emociones son unos termostatos de nuestro cuerpo que cuando se pasa de “temperatura emocional” o intensidad, necesitan liberarse para regular el organismo y recuperar el equilibrio” (Superar el duelo,2014, p. 1), emocional, lo que hace tan importante la inteligencia emocional, especialmente cuando los estados de duelo se hacen cada vez más complejos y dolorosos Entonces ante el dolor, la solución es ¿quedarse estático o vivirlo de forma dinámica?, siendo la más viable la segunda opción, puesto que “las emociones son de poder y nos mueven a la acción, a lograr objetivos a proponernos metas y son lo que nos impulsa a seguir adelante, a avanzar y a crecer y darnos cuenta de la dirección que debemos tomar” (Superar el duelo, 2014, p.1), es la que le habla a nuestra conciencia, la cual tomó la última decisión de qué hacer y por qué. En este sentido estimular la inteligencia emocional resulta muy importante, no obstante, durante el proceso de duelo, hay que entender que “no es momento de animar ni querer tranquilizar a la persona a base de inhibir su aflicción, ya que el dolor tiene que experimentarse y exteriorizarse. Se trata de acompañar a la persona en “el sentir el dolor” y no intentar evitarle ese sufrimiento que, como hemos dicho, es natural. Debemos procurar comprender su dolor, empatizar y, sobre todo, respetar su ritmo en el proceso de duelo, sin darle prisa para que vuelva a sonreír” (A mal tiempo buena psique, 2012, p.1), de modo que en el momento que haya aceptado la pérdida y vuelto a la nueva realidad, para seguir la vida, de modo que puedan surgir nuevas inquietudes por la lucha de la vida tras las primeras acciones en pro de sí y de quienes nos rodean. Es válido llorar, sentir las emociones, tener ira o preguntarse el por qué, es por esto que se sugiere el apoyo de profesionales como un psicólogo, tanatólogo o en dado caso preferir

Hablemos sobre las preguntas sin respuesta ¿Por qué nosotros?

El duelo perinatal es la reacción emocional que aparece en aquellos padres que han perdido a su bebé en el embarazo, el parto o durante las primeras semanas de vida del recién nacido. El duelo perinatal es experimentado por muchas familias y como todo duelo, causa una gran angustia emocional y conmoción. Durante el proceso del duelo perinatal, algunas de las personas afectadas suelen lidiar con el dolor en su propia intimidad y a veces sienten que la sociedad general no reconoce abiertamente este sufrimiento, generando diversas situaciones en cuestión de lo sucedido, las cuales son las relaciones familiares, que muchas veces pueden llegar cuestionar sobre el cuidado en vez de ser una red de apoyo, otra situación es la que va relacionado con la parte económica, ya que antes y durante la situación pudieron suscitarse diversos gastos que en gran medida iban generando una carga emocional a la pareja. (en dado caso los padres que vivieron la perdida sean de escasos recursos), haciendo que se aíslen más en el malestar que genera la terrible pérdida. En el duelo perinatal, es común que se lleguen a generar lo que se conoce como preguntas sin respuestas, las cuales llegan a ser abrumadoras y dolorosas. Las madres y padres que han perdido a un bebé pueden encontrarse con una serie de interrogantes difíciles de comprender: ¿Por qué ha muerto mi bebé? ¿Se podía haber evitado? ¿Qué ha pasado? ¿Qué es lo que ha ido mal? ¿Qué ha fallado? ¿Quién ha fallado? ¿Por qué el resto vive y el mío no? ¿En qué hemos fallado? ¿Por qué ella y no yo? ¿Por qué tenía que ser él? Esto no es un sueño, mi hijo ha muerto…  Quizá sea un sueño y al despertar mi niña vive… ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué? “Estoy enloqueciendo, mi cabeza ya sabe que no tengo la culpa pero me siento culpable; sueño con él; siento un gran vacío, mis brazos están vacíos; a veces escucho su llanto, como si estuviese viva; me siento sola, me siento solo; necesito aislarme, el entorno me hace daño. “¿Quién soy yo ahora? ¿Cómo quiero vivir? ¿Qué sentido tiene la vida para mí? ¿Qué lugar tenemos sin este hijo? Estas preguntas son naturales y reflejan el profundo dolor y la búsqueda de sentido en medio de la pérdida. Sin embargo, no siempre hay respuestas claras o satisfactorias, lo que puede aumentar la angustia, la confusión, la rabia, la culpa y como se mencionaba anteriormente, el aislamiento de los padres. La culpa puede llegar a ser lo más presentado en estas situaciones, ya que los padres se estancan en pensamientos de que pudieron haber hecho más ¿? Por eso, es de suma importancia el poder brindarles apoyo emocional y psicológico, además de intentar comprender a quienes atraviesan por este difícil camino, la manera más fácil es permitiéndoles expresar sus emociones y encontrar formas de sanar. También es recomendable buscar ayuda profesional cuando sea necesario, ya que existen recursos y programas especializados en el acompañamiento al duelo perinatal. Algunas de las herramientas que permiten podre sobrellevar estas etapas de duelo pueden ser: Comunicación Es el mejor instrumento terapéutico. Recuerda que nuestro cuerpo también habla. La comunicación es una ciencia que no se debe improvisar, debemos tener buenos conocimientos sobre este vehículo de transmisión de información, seguridad, confianza y apoyo. Escucha: Supone un tiempo para estar presente, aquí y ahora. Contención; La energía no tiene por qué estar destinada a “sacar” a la familia del dolor, la rabia o la tristeza. Silencio: El silencio es una herramienta de información. Puede ser duro responder a una pregunta o afirmación muy directa como: “Quiero morirme yo también”. Un silencio del profesional reafirma al paciente en esa reflexión y, en este sentido, creemos que el silencio informa. También es importante el silencio cuando el doliente se conmueve, llora o se irrita. Un silencio empático mirándole a la cara, prestándole nuestra atención.” Puedes contar conmigo”. Si no sabemos qué decir en una situación muy emotiva, es mejor que callemos. Validación: “Si reconocemos la pérdida, después vendrá todo lo demás”.  Validar la situación de pérdida propicia duelos más sanos, porque disminuye la necesidad de la persona doliente de aislarse para “rumiar” su dolor en soledad. Es necesario reconocer las pérdidas gestacionales como pérdidas reales, aunque se hayan producido en el primer trimestre; aunque el bebé haya nacido sin vida; aunque ni siquiera haya completado la gestación. Para su madre y su padre vivió emocionalmente. Una buena forma de validar su experiencia y autorizarles en su dolor es nombrar al bebé por su nombre, preguntar si ya lo tenían decidido o referirse a él/ella como “Tu hijo/hija”. Información: Ante el impacto de la noticia de la muerte, con frecuencia ponemos en marcha los mecanismos cognitivos para intentar “entender” qué es lo que ha sucedido. Las madres y padres necesitarán información médica que les permita, al menos en los momentos iníciales, agarrarse a algo. Con frecuencia, no se conocen las causas exactas de la muerte o se necesita más tiempo para conocerlas.  Aun así, podemos informar sobre los detalles, sobre las posibles causas y asegurarnos de ir complementando esta información en cuanto se pueda. Este proceso es muy valioso porque sirve para aceptar la realidad de la pérdida, despejas dudas innecesarias y posiblemente mitigue la sensación de irrealidad. Si las madres y padres perciben la muerte de su bebé como algo que se podía haber evitado, aumenta el impacto sobre su autoestima como progenitores eficaces, haciendo más doloroso aún el camino del duelo. Entonces tenemos como claves importantes en el duelo Respeto: Cada persona vive los procesos de duelo de formas diferentes. No hay una manera correcta ni incorrecta, por lo que es importante respetar cómo cada uno decide hacerlo.          Permiso: Darse permiso para actuar, para sentirse y para elaborar la pérdida como se desee. Es necesario legitimar el propio dolor.          Apoyo social: Contar con familiares y amigos que acompañen de manera adecuada a la pareja en la pérdida,

Los rituales de despedida como método de canalización del duelo perinatal

La práctica de rituales y/o ceremonias se trata (grosso modo) de la realización de actividades o actos simbólicos con un propósito y significado específicos. El uso de rituales se ha dado para marcar una especie de línea divisoria entre distintas etapas de la vida, para destacar un momento o establecer de manera física conceptos sociales, como por ejemplo la transición hacia la “vida en pareja” que se marca por medio de la ceremonia del matrimonio. Durante el duelo, es posible que el doliente se vea beneficiado por la práctica de rituales y ceremonias de despedida cuya finalidad es visibilizar las emociones (ya sea que estas estén o no reprimidas) y marcar el cierre de una etapa de vida, de aquellos momentos, recuerdos, expectativas y sentimientos que de seguir cargándose en el futuro se convertirían en un lastre para la persona. El ritual de despedida por excelencia cuando se trata de una defunción es la velación de quien ha trascendido, un acto que da a entender el carácter absoluto de la pérdida de manera personal y social, sin embargo, en el caso de la pérdida perinatal por causas médicas suele perderse de éste rito la madre, quien al ser sometida a cirugía se encuentra pasando por un dolor físico y emocional en un ambiente que no tiene como prioridad el reconfortarla. Debido a ello, es importante no descartar el uso de rituales de despedida incluso de manera posterior ya que los rituales funerarios son una forma de facilitar la aceptación e integración de la realidad de la pérdida. Estos rituales pueden ayudar a los padres a despedirse de su bebé y darle un espacio en su memoria y en su corazón. Algunos rituales que se pueden realizar incluyen encender una vela, con el simbolismo de iluminar el camino de quien se nos ha adelantado, este ritual puede ser acompañado de una carta en la que se exprese todo lo que sentimos se ha “quedado pendiente” y que por medio de la llama de la vela podemos dejar ir para cerrar con ese ciclo. Otro posible ritual es enterrar una caja de recuerdos en un lugar especial y significativo para la familia, soltar un globo, plantar un árbol o planta, o dejar flores en algún sitio especial, en resumen, toda aquella acción que esté encaminada a dar salida a las emociones y pensamientos que posiblemente hayan estado reprimidos o que de resulten difíciles de expresar y/o gestionar de otras maneras. Por supuesto, estas herramientas son tan solo una parte de la labor que conlleva el camino del duelo, pero incluso tras haber realizado cualquiera de estas ceremonias es importante no perder de vista que pueden seguir existiendo sentimientos de tristeza, impotencia y demás emociones que necesitan se lleve un trabajo y acompañamiento incluso de manera profesional, pues nunca será signo de debilidad el saber cuándo pedir ayuda. Referencia: Hospital Ruber (27 de enero de 2021). Duelo perinatal: sentir y tratar la pérdida. https://www.unidaddelamujer.es/duelo-perinatal

¿Cómo ayudar a personas que pasen por esto?

Lo más importante en este sentido es la resiliencia, una eficiente manera para sobrellevar el proceso, ya que es por medio de esta habilidad que el doliente puede formular habilidades saludables y elaborar estrategias también saludables basadas a en sus necesidades, pero partamos definiendo los dos conceptos: Según M, Duquesnov (2014) la resiliencia a resiliencia es la capacidad del ser humano para hacer frente a las adversidades de la vida, superarlas y transformarse positivamente por ellas. Por otro lado, Meza et al. (2008) afirma qué, el “duelo (del latín dolium, dolor,) es la reacción natural ante la pérdida de una persona, objeto o evento significativo; o, también, la reacción emocional y de comportamiento en forma de sufrimiento y aflicción cuando un vínculo afectivo se rompe” Desde este punto se podrán dar cuenta de la importancia de la resiliencia en el duelo, que si bien, este último no se supera, se sana, la resiliencia juega un papel importante en este saneamiento de duelo, pero, ¿Cómo ayuda? ¿De qué manera puedo darme cuenta de que estoy siendo resiliente? Para potenciar la resiliencia hay que aprender a identificar, aceptar y gestionar las emociones y sentimientos que en el duelo vayan surgiendo, en este proceso es preciso señalar que juega un papel clave la interpretación o valoración que hacemos de las situaciones que vivimos, ya que nuestra reacción emocional normalmente derivará de esta interpretación. Cabe recalcar lo importante que es tener claro que no son las situaciones en sí mismas las que definen las emociones, sino la valoración personal que hacemos de cada situación, recuerde que es complicado modificar las situaciones, pero sí es posible aprender a modificar la forma cómo se interpretan, de esta manera, con base en la interpretación del duelo, están siendo resilientes. De la misma manera se recomienda a la par trabajar la autoestima, la capacidad para resolver problemas o la competencia social. También la favorecen los apoyos familiares y sociales con los que se llega a contar. Además, una actitud positiva propiciará la sanación del duelo, y al hablar de positividad no se hace referencia a jamás estar tristes o no sentir nostalgia o ira, hace referencia a esta esperanza de que todo al final tiene un final, al igual que este proceso de duelo. La clave es identificar lo que a cada uno le pueda funcionar mejor para desarrollar estrategias propias, no imponer, ayudar y acompañar desde la empatía, aquí encontrará diez recomendaciones para fomentar la resiliencia en el duelo 1.- Establecer y mantener relaciones Las buenas relaciones familiares y sociales son una excelente fuente para obtener y aceptar ayuda, sin embargo, también es recomendable poner límites con algunos familiares si sus comentarios le lastiman, recuerden que no están obligados. 2.- Las crisis no son para siempre No se pueden cambiar los hechos, pero sí la forma cómo se interpreta, las crisis no te definen, sino la manera de afrontarlas 3.- Aceptar los cambios de la vida Aceptar que hay circunstancias que no podemos cambiar, como es el caso de la muerte, es algo que ayudará a la sanación del duelo, trabajar las responsabilidades o sentimientos de culpa y hacer con sus familiares lo que no se pudo hacer con su ser amado que ha trascendido 4.- Tener objetivos claros y reales Es importante plantearse objetivos realistas y hacer algo de forma regular que nos acerque a ellos. Por ejemplo, “¿Qué puedo hacer hoy (por insignificante que pueda parecer) para acercarme a uno de mis objetivos?” Respuesta: “Tomar algo con un/a amigo/a, ya que ello me permitirá un rato de desahogo” “ver sus fotos” “escribirle una carta” 5.- Realizar acciones concretas No evites momentos o pláticas difíciles, solo lo pospones, enfrentar es la mejor manera de solucionar 6.- Valorar y agradecer tus cambios Continuamente, pasar por situaciones vitales difíciles conlleva una sensación de fortalecimiento personal, valorar y agradecer tus cambios significa agradecer aquello que hoy haces diferente, pero que hace un tiempo no podrías haberlo tomado de la mejor manera, crecimiento se llama. 7.- Visión positiva de uno mismo Confiar en que lo que estás haciendo es de la mejor manera que puedes hacerlo, pero con el pensamiento de querer mejorarlo 8.- Ver las cosas en perspectiva Tratar de considerar las situaciones estresantes en un contexto más amplio y con cierta objetividad, evitando hacer una montaña de un grano de arena. 9.- Mantener la esperanza Una actitud optimista sin caer en lo exagerado es adecuado 10.- Otras formas útiles de potenciar la resiliencia A algunas personas les ayuda escribir acerca de sus pensamientos y sentimientos más profundos relacionados con las situaciones traumáticas que les ha tocado vivir o aquellas que les generan un alto nivel de estrés. Hay a quien la meditación o las prácticas espirituales les resultan de gran ayuda Dentro del proceso del duelo, muchas veces entra lo qué es la culpa de tal vez no haber hecho todo lo posible por nuestra persona, pero esa culpa mayormente es originada de un juicio falso provocado por la angustia, impotencia y tristeza del momento complicado que se está viviendo. Es importante saber las claves del auto perdón, que son distinguir la verdad, ser honestos con nosotros mismos y no engañarnos, asumir lo que sucedió en verdad, reconocer nuestras emociones de manera sincera y abrirnos a sentir. Fundamentalmente, se debe dejar de pensar en lo que pudimos haber hecho mejor y lo que no debimos hacer, y recordar y atesorar los momentos y las cosas que, si pudimos realizar con esa persona, para así poder perdonarnos a nosotros mismos. Verdaderamente, el auto perdón es la capacidad de reconocer la verdad más allá de nuestro dolor dentro del mismo proceso del duelo, ya que nosotros siempre deseamos todo lo mejor para nuestro ser querido y que nunca pensamos que ninguna de nuestras acciones o pensamientos que hayamos tenido para con la persona hayan podido desencadenar en su trascendimiento. Es esencial que comprendamos que nosotros hicimos todo lo posible por nuestro ser amado, debemos atesorar todos los bellos momentos

Afrontar el duelo perinatal

Perder a un hijo conlleva un duelo que requiere especial atención para poder evitar que se torne en un duelo patológico debido al lazo especial de madres y padres, que implica un sentido de responsabilidad (a veces absoluta) sobre el bienestar de sus hijos que puede empañar nuestra visión de los hechos y transformar las ideas, sentimientos y decisiones con base en el dolor. Además, en el caso de una pérdida perinatal se trata de una fuerte ruptura de las expectativas, sueños y planes familiares al verse interrumpida de manera sumamente pronta el inicio de la vida del nuevo integrante, por ello es frecuente que surja la duda “¿Cómo afrontar el duelo perinatal?” Al vernos enfrentados a una realidad que no solo es inesperada sino, además, desgarradora. En primer lugar, debe tenerse en cuenta que es necesario darle su lugar al dolor, como familia puede existir la primera reacción de guardar silencio y no tocar el tema por miedo a “provocar” más dolor en los padres, algo que si bien puede venir de pensamientos bienintencionados puede cohibir el desahogo de las emociones, un elemento necesario y una de las tareas del duelo que permiten que este se desarrolle saludablemente. Además, es importante ser receptivos y empáticos, aceptar que las emociones pueden variar no solamente de un día a otro, sino también de un momento a otro como primera respuesta, especialmente en el periodo de los primeros 3 meses tras la pérdida. Aceptar de antemano que puede haber cambios de ánimo y de opiniones puede ayudar al individuo a aceptar estos momentos en lugar de generar culpa y autorreproche por experimentar algo que (en realidad) ocurre naturalmente dadas las circunstancias. Por supuesto, cabe desatacar que nadie puede realmente afirmar que experimenta el duelo del mismo modo que otro individuo al tratarse de un proceso completamente individual y personal, sin embargo, el contar con apoyo de familiares, amigos e inclusive de grupos de apoyo es una alternativa que no debe descartarse, pues, en estos momentos es más importante que nunca que el doliente sea capaz de reafirmar que no se encuentra solo en su proceso. No se trata únicamente de contención emocional, sino de validación: si el entorno reconocer la importancia de lo ocurrido, al igual que de sus secuelas, entonces es posible hablar acerca de lo que se está viviendo y por consiguiente, también será posible hacerse cargo de ello, trabajar con lo que se siente y con lo que se piensa en esos momentos difíciles sabiendo que existen personas que están dispuestas a apoyar de un modo u otro. Esto se vuelve determinante al abordar los sentimientos de culpa, que suelen ser especialmente difíciles para la madre, a quien se le considera como “la portadora de vida”. Debido a roles y estereotipos sociales, es posible que ella asuma una perspectiva en la que lo ocurrido se trata de una “carencia” “debilidad” o “error” por parte de ella, algo que se encuentra completamente alejado de la realidad, incluso en los casos donde existieron complicaciones del embarazo. La realidad es que existen circunstancias que son impredecibles y desafortunadas, y que incluso cuando todo puede haber marchado bien, aparentemente pueden existir complicaciones espontáneas, imposibles de controlar y de modificar, por lo que es de suma importancia que familia y amigos sean el constante recordatorio de que la muerte ni es un castigo ni es culpa de nadie, pues si dependiese de una madre nunca se perdería un hijo, y es así como ellos siempre viven en el corazón como una vida invaluable.

Duelo por amputación por cuestiones médicas

Las complicaciones en el ámbito de la salud suelen ser motivo de cambios y transformación tanto a nivel individual como a nivel social. Por supuesto, existen distintas patologías con síntomas, afectaciones, pronósticos y expectativas diferentes, sin embargo, uno de los efectos colaterales que suelen ser ignorados es la amputación por cuestiones médicas y sus consecuencias. De acuerdo con lo registrado en 2021 por el Instituto Nacional de la Salud de Estados Unidos (NIH por sus siglas en inglés) los motivos de salud que comúnmente llevan a la amputación de una parte del cuerpo son: Problemas de circulación. Estos pueden ser resultado de la ateroesclerosis o la diabetes. Lesiones, incluyendo las originadas por accidentes de tráfico y por combate militar Cáncer Defectos congénitos Las complicaciones en el ámbito de la salud suelen ser motivo de cambios y transformación tanto a nivel individual como a nivel social. Por supuesto, existen distintas patologías con síntomas, afectaciones, pronósticos y expectativas diferentes, sin embargo, uno de los efectos colaterales que suelen ser ignorados es la amputación por cuestiones médicas y sus consecuencias. De acuerdo con lo registrado en 2021 por el Instituto Nacional de la Salud de Estados Unidos (NIH por sus siglas en inglés) los motivos de salud que comúnmente llevan a la amputación de una parte del cuerpo son: Problemas de circulación. Estos pueden ser resultado de la ateroesclerosis o la diabetes. Lesiones, incluyendo las originadas por accidentes de tráfico y por combate militar Cáncer Defectos congénitos Pudiendo entenderse que la pérdida de una extremidad suele ser el resultado de un proceso de atención médica durante el cual se determina que la mejor opción en un momento dado es la pérdida de una extremidad para evitar que el paciente pierda la vida. Por supuesto, lo anterior conlleva un proceso en el que el paciente es partícipe de la mano de especialistas que en el mejor de los casos podrán bridarle la mayor información posible acerca del antes, durante y postoperatorio. Por lo anterior, es posible hablar de múltiples duelos que suelen ocurrir ante una amputación por enfermedad, pues como se mencionó al inicio para la mayoría de individuos sanos, no es concebible que el deterioro de su salud derive en una pérdida de tal magnitud y por ello al duelo por pérdida de la salud se suman duelos intrapersonales ante la pérdida de habilidades, capacidades, roles y aptitudes, e incluso un duelo anticipado debido al panorama médico. Desde el momento en que se anuncia la noticia es posible experimentar angustia, dolor, frustración y/o tristeza profunda por todo lo que (anticipadamente) se visualiza como una vida que tendrá que quedar en el pasado, atravesando distintas etapas de duelo conforme el individuo comprende que tendrá que dejar atrás a aquella persona quien creía ser durante “antes”. Conforme se entienden cuáles son las diferencias más plausibles entre “el yo de ahora” y “el yo del futuro” se elabora a la par un duelo intrapersonal ante la premisa de perder aspectos de la autonomía corporal y elementos de la vida cotidiana como pueden ser el rol familiar, puesto de trabajo De allí que puedan existir múltiples duelos a la vez, pues, por un lado, la pérdida de la salud trae consigo una diferencia en el estatus quo, familiares, amigos y demás miembros del ámbito social perciben de manera distinta a quien se encuentra atravesando los cambios súbitos en su vida y esto puede sumar sentimientos de indefensión y de soledad. De allí que se deriven pensamientos negativos e incluso fatalistas respecto a la vida posterior, como cuáles podrían ser los fallos de la intervención médica y el proceso de recuperación, la existencia de dificultades adicionales en el acoplamiento a una nueva vida, problemas económicos y familiares por la incorporación de cuidados especiales, la pérdida de actividades otrora indispensables como escuela y trabajo, por mencionar algunos aspectos. Por lo tanto, es indispensable no dejar de lado el aspecto psicológico, a pesar de que en primera instancia lo primordial es salvar la vida, se necesita tener un acompañamiento adecuado a las necesidades y un espacio seguro para que el paciente pueda expresar lo que le acongoja, sus miedos y frustraciones, solo así es posible contemplar de manera integral la salud para trabajar en una recuperación satisfactoria. Psi. Adriana Aramis Rosete Viveros

¿Qué se debe hacer si algún familiar tiene ideas o intenciones suicidas?

El hablar y pensar sobre el suicidio puede ser algo difícil de procesar, sin embargo, es importante saber que es necesario tocar el tema para abordar de una manera saludable, puede ser muy angustiante que una persona diga que está pensando en suicidarse o notar indicios que demuestren que lo está considerando. Es posible que la gran mayoría de las personas no sepamos qué hacer para ayudar; puesto que al hablar de un tan difícil puede ser muy fácil perjudicar a las personas con nuestras palabras o acciones, por ende, estar informados siempre será la mejor arma, pero ¿Qué se puede decir? ¿Qué se puede hacer? Hablar directamente del suicidio Es muy importante averiguar si la persona corre riesgo de seguir sus ideaciones suicidas. Es importante actuar con delicadeza, pero formulando preguntas directas, como las siguientes: ¿Cómo estás afrontando lo que ha estado ocurriendo en tu vida? ¿A veces sientes ganas de darte por vencido? ¿Piensas en la muerte? ¿Piensas en hacerte daño? ¿Piensas en el suicidio? ¿Alguna vez has pensado en el suicidio o has intentado hacerte daño? ¿Pensaste cómo o cuándo lo harías? ¿Tienes acceso a armas u objetos que se puedan utilizar como armas para hacerte daño? Preguntarle a una persona acerca de pensamientos o sentimientos suicidas no la motivará a tener conductas autodestructivas. Al contrario, ofrecer la oportunidad de hablar acerca de los sentimientos puede reducir el riesgo de que siga sus pensamientos suicidas.   No juzgar. Puede ser lo más difícil de la situación, ya que en ocasiones cuando la persona confía en contar los pensamientos que esta teniendo o bien se descubre, no se debe de decir lo siguiente: Deja de pensar en esas tonterías Debes de ponerte a trabajar mejor ¿Qué problemas tienes? Ya ni yo que si tengo problemas de verdad Se recomienda escuchar a su familiar, hacerlo sentir comprendido, acompañarlo a transitar con empatía por el difícil momento, consolar y darle la seguridad que le ayudará en el proceso, de la misma manera es importante comentarle debe tomar ayuda profesional, si no la quiere de momento no se le obligue, sin embargo, si es importante invitarle a tomar la ayuda para trabajar esas cuestiones. Busca los signos de advertencia No siempre es posible darse cuenta de que un ser querido o amigo está pensando en suicidarse. Aunque Estos son algunos signos comunes: Hablar acerca del suicidio; por ejemplo, hacer afirmaciones como "Voy a matarme", "Quisiera estar muerto" o "Desearía no haber nacido". Obtener los medios para quitarse la vida, por ejemplo, comprar un arma o almacenar pastillas. Evitar el contacto social y querer estar solo. Tener cambios de humor, como euforia un día y profunda tristeza al día siguiente. Estar preocupado por la muerte, el hecho de morir o la violencia. Sentirse atrapado o sin esperanzas a causa de alguna situación. Aumentar el consumo de drogas ilícitas o bebidas alcohólicas. Cambiar la rutina normal, incluidos los hábitos de alimentación y sueño. Hacer actividades arriesgadas o autodestructivas, como consumir drogas ilícitas o conducir de manera negligente. Regalar pertenencias o poner asuntos personales en orden cuando no hay explicación lógica para hacerlo. Despedirse de las personas como si no se las fuera a ver de nuevo. Tener cambios en la personalidad o ponerse extremadamente ansioso o inquieto, en especial cuando se presenta alguno de los signos de advertencia mencionados anteriormente. Psic. Jonathan García Mezhua

Prevención del suicidio

Cuando se habla de suicidio suele dejarse de lado aquellas conductas y pensamientos que anteceden el atentar contra la propia vida. Dado que socialmente continúan prevaleciendo juicios y críticas, se ha venido desarrollando de manera general una renuencia por parte de la mayoría a tocar el tema, indagar y conocer a sus protagonistas. A pesar de que no es posible delimitar la problemática suicida a un conjunto específico de características individuales, es justamente debido a ello que se vuelve importante la necesidad de crear esfuerzos conjuntos como comunidad para hablar acerca de los posibles factores de riesgo, detonantes, y signos de advertencia. Si existe apertura al respecto y se cambia el paradigma de la vergüenza y el tabú por el entendimiento de que no se trata de “personas desequilibradas” ni tampoco de “valientes” ni “cobardes” entonces sería posible que cada quien desde su trinchera pueda favorecer la cultura de la prevención, fomentando la existencia de alternativas, profesionales y grupos de apoyo para quienes presentan ideación suicida. Lo anterior conlleva el detectar cuáles son las conductas, pensamientos y sentimientos que constituyen un indicador de riesgo suicida con el fin de evitar la aparición de nuevas ideas, intentos o planes que pongan en peligro a una persona, de manera que sea posible anticiparse y realizar un plan de acción adecuado a las necesidades del individuo. De acuerdo con el “National Institute of Mental Health” (2023) algunas de las señales de advertencia que requieren intervención inmediata por parte de la red de apoyo son: • Hablar de querer morir o desear matarse. • Hablar de sentirse vacío o desesperado, o de no tener motivos para vivir. • Hablar de sentirse atrapado o pensar que no hay ninguna solución. • Sentir un dolor físico o emocional insoportable. • Hablar de ser una carga para los demás. • Alejarse de familiares y amigos, despedirse de ellos. • Regalar posesiones importantes. • Poner sus asuntos en orden, como hacer un testamento. • Asumir grandes riesgos que podrían resultar en la muerte, como conducir extremadamente rápido. • Hablar o pensar en la muerte con frecuencia. • Mostrar cambios extremos en el estado de ánimo, pasando repentinamente de estar muy triste a sentirse muy tranquilo o feliz. • Hacer planes o buscar formas de suicidarse, como buscar métodos letales en línea, acumular pastillas o comprar un arma. • Hablar de sentirse muy culpable o avergonzado. • Consumir alcohol o drogas con más frecuencia. • Mostrarse ansioso o agitado. • Cambiar los hábitos alimenticios o de sueño. • Mostrar furia o hablar de buscar venganza. Si bien algunos signos pueden parecer (al menos en primera instancia) señales evidentes de lo que el individuo planea hacer, la presencia de uno o varios aspectos que se puedan ser considerados “sutiles” e incluso normalizados por la historia de vida del individuo, es menester atender con la misma relevancia cada señal de alarma, pues un acercamiento temprano puede hacer la diferencia. Psi. Adriana Aramis Rosete Viveros Fuentes: “National Institute of Mental Health” (2013) Prevención del suicidio. Recuperado de: NIMH » Prevención del suicidio (nih.gov) Secretaría de Salud (2021) Prevención del suicidio debe considerar factores de riesgo y de protección. Recuperado de: Prevención del suicidio debe considerar factores de riesgo y de protección | Secretaría de Salud | Gobierno | gob.mx (www.gob.mx)

Hablemos del suicidio

De acuerdo con informes de instituciones como la Organización Mundial de la Salud, existe una problemática de salud que se ve mayoritariamente ignorada por la población general, pese a que año con año su incidencia aumenta, se trata del acto suicida que de acuerdo con el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), dentro de la población mexicana se reporta como la cuarta causa de muerte en adolescentes. A pesar de que la estadística pone de manifiesto un incremento en el número de personas que deciden atentar contra su vida año con año y de que dichas cifras se encuentran al alcance del dominio público, como sociedad ha existido una renuencia a hablar del tema, relegándose por medio de una serie de creencias condenatorias en torno al suicidio y al suicida como algo “desviado” o una “enfermedad” que compete únicamente a los profesionales de la salud cuando en realidad compete a todos. Una de las características del acto suicida es que nadie se encuentra exento de desarrollar ideas y sentimientos que lleven a ello, personas de cualquier grupo de edad, nacionalidad, religión, y en cualquier nivel socioeconómico pueden presentar la desesperanza que se encuentra asociada con este acto, y es por ello que se vuelve importante hablar de manera abierta, con respeto y profesionalismo, sin estigmas que impidan o dificulten visibilizar a la persona que se encuentra detrás de la desesperanza, detrás de la incapacidad de disfrutar o de la sensación de vacío. El atentar contra la propia vida o el albergar en primer lugar siquiera la idea o la intención de acabar con la vida propia es algo que para la mayoría resulta inconcebible, pues desde el pensamiento grupal del colectivo social se impulsa la idea del “instinto de supervivencia” y se acepta como norma que todos y cada uno de los seres humanos que se agrupan en el mismo tiempo y espacio físico han de mantenerse siempre pensando en su supervivencia, por lo que todo lo que atente contra este “instinto” en anormal y por ende pone en peligro el orden colectivo. De modo que cuando alguien sale de lo previamente establecido (en ocasiones incluso por generaciones enteras) y se desvía de lo que en su entorno es considerado como la norma, no debe extrañar que aquellos alrededor condenen, castiguen y juzguen aquello que de manera automática es considerado erróneo, incluso si se trata de algo que legalmente no conlleva repercusión alguna el juicio moral no tarde en hacerse presente ya no únicamente dirigido a la persona suicida sino también hacia sus seres cercanos. Es a consecuencia del prejuicio que familiares y amigos suelen encontrarse con sentimientos de vergüenza, culpa irracional, frustración e incluso rencor, todo ello derivado de una percepción errónea de lo sucedido que es impulsada por el estigma social que aún rodea a quienes cometen suicidio, frases como: “Es un cobarde” “Debió ser muy valiente” “¿Por qué nadie hizo nada?” “¿Cómo no lo notaron?”, por mencionar algunas de las más comunes que suelen dificultar a los individuos el transitar por un proceso de duelo saludable, viéndose incapaces de aceptar en primer lugar lo acontecido, o haciendo que su percepción de los hechos se vea empañada. Y si bien es posible que algunos de los comentarios anteriormente mencionados se deriven de una preocupación genuina o se enuncien desde el desconocimiento, es de suma importancia qué tipo de conversaciones se generan en torno al suicidio y cuál es la postura que se está adoptando, no se trata tampoco de hablar por llenar un espacio vacío ni mucho menos de hablar desde el desconocimiento. Se trata de visibilizar y de hacer todo lo posible por prevenir y ayudar a las familias que se encuentran pasando por este tipo de pérdida. Hablar desde la empatía y estar dispuestos a escuchar a quienes se encuentran viviendo con la sensación de que quizás nada tiene sentido o que se están quedando sin opciones, representa un paso en pro de la prevención, de borrar el miedo al rechazo o al prejuicio para darle paso a la comunicación, que si bien el tema es complejo y requiere que se tomen en cuenta múltiples aspectos de la vida personal, es posible trabajar en la prevención si nos concientizamos como sociedad y como individuos. Psi. Adriana Aramis Rosete Viveros Referencias: Instituto Nacional de Estadística y Geografía.  (2022) Comunicado de prensa número 503. Recuperado de: https://www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/aproposito/2022/EAP_SUICIDIOS22.pdf Universidad Nacional Autónoma de México. (2022) Aumentan suicidios en México. Recuperado de: https://unamglobal.unam.mx/global_revista/aumentan-suicidios-en-mexico/

Formas prácticas de ayudar a los adultos mayores

Actualmente, en algunos países del mundo experimentado un aumento de la esperanza de vida y muchos avances científicos y tecnológicos. Esto provoca que cada día, más personas, superen los 65 años de edad y disfruten de buena salud física y mental en la tercera edad, aunque también hay adultos mayores que se les dificulta llegando a esa edad.  El adulto mayor podrá adaptarse o no a su envejecimiento dependiendo de la personalidad, sin embargo, los familiares y cuidadores pueden ayudar a las personas mayores a adaptarse a los cambios de la vejez, es por ello que en este artículo encontrará las recomendaciones para ayudar a los adultos mayores. 1. Empatía. Los hábitos y el comportamiento de las personas mayores van cambiando y es importante que las personas de su alrededor sepan afrontar estos desafíos. Lo esencial es no juzgarlos y tratar de recordar siempre que ellos no tienen la culpa y que no son una carga para ustedes. Es importante recordar que la entrada a cualquier etapa de la vida conlleva cambios de comportamiento, en el pensamiento y en las emociones, y en el caso de los ancianos se trata de la adaptación a la vejez. Aquí, las capacidades del mayor van disminuyendo poco a poco debido a varios factores. Es importante tener en cuenta que su comportamiento está influenciado por varios de ellos y que puede ser voluntario o involuntario, consciente o inconsciente, público u oculto. Ellos necesitan poder adaptarse a esta nueva forma de vida y puede tomar algo de tiempo, esto, afrontar cambios nunca es tarea fácil y cuando se trata de personas mayores puede ser aún más complicado, por ello tratarlos con empatía es responsabilidad de todos. 2. Escucha Es importante escuchar las necesidades de los adultos mayores, ser capaz de reconocerlas y darles una solución, en ocasiones no se trata de decir mucho, sino de hacerles sentir comprendidos y no juzgados, ellos van perdiendo habilidades y herramientas, por ende, el escucharlos sin juzgarlos es darle una velita de la esperanza. 3. Pasa tiempo de calidad con ellos La forma más práctica de ayudarlos es estando con ellos, sentir una compañía agradable, puede hacer la diferencia, jugar con ellos dominó, bingo, lotería, preguntarles sobre cómo era el lugar donde viven antes. 4. Respeta su autonomía Recuerden que ellos pueden tomar decisiones por sí solos, aunque habrá situaciones donde por el desgaste o la enfermedad que produzcan, ya no sea así, lo importante es que mientras puedan, decidan sobre sí mismos, esto no quiere decir que podrán comer o beber lo que no pueden, pero sí, que quizá puedan decidir a donde ir a comer, que quieren escuchar, con quienes quieren hablar entre otras cosas. 5. Mantener mientras se pueda una vida social Además de ayudarles a continuar con las actividades cotidianas y a cuidar de su salud, entre las ideas prácticas para ayudar y mejorar la vida de los ancianos se debe incluir el mantenimiento de su vida social. Es decir, la compañía y el cariño de los seres queridos es fundamental para el bienestar en la tercera edad. Ya sea mediante una visita de los familiares, una reunión con amigos o alguna actividad sociocultural en grupo, fomentar las relaciones sociales en la tercera edad proporciona numerosos beneficios a los mayores. Por ejemplo, ayuda a que se sientan más alegres, se olviden de las dolencias frecuentes en esta etapa, previene la depresión y evita el sedentarismo, entre otros. 6. Cuando es posible adaptar el hogar para ellos La mayoría de las personas mayores prefieren envejecer en su hogar, debido a los muchos beneficios que esto les aporta, por lo que es necesario que su lugar de residencia esté adaptado a sus necesidades para mejorar su bienestar general e independencia y seguridad, teniendo en cuenta que las capacidades físicas y mentales se ven reducidas con el paso de los años, cada espacio del hogar de una persona mayor tiene diferentes riesgos para su autonomía y salud. De hecho, los ancianos pueden sufrir algún accidente o ver limitada su movilidad por la falta de medidas de seguridad o la presencia de barreras en los lugares por los que circulan, contar con una recámara en planta baja, baños con suficiente espacio para una silla de ruedas, tener mayor cuidado en la cocina y tener protecciones en la casa de ventanas y puertas. 7. Disfrutar de ellos. Las personas de la tercera edad merecen ser respetados y amados por ende, disfruten del tiempo con ellos, cuídenlos y ámenlos, es la manera más práctica de ayudar a las y los adultos mayores. Psic. Jonathan García Mezhua

Los cuidados paliativos

Durante el ciclo de la vida existe el entendimiento de qué pasado un incremento en las funciones fisiológicas, las habilidades y aptitudes del individuo, sigue un decremento paulatino que va a ser determinado por la calidad y el estilo de vida del sujeto, en lo que se denomina “la tercera edad” o vejez, culturalmente asociada a la pérdida de la salud y pérdida de autonomía. Esta etapa del desarrollo situada a partir de los 65 años de edad se caracteriza por los siguientes cambios a nivel físico: pérdida de densidad ósea (lo cual propicia propensión a la osteoporosis), disminución de masa muscular, perdida de textura y elasticidad de la piel, adelgazamiento y encanecimiento del cabello, perdida de dientes y problemas de encías, así como problemas de visión, por mencionar algunas de las afectaciones más comunes. A lo anterior hay que añadir el aumento en la incidencia de enfermedades crónico-degenerativas como son el Alzheimer y la demencia, artritis, diabetes, cáncer, o enfermedades del corazón, por mencionar algunas. Ante la aparición de estos padecimientos (sumados quizás a un previo deterioro físico del adulto mayor) no debe extrañar que se suscite la necesidad de emplear cuidados paliativos. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2016) “el cuidado paliativo es la prevención y el alivio del sufrimiento a través de la detección temprana y correcta evaluación, el tratamiento del dolor y otros problemas que pueden ser físicos, psicológicos o espirituales”.  Por norma general, los cuidados paliativos son una herramienta que permite mejorar la calidad de vida de las personas que se encuentran cercanas al final de la vida e individuos con enfermedades crónico degenerativas. Dichas enfermedades producen una mayor afectación física y mental a medida que avanza el tiempo, produciendo mayores y peores malestares en quien las padece, lo que dicho de otro modo representa una progresión del dolor percibido y puede traer consigo irritabilidad, hostilidad, tristeza, decaimiento, miedo, ansiedad, apatía e incluso sentimiento de incomprensión y de fracaso e inutilidad. Por lo anterior, es sumamente importante no perder de vista la individualidad del adulto mayor y reconocerle como lo que es, una persona con años de experiencias, vínculos afectivos establecidos, preferencias, usos y costumbres, sentido de la justicia, del éxito y el fracaso entre otros aspectos que deben ser tomados en cuenta a la hora de querer hacer cambios o adaptaciones en pro de un “mejor estilo de vida” o de una “buena calidad de vida”, primeramente como familia habrá que preguntar “¿Qué es lo que para él/ella significa una vida feliz? ¿De qué manera se siente con los cambios que ha traído la enfermedad?” “¿Hay algo que podamos hacer como familia? ¿Qué quiere ella/él que hagamos para hacer su vida más fácil?”. Y si bien no necesariamente por entrar en esta etapa de la vida se padecerán malestares físicos u “achaques”, lo cierto es que invariablemente todos hemos de experimentar distintos tipos de pérdidas paulatinas que pueden hacer que disminuya el sentido de autonomía y cambie nuestro autoconcepto, ante lo cual la adición de este tipo de cuidados se vuelve una herramienta que permite conceder al adulto mayor una mejor calidad de vida. Practicar la escucha activa, prestar atención a las emociones y expresiones no verbales es una manera de ayudar al adulto mayor en su proceso, recordándole que es valorado y comprendido puede ayudarle a aliviar algunos de los malestares emocionales, pues el validar sus emociones y permitirles desahogarse puede dar la pauta que necesita para externar lo que le ocasiona tristeza, enojo o frustración y de ese modo al desahogarse encontrar un estado emocional más óptimo para poder ayudar a ayudarle con la empatía y el respeto que merece. Psi. Adriana Aramis Rosete Viveros

Cuidado del cuidador

El cuidado de uno mismo, es uno de los temas que paso a paso va tomando relevancia en el mundo, no podemos dar lo que no tenemos, esto aplica para la mayoría de las cosas en la vida, y en caso de que se dé, es sumamente probable sea a mitad de lo que podríamos darlo, para amar a los demás debo trabajar el amor propio, para poder trabajar enfocado en los deberes, se debe de descansar apropiadamente la noche anterior, para criar a buenos hijos, se debe de tratar de ser buenos padres, buenas personas, para cuidar a una persona cercana al final de la vida o simplemente una persona mayor que depende del cuidado de otro, se debe cuidar la salud emocional y física de los cuidadores primarios. Es importante tener en cuenta los siguientes pasos para al sano cuidado, antes, durante y después: 1. Todos los familiares cercanos deben de estar enterados de la magnitud de la enfermedad del familiar, esto incluye a los niños, quizá ellos no con tanto detalle, pero deben de saber, que sus abuelitos, padres o hermanos están pasando por una enfermedad. 2. Esto depende de la cantidad de personas en el núcleo familiar haya, por ejemplo, hermanos, primos, tíos, etc. Comúnmente se les da la responsabilidad a las mujeres del cuidado, ejemplo: “una familia de 4 hermanos, 3 hombres y una mujer, tienen enfermo a su padre de cáncer pulmonar, aunque todos trabajan a quien se le da la responsabilidad del cuidado es a la hermana mujer, aunque sea la que vive más retirado de la casa del padre” no es que suceda en todos los casos, pero en la mayoría así es, la cuestión aquí es que NO le corresponde a solo un hermano/a, tío/a o primo/a o padre el cuidado del familiar, se recomienda repartirse en horarios equitativos, siendo empáticos con la situación familiar y económica de cada persona, por ejemplo, si algún hermano casi no puede estar al cuidado de su ser amado, puede si está en sus posibilidades dar un poco más de dinero para las medicinas, o mandar a alguien en su representación, al mismo tiempo se pueden buscar más opciones en las que se pueda solventar la ayuda. 3. Es importante mantener un sano ambiente familiar, sin discusiones de herencias o “te toca a ti hermano/hermana porque a ti te dio más”, solo fomentan la incomodidad y dificultades para trabajar en equipo. 4. Aunque se cuide a su ser amado, en las medidas de sus posibilidades se recomienda que no se dejen de realizar prácticas o actividades que le generen bienestar, como ejercicio, jugar, futbol, cantar, ver a los amigos, etc. Si bien, no quitará la tristeza e incertidumbre de lo que sucederá con su familiar, si ayuda a la distracción, relajación y desastres. Se deben evitar señalamientos o reproches sobre “estás saliendo, parece que no te importa la enfermedad de tu papá, abuelo, mamá, hermano o el familiar que esté en ese estado", ya que se tiene el derecho de distraerse. 5. Este punto es para aquellos familiares que piensen que hacer su testamento o comprar su plan de previsión es llamar a la muerte, esos son mitos falsos, una persona que realiza estos movimientos es una persona que intenta prevenir, y no heredar problemas o deudas, les invitamos a dejar su testamento, a realizar su voluntad anticipada (de la cual se hablará más adelante en otro artículo) y a comprar su plan de previsión, porque, a) no sabemos que peleas puede haber entre los familiares, pero si se sabe que se puede prevenir con el testamento, b) no se sabe en qué situación difícil en el ámbito de la salud se esté más adelante, en las cuales los familiares tenga que tomar decisiones difíciles como desconectarlo o no, intubarlo o no, que provocan en la mayoría de los casos roces o malos entendidos, pero, si sabemos que sí dejó un documento legal en donde diga que hacer en diversos casos, evito todo eso, y c) estamos vivos y para morir eso se necesita, pero, no sabemos que tengan que empeñar, vender o qué sueños de emprendimiento truncar para pagar nuestro funeral, pero, sabemos que con un plan los protejo. El cuidado de cuidador se trata de prevenir, con amor, con respeto y empatía. Psi. Jonathan García Mezhua

El duelo por pérdida de la salud en el adulto mayor

A lo largo de la vida se habla del desarrollo humano como “crecimiento” y se le asocia con descubrir nuevas habilidades, aptitudes y aprendizajes, con experimentar nuevas cosas y encontrarse desarrollando una sucesión de “primeras veces”. Sin embargo, el desarrollo humano también incluye un decremento paulatino en el ámbito de la salud a partir de la etapa conocida como vejez, que puede ubicarse de los 65 años en adelante. Al hablar de “el adulto mayor” existen ciertos estereotipos que son asociados automáticamente con la etapa en la que se encuentran.  Que “la vejez trae dolores y achaques” suele ser uno de los estereotipos más difundidos, normalizando el decremento en la salud física del adulto mayor, sin tener en cuenta que se trata de un proceso que no atiene a un solo aspecto de la salud, sino que engloba también el aspecto emocional, psicológico, espiritual e incluso social. Entonces, al aspecto físico se le suma la pérdida de identidad, pérdida del sentido de pertenencia, sentimiento de inutilidad y otros aspectos intrapersonales que pueden contribuir a que el adulto mayor experimente un duelo en silencio. Por un lado, lo más probable es que existan transformaciones simultáneas en la familia, en donde los niños de ayer son los adultos de hoy y se encuentran realizando sus propios planes y metas para construir su propio plan de vida, y esto por supuesto quiere decir que el rol de quien ahora es abuelo o abuela se encuentra también sujeto a cambios, y si además a esto se le suma un padecimiento o dificultad física como son las afectaciones cardiacas, pérdida de la capacidad visual o auditiva entonces puede volverse difícil enfrentar el aspecto intrapersonal cuando el individuo se ve en la necesidad de atender primero la salud física con el objetivo de tener una calidad de vida favorable. A lo anterior se le suma que el papel del adulto mayor en la familia ha venido transformándose a lo largo del tiempo: de los sabios merecedores de respeto por sus experiencias y por la responsabilidad asumida de mantener a la familia unida, a los miembros del hogar cuya salud requiere que se les brinde cuidados y atenciones que los deslindan naturalmente de las responsabilidades que venían asumiendo anteriormente. Aspectos como la pérdida de densidad ósea, pérdida de masa muscular, disminución de la velocidad para reaccionar, deficiencias en la memoria a largo plazo, dificultades en el aprendizaje, son algunos de los aspectos que con mayor frecuencia van presentando un deterioro a partir de la 3.ª edad. Y es que toda pérdida implica la necesidad de aceptar que lo perdido no depende de uno mismo, sino que se trata de circunstancias que escapan de nuestro control y por consiguiente una gran parte del trabajo en este tipo de duelo es el reconocer que todo lo que se tuvo en el pasado y que nos permitió desenvolvernos satisfactoriamente en el día ahora requiere que tengamos nuevas rutinas e inclusivo puede que necesitemos hacer adaptaciones en el hogar o diversificar nuestro círculo social en favor de coincidir con quienes también se encuentran pasando por estos cambios físicos. El acompañamiento de una red social que brinde la empatía y la paciencia necesarias es clave, bajo el entendimiento mutuo, de que el debilitamiento físico no quiere decir que disminuya la calidad o el valor como ser humano, pues el aspecto físico es tan solo una parte de lo que conforma a cada ser humano, pero es la suma de todo lo que hacemos con nuestro tiempo en este mundo lo que demuestra realmente de qué estamos hechos y quiénes somos. Al abordar la salud del adulto mayor, es importante recordarle que si bien es natural que haya cierta disminución en la fuerza física, su espíritu, su personalidad, su cariño y todo lo que ha realizado en familia son imborrables y que nada ni nadie puede quitarle su lugar especial en casa. Psi. Adriana Aramis Rosete Viveros

¿Cómo trabajar mi resiliencia?

La resiliencia puede definirse como la capacidad de “volver al estado anterior”, puesto que si nos remontamos al origen etimológico de la palabra, esta proviene del latín “resilio”, que significa “volver atrás” o “volver de un salto”. Sin embargo, el significado que se le atribuye actualmente a dicha palabra comprende ya no únicamente el regresar a un estatus quo, sino que incluye también la adaptación a distintos cambios e incluso el crecimiento personal derivado de aprender y “estar mejor” de lo que antes fuimos. Existen distintos momentos de la vida que harán surgir estrés, ansiedad, tristeza, rencor y demás sentimientos, emociones y pensamientos desagradables de experimentar, mismos que como sociedad se incentiva a esconder de la opinión pública e incluso se invita a “evitar sentir” pues “no nos llevan a nada productivo”, dando a entender en el proceso que existen emociones que son “buenas” o “positivas” y por consiguiente también hay otras que son “malas” o “negativas”, pretendiendo ignorar que las emociones sí pueden ser reguladas más no controladas de manera completamente voluntaria y/o consciente, y este es un punto clave de la resiliencia. Es necesario en realidad el experimentar y expresar la frustración, tristeza, anhelo y demás emociones suscitadas por acontecimientos desagradables en la vida, ya que de lo contrario es posible caer en la negación, ya sea del suceso o de la relevancia e impacto que este tiene en nuestras vidas. Hacer esto dificulta el camino de la resiliencia, pues al privarnos de vivir la experiencia por completo (con todos sus matices) también nos privamos del aprendizaje completo que podría surgir de una correcta introspección. Reconocer que la transformación y el cambio son características constantes de la vida puede ser un punto de partida hacia la resiliencia, al entender que se puede intentar ver el lado positivo de las cosas solo después de que hemos aceptado la parte desagradable de lo sucedido, permitiéndonos desahogarnos, llorar, reír, gritar incluso para poder liberar la mente del peso de las emociones. Entender que no es obligatorio suprimir completamente las emociones desagradables para recuperar el estatus quo es de suma importancia para poder sobreponernos a las dificultades que se presentan, especialmente cuando se trata de algo que de manera objetiva puede ser descrito como una tragedia o desgracia como el caso de accidentes y desastres naturales. Trabajar en las habilidades y aptitudes personales que favorecen el ser resilientes es una labor que involucra trascender el dolor y tener la capacidad de relacionarnos con otras personas, permitirnos seguir adelante, incluso si sabemos que la vida ya no volverá a ser exactamente igual que antes y no por ello significa que no existan aún motivos para ser felices, pues al comprender los aspectos desagradables es posible ver con nuevos ojos y con mayor claridad aquellos aspectos de la vida que hacen que esta se disfrute y valga la pena. Por ello, es importante: • Respetar el tiempo que sea necesario para sobrellevar las circunstancias desagradables de la vida • No elaborar juicios apresurados y en caso de hacerlo, no quedarnos únicamente con la primera impresión de lo ocurrido • No pretender negar la gravedad de lo ocurrido en el afán de hacernos creer que “todo está bien” • Recurrir a la red de apoyo o a un espacio en el que nos sintamos seguros y con la apertura necesaria para el desahogo emocional • Ser agradecidos por las cosas cotidianas que solemos pasar por alto a pesar de que mejoran nuestra vida, por ejemplo: tener a alguien que se preocupa por nosotros, contar con un lugar en el que podemos refugiarnos, poder ver y sentir lo que nos rodea, etc. De este modo, es posible comenzar a construir las herramientas necesarias para desarrollar la resiliencia. Psi. Adriana Aramis Rosete Viveros Referencias: American Psychological Association Camino a la resilencia (2011) Recuperado de: https://www.apa.org/topics/resilience/camino Diccionario de la lengua española. (2022) Resiliencia. Recuperado de: https://dle.rae.es/resiliencia

¿Qué hacer en caso de perder a un familiar por accidente?

Un accidente es algo que escapa a nuestra voluntad y que no refleja nuestras intenciones, sino que "simplemente ocurre" y puede transformar por completo nuestras vidas, poniendo todo de cabeza y alejándonos de momentos, planes, metas, sueños y personas que, de haber tenido poder de decisión, no separaríamos de nuestras vidas. En el caso de la familia, existe la idea preconcebida e inculcada por la sociedad de que son individuos que siempre formarán parte de nuestra vida y estarán en todo momento, “en las buenas y en las malas” para apoyarnos, e incluso se llega a incentivar confiar únicamente en familiares o confiar en ellos más que en cualquier otra persona. Por eso, cuando un familiar trasciende en un accidente, lo abrupto del suceso rompe con el esquema de vida concebido hasta ese momento, se trata de una ruptura súbita del vínculo afectivo con alguien que no concebimos fuera de nuestra vida, una muerte inesperada en la familia y una separación que se asimila como violenta, de allí que independientemente del vínculo afectivo al momento del suceso puede existir una fuerte carga de culpabilidad o responsabilidad por lo ocurrido, en forma de frases como “si no le hubiera pedido venir/ir a x lugar…” “Debí reaccionar más rápido/mejor…” entre otros pensamientos producto de la fuerte impresión que deja lo ocurrido en la psique del doliente. Además, un duelo en familia supone un evento capaz de dificultar y desajustar la dinámica de las relaciones intrapersonales de quienes “sobreviven” al suceso, especialmente si existieron conflictos o asuntos sin resolver al momento del deceso, dado que el duelo ocurre de manera individual incluso dentro de un mismo círculo social como lo es la familia, lo que significa que cada uno de los integrantes resolverá a su propio ritmo los sentimientos y pensamientos derivados de la pérdida en lugar de vivir de manera simultánea las etapas y tareas del duelo. Al mismo tiempo, es posible que no todos estén preparados siquiera para afrontar la pérdida, dado que una de las características principales del duelo a causa de un accidente es la imposibilidad de procesar lo ocurrido en primer lugar. La presencia de una respuesta de shock o negación en la que el doliente puede aparentar tranquilidad absoluta y comportarse como si "nada hubiera pasado" puede ocurrir como consecuencia de lo repentino del suceso, desplegando los mecanismos de defensa de la mente. Por lo que “Qué hacer” cuando perdemos a un familiar en un accidente es una pregunta que solo tendrá una respuesta en la medida que estemos dispuestos a aceptar los cambios que trae consigo la ausencia física. No se puede elaborar un duelo sin reconocer en primer lugar la existencia de una pérdida importante, de un vínculo y un rol en la familia que nada ni nadie más podrán llenar, de la mano de una red de apoyo, es posible hacer las paces con las situaciones que quedaron pendientes y reconocer que lo ocurrido no dependía de nosotros en realidad, pero lo que sí podemos decidir y modificar es qué hacer con nuestra vida de ahora en adelante. Honrar la memoria de quien ha trascendido, recordarle de manera activa, incluso hacer actos de gratitud e incluso de caridad en su nombre, contar sus anécdotas, recordar su manera de ser, etc., son formas de permitir que nos acompañen aún en la ausencia física. Psi. Adriana Aramis Rosete Viveros

¿Cómo sobrellevar el duelo por un infarto?

De acuerdo con la Secretaría de Salud (SS) las enfermedades cardiacas se encuentran dentro de las primeras 3 causas de muerte en el país, y de acuerdo con datos recopilados por dicha institución durante el 2021 en México se registraron cerca de 220,000 fallecimientos por enfermedades cardiovasculares, de las cuales 177,000 fueron por infarto al miocardio, y si bien la incidencia es mayor en adultos entre los 50 y 70 años, se ha establecido una mayor presencia de casos en pacientes cuyas edades oscilan entre los 30 y 40 años, lo que supone un incremento en el número de muertes súbitas, absolutamente imprevistas para familiares y amigos quienes se encuentran entonces en la difícil situación de vivir el proceso de duelo por un infarto. Es posible argumentar que todo deceso resulta repentino bajo el entendido de que la muerte suele percibirse como algo completamente ajeno a la vida, su “polo opuesto” incluso; sin embargo, existen circunstancias o causas del deceso que suponen una mayor dificultad para procesar las emociones, pensamientos y sentimientos originados por la pérdida dado que pueden suponer una experiencia traumática para familiares y amigos al haber acompañado (o no) en sus últimos momentos a su ser querido, y la impredecibilidad de un infarto junto con la desesperación, frustración y culpabilidad que puede producir en quienes estén presentes mientras ocurre puede constituir un factor de riesgo que aumente las probabilidades de vivir un duelo complicado. Este tipo de duelo es aquel en el que no se cuentan con los recursos necesarios a nivel personal, social, afectivo e incluso económico para readaptarse de manera proactiva a la nueva realidad (marcada por la ausencia de un ser querido) y se da un deterioro de la calidad de vida mientras se sigue experimentando de manera intensa los sentimientos de desolación, anhelo, reproche, o enojo de los primeros meses incluso pasados los años, sin darse oportunidad de sanar y llegando incluso a elegir deliberadamente el “no ser feliz” para “no faltar al respeto” a quien ha trascendido. Por ello, para sobrellevar este duelo es importante reconocer en primer lugar de qué modo ocurrió la emergencia médica lo más objetivamente posible, pues incluso si creemos que fue “nuestra responsabilidad” haber respondido de manera más rápida, haber llevado un mejor control médico o insistir más en que el otro cuidase su calidad de vida, lo cierto es que es imposible afirmar que alguna acción como las mencionadas anteriormente habría prevenido un infarto dado que este suele ser el resultado de múltiples factores desgastantes de la salud a lo largo de un periodo prolongado. El duelo se trata de un proceso personal que variará de individuo a individuo, por ello incluso si se trata de un duelo que se vive en familia es importante reconocer la individualidad de cada uno y validar las distintas formas de expresar el dolor por la pérdida de un miembro importante de la familia, sin comparativas ni reprimendas, pues cada quien a su particular forma se encuentra o encontrará procesando lo sucedido, y contar con una red de apoyo que brinde el espacio y la apertura necesaria para hablar de las emociones y pensamientos al respecto será de vital ayuda, evitando estigmatizar lo sucedido, fomentando, en cambio, el recordar a quien ya no se encuentra físicamente por toda la vida que les brindó, con amor, respeto y el compromiso de seguir viviendo también por él o ella. Psi. Adriana Aramis Rosete Viveros Referencias: Cada año, 220 mil personas fallecen debido a enfermedades del corazón | Secretaría de Salud | Gobierno | gob.mx (www.gob.mx)

Duelo traumático

Al hablar de duelo por la pérdida de un ser querido, las condiciones específicas en las que ocurre el deceso son de suma importancia, pues si bien nadie está realmente preparado para despedirse de quienes ama, hay circunstancias que son especialmente impactantes e incluso traumáticas para ciertos individuos, dado que superan los recursos personales de afrontamiento de quienes atraviesan un suceso difícil, pudiendo presentarse un “duelo traumático”. El trauma es una respuesta a un suceso sumamente estresante que activa el sistema de alerta en el cerebro, mismo que percibe lo ocurrido como una amenaza a la integridad física y/o mental, pudiendo tratarse de eventos objetivamente estresantes como son: • Desastres naturales • Accidentes • Atentados •Homicidio • Desaparición forzada • Violencia física y/o psicológica Si bien estos sucesos suelen ser aceptados como dignos de estrés, miedo y alerta, cuando se trata de la muerte de un ser querido existen opiniones encontradas dado que la muerte por sí misma es un suceso inevitable para todos los seres humanos, que si bien ocurre de manera particular para cada individuo es algo ineludible que forma parte natural del ciclo de la vida. Sin embargo, independientemente de si alguno de los eventos traumáticos mencionados anteriormente injiere o no con el fallecimiento de un familiar o amigo muy querido, es posible que se trate de un acontecimiento que supera la capacidad adaptativa del doliente, incluso si las circunstancias de la pérdida son catalogables como “normales”, es decir, que se alejan de lo que comúnmente se acepta como objetivamente doloroso y difícil por la sociedad. Y es que lo que para uno constituye un evento traumático no necesariamente lo será para otra persona, ya que cada ser humano posee características particulares, y del mismo modo en que nadie desarrolla exactamente la misma personalidad, tampoco existirán (incluso dentro de una misma familia) exactamente las mismas vulnerabilidades ni respuestas adaptativas.  Una vez aclarado lo anterior, cabe también mencionar que existen distintos tipos de trauma, que de acuerdo con el Doctor en psicología Timothy J. Legg  (2021) para el “Medical News Today” pueden ser agrupados grosso modo de la siguiente forma: • Trauma agudo: resulta de un solo evento estresante o peligroso. • Trauma crónico: resulta de la exposición repetida y prolongada a eventos altamente estresantes. Los ejemplos incluyen casos de abuso infantil, intimidación o violencia doméstica. • Trauma complejo: resulta de la exposición a múltiples eventos traumáticos. La labor de determinar la existencia de un trauma en primer lugar y el tipo de trauma que se presenta debe correr por cuenta de un profesional de la salud mental especializado. Sin embargo, como red de apoyo es importante validar los sentimientos de quien se encuentra pasando por esta difícil situación y hacerle saber que no está solo. Psi. Adriana Aramis Rosete Viveros

Duelo negado

La mente humana posee mecanismos de defensa que actúan para salvaguardarnos de aquello que de un modo u otro representa un peligro para el desarrollo personal, como puede ser la pérdida de alguien con quien compartimos un fuerte lazo afectivo, que poseía un gran involucramiento en nuestra vida cotidiana o quizás, con quien tuvimos una relación complicada que nos gustaría haber cambiado para mejor, lo cierto es que la muerte suele interrumpir el flujo de la vida tal y como la conocemos y no todos estamos preparados para aceptar la nueva realidad que esto supone, sucediendo entonces un duelo negado. Conocido también como “duelo inhibido” puede incluirse como una subcategoría de “duelo complicado” (para mayor información al respecto se recomienda leer los artículos “Duelo complicado” y “Factores de riesgo”) en la que el individuo se ve incapaz de enfrentar los conflictos y complicaciones que trae consigo la nueva realidad, pudiendo negar distintos aspectos de la misma: • La realidad de la pérdida La propia idea de que el deceso siquiera ocurrió es descartada, el doliente ofrece alternativas que justifican la ausencia del trascendido y puede existir la esperanza de un reencuentro en el futuro. Frases como: “No es él/ella porque cuando salió me dijo que iba a volver”, “Está de viaje” “Sigue en el trabajo”, o simplemente “No puede ser” son dichas con total convicción. • La importancia que tiene la pérdida Es decir, se rehúsa a aceptar que la ausencia del ser querido repercute de algún modo en la psique. Usualmente, las personas con este tipo de negación pueden enfrascarse en una sobrecarga de trabajo u otras actividades con el fin de evitar pensar en lo sucedido y brindar a la vida un sentido de “normalidad”, también pueden incurrir en frases como “No pasa nada” que avalan la condescendencia que quiere proyectar al respecto. • Las emociones y pensamientos suscitados por la pérdida Si bien es posible reconocer que ocurrió una pérdida significativa, a pesar de ello habrá quienes insistan en bloquear la carga emocional que acompaña a dichas afirmaciones, incluso si se encuentran visiblemente afectados. Como resultado, es común que las personas somaticen las emociones que están suprimiendo. De acuerdo con la Psi. Cristina Luzón “Las personas de alrededor podrán pensar que está mintiendo, pero en realidad no, ya que es su verdad y se reafirman en ella desde la intención no consciente de proteger su autoestima y no conectar con el dolor.” Se trata entonces de una vía de escape inicial al no poder confrontar aquello que da temor, que genera dolor, estrés u ansiedad, y, sin embargo, se trata también de un factor de riesgo que pudiera conducir al desarrollo de un duelo complicado. El no permitirse vivir las etapas y tareas del duelo estanca a las personas en un estado que más tarde o más temprano les conduce a sentimientos de insatisfacción y frustración que señalan el desajuste que ha existido todo ese tiempo al interior de la mente, y que deberá ser trabajado si se quiere genuinamente seguir adelante con la vida y tener un desarrollo personal fructífero y saludable en el que el doliente aprenda a enfrentar la nueva realidad y a construir una vida que le brinde verdadera felicidad. Psi. Adriana Rosete Viveros Referencias: Luzón C. (2022) Negación como defensa. Ohana, Psicología y atención psicoeducativa. Recuperado de:  https://ohanapsicologia.es/negacion-mecanismo-defensa/

Duelo congelado

Los duelos congelados son más comunes de lo que parece, también se les conoce como duelo inhibido o pospuesto. Se presenta en personas que, en las fases iniciales del duelo, no dan signos de afectación o dolor por el fallecimiento de su ser querido. Se mantiene en el deudo una especie de prolongación de la barrera afectiva, con la dificultad para la expresión de emociones. En el duelo congelado, a los dolientes les cuesta reaccionar a la pérdida, generalmente se puede percibir desde fuera como las personas “fuertes” que no les afecta la situación, y esta condición es complicada porque refuerza la idea que lo realizado está bien y esto a su vez la conducta de seguir haciéndolo, sin embargo, no hay nada más alejado de la realidad que eso. El duelo duele, y esto tiene que ver con el expresar las emociones y sentimientos, es normal estar tristes, es normal llorar, pero, si se sabe esto ¿Por qué aparentar ser fuerte? ¿Es realmente la conducta de no llorar ser fuerte? ¿Qué significa ser fuerte? Son preguntas que es importante reflexionar. Llorar es de personas fuertes, expresar es de personas fuertes, porque se genera el desahogo emocional, la catarsis, que funciona como alivio al momento tenso y estresante que se vive, es cierto, no soluciona nada, pero ¿Aguantar soluciona?, y lo que es más importante ¿Cómo se aprende a reprimir estas emociones? El reprimir nuestro sentir puede desarrollarse desde la infancia, ya sea por algún tipo de episodio donde se crea la sensación de que expresar de forma abierta las emociones no es seguro, en algunos otros casos simplemente la educación o el mismo adulto centrismo, donde al ser alguien menor se tiende a minimizar las problemáticas de los infantes. (Tooby & Cosmides, 2008) Por ende, no se debe de juzgar a quienes pasan un duelo congelado, todo lo contrario, es importante dotar de seguridad al doliente para que paso a paso vaya sintiendo la confianza de hablar de lo que quiera, se recomienda que hable de lo que se sienta seguro/a y posteriormente vaya hablando de lo que más le duele. En los duelos congelados nos se debe de forzar a que hablen o lloren, pero, se debe estar atentos a los pensamientos o conductas de riesgo, por ejemplo: • Negación total de lo sucedido, creer que a quien homenajearon no fue a su familiar, que él o ella está de viaje, se puede dar más en personas que pasan mucho tiempo fuera de casa • Aislamiento total • Empezar a despedirse de sus seres amados • Regalar sus cosas más preciadas • Dejar de comer • Padecer insomnio o hipersomnia • Se recomienda observar los brazos de las personas para reconocer si se están lesionando • Se recomienda observar las piernas de las personas para reconocer si se están enterrando las uñas Es importante que a estas personas se les permita llorar así hayan pasado varios años, ya que el decirle frases como “ya pasaron muchos años tienes que superarlo” “no la dejas descansar” “estas exagerando” “Eres muy débil” “ya tienes que olvidarte de eso” pueden invalidar las emociones y sentimientos de las personas, por ende, es muy probable regresen a la habitual represión emocional. Se recomienda decir: • Sabemos que es algo que te afecta, no pasa nada, no te juzgamos, puedes llorar • ¿Qué puedo hacer para ayudarte? • No estás solo/a, estoy contigo • No te hace débil sentirte agobiado por algo que paso hace tiempo, está bien, saca aquel que cargas Pero, por sobre todas las cosas, escuchen, esa es la mejor arma contra este tipo de duelo, acompañada de terapia y empatía. Psi. Jonathan García Mezhua

Hablemos del trastorno del duelo prolongado

Dentro del apartado del trabajo de duelo existía una gran confusión para el diagnóstico de conductas des adaptativas para el duelo, sin embargo, este cambio a partir del estudio, desarrollo y creación de un trastorno para el duelo denominado” “Duelo prolongado” que se trata de la presencia de reacciones des adaptativas a partir de la pérdida de un ser querido, que persisten durante un periodo de al menos 12 meses en adelante tras la pérdida. Algunos de los criterios establecidos por el DSM-5TR se ejemplifican a continuación: 1. Muerte de un ser cercano ocurrida al menos 12 meses antes (Si son niños, al menos 6 meses). 2. Desde la muerte, desarrollo persistente de una respuesta de duelo caracterizada por uno a dos de los siguientes síntomas, que se presentan la mayor parte de los días en un grado clínicamente significativo. Los síntomas pueden ocurrir casi todos los días durante al menos un mes: 3. Añoranza intensa por la persona fallecida. 4. Preocupaciones con pensamientos o recuerdos del muerto (en niños y adolescentes, la preocupación puede centrarse en las circunstancias de la muerte). Desde la muerte, al menos tres de los siguientes síntomas han estado presentes la mayor parte de los días en un grado clínicamente significativo. Los síntomas pueden ocurrir casi todos los días durante al menos un mes: 1. Perturbación de la identidad desde la muerte (p. e. sentimiento como si parte de uno hubiera muerto). 2. Sentimiento de marcada incredulidad para aceptar la muerte. 3. Evitación de recuerdos o recordatorios que indiquen que la persona ha fallecido (en niños y adolescentes, puede estar caracterizado por esfuerzos para evitar los recordatorios). 4. Dolor emocional intenso (p. e. ira, amargura, tristeza). 5. Dificultad para seguir adelante: retomar relaciones y actividades luego de la muerte (p. e., dificultades para compartir con amigos, compartir intereses, o planificación futura). 6. Aturdimiento (ausencia o marcada reducción de experiencias emocionales) como resultado de la muerte. 7. Sentir que la vida no tiene sentido como resultado de la muerte. 8. Sentimiento de intensa soledad como resultado de la muerte. El nuevo diagnóstico puede ser un factor que contribuya a ayudar a una población cada vez mayor de individuos longevos que enviudan, pero el riesgo es la medicalización del duelo que, aunque a veces es necesaria, en un ideal lo correcto sería establecer herramientas y habilidades para encarar al duelo. Este diagnóstico entró en vigor desde marzo de 2022 y es un gran avance para el trabajo de este mismo, sin embargo, es importante reflexionar como antes se ha hecho cuando se incluyen nuevos trastornos, siempre que surgen nuevas formas de entender el mundo con base en los diagnósticos, se generan preguntas, debates e interrogantes, entre las cuales se destaca las que surgieron frente al establecimiento del estrés postraumático: en cuanto a los criterios para definirlo ¿constituye un trastorno único y específico o representa una combinación, antiguamente reconocida, entre ansiedad de separación, depresión o estrés postraumático? Hablando del duelo, ¿se trata de individuos predispuestos a otras patologías y lo que el duelo dispara es la tendencia que se arrastra de ellas?, la inclusión del trastorno por duelo prolongado, ¿contribuye a la medicalización de las emociones humanas o es un nuevo modo de atender a los duelos no resueltos? Mientras se puede debatir, lo cierto es que, si se sienten identificados con algunos criterios o sienten que no han sanado esa pérdida, están a tiempo de trabajar en ello, no están solos en esto. Psi. Jonathan García Mezhua

Diferencia entre duelo normal del patológico

Como sociedad existen preconcepciones acerca del dolor, incluso si se trata de un dolor racional producido como consecuencia lógica de un suceso importante, como es la pérdida de un ser querido. Juzgar el dolor del doliente, incluso incentivar a quien sufre para acallar lo que siente, son acciones que suelen ser derivadas del desconocimiento de lo que constituye un duelo normal, y cuáles son las diferencias entre este y un duelo complicado o patológico. Si bien, cada persona tendrá una rección completamente individual a la pérdida de un ser querido en función de sus características (edad, género, personalidad, creencias, etc.) y contexto (vínculo con el ser amado, circunstancias del trascender, etc.), todo doliente tiene en común el enfrentarse a una situación que cambia de un modo u otro la realidad en la que se desenvuelve su día a día, y si bien algunas personas cuentan con mayores recursos personales, económicos, y socioculturales que otras, es común que durante el primer mes y hacia los primeros 3 meses tras el deceso existan los siguientes cambios: Reacciones Físicas 1. Falta de aire 2. Taquicardia 3. Debilidad muscular 4. Boca seca 5. Hipersensibilidad al sonido y/o luz 6. Cambios en el patrón de sueño (el doliente duerme más horas de lo acostumbrado o por el contrario, pareciera no poder dormir) 7. Cambios en la conducta alimenticia (se da una pérdida anómala del apetito o por el contrario un incremento inusual y repentino) Reacciones Psicológicas 1. Ansiedad 2. Culpa 3. Autorreproche 4. Fatiga 5. Problemas de memoria 6. Dificultades para concentrarse 7. Aislamiento 8. Sentimientos de incomprensión Estas reacciones ante la pérdida pueden surgir de inmediato, demorar días, semanas e incluso meses en manifestarse, o permanecer “ocultas” durante años, pero lo cierto es que todas las personas resienten la pérdida de un vínculo afectivo y, sin embargo, no todas presentarán también una patología o enfermedad mental. Si bien, las características anteriormente mencionadas pueden verse para el espectador como un deterioro de la calidad de vida, es necesario reconocer siempre cuáles son las características particulares del doliente: ¿Existen antecedentes de ansiedad, depresión u otro trastorno previamente diagnosticado? ¿La persona cuenta con una red de apoyo que valide sus emociones, le brinde ayuda y compañía?, o ¿se trata un individuo solitario con tendencia a reprimir lo que siente? ¿Es alguien con múltiples pérdidas subsecuentes? Estos son algunos de los aspectos que pueden englobarse como “Factores de riesgo” previamente detallados en el artículo homónimo dentro del Blog Del Ángel, por lo que se recomienda su lectura para una mayor comprensión de las características del doliente y su contexto que pueden hacer la diferencia entre que viva un duelo normal de uno patológico. Respecto al proceso de duelo en sí mismo, la diferencia reside en la funcionalidad del doliente y la intensidad con que se viven las reacciones (físicas y psicológicas) hacia el primer año posterior al deceso. Las reacciones de llanto, angustia, taquicardia, aislamiento y demás deberán disminuir conforme el paso del tiempo en el caso de un duelo saludable, permitiendo que se restablezcan rutinas y se incorporen nuevas actividades, personas e intereses a la vida. Por contraparte, el duelo patológico es aquel en el que las reacciones son tan intensas que se interponen entre el doliente y la realización de sus actividades cotidianas, o existe una disminución en el rendimiento y el disfrute de las actividades, acompañado de un sufrimiento que es tan intenso como los primeros meses y puede derivar en pensamientos que desestimen la propia vida y/o el sentido de vida. Es importante dar tiempo y espacio al dolor para que se exprese, y por ello también es esencial no perder de vista el cuidado de la salud de manera integral, los profesionales de la salud mental son un apoyo esencial de la mano de la red de apoyo para establecer, en primer lugar, si se trata o no de un duelo complicado, y posteriormente determinar cuál es el plan de trabajo adecuado al contexto y necesidades de cada persona en pro de transitar del mejor modo posible a una resolución del duelo más conveniente. Psi. Adriana Aramis Rosete Viveros

La pérdida de un hijo en su vida adulta

Ningún padre está preparado para la muerte de un hijo. Se supone que los padres no viven más que sus hijos o al menos eso es lo que se ha enseñado. Es importante recordar que el tamaño de su pérdida no lo determina la edad del hijo que perdió. La pérdida de un hijo es muy dolorosa en cualquier edad, sin embargo, nos centraremos en la muerte por hijos en edad adulta, se puede resumir en algunos puntos: • Los padres con hijos jóvenes están involucrados de forma íntima en sus vidas diarias. La muerte cambia todos los aspectos de la vida familiar y suele dejar un vacío enorme. • La muerte de un hijo más grande o adolescente es difícil porque los niños de esta edad comienzan a alcanzar su potencial y volverse personas independientes. • Cuando fallece un hijo adulto, no solo pierde a un hijo, sino a un amigo cercano, un enlace a sus nietos, y una fuente irremplazable de apoyo práctico y emocional. • El fallecimiento de un hijo adulto puede doler además de la pérdida por todo lo que ha dejado, familia, planes, proyectos y una vida por delante, como generalmente se dice. También podrá encontrarse en duelo por las esperanzas y los sueños que tenía para su hijo, el potencial que nunca se logrará y las experiencias que nunca compartirá. Cuando se pierde al único hijo, también puede sentir una pérdida de su identidad como padre o madre y tal vez de la posibilidad de tener nietos, es un duelo que acarrea más duelos  El dolor de estas pérdidas siempre será parte de ustedes. Pero, con el tiempo, la mayoría de los padres hallan una forma de avanzar y vuelven a sentir felicidad y a encontrar un significado en la vida, ya que también se tiene la certeza y la consolación que el tiempo que vivió, disfrutó. Los padres pueden atravesar el duelo de diferentes formas, según su género y el papel diario en la vida de su hijo. Un padre puede sentir que hablar lo ayuda, mientras que el otro puede necesitar tiempo en silencio para pasar el duelo solo. Las expectativas culturales y las diferencias de los papeles también afectan el duelo de los padres. Se suele esperar que los hombres controlen más sus emociones, que sean fuertes y estén a cargo de la familia. Se puede esperar que las mujeres lloren de forma abierta y que quieran hablar de su duelo. Las diferencias en el duelo pueden traer dificultades en la relación cuando los padres necesitan más el apoyo del otro. Uno puede creer que el otro no está atravesando el duelo de forma correcta o que la falta de un duelo abierto significa que amaba menos a su hijo. Hable de forma abierta sobre su duelo con su pareja, trate de entender que ambos duelos importan y que tienen derecho de sentirse así. Un padre o madre que trabaja, puede que se involucre más en el trabajo para escapar de la tristeza y de los recuerdos diarios en su casa. Un padre o madre que se queda en su casa puede estar rodeado constantemente de recuerdos y puede sentir una falta de propósito de su vida ahora que su hijo o hija no está. Las reacciones del duelo después de la muerte de un hijo son similares a las de otras pérdidas. Pero suelen durar más y ser más intensas. Puede experimentar las siguientes reacciones de duelo • Trauma intenso, confusión, rechazo y negación, incluso si la muerte de su hijo era esperada • Tristeza y desesperanza abrumadora, a tal punto que enfrentar algunas tareas diarias o incluso salir de la cama puede parecer imposible • Culpa extrema o sentimiento de que falló como protector de su hijo y que podría haber hecho algo diferente • Enojo intenso y sentimientos de amargura e injusticia por una vida no realizada • Temor o miedo de estar solo y sobreprotección de sus hijos vivos • Resentimiento hacia los padres con hijos sanos • Sentir que la vida no tiene sentido y desear que lo liberen de su dolor o unirse a su hijo • Cuestionar o perder la fe o creencias espirituales • Soñar con su hijo o sentir su presencia cerca • Soledad y aislamiento intenso, incluso cuando se encuentra rodeado de gente, y sentir que nadie puede comprender realmente lo que siente No dude en pedir ayuda si está pasando por esto, sanar es esencial.

La pérdida de un hijo en su niñez o juventud

Tengan la edad que tengan, los hijos son lo más preciado para sus padres y la pérdida de un hijo constituye uno de los sucesos más dolorosos que pueda atravesar un ser humano, por lo que el presente artículo no pretende menospreciar ni exacerbar un tipo de pérdida por encima de otras, sino reconocer y observar las peculiaridades del duelo cuando quien fallece es un hijo en edad temprana, dado que por sí misma la edad es un factor que repercute en cómo puede desarrollarse el duelo, de manera saludable o patológica. Uno de los pensamientos predominantes es el haber perdido además incontables momentos del futuro que como padres se da por sentado que van a ocurrir: desde los primeros pasos de un bebé hasta la graduación de un joven, existen expectativas que han sido formadas, dado que es una “regla de vida” escrita en el consciente colectivo que los hijos han de crecer y llevar a cabo su vida para completar un ciclo del mismo modo en que lo hicieron sus padres. Cuando el ciclo se ve interrumpido de manera abrupta a una edad temprana, se percibe lo ocurrido como algo “antinatural”. Pueden surgir entonces dudas, inseguridades, miedos, y frustraciones, o, por el contrario, ante el dolor que produce la pérdida se suscita un estado de negación en el que las emociones son suprimidas por ser abrumadoras para el individuo, y dado que la situación sobrepasa al doliente es posible que tampoco se reconozca como “real” lo que ha ocurrido y se mantenga la esperanza de que todo sea “un sueño” o “cuestión de tiempo” para volver a estar juntos padres e hijo, y si bien familia y amigos pueden mostrarse preocupados u extrañados es importante respetar cualquiera que fuese la reacción de los padres sin emitir juicios ni recomendaciones. Al igual que con otros tipos de duelo, cada individuo llevará a cabo un proceso particular de acuerdo con su personalidad y contexto, por lo que incluso si ocurre una pérdida que afecta a varios integrantes de la familia, cada uno tendrá distintas reacciones, pensamientos y sentimientos acerca de la nueva realidad que se cierne sobre la familia. Por supuesto, en el caso de los progenitores y/o cuidadores primarios se reconoce la existencia de un profundo vínculo que va más allá, en tanto el hecho de ser papá o mamá de un niño u joven representa un eje central, en tanto la crianza conlleva establecer y modificar rutinas, planes a futuro, e incluso nuevas aficiones y vínculos ligados al ejercicio de la paternidad. Y si bien es posible que la vida pierda sentido tras el impacto inicial, lo cierto es que un hijo nunca muere para sus padres, pues se trata de un vínculo tan invaluable como su vida misma. Pasados los primeros 3 meses es posible plantearse nuevamente de qué modo hacer valer el preciado tiempo juntos para honrar su memoria, recordarle más allá de la tristeza y a pesar del dolor. Incluso si el mundo ahora parece un lugar vacío o pareciera que ya no tiene sentido levantarse de la cama día tras día, siempre existe la opción de vivir y aprovechar nuestro tiempo en este mundo a nombre de quienes ya no se encuentran físicamente con nosotros. Recordar con amor todo lo compartido, dar gracias eternas por el honor de haber sido madre/padre de quien nunca dejará de ser un amadísimo hijo es honrar la vida y permitirle trascender, porque la única muerte verdadera es el olvido.   Psi. Adriana Rosete Viveros

El duelo Perinatal

Los seres humanos forman parte de un todo, nacen, se van desarrollando, construyen lazos a lo largo de su vida con muchísimas personas que dejan huella, encuentran y construirán con alguien un hogar, es entonces cuando se decide formar una familia, si es que así se planea y quiere, ver crecer al fruto del amor que los unió, la llegada de los hijos y es durante la crianza donde se les ayuda puliendo sus alas para que, después de un tiempo emprendan el vuelo y sean tan libres como les sea posible. Sin embargo, desafortunadamente, esa expectativa y esa ilusión se puede ver disuelta por cuestiones ajenas, dando paso a una muerte prematura, surgiendo así, un duelo inesperado, esto dificulta mucho el mismo proceso, ya que, a pesar de que sabemos, nunca se está preparado para sobrellevar el perder a alguien, en este caso para los progenitores tiende a ser doloroso y complejo el afrontar esta situación porque no se espera un duelo perinatal. Es entonces por lo cual los duelos perinatales son tan complejos, pues se vive una pérdida de alguien a quien no se pudo conocer por completo, se rompen y se quiebran esos sueños e ilusiones que la familia y los padres crearon para ese ser.  Los duelos perinatales hacen referencia a un embarazo que culmina con la pérdida del producto, incluidos el aborto espontáneo, el ectópico, el aborto terapéutico y la muerte neonatal temprana. Es por esto, que se le llora y extraña a lo que pudo ser y es por eso que es de suma relevancia tratar de no lacerarnos con el “hubiera…” Es por eso, que los familiares más cercanos pudieran ser de gran apoyo en este proceso, así como también pudieran entorpecerlo y causar daño, aunque no sea esa su intención principal, ya que, en su afán de tratar de mitigar el dolor, en ocasiones se dicen o expresan frases hirientes y poco empáticas. A pesar de no existir un manual o las palabras mágicas para quitar su sentir o su perdida, es importante resaltar que no decir y como no actuar ante este tipo de situaciones con base a lo que viven los padres que acaban de perder a su hijo. En primera instancia, debemos considerar el factor y el sentir de la mujer, si bien es un momento difícil, la mayor carga de culpabilidad recae en ellas, debido a las frases tan famosas de “ella es la madre, debió cuidarse más”, “mujer que no es mamá, no es mujer completa”, “tener hijos es el propósito de toda mujer, para eso nacimos mujeres”, es probable que la mujer sienta culpa, remordimiento y sentimientos de inferioridad, al no sentirse apta para ser mamá, tanto en la parte gestante como en la crianza, además del hecho de perder a un hijo, acompaña ese sentimiento de vacío y culpabilidad en el cual se cuestiona porque ella sigue viva y no el menor, quitándose humanidad y derecho a vivir, por eso es importante brindarle toda la empatía y cariño, permitiéndole que exprese sus emociones y sentimientos. Por otro lado, los padres en ocasiones son dejados de lado, debido a la falsa creencia en ellos que deben de soportar todo, que deben de ser fuertes, si bien es cierto que se debe de ser, la fortaleza no significa aguantar, significa aceptar mi realidad y dejarme ayudar, es importante se les dé el espacio para hablar lo sucedido y abracen su vulnerabilidad, porque en ocasiones se termina invalidando sus emociones, sentimientos y experiencia, provocando ese rechazo al dolor y a la tristeza. Por lo anteriormente mencionado, es importante concluir con que, no hay palabras o acciones que podamos hacer para evitar o eliminar que la pareja se sienta triste, es completamente normal que lloren, que externen su inconformidad, que extrañen o que duela, pues el duelo aquí radica en esa expectativa y en eso que pudo ser, pero que desgraciadamente por circunstancias ajenas a ellos, no fue, además, toda perdida genera esas emociones y sentimientos. Lo que sí se puede hacer es pedir ayuda, porque no es necesario pasar solos por esta experiencia, existen muchas redes de apoyo a las cuales pudieran asistir, como la atención terapéutica y tanatológica, individual o en pareja, pues es fundamental comprender que es un proceso y que cada persona se toma su tiempo. También, otra red de apoyo sumamente importante es la familia, ya que esta pude acompañar, si así se permite, validar su experiencia y hacerles saber que están ahí con ellos, acompañándolos en este momento tan difícil y que el amor familiar, siempre será un refugio, un espacio seguro, un lugar donde podrán ser ellos mismos, donde no se les juzgará y se les brindará todo ese amor, cariño y ternura que solo la familia, puede dar. Aquí se les deja algunas de las frases que se recomienda no decir: • Al menos no lo conociste • Al menos no lo amaste o te encariñaste • Lo bueno que pueden tener más bebés • Todo pasa por algo, quizá venía mal • Seguramente no te cuidaste • Seguramente algo están pagando • Paso esto porque quizá se te iba a complicar el parto • Dios quería un angelito más en el cielo • Quizá paso porque de grande iba a andar en malos pasos • Quizá paso porque nada más iba a venir a sufrir Psic. Jonathan García Mezhua

Hablemos sobre las culpas en el duelo

Cuando la muerte llega a nuestra vida, puede iniciar un proceso de duelo, en el que el doliente intenta aprender a aceptar la realidad de la pérdida y la ruptura de los planes, metas, rutinas y demás elementos de la vida cotidiana que deben cambiar al perder a un ser querido. Dado que el deceso puede ser descrito como un suceso abrupto, suelen existir fuertes sentimientos de culpabilidad asociados con lo que se hizo, lo que no se hizo y lo que se pudo haber hecho de manera diferente. La culpa puede ser entendida como un sentimiento de profundo desagrado o malestar emocional que se deriva de juzgar las propias acciones como equivocadas, lo que traducido en pensamientos es el equivalente de pensar constantemente que “lo que hice estuvo mal”, independientemente de si hay terceras personas ejerciendo (o no) el mismo juicio, se trata de una respuesta emocional de autorreproche producto del criterio personal, por lo que dependerá de los valores, personalidad, vivencias, vínculos y creencias de cada individuo. No todas las culpas corresponden de manera objetiva a los hechos que las originan y esto es especialmente cierto al hablar de la culpa en el duelo, ya que la muerte enfrente al doliente a una realidad que suele ser evadida: el ser humano no puede controlar todo lo que ocurre en el transcurso de la vida, y ello incluye las circunstancias y el momento en que un ser querido ha de dejar este mundo, así como también la ambivalencia entre el amor, la frustración, los celos, la incomprensión y demás sentimientos que naturalmente se encuentran en mayor o menor medida dentro de cada vínculo afectivo. Tener la sensación de que no se hizo lo suficiente para “evitar” que el otro muriera o que de haber actuado de manera más pronta se habría evitado el deceso son las principales fuentes de culpa que atormentan a familiares y amigos a pesar de que se trata de una culpa irracional en la mayoría de los casos. La culpa irracional es aquella que proviene de una falsa sensación de responsabilidad que se asume de manera automática como verdadera debido a la fuerte carga emocional que contiene (angustia, autorreproche, etc.) Lo anterior suele derivarse de la incapacidad de ver de un modo objetivo la sucesión de hechos que culminó con el trascender del ser amado, aceptando que, si bien, existen ciertas acciones que todo ser humano pudiera haber hecho de estar en la misma situación (como llamar a una ambulancia, movilizar a la persona a un hospital, dar seguimiento a un tratamiento clínico, etc.) desde una perspectiva lógica no existen garantías de que se pudiera haber hecho algo más, ni que de haber hecho algo diferente no habría ocurrido el deceso. La incapacidad de aceptar la pérdida como algo absoluto e irreversible puede suscitar frases como “si tan solo yo hubiera…”  y a su vez afianzar el desánimo, la incapacidad de disfrutar la vida e incluso derivar en sintomatología depresiva al brindar pensamientos que desestimen el sentido de vida. Por ello, aprender a identificar los pensamientos irracionales y reconocer cuáles son las emociones que predominan durante la aparición de la culpa son aspectos fundamentales para trabajar en pro de deconstruir las emociones y pensamientos que dificultan elaborar un duelo saludable. Al respecto, la Psicóloga María P. Mejía y la Psicoanalista Sofía Fernández brindan la siguiente observación en la Revista Electrónica de Psicología Social (2012): “Hacer caso a la culpa es una forma de darle la razón y alimentarla, y cada vez estará más sólida, más grande, y tendrá más poder. Exponerte a la culpa, igual que con los miedos, te irá devolviendo a ti el poder sobre tu vida. Ordena de menor a mayor grado de dificultad diferentes retos o desafíos a la culpa.” Psi. Adriana Aramis Viveros   Mejía M. & Fernández S. (2012) La culpa en el duelo. Revista Electrónica de Psicología Social «Poiésis» Nº 23 1-8. Recuperado de: https://revistas.ucatolicaluisamigo.edu.co/index.php/poiesis/article/view/331/304

¿Cómo vivir después de perder a un hijo?

Perder un hijo se trata de un suceso vital que descoloca la realidad y el modo en que se percibe el mundo al tratarse de un vínculo afectivo sumamente especial, pues el hecho en sí de ser madre o padre pasa a formar parte del sentido de vida de quien ha engendrado un nuevo ser humano, adquiriendo así el rol de protector y proveedor, responsable del bienestar y desarrollo de su hijo en cada una de las diferentes etapas de su vida. Además del amor parental, se establecen metas, rutinas, y planes a futuro que naturalmente permean todos los aspectos de la vida parental: ya no se trata únicamente de las metas y objetivos personales, sino también de prever y construir un futuro para una vida que siempre estará enlazada a la propia, cuya existencia en sí misma es la cúspide del amor: el vínculo entre padres e hijos, el amor verdadero que acepta al otro por quien es, en las buenas y en las malas. Y a ello además se suma la noción de una idea escrita en el inconsciente colectivo, pues la muerte de un hijo es algo inconcebible, que desafía incluso lo que creemos que es una “regla” acerca de la vida: naces, creces, tienes tu propia familia y “solo después” viene la muerte. Así es como hemos interiorizado que debe ser la vida, y esto nos dificulta sobremanera entender que el único requisito para morir es el estar vivo, y que la muerte por sí misma no es ni un castigo, ni una maldición, ni nada que se le parezca, sino que se trata de un fenómeno natural y es una parte natural de la vida misma. Entonces, ¿cómo vivir después de perder a mi hijo? La realidad es que aceptar y entender lo anteriormente mencionado resulta una labor titánica en la que ni la mente ni el corazón están dispuestos a enfrentar la nueva realidad a la que se enfrentan. Es usual que entren en acción mecanismos de defensa como la negación o la represión (ya sea del evento, de la gravedad, de las implicaciones que este conlleva o de nuestro sentir a raíz de lo suscitado). Sin embargo, la primera pauta es no forzarnos a “estar bien” asumiendo que al no expresar el dolor que supone la pérdida, este disminuirá, o que directamente dejará de existir. El hecho de no llorar ni expresar de otro modo los sentimientos de dolor y vacío no harán que las emociones dejen de estar presentes, e incluso puede que se congele el duelo, retrasando la sana resolución de las emociones. Otra de las pautas es recordar desde el amor, mantener presente que el vínculo personal que existe no se acaba aunque la vida física haya llegado a su fin. Del mismo modo en que un padre daría todo e incluso la vida por sus hijos debido al gran amor que encierra su lazo, ese hijo daría también la vida por sus padres, y en la magnitud y la nobleza de esos sentimientos puede cimentarse un compromiso, que no es otro que el de vivir y encontrar nuevos motivos para ser felices en este mundo en honor a quien ha trascendido. Hacer actos para honrar y servir a nombre de mi hijo puede ser una manera de sentirme nuevamente cerca y reencontrar un propósito a mi tiempo, al hacer lo que sé muy bien que él o ella querría, al contribuir a las causas que le interesaban donando tiempo o recursos, existe una continuidad para la vida de mi hijo, le permito que trascienda por medio de acciones y recuerdos que lo traen de nuevo al presente y permiten que sea tan eterno como su amor. Psi. Adriana Aramis Rosete Viveros

¿Cómo ayudar a los niños a despedirse cuando no pudieron hacerlo?

Antes que nada, es importante mencionar que todo niño tiene derecho a despedirse de su ser amado, en caso de que no haya podido despedirse por salud o distancia, se debe de explicar, pero, si no le permitieron despedirse de sus familiares por miedo a su tristeza, se debe de explicar y pedir disculpas, ya que no es saludable que esto pase. El niño o niña puede presentar: • Miedo a la muerte • Desconfianza hacia quien no le dijo la noticia • Enojo persistente • Berrinches • Sensibilidad • Negación Es importante, sea honesto con los niños, explique el cómo murió y llévelos a donde descansa su ser amado, no obligue a los niños a estar bien de un día para otro, ni los obligue a otorgarles el perdón que pidieron todo debe ser con calma, aliéntelos a que hagan preguntas, esto tal vez sea difícil para usted, porque puede que no sepa todas las respuestas, pero es importante crear una atmósfera de confianza y apertura, y que transmita a los niños el mensaje de que no hay una manera correcta ni equivocada de sentirse. También puede compartir con ellos las creencias espirituales que usted tenga sobre la muerte. Debe de comprender estimado lector que la capacidad de un niño para entender la muerte y la manera en que usted deberá enfocar el tema variará dependiendo de la edad del niño. Cada niño es único, pero a continuación se describen algunas normas generales que pueden ayudarle. • Hasta los 5 o 6 años de edad, la imagen que tienen los niños del mundo es muy literal. Por lo tanto, deberá explicarles la muerte utilizando un lenguaje muy concreto. Si el ser querido estaba enfermo o era mayor, por ejemplo, puede explicarles que el cuerpo de la persona ya no funcionaba y que los médicos no pudieron arreglarlo. Si alguien muere de repente, en un accidente, por ejemplo, puede explicarles lo que ha ocurrido: que, a causa de este triste accidente, el cuerpo de la persona ya no funciona. Puede explicarles que "muerte" o "morir" significa que el cuerpo ya no funciona. • Para los niños de esta edad es difícil entender que todas las personas y todos los seres vivos acaban trascendiendo, que esto es algo definitivo y que ya no volverán. Por eso, después de que les haya explicado esto, es posible que le pregunten dónde está ese ser querido o cuándo va a volver esa persona. Por muy frustrante que esto le resulte, continúe repitiendo con calma que esa persona ha muerto y ya no podrá volver. • Evite utilizar eufemismos, como decir a los niños que los seres queridos "se han ido lejos" o "están durmiendo" o incluso que su familia ha "perdido" a esa persona. Debido a que los niños pequeños piensan de manera tan literal, estas frases pueden, sin querer, inducirles a sentir miedo de irse a dormir o cuando alguien se vaya lejos. • Recuerde también que las preguntas de los niños pueden sonar más profundas de lo que realmente son. Por ejemplo, si un niño de 5 años pregunta dónde está ahora alguien que ha muerto, probablemente no está preguntando si existe vida después de la vida, los niños pueden quedarse satisfechos si se les dice que alguien que ha muerto está ahora en el cementerio. Este también puede ser un buen momento para que le hable de lo que usted cree sobre el más allá o sobre el cielo, si esto forma parte de su sistema de creencias • Entre los 6 y 10 años, los niños empiezan comprender que la muerte es algo definitivo, incluso aunque no entiendan que esto le ocurrirá a todos los seres vivos algún día. Un niño de 9 años puede pensar, por ejemplo, que, si se porta bien o si pide un deseo, su abuela no se morirá. A menudo, a esta edad, los niños imaginan la muerte personificándola y piensan en ella como "el hombre del saco" o un fantasma o un esqueleto. Pueden entender mejor la muerte si se les da explicaciones precisas, simples, claras y honestas sobre lo que ha ocurrido. Una vez en la adolescencia, empiezan a entender que todos los seres humanos finalmente mueren, independientemente de su categoría, su comportamiento, sus deseos o lo que sea que intenten hacer. Para los niños que no se despidieron se recomienda: • Hacer cartas de despedida • Realizar una ceremonia de despedida • Utilizar símbolos como plantar un árbol o ayudar a los abuelitos del asilo en memoria de su ser amado • Utilizar materiales biodegradables y lanzar un globo como despedida • Expresar sus emociones • No mentirle • Tener un espacio en casa como una especie de altar para su ser amado.   Psi. Jonathan García Mezhua

¿Cómo saber cuándo mi hijo tiene que ir al psiquiatra?

Es importante reconocer el cuidado de la salud mental como una parte integral de la salud de los infantes, y del mismo modo en que se acude a diferentes especialistas cuando una parte del cuerpo se ve afectada, existen especialistas en salud mental; psicólogos y psiquiatras poseen la capacidad de diagnosticar, orientar y apoyar a los menores. Si bien ambos profesionales se especializan en salud mental, existe una diferencia primordial en el enfoque y la preparación académica de ambos, pues mientras el psicólogo estudia la conducta humana desde el enfoque de las ciencias sociales y puede tratar diversos problemas que no necesariamente constituyen un trastorno mental por medio de ajustes en los hábitos, pensamientos y/o conductas del paciente, el psiquiatra posee estudios en medicina por lo que se encuentra capacitado para identificar y tratar enfermedades mentales ligadas a cambios fisiológicos y por ende requieren el uso de fármacos. Una vez establecido lo anterior, es posible identificar un punto de partida para saber en qué circunstancias se recomienda acudir a un psiquiatra infantil. Las alteraciones severas del desarrollo, como son la depresión y ansiedad infantil, trastornos de la conducta alimenticia, trastorno obsesivo-compulsivo, déficit de atención, hiperactividad, fobias, conductas obsesivo-compulsivas, son solo algunos de los diagnósticos que requieren la previa evaluación de un psiquiatra para su correcto diagnóstico y el tratamiento adecuado, muchas veces con el uso de fármacos orientados a restablecer o suprimir los impulsos que llevan al menor a actuar de forma des adaptativa. Aun cuando cada individuo posea características particulares, existe un marco de referencia que preestablece cuáles son las conductas esperadas en un sano desarrollo infantil, y del mismo modo existe un marco de referencia respecto a las conductas que de manera inmediata pudieran parecer cambios que forman parte del crecimiento, alimentados por la brecha generacional niño-adulto; sin embargo, todo cambio conductual que a mediano o largo plazo desemboque en el deterioro de la calidad de vida del menor requiere la supervisión e intervención de parte de los cuidadores primarios. Las principales alteraciones conductuales que pueden ser un indicador de que el menor requiere la intervención de un psiquiatra para detectar la presencia temprana de un trastorno, de acuerdo con el “Childs Mind Institute”, son las siguientes: • Sentirse muy triste o retraído durante dos o más semanas • Tratar seriamente de hacerse daño o suicidarse, o tener planes para hacerlo • Temor repentino y abrumador sin razón, a veces con el corazón o la respiración acelerada • Involucrarse en múltiples peleas, usar un arma, o querer lastimar a los demás • Comportamiento severo y fuera de control con el que puede lastimarse a sí mismo o a los demás • No comer, vomitar o usar laxantes para perder peso • Preocupaciones o temores intensos que se interponen en las actividades diarias • Dificultad extrema para concentrarse o quedarse quieto que lo pone en peligro físico o causa fracaso escolar • Uso repetido de drogas o alcohol • Cambios de humor severos que causan problemas en las relaciones • Cambios drásticos en su comportamiento o personalidad Cabe resaltar que los puntos anteriores son una herramienta para la prevención y detección temprana de problemas emocionales, conductuales e incluso físicos, la supervisión y apoyo de los tutores es un eje primordial que debe ir de la mano con la intervención del especialista, pues el trabajo mutuo entre padres-niño-psiquiatra será determinante para el objetivo común de una infancia feliz. Psi. Adriana Aramis Rosete Viveros Recuperado de: Childs Mind Institute “11 señales simples de que un niño podría tener un trastorno psiquiátrico” https://childmind.org/es/articulo/senales-simples-de-que-un-nino-puede-tener-un-trastorno-psiquiatrico/

¿Cómo se manifiesta la ansiedad en los niños?

La ansiedad es una emoción natural en los seres humanos, que puede dotarnos de energía y prepararnos para luchar, huir o paralizarnos ante cualquier situación y es totalmente normal y saludable. Sin embargo, cuando no desaparece y altera la cotidianidad y normalidad de la vida, llegando a ser incapacitante, puede hablarse de trastornos de ansiedad, un problema que afecta a millones de personas en el mundo, incluyendo a los niños, pero, ¿Cómo saber si su hijo tiene ansiedad? Antes que nada, es importante señalar que no tan solo hay un tipo de ansiedad, existen diferentes entre los cuales están: • Trastorno de ansiedad generalizada: Las personas con este trastorno se preocupan por problemas comunes como la salud, el dinero, el trabajo y la familia. Pero sus preocupaciones son excesivas y las tienen casi todos los días durante al menos 6 meses. • Trastorno de pánico: Las personas con trastorno de pánico sufren de ataques de pánico. Estos son repentinos y repetidos momentos de miedo intenso sin haber un peligro aparente. Los ataques se producen rápidamente y pueden durar varios minutos. • Fobia específica: Las personas con fobias tienen un miedo intenso a algo que representa poco o ningún peligro real. • Ansiedad social: Miedo o ansiedad intensos que aparecen prácticamente siempre con relación a una o más situaciones sociales en las que la persona se expone al posible juicio por parte de otros. La persona teme hablar o actuar de una determinada manera o mostrar síntomas de ansiedad que puedan ser valorados negativamente por los observadores. • Ansiedad por separación: Miedo o ansiedad intensos y persistentes al tener que estar separados de una persona con la que les une un vínculo estrecho. • Mutismo selectivo: Incapacidad persistente de hablar o responder a otros en una situación donde debe hacerse, a pesar de hacerlo sin problemas en otras situaciones • Agorafobia: Miedo o ansiedad acusados que aparecen prácticamente siempre respecto a dos o más situaciones estresantes, pueden ser lugares abiertos o cerrados que, además, se evitan activamente, requieren la presencia de un acompañante o se soportan a costa de intenso miedo o ansiedad. Cabe señalar que este artículo no pretende ser una guía diagnostica, si usted identifica alguno de estos síntomas en sus hijos, acuda a su profesional de salud mental o comuníquese con nosotros, Algunos síntomas más específicos son los siguientes: - Taquicardias - Dificultad para respirar - Pensamientos catastróficos (vamos a chocar, nos van a asaltar, vamos a morir) - Sensación de angustia al despegarse de sus padres o cuidadores primarios - Dificultad para concentrarse - Miedo a espacios reducidos o amplios - Miedo a ir en el elevador, autobuses llenos u hospitales. - Pensamientos negativos - Temblores, entumecimientos o calambres repetitivos - Bruxismo (rechinar los dientes mientras duermen) Recuerden que los niños son muy reactivos, y cuando pasan por un proceso de duelo es común que aparezcan ciertos síntomas de ansiedad que disminuyen a lo largo de un mes, no obstante, cuando se hacen más intensos y frecuentes es hora de pedir ayuda. Lo más importante es acompañarlos con toda la empatía y amor, sin criticar o recriminar. Psi. Jonathan García Mezhua

¿Cómo se manifiesta la depresión en los niños?

De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS, 2021) “aproximadamente un 5%, o uno de cada 20 niños y adolescentes, tendrá un episodio depresivo antes de cumplir los 19 años”. Sin embargo, para muchos padres los cambios en la conducta y el estado de ánimo de sus hijos son frecuentemente asociados con el hecho de encontrarse en desarrollo (por lo que se “espera” que ocurran cambios incluso si son abruptos), de modo que existen menores cuya sintomatología se atribuye a la influencia de los medios de comunicación masiva o a la existencia de una brecha generacional. Una clave en el cuidado de la salud mental de las infancias es el reconocimiento de su individualidad, y si bien cuanto más pequeños son lo común es que no cuenten con la capacidad de expresar de modo conciso lo que piensan y sienten, la interpretación de su modo de ver el mundo y las distintas experiencias de vida que han acumulado conlleva el sesgo de provenir de un mero espectador (usualmente los padres) cuya personalidad inevitablemente influirá en la percepción existente del estado mental del menor o menores bajo su tutela. Al mismo tiempo, las circunstancias que pueden afectar el estado de ánimo de un niño variarán entre infantes, aun si se trata de hermanos que pertenecen a la misma familia, el modo en que cada uno se relaciona con sus padres, su rol dentro de la familia y el tipo de interacción social con otros integrantes serán los factores que determinen en mayor medida si existe (o no) una tendencia a presentar estados depresivos que puedan derivar en un trastorno del estado de ánimo. Y es que si bien, factores como el divorcio, discusiones frecuentes, problemas de comunicación, sobreprotección o abandono por parte de los padres tienen como consecuencia lógica que los hijos desarrollen sentimientos de tristeza, frustración, enojo, e incluso inseguridad; en ocasiones la capacidad de disfrutar de la vida se ve mermada al punto en que el infante adopta actitudes y sentimientos que marcan una posible evolución de lo que inicialmente era una respuesta lógica ante las circunstancias de la vida, a un estado de ánimo depresivo. Existen síntomas y signos que se presentan de modo común, independientemente de si se trata de un niño, adolescente o adulto y que también deben de tenerse en cuenta, estos son: cambios en la conducta alimentaria y en los hábitos de sueño, sentimientos de desesperanza, tristeza frecuente, dificultad para concentrarse, incapacidad para disfrutar actividades que antes le hacían feliz, y pensamientos que desestiman la propia vida o intentos de suicidio. Ahora bien, de acuerdo con la especialista en psiquiatría de la Universidad de Navarra, la Psi. Pilar de Castro, algunos de los indicadores específicos de depresión en niños son los siguientes: • Irritabilidad elevada, irá u hostilidad extrema. • Episodios de llanto. • Aburrimiento persistente. • Falta de energía o cansancio. • Aislamiento social o falta de comunicación. • Autoestima baja o sensación de culpa o responsabilidad por cosas malas que puedan pasar • Sensibilidad extrema al rechazo o poca resistencia ante los fallos o errores. • Quejas frecuentes sobre problemas físicos (como dolores de cabeza, o de estómago, mareos, náuseas, etc.) en los que no se encuentra causa médica. • Ausencias frecuentes de colegio, o disminución del rendimiento escolar. • Conversaciones sobre intención de escaparse de casa. Ante la presencia de estos indicadores en el día a día de los niños, es importante prevenir y contactar a un especialista de la salud mental especializado, quien será la persona que determine las posibles causas de los cambios en la conducta del menor mediante monitoreo y seguimiento, siendo la única persona capaz de determinar si efectivamente se presenta un trastorno depresivo o existen otras causas que expliquen dichos cambios. Psi. Adriana Aramis Rosete Viveros   De Castro, Pilar (2020) Depresión en el niño y adolescente. Clínica Universidad de Navarra. Recuperado de: https://www.cun.es/enfermedades-tratamientos/enfermedades/depresión-infantil-adolescente Organización Mundial de la Salud (2021) Depresión.  Recuperado de: https://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/depression

Ansiedad por separación y duelo

Siguiendo el Manual Diagnóstico y Estadístico De Los Trastornos mentales, la ansiedad por separación se trata del “Miedo o ansiedad excesiva e inapropiada para el nivel de desarrollo del individuo concerniente a su separación de aquellas personas por las que siente apego” algunos de los síntomas son: • Malestar excesivo y recurrente cuando se prevé o se vive una separación del hogar o de las figuras de mayor apego. • Preocupación excesiva y persistente por la posible pérdida de las figuras de mayor apego o de que puedan sufrir un posible daño, como una enfermedad, daño, calamidades o muerte. • Preocupación excesiva y persistente por la posibilidad de que un acontecimiento adverso (p. ej., perderse, ser raptado, tener un accidente, enfermar) cause la separación de una figura de gran apego. • Resistencia o rechazo persistente a salir, lejos de casa, a la escuela, al trabajo o a otro lugar por miedo a la separación. • Miedo excesivo y persistente o resistencia a estar solo o sin las figuras de mayor apego en casa o en otros lugares. • Resistencia o rechazo persistente a dormir fuera de casa o a dormir sin estar cerca de una figura de gran apego. • Pesadillas repetidas sobre el tema de la separación. • Quejas repetidas de síntomas físicos (p. ej., dolor de cabeza, dolor de estómago, náuseas, vómitos) cuando se produce o se prevé la separación de las figuras de mayor apego. Este trastorno suele aparecer en algunas ocasiones en niños que han perdido a un familiar muy importante para ellos, como mamá, papá, abuelos, hermanos o amigos, no obstante también aparece en adultos, este trastorno es norma aparezca después de un suceso vital como la muerte de un familiar, por ende, aquellas personas que normalmente convivían más con el ser que ha trascendido y que sus características de personalidad tiendan a ser dependientes, tendrán una mayor probabilidad de desarrollar este trastorno. Se debe de diferenciar del duelo en general, ya que el duelo cursa con intenso anhelo o deseo de la persona fallecida, desconsuelo intenso y dolor emocional; la preocupación por el fallecido o las circunstancias de la muerte son respuestas que se espera que aparezcan en el duelo, mientras que en la ansiedad por separación se centra en el miedo a la separación de las personas por las que siente apego y permanecen vivas. ¿Qué se puede hacer? La recomendación más importante es asistir a ayuda psicológica, ya que este trastorno puede desencadenar problemas más profundos en caso de no ser atendido, posteriormente se recomienda enfrente el problema de la separación paso a paso, teniendo un plan estratégico y organizado que seguramente con su terapeuta pueden realizar. Trata de realizar autoinstrucciones que puedan calmarlo, decirlas en voz alta las veces que sea necesario, por ejemplo: 1.- Todo pasará 2.- Tú puedes, vamos paso a paso 3.- Eres más fuerte que tu ansiedad Realizar ejercicios de respiración y sentarse en un lugar que le genere tranquilidad, además de permitirse expresar las emociones. Lo más importante es que tenga la valoración de parte de su profesional en salud mental, ya que, a partir de eso se puede desarrollar el tratamiento adecuado, en Asistencia Tanatológica GDA estamos para servirte.   Psi. Jonathan García Mezhua

Ataques de pánico y duelo

Un ataque de pánico es un episodio repentino de miedo intenso que provoca reacciones físicas graves cuando no existe ningún peligro real o causa aparente, se podría decir que aparecen de la nada. Los ataques de pánico pueden provocar mucho miedo, cuando se presenta un ataque, puedes sentir que estás perdiendo el control, que estás teniendo un ataque cardíaco o, incluso, que vas a morir, algunos de los síntomas son: • Sudoración • Taquicardia (más de 100 latidos por minuto) • Escalofríos • Náuseas • Miedo irracional • Fatiga • Palpitaciones • Sensación de perder el control • Dolor u opresión en el pecho • Entumecimiento u hormigueo • Miedo a morir • Miedo a tener un infarto • Mareos e inclusive desmayos • Falta de aire   Aunque muchas personas tienen solo uno o dos ataques de pánico en toda su vida, ya que el problema quizás desaparece cuando se resuelve una situación estresante, se debe señalar que en caso de tener ataques de pánico inesperados y recurrentes, y si pasan mucho tiempo con miedo constante de sufrir otro ataque, es probable es muy probable se esté hablando del Trastorno de pánico. Aunque los ataques de pánico en sí mismos no ponen en riesgo la vida, pueden provocar mucho miedo y afectar de manera significativa la calidad de vida, entre los eventos estresantes más fuertes en la vida de los humanos, podemos decir, se encuentra la muerte de un familiar o amistad. Durante el duelo, es frecuente que el doliente experimente un conjunto de sensaciones físicas como dolores difusos, sensación de tensión y agotamiento, también suelen presentarse dolores de cabeza e incluso hasta complicaciones gástricas, todas ellas relacionadas con el esfuerzo que está haciendo el organismo para afrontar la situación y que son sensaciones hasta cierto punto normales en el duelo, sin embargo, no quiere decir que deban desatenderse o que no haya que hacerles caso. El doliente debe procurarse autocuidado sin alarmarse, dando a esas sensaciones el significado que tienen: avisos de nuestro cuerpo que está sucediendo algo complicado de procesar. Por lo regular, los ataques de pánico aparecen en la segunda etapa del duelo, que es la ira, sin embargo, pueden estar en todas las etapas. Las señales de alarma son: tener un miedo inmenso a morir además de todos los síntomas antes mencionados y que la frecuencia sean más de dos ataques inesperados al mes, también se hace mención según el Manual Diagnóstico y Estadístico de las Enfermedades Mentales (DSM V) que el trastorno de pánico es comórbido de manera significativa con numerosos síntomas y afecciones médicas generales, entre las que están los mareos, las arritmias cardíacas, el hipertiroidismo, el asma, la EPOC y el síndrome del intestino irritable entre algunas otras. No se recomienda de primer inicio aplicar técnicas de respiración para gestionar el ataque de pánico, pueden en primera instancia utilizar la Técnica de relajación muscular progresiva de Jacobson, que se trata de tensar y relajar partes del cuerpo divididos de la siguiente manera: 1.- Brazos y manos 2.- Bíceps 3.- Tríceps 4.- Hombros (alzar como si tocaran las orejas) 5.- Cuello 1 (presionar hacia atrás) 6.- Cuello 2 (presionar hacia delante) 7.- Cejas (levantarlas) 8.- Ojos 9.- Boca (sonrisa fingida) 10.- Pecho 11.- Estómago 1(inflar el estómago) 12.- Estómago 2 (meter el estómago) 13.- Muslos 14.- Pantorrilla 14.- Pies Se tensa durante 5 segundos y se relaja durante 10 segundos, cada ejercicio se repite dos veces entre los 15 grupos. Para mayor información pueden comunicarse con nosotros por el siguiente enlace, para ayudar con empatía y profesionalismo en su proceso de duelo: https://bit.ly/3Y3pZYv   Psi. Jonathan García Mezhua

Ansiedad generalizada y duelo

Si bien se ha establecido que el duelo por sí mismo no es un estado patológico ni un indicador inequívoco de que el individuo doliente desarrollará una enfermedad mental a futuro de manera ineludible, también se ha encontrado que cuando se presentan factores de riesgo en el proceso de duelo existen ciertos trastornos que suelen presentarse de manera más frecuente. Un ejemplo es el Trastorno Depresivo Mayor y el Trastorno Depresivo Persistente o Distimia (de los que se ha hablado en artículos anteriores), y en el presente artículo se tocará el Trastorno de Ansiedad Generalizada (TAG). El Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales, en su quita edición, indica que los individuos con TAG presentan: • Ansiedad excesiva y preocupación acerca de varias actividades o acontecimientos • Dificultad para controlar las preocupaciones durante un periodo mayor a 6 meses. • Agitación o nerviosismo • Facilidad para fatigarse • Dificultades para concentrarse • Irritabilidad • Tensión muscular • Trastornos del sueño Dicha sintomatología no es exclusiva de un TAG, y en el caso de personas que se encuentran viviendo, la aflicción que produce la pérdida de un ser amado se añaden otros síntomas como la dificultad para concentrarse y retener información, cambios en los patrones de sueño y alimentación, sentimientos de culpa, de inutilidad o surge incluso temor a la muerte, ya sea que se trate del propio deceso o la pérdida de otro ser querido. Y dado que los cambios producidos en la nueva realidad constituyen muchas veces aspectos inesperados e impredecibles, suelen ser también agentes estresores en tanto se activan los mecanismos de estrés y miedo como respuesta a lo desconocido, un potencial factor de riesgo que pudiera desencadenar (en caso de no recibir la asesoría adecuada de un profesional de la salud mental) en la presencia de un estado de ansiedad que se traslade ya no únicamente a lo que en un principio producía temor irracional, pues la sujeción constante a un estado en el que los mecanismos del cerebro se mantienen en alerta con un constante estrés e incluso pánico pueden generar una respuesta condicionada. Por todo lo anterior, es recomendado acudir con un especialista en el manejo de duelo ante las primeras señales de alarma de un posible duelo complicado, ya que, como se ha mencionado en artículos anteriores dentro del Blog Del Ángel, el deterioro en la salud mental que originalmente puede categorizarse como “normal” o “esperado” en el primer mes de duelo, conlleva el riesgo de ser un desencadenante para otros problemas latentes que se ven potencializados por el episodio de duelo. Asociación Americana de Psiquiatría (2014) Manual de diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM-5).   Psi. Adriana Aramis Rosete Viveros

La depresión persistente en el duelo

Uno de los términos fuertemente asociados con el duelo es la depresión, entendida por muchos como un estado de ánimo de profunda tristeza y desánimo que se presenta como consecuencia natural a raíz de la pérdida de un ser querido. Sin embargo, en muchas ocasiones se trata de un uso a la ligera proveniente del desconocimiento de lo patológico, por lo que en artículos anteriores se ha hablado de algunos de los criterios que diferencian la tristeza profunda del doliente de un trastorno depresivo como el trastorno depresivo mayor, y en el presente artículo corresponde hablar del trastorno depresivo persistente, también conocido como Distimia. De manera general, la Distimia es un trastorno del estado de ánimo dentro de los Trastornos depresivos, lo que quiere decir que comparte cierta sintomatología en común con otros trastornos dentro de la misma categoría como son sensación de vacío, tristeza, falta de energía, dificultad para concentrarse y para retener información, cambios en los hábitos alimenticios y hábitos de sueño, así como sentimientos de desesperanza, por mencionar algunos de los indicadores comunes en esta clasificación.  La duración e intensidad de dichos síntomas y signos constituyen un aspecto clave para identificar de modo específico (y en caso de corroborarse con un experto de la salud mental la presencia de depresión clínica) cuál es el trastorno que se encuentra afectando la calidad de vida y la salud del individuo. Y es que en el caso de la Distimia existe una afectación que suele ser categorizada como “leve” durante un periodo de tiempo prolongado, a diferencia de (por ejemplo) el trastorno depresivo mayor, cuyo criterio indica la presencia de sintomatología depresiva “intensa” durante un corto periodo de tiempo. A pesar de dicha distinción, es importante tener en mente que al hablar de un trastorno correctamente diagnosticado se debe sobreentender que la presencia de una enfermedad mental representa un severo daño a la calidad de vida de quien ha sido diagnosticado, y en el caso de la Distimia una presencia “leve” de estados depresivos durante un periodo de al menos 2 años conlleva cambios conductuales, actitudinales y emocionales capaces de mermar la capacidad del individuo de disfrutar su vida y crecer como persona, sustituyendo sus habilidades, aptitudes y actitudes por insatisfacción, pensamientos negativos, baja autoestima y una disminución general de la calidad de vida que puede afectar no solo a quien padece este trastorno sino también a los seres queridos que conforman su red de apoyo. De acuerdo con el Manual Diagnóstico y Estadístico de Trastornos Mentales en su quinta edición, el individuo debe haber experimentado un estado de ánimo depresivo la mayor parte del tiempo durante más de 2 años, junto con los siguientes indicadores: • Falta o exceso de apetito • Insomnio o hipersomnia • Baja energía o fatiga • Baja autoestima • Falta de concentración o dificultad para tomar decisiones • Sentimientos de desesperanza Y si bien es labor de un profesional identificar cuál es la intensidad de los síntomas y signos mostrados por el doliente, así como el nivel de afectación que esto supone para el desarrollo ya no solamente de un duelo saludable, sino de una vida sana, también es cierto que contar con la información adecuada para distinguir en un primer momento cuál es el desarrollo de un duelo saludable y cuáles son los potenciales indicadores de un trastorno depresivo puede ser un punto de partida para evitar la estigmatización del estado de vulnerabilidad que sigue a la pérdida de un ser querido, por un lado, y por el otro pueden permitir a los individuos cuyo desarrollo muestra una afectación más grave recibir la atención especializada que necesiten. Psi. Adriana Aramis Rosete Viveros Asociación Americana de Psiquiatría, Guía de consulta de los criterios diagnósticos del DSM 5. Arlington, VA, Asociación Americana de Psiquiatría, 2013.

El Trastorno depresivo mayor en el duelo

A menudo, cuando se habla de duelo, se suele asociar con la existencia adyacente de un estado depresivo clínico, puesto que aún existe desconocimiento acerca de lo patológico y la salud mental. Los expertos son quienes tienen la última palabra para identificar y diagnosticar la presencia o ausencia de un trastorno de cualquier tipo y es necesario siempre acudir con un especialista antes de afirmar un auto-diagnóstico. Cuando alguien pierde a un ser querido o enfrenta una sucesión de eventos difíciles que conllevan un proceso de duelo, se suele asumir que la persona ha de atravesar una serie de cambios conductuales como son periodos de aislamiento, incremento o disminución notoria en la ingesta de alimentos, irritabilidad, desánimo, desagrado general por actividades de la vida cotidiana, y un estado de ánimo tendiente a la melancolía, por mencionar algunos. Para quienes se encuentran alrededor del doliente, todos estos cambios pueden parecer algo lógico y comprensible en los primeros instantes o días tras la pérdida, sin embargo, conforme el tiempo pasa, la permanencia de estas conductas puede suscitar una preocupación que escala de lo normal a lo desmedido rápidamente debido a la confusión que suele existir sobre cuáles son las características de un duelo normal y qué aspectos de la persona son realmente indicadores de que puede estar atravesando un trastorno del estado de ánimo como el trastorno depresivo mayor. De acuerdo con el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM) en su quinta edición (2013) este trastorno se caracteriza por los siguientes aspectos clave: • Estado de ánimo depresivo la mayor parte del día • Marcada disminución del interés o placer en todas o casi todas las actividades la mayor parte del día • Aumento o pérdida significativa (> 5%) de peso, o disminución o aumento del apetito • Insomnio (a menudo insomnio de mantenimiento del sueño) o hipersomnia • Fatiga o pérdida de energía • Sentimientos de inutilidad o de culpa excesiva o inapropiada • Capacidad disminuida para pensar, o concentrarse, o indecisión • Pensamientos recurrentes de muerte o suicidio, intento de suicidio Ahora bien, dado que la sintomatología por sí misma puede confundirse con otros trastornos del estado de ánimo u otro tipo de depresión clínica, es importante que aun con la detección de estos síntomas sea un profesional quien evalué y determine si los eventos, pensamientos y emociones del doliente coinciden con la permanencia temporal, la duración, afectación e intensidad del trastorno depresivo mayor, así como la correcta canalización y tratamiento adecuado. De lo anterior se puede concluir que es necesario tener apertura, diálogo y confianza con el doliente, ya que aun si el objetivo ideal es que las personas presenten un estado de bienestar genuino durante el mayor tiempo posible para poder elaborar su duelo de manera saludable, no quiere decir que los individuos deban negar las circunstancias, sentimientos y pensamientos de malestar que forman parte de la nueva realidad a la que se ven enfrentados tras la pérdida. Psi. Adriana Aramis Rosete Viveros

Relaciones saludables, algo más que solo amor

Uno de los aspectos necesarios para el desarrollo humano es conformar relaciones interpersonales, conocer a otros individuos, aprender de ellos, cooperar y forjar lazos afectivos. Al relacionarnos con otras personas se van formando nuestros gustos, intereses, opiniones, dogmas y demás elementos que conforman la personalidad y la vida diaria. Las relaciones de pareja constituyen uno de los principales aspectos de la vida diaria para la mayoría de la población, pues se trata a la relación amorosa y a la pareja como un pilar en torno al cual se establecen metas y planes a futuro, se adquieren nuevas responsabilidades, experiencias, dinámicas e incluso relaciones secundarias (familia y/o amigos) que pasan a conformar la cotidianeidad de las personas. Sin embargo, culturalmente existen estereotipos sobre el amor romántico que se caracterizan por idealizar la pertenencia mutua de dos personas (clásicamente del sexo opuesto) y por una serie de “mitos” como son la existencia de una “media naranja”, que “el amor es ciego”, “los celos son una muestra de amor”, “el amor es entrega absoluta” y un mito particularmente extendido: “el amor todo lo puede”. Todos estos mitos dejan de lado la individualidad de los enamorados e incluso pueden favorecer la aparición de agresiones, inseguridades, y malos tratos en la relación de pareja. ¿Basta que dos personas se enamoren para pasar “el resto de sus vidas juntos”? Acaso, ¿lo natural es que dos personas que se aman vivan “felices por siempre”? O ¿existen otros aspectos que deben considerarse para tener una relación? Independientemente de cuál sea la definición personal de lo que “es” el amor (sus características, sus limitaciones, su origen y su alcance) es primordial reconocer que se trata de un sentimiento y como tal existen maneras saludables de expresarlo al mismo tiempo que existen formas dañinas de vivir el amor romántico y por ende una relación. De acuerdo con el Instituto Nacional de las Mujeres, “Las relaciones saludables permiten que ambas parejas se sientan apoyadas y conectadas, y que a la vez se sientan independientes. La comunicación y los límites son los dos principales componentes de una relación sana”. De allí que incluso si no existe violencia física, hay otros aspectos que pueden indicar que no se está viviendo una relación saludable, en tanto la autonomía de una o ambas partes se ve restringida y la felicidad que experimentan a raíz de la relación es mucho menor que el estrés, ansiedad, desilusión, tristeza o enojo experimentado a raíz de la vida en pareja. Por supuesto, como en toda relación existirán momentos más y menos agradables, desacuerdos y conflictos a raíz de las diferencias existentes como individuos, pero una relación sana proviene de individuos sanos que pueden gestionar sus emociones de modo que no sean destructivas, siendo capaces de comunicar cuáles son los aspectos desagradables desde el respeto y brindando retroalimentación no solo sobre las cosas que le molestan del otro, sino también aquello que le hace disfrutar de su compañía. Por supuesto, habrá ocasiones en que los diferentes puntos de vista y expectativas sean irreconciliables, y es por ello que deben existir límites claros para establecer qué se puede tolerar, en qué aspectos de la relación se está dispuesto a ser flexible, si están abiertos a cambiar aspectos de la vida personal o costumbres, y qué planes, actitudes o acuerdos son el eje central de la relación, teniendo siempre como principio el auto-compromiso, pues la felicidad en pareja puede ser compartida e incluso incrementarse, sin perder de vista que lo más importante es ser capaz de encontrar la felicidad de manera autónoma, no viviendo para otros, viviendo para mí mismo. Psi. Adriana Aramis Rosete Viveros

Hablemos sobre los apegos de pareja

Los lazos afectivos de los seres humanos son muy importantes, los grupos en los que se mueven los individuos moldean en mayor o menor medida la manera en que se desarrollan afectivamente, siendo el primero y más importante la familia nuclear, en ella se desarrollan lo que John Bowlby denomino como estilos de apego, pero ¿qué es el apego? Se podría definir como un vínculo afectivo que se establece desde los primeros momentos de vida entre la madre y el recién nacido o en su defecto, la persona encargada de su cuidar al bebé, tiene la función de asegurar el cuidado, el desarrollo psicológico y la formación de la personalidad. El apego está relacionado con dos sistemas importantes para el recién nacido, el sistema exploratorio, el cual permite al bebé contactar con el ambiente físico a través de los sentidos; y el sistema afiliativo, mediante el cual los bebes contactan con otras personas, para López (2009), el apego se compone de tres componentes: la construcción mental que permite establecer la relación de pertenencia e incondicionalidad, la unión afectiva que proporciona sentimientos de alegría y bienestar, y el sistema de conductas de apego focalizado en mantener un contacto privilegiado. Bowlby concluyó que la capacidad de resiliencia de los menores estaba influenciada por el vínculo formado en los primeros años de vida, en otras palabras, el tipo de relación que se establece entre el bebé de pocos meses y su cuidador es determinante en la conducta y desarrollo emocional que tiene después. Bowlby aseguró que el estilo de apego establecido durante la infancia puede ser visible en los miedos o inseguridades del adulto, y en la manera de afrontarlos y determinó había 4 estilos de apego. • Apego seguro: está caracterizado por la incondicionalidad: el niño sabe que su cuidador no va a fallarle. Se siente querido, aceptado y valorado. • Apego ansioso ambivalente: Cuando se habla de “ambivalente” significa expresar emociones o sentimientos contrapuestos, lo cual, frecuentemente, genera angustia y ansiedad, es por eso, en el caso de un apego ansioso-ambivalente, el niño no confía en sus cuidadores y tiene una sensación constante de inseguridad, de que a veces sus cuidadores están y otras veces no están, provocando miedo al abandono y una gran angustia cuando sus cuidadores no están. • Apego evitativo: Los niños con un apego de tipo evitativo han asumido que no pueden contar con sus cuidadores, lo cual provoca sufrimiento. Se conoce como “evitativo” porque los bebés presentan distintas conductas de distanciamiento. Por ejemplo, no lloran cuando se separan de cuidador, se interesan solo en sus juguetes y evitan contacto cercano, hay una gran barrera emocional. • Apego desorganizado: Es una mezcla entre el apego ansioso y el evitativo en que el niño presenta comportamientos contradictorios e inadecuados. La constante en los cuidadores han sido conductas negligentes o inseguras. Se trata del extremo contrario al apego seguro, aquí entrarían casos de abandono temprano. Pero, ¿Cómo afecta esto a las parejas? Algunos autores señalan que hay palabras que resumen a cada uno de ellos, como son: “comodidad”, “dependencia”, “represión” y “amenaza”, respectivamente. • Adultos con apego seguro (comodidad): De adulto se siente cómodo con la cercanía e interdependencia en las relaciones, reconoce sus emociones, expresa sus necesidades afectivas y entabla vínculos duraderos; cree ser digno del amor de los otros, el cual es confiable y dependiente. Es el tipo más saludable de apego. • Adultos con apego ansioso ambivalente (dependencia): De adultos, el apego ansioso-ambivalente provoca, una sensación de temor a que su pareja no los ame o no les desee realmente. Les resulta difícil interaccionar de la manera que les gustaría con las personas, ya que esperan recibir más intimidad o vinculación de la que proporcionan. Un ejemplo de este tipo de apego en los adultos es la dependencia emocional. • Adultos con apego evitativo (represión): llegada la edad adulta suelen convertirse en personas huidizas, desconfiadas, que ven la necesidad de afecto como una debilidad y reprime sus sentimientos. No está cómoda con la intimidad e interdependencia de las relaciones, evita compromisos o vínculos emocionalmente fuertes. • Adultos con apego desorganizado (amenaza): De adultos suelen ser personas con alta carga de frustración e ira, no se sienten queridas, generalmente rechazan las relaciones, pero en el fondo son su mayor anhelo. Es común encontrar este tipo de apego en adultos con relaciones conflictivas constantes, les cuesta identificar y regular sus emociones, “con un intenso sentimiento de confusión y dificultades para respetar los derechos y los límites del otro” Es por eso que conocerse a uno mismo es la mejor manera de no repetir las historias, los estilos de apego pueden modificarse con un trabajo arduo de las partes involucradas, el trabajo terapéutico es importante en estas cuestiones, todo se trata de la concientización de las conductas des adaptativas y el aprendizaje de la mano de la empatía y límites para fortalecer la aparición de un nuevo estilo de apego. Psi. Jonathan García Mezhua   • Bowlby, J. (1977). The making and breaking of affectional bonds. The British Journal of Psychiatry, 130(3): 201-210. • López, F. (2009). Amores y desamores: procesos de vinculación y desvinculación sexuales y afectivos. Madrid: Biblioteca Nueva.

¿Cómo decirles a los niños que sus padres se separan?

Una ruptura amorosa constituye una situación que por sí misma puede originar estrés, sentimientos de culpa, remordimientos, tristeza profunda y demás efectos adversos a causa de romper la vida en común. Si dicha vida incluye además niños, existe una nueva dificultad que es ¿cómo decirle que sus padres se separan? ¿Habrá un modo de hacerlo “fácil?”. Existen algunos aspectos a considerar que pueden servir a modo de lineamientos en esta situación, sin embargo, es necesario contemplar en todo momento que la guía más importante siempre deberá ser la manera de ser del menor (su personalidad) así como la edad y la relación con sus padres hasta el momento, pues de ello dependerán las circunstancias en las que se le informe al menor, el lenguaje utilizado y la reacción que pudiera tener (incluyendo una aparente ausencia de reacción).  El primer aspecto a tener en cuenta es aclarar del modo más conciso y honesto posible que la ruptura de la relación de pareja se trata de algo completamente ajeno al menor, ya que cuanto más pequeños es más probable que interpreten lo que pasó como algo de lo que ellos pueden tener la culpa, debido al “pensamiento egocéntrico infantil” que de acuerdo con Jean Piaget (1923) consiste en el modo en que “al hablar, el niño no trata de entender el punto de vista de quien lo escucha. El pequeño ve la realidad a través de su propia óptica, sin tomar conciencia de ello.” De acuerdo con el mismo autor, es entre los 2 y los 3 años de edad que el infante se encuentra desarrollando su capacidad de apreciar el punto de vista de otros y ser consciente de las limitaciones de su propia perspectiva, de allí la importancia de no forzar ideas como “papá/mamá es malo/a” o “papá/mamá nos traicionó” pues este tipo de frases pueden suscitar el pensamiento secundario de que la relación con el niño también ha sido dañada y a partir de allí surgir temores, enojo, etc. Y si bien existen circunstancias que, desde un punto de vista moral, pueden hacer que la decisión de mantener el contacto con la pareja debido a un hijo en común resulte cuando menos difícil, como adultos responsables de su desarrollo es necesario priorizar el bienestar de su infancia y brindar la oportunidad de una relación armoniosa y funcional con acuerdos entre adultos que permitan separar la vida en pareja (y los motivos que llevaron a su término) de la responsabilidad parental. Estar listos para que el menor reaccione con enojo, con tristeza, inseguridad, desconfianza e incluso indiferencia es lo que corresponde como padres, hay que permitir que los niños sean niños y esto implica ser conscientes de que se encuentran aprendiendo aún cómo es el mundo y qué tan complejo puede ser, es responsabilidad de los adultos a cargo entender las necesidades que surjan de esta circunstancia y aprender de la mano de profesionales incluso, pues tan difícil como sea para los adultos se trata de un suceso que requiere atención, paciencia, flexibilidad y la voluntad para hacer adecuaciones en pro del bienestar de los niños. Para ello, puede ser necesario establecer de antemano entre progenitores cuáles son los límites en la información que se va a proporcionar para poder permitir que el niño realice preguntas y exprese libremente sus inquietudes ante la nueva situación, que tenga la confianza de que a la par que se mantendrán ciertas normas, se permitirá cierta apertura para que viva del mejor modo posible su duelo, de modo que al comunicar las nuevas circunstancias de vida es menester garantizar que independientemente de la relación afectiva entre adultos, el vínculo padre-hijo y madre-hijo no se verá afectado. Psi. Adriana Aramis Rosete Viveros

Dependencia emocional

La dependencia emocional en el área de psicología es la dependencia afectiva o sentimental que consiste en un patrón de comportamientos adictivos que se dan en una relación interpersonal donde existe una asimetría en el rol que asume cada persona, entendiendo por asimetría al dominio de una persona sobre la otra en la relación de pareja. Si bien, todo ser humano necesita de la interacción con los demás, de donde se forman vínculos y apegos, en ocasiones se vuelven complicadas, cuando la necesidad de tener afecto sobrepasa los límites, teniendo conductas patológicas y desproporcionadas para llenar la necesidad de afecto. La persona dependiente muestra un patrón persistente de necesidades emocionales insatisfechas que se intentan cubrir de una forma desadaptativa con otras personas, por lo cual se entiende como una necesidad afectiva extrema hacia la pareja sentimental. A veces, la dependencia emocional se apoya en los mitos del amor romántico, que muchas veces señalan un patrón de afecto asimétrico y disfuncional, donde se idealiza al otro miembro de la pareja y aparecen ideas de complementariedad, tales como “yo sin ti no soy nada” “eres mi media naranja” “tú le das sentido a mi vida” “tú eres mi felicidad”, donde se le da a la pareja el poder de la felicidad y el amor. Actualmente, se debaten las posibles causad de este problema, entre los cuales encontramos: • Miedo a la soledad: En ocasiones va de la mano con el miedo al abandono, casi todas las heridas emocionales provienen de la infancia, en michas ocasiones tienen comorbilidad con negligencias que sufrieron de niños, como abandono de los padres, falta de techo o comida, nula afectividad, golpes, abusos psicológicos y en ocasiones sexuales, el miedo a la soledad se centra en el hecho de haber construido algo con alguien, el miedo a no poder hacerlo nuevamente, de no poder con las situaciones de la vida por si solo o sola, hacen que resulte para ellas y ellos más fácil aguantar lo que ya se conoce y se tiene. • Baja autoestima: Es importante señalar que estas personas pueden estar tan dañadas y manipuladas emocionalmente que no perciben el valor que llegan a tener, no se creen merecedoras/es de algo bueno y saludable, en ocasiones llegan a pensar que es un castigo o que algo están pagando, por ende, es difícil salir de una situación que piensas mereces estar. • Apego disfuncional: Recuerden que tenemos apegos y estos son saludables, no deben de confundirse con la dependencia, sin embargo, hay algunos apegos que se generan en la infancia que llegan a ser complicados, como el apego desorganizado, y en ocasiones en ansioso y evitativo. Algunos síntomas de dependencia emocional: • Angustia extrema al pensar en la separación: hay frases características de este punto “si me dejas, me mato” “si no estás conmigo, no estarás con nadie” “no puedo vivir sin ti” • Obsesión: Tener la necesidad extrema de saber dónde está, con quien que está haciendo, llegando a interferir disfuncionalmente en áreas de su vida, como la escolar, laboral o en relaciones de amistad. • Idealización: Pensar en la pareja como perfecta, teniendo una visión de ella o el ajeno a la realidad. • Posesividad: Algunas personas quieren controlar todo lo que sea de su pareja, con la intención de estar seguros de que no le engañan o que no les dejaran. Estas son algunas de muchos síntomas, invitamos a los lectores que estén pasando por algo como esto acudan a su profesional de salud mental, la dependencia emocional no es algo que se deba dejar de lado.   Psic. Jonathan García Mezhua

¿Cuándo pedir ayuda?

En todos los procesos es muy importante la ayuda que se puede dar, cuando se inicia algún proyecto, cuando se tiene alguna duda referente a algún tema, la ayuda de los demás es algo indispensable. Lo mismo pasa cuando enfrentamos un proceso de duelo, la ayuda de nuestras redes de apoyo forma parte de los factores protectores del duelo, que previenen, ajustan y orientan dicho proceso, pero ¿Cuándo pedir ayuda? Si bien es cierto que no se necesita llegar a extremos para pedir ayuda, si es importante definir algunos límites, primero, se debe de entender que existe la ayuda personal y la ayuda profesional, las dos son necesarias y recomendables para sobrellevar el proceso. La ayuda personal, la dan los familiares y amistades cercanas a los dolientes, en una primera instancia no hace falta pedirla, solo aceptarla, por lo regular inicia en el momento del homenaje póstumo o bien un poco antes, durante la enfermedad del paciente y la elaboración del duelo anticipado de la familia, es de gran valor, ya que dota a las personas de agradecimiento, validación, acompañamiento y previene sentimientos como la soledad, rencor y conductas como el aislamiento, por otro lado, la ayuda profesional enfocada a la índole psicológica se encuentran por lo regular posterior a la pérdida, en ocasiones puede ser también durante el proceso de duelo anticipado con la intervención de un tanatólogo/a o durante el homenaje póstumo, esto dependiendo la agencia funeraria, por ejemplo en funeraria del Ángel el departamento de Asistencia Tanatológica se encarga de cubrir esta necesidad antes, durante y después, este tipo de ayuda cuando no se tiene si es importante pedirla y/o aceptarla. No obstante, ¿Cuáles serían las señales para pedir ayuda profesional?, a continuación, se enlistan algunas: • Sentirse bloqueado en el proceso. • Sensaciones físicas vagas, difusas, o parecidas a las que experimentaba el fallecido durante un periodo de tiempo • largo (Somatizaciones contrastadas médicamente). • Sentirse incapaz de afrontar la vida sin la persona trascendida. • No sentir nada. • Dificultad para asumir la realidad de la muerte. • Sentir una emoción muy intensa al hablar del fallecido, aun habiendo pasado al menos seis meses después de su muerte. Si notas alguno de los síntomas siguientes es importante acudir a orientación profesional. Entre las recomendaciones que existen para elegir a tu profesional son: • Verificar su cédula profesional • Verificar el modelo terapéutico utilizado • Certificaciones o cursos referentes a los casos Psi. Jonathan García Mezhua

Asuntos sin resolver

Para quienes se encuentran con vida la muerte representa el fin absoluto: ya no es posible hacer ni deshacer nada, todo lo que se construyó hasta ese momento será lo único que exista como legado y eso quiere decir también que si existen asuntos pendientes, se quedan sin resolver, sin obtener un cierre o el cambio de curso anhelado. Ya fuera porque nunca creímos tener el momento adecuado, porque los planes y compromisos de la vida no hicieron fácil tener un espacio para resolver lo pendiente, o quizás perdimos la pista a ciertas personas y de paso la motivación para actuar se fue disipando con los días, pueden existir miles de razones y, sin embargo, cuando llega el final nada de eso importa. Es posible que existan sentimientos de culpa, impotencia o arrepentimiento producto de pensar reiteradamente en cómo “hubieran” sido las cosas de haber actuado diferente, o la noción de que la vida carece de sentido al no haber aprovechado de manera distinta el tiempo junto a quien ha trascendido, pensamientos y emociones que suelen formar parte de la pérdida. Y si bien puede existir conciencia plena sobre el daño que este tipo de pensamientos hace al mermar el estado de ánimo y la voluntad de quien lo vive, ello no quiere decir que se vuelva fácil lidiar con la carga mental, tan solo con hacerse consciente de que ocurre, ya que se trata de emociones que deben ser vividas como lo que son: una parte más del difícil (más no imposible) proceso de readaptación a la vida. Negarse por completo a experimentar el arrepentimiento o la culpa dista de ser una “solución” dado que no se puede extinguir por completo una emoción de manera deliberada, a pesar de los esfuerzos de la psique para suprimir aquello que ocasione un estado de malestar, los mecanismos de defensa no solucionan ni modifican aquello que causa ansiedad, estrés, temor, frustración, etc. Al reconocer qué cuestiones no supimos abordar de la mejor manera y qué aspectos personales condujeron a ello (como pueden ser orgullo, apatía, dificultad para manejar el tiempo, mala comunicación, priorizar otros asuntos, etc.) se les da el valor correspondiente a los asuntos sin resolver, como parte ya no solamente del pasado sino también del presente y futuro al aceptar en qué modo afectan la toma de decisiones y modifican la visión que se tiene acerca del mundo, de los demás y de mí mismo. «Felices y sabios aquellos que se empeñan en ser en esta vida tal como les gustaría ser en el momento de su muerte. Empéñate en vivir así ahora para que la muerte te encuentre feliz y sin miedo». (Kempis). Psi. Adriana Aramis Rosete Viveros

Recomendaciones para vivir un duelo saludable

No es posible afirmar que existe un único modo de vivir el duelo, en tanto existen muy diversos contextos, recursos personales, factores de riesgo, maneras de relacionarse y filosofías de vida, por mencionar algunos de los aspectos más relevantes que afectan directa e indirectamente el modo en que es transitado el duelo. Sin embargo, existe dentro de la tanatología un enfoque en pro de la resolución de conflictos previos y posteriores a la pérdida, teniendo como prioridad que el doliente se vuelva capaz de identificar qué aspectos de sí mismo y del mundo que le rodea son beneficiosos para su proceso de adaptación a la nueva realidad para así vivir de manera saludable la pérdida. Para ello es necesario reconocer las limitantes a nivel personal, lo que se puede expresar respondiendo lo siguiente: “¿Cuáles son los aspectos de la nueva realidad con los que no puedo lidiar solo?”. Si bien el duelo es personal y por ende una experiencia individual, no quiere decir que se tenga que atravesar a solas, ya que la vida diaria se compone de distintas relaciones interpersonales cuya presencia y alcance en la cotidianidad tras la pérdida puede brindar un punto de apoyo importante. Cuando se habla de duelo saludable es necesario compartir el dolor, hay que externarlo y permitirse vivirlo, pero para ello también es necesario tener tiempo a solas con uno mismo sin caer en el aislamiento, y es allí donde la ayuda de otros se vuelve crucial en la medida que aceptar el apoyo que les nazca brindar y no tener miedo a solicitar ayuda constituye un medio para mantener un sentido de pertenencia hacia aquellos que aún se encuentran físicamente. En medio de los múltiples cambios que suelen suscitarse, puede existir una pérdida de la estabilidad económica, dificultad para cumplir con las tareas domésticas (especialmente si involucran niños) e incapacidad de cubrir los roles que correspondieron a otro cuando se trata del trascender de un ser amado, por lo que al reconocer en qué aspectos sería de ayuda contar con el apoyo de amigos, familiares y/o profesionales se da pauta al acompañamiento y el apoyo mutuo, lo que puede traducirse en crecimiento personal. Permitir que exista confianza es fundamental: confianza en mí mismo para tomar decisiones y para reconocer cómo no solo es la rutina lo que cambia, sino también la forma de ser propia e incluso de otros. Confiar también en el cambio como una extensión más de la vida misma, sin considerarlo inmediatamente algo indeseable o estresante por sí mismo, ya que nunca lo perdemos todo, siempre es posible encontrar refugio en nosotros mismos. Mientras cuidemos de nuestra salud, aceptando que el proceso no se trata de una carrera contra el tiempo ni de un progreso lineal, es posible vivir con voluntad día a día, apreciando lo que nos rodea, las cosas y personas con las que aún contamos, cumpliendo pequeñas metas desde lo más sencillo como salir de la cama o tomar una ducha, para dar forma a una nueva realidad que no tiene por qué ser mejor ni peor que lo que existía en el pasado, solo tiene que ser suficiente para sentirse vivo. Psi. Adriana Aramis Rosete Viveros  

Hablemos del duelo

Es necesario dar el nombre correcto a las cosas para poder hablar de ellas y de ese modo lograr un mejor entendimiento de cuáles son sus características, entender el por qué surgen en primer lugar, si se trata de algo natural o no, si puede ser beneficioso, etc.  Por ello es necesario hablar del duelo, incluso si en primera instancia se trata de algo incómodo o indeseable. Al no mencionar siquiera la existencia del duelo se invisibiliza todo lo que constituye el rompimiento abrupto de lo cotidiano, pues la vida diaria se encuentra llena de momentos donde es necesario dar el reconocimiento que corresponde a la separación abrupta o pérdida de aquello que es valioso para un individuo, ya se trate de personas, propiedades, relaciones, partes del cuerpo, estilo de vida, juventud, etc. Siendo tan diversas las circunstancias que dan pie a un sentimiento de pérdida no debe resultar extraño que existan múltiples duelos a lo largo de la vida y cada uno de ellos merece ser expresado como lo que es: un proceso natural y universal que existe como parte del desarrollo humano, por lo que se trata de algo necesario para el crecimiento personal de los individuos. Reducirlo exclusivamente al dolor por la muerte de un ser querido constituye una limitante. La afirmación anterior no pretende desestimar el duelo como proceso de adaptación ante la pérdida física de un ser querido, se trata de reconocer dicha pérdida, a la par que se reconoce también los otros tipos de pérdida/duelo que se han mencionado de manera superficial en el presente artículo y a mayor profundidad en artículos anteriores de este mismo blog, de manera que se concientice acerca de la importancia de vivir los sentimientos y pensamientos que se suscitan como algo natural, no necesariamente patológico (al menos de primera instancia). En la mayoría de individuos, vivencias como una ruptura amorosa, proceso de mudanza, pérdida de un objeto de gran valor sentimental o el paso de la juventud a la edad adulta suscitan cambios que son demasiado abruptos y/o indeseados, por lo que originan sentimientos de tristeza profunda, incomprensión, frustración, culpabilidad, enojo, estado de shock, deseos de aislarse, y esto es solo por mencionar algunas de las respuestas psicológicas más comunes, mismas que pueden derivar en una pérdida de motivación para continuar con el día a día, incapacidad de disfrutar de lo que antes brindaba felicidad, negación de la existencia de una nueva realidad y por ende dificultad para adaptarse y reconstruir la vida. Si dichos cambios a nivel cognitivo y emocional no se reconocen como lo que son, un proceso adaptativo que es necesario experimentar, entonces se cierra la puerta al desarrollo saludable del individuo, pues el duelo debe de ser expresado y transitarse al ritmo que cada persona requiera en vez de ser callado como si fuera un tabú, hablar libremente de sus características, de lo que produce a nivel físico, mental, social y espiritual no llama al malestar ni al dolor, sino todo lo contrario, permite identificar y esclarecer qué es lo que ocurre para que cada individuo pueda vivir de manera personal y resiliente el dolor, pues “el dolor es inevitable, el sufrimiento es opcional” (Buda). Psi. Adriana Aramis Rosete Viveros

Un año más contigo en mi corazón

Durante este año se han tocado diferentes temas dentro del ámbito tanatológico, desde temas relacionados al duelo por pérdida de los padres, hijos o esposos, duelo por separación, por pérdida de la salud y también duelos anticipados. Todos estos temas tienen algo en particular, una pérdida y la esperanza de sanarla. Hoy más que un artículo en este final de año, deseo plasmar una reflexión para todos quien hayan sufrido una pérdida, sea reciente o antaño, toda pérdida que conlleve amor dictamina un proceso de duelo. A todos ustedes quienes día tras día salen a sus trabajos y escuelas, quienes mañana con mañana se levantan para dar lo mejor de sí para estar, para sobrellevar, para no caer, a ti que has pasado por más de una mala racha, pero con la esperanza de encontrar un oasis en tu camino, a ti que sigues amando cuando aunque tu inspiración se haya ido, quiero agradecerte por intentarlo, aunque a veces quieras rendirte y creas no puedas hacerlo recuerda que eso ya te lo habías dicho antes y pudiste contra tus no puedo, agradecerte por tu constancia y voluntad, porque todo lo que compartieron en vida se queda, porque no han pasado un año sin ellos, han pasado un año más con ellos en el corazón. Dejen que llegue la tristeza, pero no permitan que se quede, lloren todo lo que tengan que llorar, que nadie les impida demostrar el dolor, porque a diferencia de lo que se cree, lo están haciendo bien, llorar no es signo de debilidad, es símbolo de enfrentamiento, de lucha y de ímpetu, lloran de amor jamás de tristeza, y sus lágrimas si dejan descansar a sus familiares, corre el mito donde se aseguran que si lloran no descansan y eso en realidad es una falacia, no se puede afirmar algo que solo presiona a quien llora la pena, porque, por un lado, si lloro no descansa mi familiar y si no lloro no descanso yo. Un año contigo en el corazón significa que el duelo lo llevan de una manera saludable, sin correr y sin gatear, no hay un tiempo estimado, pero el tiempo importa, si es su segundo año con ellos en el corazón es importante reconocer que el trabajo de duelo debe de verse reflejado trayendo herramientas para abordar el tema con mayor naturalidad, aceptando su ausencia y reacomodando emocionalmente a quien haya trascendido, sin embargo, en el primer año es esperado que el trabajo de duelo sea más laborioso, la única lucha que no se pierde es aquella que no se inicia. Un año contigo en el corazón, un año de tristeza y dolor, pero también un año de valoración y aprendizajes, un año diferente e inolvidable, un año que se quedará en todos, con cada uno de quienes han perdido y ganado, pero siempre al lado de los que se fueron, honren sus padres siguiendo sus valores, honren a sus hijos trabajando en ustedes, honren a sus abuelos trabajando su tierra y su honor, porque al final de cuentas es lo único que después de la vida imperan, los recuerdos. Solo muere quien es olvidado Psi. Jonathan García Mezhua

Gestión emocional en el duelo

Si bien un principio fundamental cuando se habla de duelo es el no reprimir las emociones, también es necesario establecer que existen formas que pueden ser denominadas como saludables, para vivir y gestionar la carga emocional durante un proceso de duelo dado que favorecen la resolución del mismo, protegiendo al doliente de vivir un duelo complicado. Antes de continuar, es necesario aclarar que el presente artículo no pretende polarizar las emociones ni encasillarlas como “buenas o malas”, pues cada una constituye un mecanismo necesario para que el ser humano pueda adaptarse a su entorno y desarrollarse de manera satisfactoria. Al hablar de su correcta gestión se alude a la importancia de canalizar y/o expresar la carga emocional de un modo que no sea destructivo ni autodestructivo. Independientemente del tipo de pérdida que haya ocurrido, es decir, independientemente de si se trata de una ruptura amorosa, pérdida de la salud, de un objeto valioso o de un ser querido, cada pérdida es importante y por ende cada emoción que suscita merece ser expresada, llámese tristeza, enojo, frustración, o culpa, son respuestas válidas ante la nueva situación de pérdida de algo/alguien muy valioso. Una de las primeras pautas es la identificación de lo que se está sintiendo por medio de un registro de emociones o diario emocional en dónde se escriba (de ser posible diariamente) qué fue lo más destacado a lo largo del día, si existió tristeza, ¿Qué se hizo al respecto? ¿Qué ocurrió antes de sentirse triste? ¿Con quiénes estaba? ¿En dónde? ¿En qué momento del día ocurrió?, toda esta información es importante porque a mediano y largo plazo permite identificar patrones de conducta para analizar y racionalizar el por qué. La clave es tomar consciencia de lo que ocurre a la vez que se asume responsabilidad por ello, para lo cual pueden ser de utilidad alguna de las siguientes actividades: • Relajación muscular 1.- En un lugar seguro y sin distracciones, encontrar una posición cómoda sentado ya sea en un sillón, suelo, o cama. 2.- Cerrar los ojos y respirar profundamente inhalando en 4 tiempos, se retiene el aire 4 tiempos y se exhala posteriormente en 4 tiempos también. 3.- Tensar poco a poco las partes del cuerpo, desde los dedos de los pies, pasando a las piernas, abdomen, dedos de las manos, brazos, cuelo, hasta la cabeza 4.- Cada vez que se tensa (contrae) una parte del cuerpo se mantiene la tensión durante unos segundos antes de relajar (des-contraer) 5.- Una vez relajado todo el cuerpo, concentrarse en la sensación de alivio para despejar la mente y permanecer así el tiempo requerido • Razonamiento lógico Existiendo un diario emocional como base, esta técnica consiste en analizar uno a uno los pensamientos que producen malestar emocional y razonarlos de manera lógica para ser desestimados en caso de ser irracionales o ser trabajados posteriormente en caso de ser ciertos. Por ejemplo: • Pensamiento: "Soy inútil, no sirvo para nada" • Emoción: “Tristeza/frustración” • Razonamiento lógico: "¿Hasta qué punto es cierta esa afirmación? ¿Es algo que he escuchado de otras personas? ¿Qué puedo hacer para cambiar esta percepción?" Estas técnicas base permiten reconocer el potencial y las áreas de oportunidad personales, así como establecer un tiempo para meditar y autoconocerse, algo indispensable para la sana gestión de las emociones, sin embargo, siempre será importante contar con la asesoría de un profesional de la salud mental capacitado que pueda orientar de manera personalizada el proceso de duelo.   Psi. Adriana Aramis Rosete Viveros  

Duelo y resiliencia

Hablar de duelo y resiliencia es una de las combinaciones más eficientes para sobrellevar el proceso, ya que es por medio de esta habilidad que el doliente puede formular habilidades saludables y elaborar estrategias también saludables basadas a en sus necesidades, pero partamos definiendo los dos conceptos: Según M, Duquesnov (2014) la resiliencia a resiliencia es la capacidad del ser humano para hacer frente a las adversidades de la vida, superarlas y transformarse positivamente por ellas. Por otro lado, Meza et al. (2008) afirma qué, el “duelo (del latín dolium, dolor,) es la reacción natural ante la pérdida de una persona, objeto o evento significativo; o, también, la reacción emocional y de comportamiento en forma de sufrimiento y aflicción cuando un vínculo afectivo se rompe” Desde este punto se podrán dar cuenta de la importancia de la resiliencia en el duelo, que si bien, este último no se supera, se sana, la resiliencia juega un papel importante en este saneamiento de duelo, pero, ¿Cómo ayuda? ¿De qué manera puedo darme cuenta de que estoy siendo resiliente? Para potenciar la resiliencia hay que aprender a identificar, aceptar y gestionar las emociones y sentimientos que en el duelo vayan surgiendo, en este proceso es preciso señalar que juega un papel clave la interpretación o valoración que hacemos de las situaciones que vivimos, ya que nuestra reacción emocional normalmente derivará de esta interpretación. Cabe recalcar lo importante que es tener claro que no son las situaciones en sí mismas las que definen las emociones, sino la valoración personal que hacemos de cada situación, recuerde que es complicado modificar las situaciones, pero si es posible aprender a modificar la forma cómo se interpretan, de esta manera, con base en la interpretación del duelo, están siendo resilientes. De la misma manera se recomienda a la par trabajar la autoestima, la capacidad para resolver problemas o la competencia social. También la favorecen los apoyos familiares y sociales con los que se llega a contar. Además, una actitud positiva propiciará la sanación del duelo, y al hablar de positividad no se hace referencia a jamás estar tristes o no sentir nostalgia o ira, hace referencia a esta esperanza de que todo al final tiene un final, al igual que este proceso de duelo. La clave es identificar lo que a cada uno le pueda funcionar mejor para desarrollar estrategias propias, no imponer, ayudar y acompañar desde la empatía, aquí encontrará diez recomendaciones para fomentar la resiliencia en el duelo 1.- Establecer y mantener relaciones Las buenas relaciones familiares y sociales son una excelente fuente para obtener y aceptar ayuda, sin embargo, también es recomendable poner límites con algunos familiares si sus comentarios le lastiman, recuerden que no están obligados. 2.- Las crisis no son para siempre No se pueden cambiar los hechos, pero sí la forma cómo se interpreta, las crisis no te definen, sino la manera de afrontarlas 3.- Aceptar los cambios de la vida Aceptar que hay circunstancias que no podemos cambiar, como es el caso de la muerte, es algo que ayudará a la sanación del duelo, trabajar las responsabilidades o sentimientos de culpa y hacer con sus familiares lo que no se pudo hacer con su ser amado que ha trascendido 4.- Tener objetivos claros y reales Es importante plantearse objetivos realistas y hacer algo de forma regular que nos acerque a ellos. Por ejemplo, “¿Qué puedo hacer hoy (por insignificante que pueda parecer) para acercarme a uno de mis objetivos?” Respuesta: “Tomar algo con un/a amigo/a, ya que ello me permitirá un rato de desahogo” “ver sus fotos” “escribirle una carta” 5.- Realizar acciones concretas No evites momentos o pláticas difíciles, solo lo pospones, enfrentar es la mejor manera de solucionar 6.- Valorar y agradecer tus cambios Continuamente, pasar por situaciones vitales difíciles conlleva una sensación de fortalecimiento personal, valorar y agradecer tus cambios significa agradecer aquello que hoy haces diferente, pero que hace un tiempo no podrías haberlo tomado de la mejor manera, crecimiento se llama. 7.- Visión positiva de uno mismo Confiar en que lo que estás haciendo es de la mejor manera que puedes hacerlo, pero con el pensamiento de querer mejorarlo 8.- Ver las cosas en perspectiva Tratar de considerar las situaciones estresantes en un contexto más amplio y con cierta objetividad, evitando hacer una montaña de un grano de arena. 9.- Mantener la esperanza Una actitud optimista sin caer en lo exagerado es adecuado 10.- Otras formas útiles de potenciar la resiliencia A algunas personas les ayuda escribir acerca de sus pensamientos y sentimientos más profundos relacionados con las situaciones traumáticas que les ha tocado vivir o aquellas que les generan un alto nivel de estrés. Hay a quien la meditación o las prácticas espirituales les resultan de gran ayuda Psic. Jonathan García Mezhua   • Duquesnoy, Michel. (2014). Resiliencia cultural comunitaria como quehacer político femenino de las mujeres williche del Chaurakawin (Región de los Lagos, Chile). Cuicuilco, 21(59), 65-91. Recuperado en 08 de diciembre de 2022, de http://www.scielo.org.mx/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0185-16592014000100004&lng=es&tlng=es. • Meza Dávalos, E., & García, S., & Torres Gómez, A., & Castillo, L., & Sauri Suárez, S., & Martínez Silva, B. (2008). El proceso del duelo. Un mecanismo humano para el manejo de las pérdidas emocionales. Revista de Especialidades Médico-Quirúrgicas, 13 (1), 28-31.

Blues de Navidad

La “depresión navideña” o “blues de navidad” es el nombre que ha sido acuñado para identificar el estado de ánimo asociado con la disminución de la luz de día durante la temporada de otoño-invierno, dado que el cuerpo humano trabaja con los ciclos naturales de día y noche. Al recibir información sobre el ciclo luz/oscuridad externa, lo interpreta y reacciona ante él a través de la melatonina (hormona que juega un papel importante en el sueño). A partir de este proceso natural conocido como el ciclo circadiano (el reloj biológico que regula y programa las funciones fisiológicas del organismo en un ciclo de 24hrs) se ha establecido la existencia de una afectación en el estado ánimo a partir de la disminución de horas con luz que se da naturalmente en la época invernal, y de acuerdo con el Instituto de Investigación Baker, el volumen de serotonina disminuye en los meses de invierno debido a la baja luminosidad. A lo anterior se suma el ambiente festivo que impulsan los medios de comunicación, difundido ampliamente como lo ideal o deseable durante el mes de diciembre: una gran cena donde se reúne a la mesa toda la familia y se comparten anécdotas, risas y la calidez del lazo fraterno es demostrada con obsequios y abrazos, una verdadera demostración de cercanía para celebrar a las personas que han estado con nosotros a lo largo del año. Pero es quizás dicho énfasis en los seres queridos que se encuentran presentes como parte importante de la vida, la mayor causa del incremento de conductas y pensamientos propios de un estado de ánimo depresivo en la época navideña, debido a que en muchos hogares han existido pérdidas a lo largo del año pueden ir desde la pérdida de empleo, salud, la separación del núcleo familiar por mudanza, una ruptura amorosa o por supuesto el deceso de un ser querido. El último mes del año trae consigo “el recuento de los daños” y la tendencia a verse rodeado de mensajes donde se invita a pasar las festividades en compañía de los seres queridos, aun cuando lamentablemente ya no sea posible en ciertos hogares, lo que puede alimentar sentimientos de melancolía, frustración, e incluso desesperanza al comparar el año actual con los anteriores, pues se suele percibir más intensamente todo lo que ya no se tiene. Sin embargo, es por eso mismo que al tomar consciencia de estas circunstancias es posible cambiar el curso y poner (en cambio) el énfasis en las cosas que sí están al alcance y son posibles en la actualidad para mejorar la calidad de vida, reconociendo que si bien el pasado no se puede cambiar e incluso evoca nostalgia, el presente representa oportunidades por vivir y esconde un potencial que solo podrá ser explorado al tener la voluntad de actuar. Está en uno mismo escoger cuál es la mejor manera de vivir la navidad, o si se quiere en primer lugar participar de ella o se elige vivir de un modo distinto, pero el librarse de las ideas preconcebidas (sociales y además propias) sobre estas fechas, existe el punto de inicio para tomar decisiones en pro del bienestar en épocas decembrinas. Psi. Adriana Aramis Rosete Viveros

Ayudando a entender a los niños

En la época Decembrina muchos niños esperan la llegada de Santa Claus, posadas, regalos, fiestas familiares y demás actividades que denotan alegría y tienen por objetivo celebrar con los más allegados; sin embargo, es posible que esta vez se trata de una época distinta a raíz de la pérdida de un ser querido, ya sea de manera reciente o como parte de las vivencias de anteriores meses del año. Cuando hay niños en casa, en medio del dolor personal, suele existir también la preocupación acerca de cómo explicar a los menores que lo ocurrido es una parte natural de la vida, sin despertar en ellos temor, angustia u otros sentimientos que puedan dificultar su sano desarrollo, y todo ello mientras se restablece la vida y se resuelven asuntos legales, económicos, e incluso relacionales a la par del duelo. Es importante tener siempre en cuenta la edad y la personalidad del menor, al igual que comprender cuál ha sido su relación con la persona finada, ya que estas características peculiares son las que forjaran la existencia (o no) de un duelo infantil. Así mismo, ser conscientes en todo momento de que se trata de niños, por lo que no tiene cabida esperar que reaccionen del mismo modo en que lo hacen los adultos, aun si se trata de sus cuidadores. Otro aspecto relevante es ser sinceros y congruentes con lo que se expresa, lo que incluye por supuesto el ser honesto con uno mismo respecto a las emociones y pensamientos a raíz de la pérdida. Por ejemplo, reconocer cuándo es necesario pedir ayuda para poder tener un tiempo a solas, permitirse expresar libremente la tristeza por medio del llanto sin ocultarse de los niños, y sincerarse con respecto a la naturaleza desconocida de la muerte son algunas de las pautas básicas. Demostrar vulnerabilidad en estas fechas no tiene por qué “arruinar” las reuniones, sino todo lo contrario, asienta un precedente a los más pequeños, demostrando que aún ante lo impredecible de la vida, a pesar de ser vulnerables y de que mamá/papá no posean una respuesta absoluta acerca de por qué morimos o qué es lo que pasa al morir, la vida vale la pena en tanto nos permitamos apreciar lo que aún tenemos. La unión familiar sin duda es importante no solo como protagonista de los festejos decembrinos, sino también como un medio para fomentar la empatía en el hogar, entendiendo a esta como un concepto que engloba la receptividad a las emociones de nuestros iguales y la capacidad de identificarlas a través de sus gestos y palabras, así como la capacidad para comprenderlas y apreciar la situación sin caer en juzgar al otro. Desde la empatía es posible ayudar a los más pequeños de la casa a entender que la ausencia física de aquellos a quienes amamos conlleva cambios en mayor o menor medida, y que dichos cambios pueden hacer que este año la navidad sea diferente, quizás no puedan celebrar del modo en que están acostumbrados a hacerlo, quizás no estén todos a la mesa durante fin de año, pero el amor de todos sus seres queridos siempre estará presente. Psi. Adriana Aramis Rosete Viveros

Duelo en épocas decembrinas

El duelo por la pérdida de un ser querido es una experiencia difícil en cualquier momento, sin embargo, en la época de fiestas decembrinas puede ser mayor la sensación de tristeza, soledad, nostalgia y la aflicción. Las reuniones familiares y las fiestas pueden constituir momentos dolorosos debido a la ausencia de un ser querido, la señalización de constantes estímulos como “la silla vacía” “el abrazo que no se dio” “planes para esta navidad” son los que más producen estos sentimientos y emociones, no obstante, también pueden constituir momentos reconfortantes en los cuales uno pasa tiempo con la familia y los amigos, centrando la atención en los buenos recuerdos tratando de sobrellevar esta pérdida. ¿Qué se recomienda hacer en estas fechas? • Acepta los sentimientos y emociones Cada persona lleva el duelo a su modo, hay personas que tratarán de evitar los sentimientos tristes provocando una gran represión emocional, otros, llorarán mares de lágrimas. Algunas personas pueden sentirse incómodos por no sentirse animados para disfrutar de las fiestas; y muchas otras, culpables por sentirse alegres. Es totalmente normal tener estas dudas y estos momentos de no saber como identificar lo que siento, sin embargo, se recomienda aceptar estas oleadas de tristeza y externarlo de la manera más saludable posible, ya que estas fechas tan especiales como navidad llegan a ser un punzante y doloroso recordatorio de esta ausencia física por lo que procura ser paciente con tus emociones. Por lo general se llegan a experimentar cambios drásticos, una intensa montaña rusa emocional en este día, mientras que los recuerdos de aquellas navidades en las que estaba tu ser querido vienen con mucha frecuencia a su mente Es de relevancia asumir que las cosas han cambiado; ciertamente, las fiestas navideñas jamás volverán a ser como antes y ese es el punto más difícil. Aceptar esto lo ayudará a manejar las expectativas, se recomienda planificar actividades nuevas, especialmente el primer año luego de la pérdida, por ejemplo, poner un árbol más pequeño, si no tiene las suficientes energías y no hay ese ánimo, no pasa nada conque no se adorne la casa y no se den regalos navideños, pueden hacer voluntariado en algún asilo o realizar algo distinto esta navidad. • Recurre a tus familiares y amistades, no estás sola/o Es importante que puedas platicar con tus seres queridos acerca de tus emociones, recuerden que aguantarse no es ser fuerte, solo es estar conteniendo, lo recomendable es ser sincero respecto de cómo te gustaría que se hicieran las cosas este año, lo que deseas y no, y al mismo tiempo preguntar a tus seres queridos lo mismo para conocer sus perspectivas. Puedes invitar a algún amigo para sentirte apoyado y sobre todo traten de no aislarse No está de más el apoyo profesional de un terapeuta experto en estas situaciones, no les hace débiles, les hace ser personas conscientes de su dolor, mantente en contacto con otras personas que estén de duelo a través de grupos de ayuda mutua que acompañen en este dolor. • Reconocer a quienes han fallecido Cuando pasmos por un duelo en estas fechas es inevitable esta sensación de tristeza, sin embargo, si optan por realizar alguna cena o algo conmemorativo, pueden realizar algunos actos por aquellos que han trascendido, como encender veladoras en su memoria, realizar un video con fotografías y proyectarlo, hacer un pequeño altar en algún espacio para su familiar. Recuerden que no hay una forma correcta o incorrecta de celebrar las fiestas navideñas luego de que hemos perdido a un ser querido, toda decisión que sea sanable es totalmente respetable, sin embargo, si es muy importante, independientemente lo que decidan hacer no ocultes tus sentimientos o los evadas. No se recomienda vivir estos momentos tan significativos como si nada hubiera pasado, permítanse sentirte triste o llorar cuando así lo desees porque ocultar esta pena te provocará mayor daño. En este período, será importante encontrar el apoyo de tus seres amados recordando que la única muerte es el olvido.   Psic. Jonathan García Mezhua

Los duelos no son eternos, el Amor sí

El ser humano construye su realidad, en tanto cada persona elige (en mayor o menor medida) qué aspectos de la vida son más relevantes, y esto puede ir desde lo más cotidiano como el qué características de amigos y familiares les hacen ser cercanos y cuáles, por el contrario, hacen replantear la relación e incluso invitan a dejar de frecuentar a ciertos individuos; hasta lo más abstracto y complejo, como son las ideas propias del sentido de vida y el sentido de muerte. También constituye una elección qué pensamientos y sentimientos guían la manera de actuar ante determinadas situaciones, pues si bien es cierto que las emociones surgen de manera espontánea y a menudo se les puede calificar como “incontrolables”, es igualmente cierto que el ser humano es capaz de regularse, lo que de acuerdo con el Psicólogo especializado en educación emocional, Rafael Bisquerra, “supone tomar conciencia de la relación entre emoción, cognición y comportamiento; tener buenas estrategias de afrontamiento; capacidad para autogenerarse emociones positivas, etc.” Luego entonces, es posible afirmar que el duelo no tiene por qué ser eterno, pues aun si el recuerdo de los seres amados nos acompaña por el resto de nuestras vidas, a pesar del dolor que pueda traer su memoria o el vacío asociado con su ausencia física existe la opción de vivir sin que su legado infrinja dolor constante en el tiempo presente, pues si bien durante los primeros meses puede considerarse normal que las emociones sean abrumadoras, el paso del tiempo brinda la oportunidad de escoger con cada día que transcurre “¿Cómo quiero vivir mi vida de ahora en adelante?”. Vivir con voluntad es elegir el amor como legado y dar al tiempo de nuestros seres amados en este mundo el reconocimiento que merece, porque su singularidad como personas merece ser celebrada al mantener presente, lo que los hace ser sumamente especiales (y por ende inolvidables) en nuestro corazón. Cuando escogemos recordar desde el agradecimiento en lugar del enojo, la frustración o el vacío, cada momento que nos hizo esbozar una sonrisa juntos, los lugares especiales, los gestos desinteresados para apoyarnos y las muestras de cariño que seguramente estuvieron presentes aún de manera indirecta, abrimos la puerta a la resiliencia para tener un nuevo comienzo. Psi. Adriana Aramis Rosete Viveros Recuperado de: "https://www.rafaelbisquerra.com/competencias-emocionales/regulacion-emocional/"

La espiritualidad en el proceso de duelo

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] Todas las personas poseen un sistema de creencias (el conjunto de ideas, juicios y razonamientos propios derivados en mayor o menor medida de la interacción con el entorno y el contexto personal) que dicta qué estamos dispuestos a creer como posible o imposible, justo o injusto, y un largo etcétera que constituye la percepción misma de qué es real y, por tanto, forma parte de la vida misma (bajo los criterios personales de cada quien). Al respecto, Alex Espinoza (2014) indica que “las creencias son sistemas dinámicos y su resignificación es constante”. La espiritualidad, el cómo se vive y se manifiesta o si se manifiesta de modo alguno en primer lugar, es parte del sistema de creencias y por ende es susceptible al cambio, y uno de los más grandes cambios en la vida es el trascender de un ser querido. Al fallecer alguien cercano es posible que surjan nuevas ideas en torno a la muerte y la posible existencia de un “más allá” de la vida, o que las creencias preexistentes se transformen al no satisfacer la necesidad de darle un sentido al “final” de la vida, lo que refleja cuán relevante es reconocer el aspecto espiritual de la pérdida durante el proceso de duelo. Como todo lo que forma parte del sistema de creencias, la fe y/o profesión de una religión constituye una parte fundamental de la personalidad de los individuos que determina también su manera de ver el mundo, pues toda fe conlleva un dogma que repercute en el modo de percibir a otras personas junto con sus ideas, manera de expresarse, decisiones, etc., y también puede influenciar de qué modo reaccionamos ante distintas circunstancias de la vida (enfermedad, oportunidades laborales, rupturas, etc.) integrándose consciente o inconscientemente en la toma de decisiones. Y en tanto algunos eligen dejar de creer al atravesar la pérdida de un ser querido, usualmente en los primeros estadíos de un proceso de duelo, otros tantos eligen creer con mayor fuerza y encuentran refugio en la espiritualidad, pues allí se origina para muchos la certeza de que la “vida” es algo diferente de lo que somos capaces de ver con nuestros propios ojos. La idea de trascender cobra un nuevo significado, en tanto la vida no se acaba con el cese de todas las funciones vitales. Si bien se trata de una decisión personal, es importante ser conscientes de que no se trata de una elección definitiva entre creer o no creer, es el resultado del contexto sociocultural, crianza familiar, personalidad, red de apoyo y sistema de creencias en conjunto con las circunstancias de la pérdida que pueden (o no) percibirse de manera distinta con el paso del tiempo debido a nuevas emociones, interacciones, conocimientos, etc. Cuando la noción de lo que es la muerte deja de limitarse al final de la existencia para pasar a ser una continuidad de la misma, es posible desarrollar sentimientos y pensamientos adaptativos ante una nueva realidad que, permeada de la espiritualidad personal, no es tan desconocida en tanto la fe infunde la certeza de que quien ha fallecido en realidad no muere, solo trasciende. Psi. Adriana Aramis Rosete Viveros Referencias: Espinoza A. (2014, Septiembre) Interpretación Pragmática de los Sistemas de Creencias en Hume y Peirce Revista de Epistemología de Ciencias Sociales Vol. 50 (101-110)  Recuperado de: https://cintademoebio.uchile.cl/index.php/CDM/article/view/32947

El primer Altar

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] Toda tradición tiene un inicio, y mientras que la mayoría festeja la vida celebrando solo el tiempo presente y futuro, existe una tradición que celebra también el pasado y une a las familias más allá de toda barrera física, como son el tiempo y el espacio. En México se conmemora la vida de nuestros seres queridos y se homenajea su esencia mediante las festividades del día de muertos, tradición que incluye como eje central la elaboración de un altar que no solo engalana los primeros días del mes de noviembre, sino que constituye por sí mismo el puente entre dos mundos, el de quienes aún se encuentran físicamente y el de quienes se encontrarán siempre vivos en nuestros corazones. El altar es una manera de acercarnos como familia, su elaboración tiene la finalidad de unir pasado, presente y futuro, al igual que mantener vigente de un modo más tangible el recuerdo de aquellos a quienes amamos, lo cual transmite una sensación de cercanía que puede brindar serenidad al ser partícipes de un ritual que da la bienvenida a las almas de quienes han trascendido. Y es por ello que para muchos llega el momento de hacer “el primer altar”, aquel que lleva dolor y esperanza tras haber perdido de manera reciente a un ser querido, cuya elaboración puede ser motivo de dudas, desde el hecho mismo de hacerlo o no, hasta la composición y ubicación del mismo. Si bien existen guías que marcan cuáles son los elementos con los que “debe” de contar un altar de muertos (como los “niveles” a elaborar con sus respectivos significados, las ofrendas típicas e “indispensables” para las almas, elementos como fotos, cruces, flores y velas que cumplen una doble función de ornato y guía para que los trascendidos puedan encontrar el altar) de manera práctica lo más importante es asegurarse de que sea íntimo y personal, que el altar realmente refleje la esencia no solo de quiénes lo elaboran sino también de quienes han trascendido, y para ello no existen guías, pues se trata entonces de actuar desde el amor. Que más allá de los objetos de la ofrenda, la decoración y demás elementos físicos, el primer altar esté lleno también de todo el cariño que nos hace valorar y honrar la vida de aquellos que físicamente no están con nosotros y, sin embargo, siempre nos acompañan, pues no se termina nada de lo que constituye su vida: anécdotas, enseñanzas, recuerdos, apoyo, tiempo y cariño, por ello lo único indispensable es valorar esta época como una de reencuentro con nuestros seres queridos, con la certeza de que mientras los recordemos, ellos nunca mueren. Psi. Adriana Aramis Rosete Viveros

La historia del día de muertos

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] En México, como en algunos países de Latinoamérica se llevan cabo la tradición del día de muertos, las casas y panteones se llenan de amor por recibir la visita de aquellos familiares y amigos que partieron, aunque la tradición varía de región en región, los une el sentimiento de añoranza y nostalgia, cargado de orgullo por sentirse parte de algo milenario que pasa de generación en generación, pero ¿cómo inició todo? ¿De dónde nace el día de muertos? Los conceptos indígenas de la vida y la muerte expresados en estos rituales se compaginaron muy bien con las tradiciones del “Día de los Fieles Difuntos” que trajeron los españoles. Estas celebraciones datan del siglo IX cuando el Papa Gregorio IV promulgó el primero de noviembre para dedicarlo a rezarles a los santos, declarándolo en el calendario litúrgico como “El Día de Todos los Santos.” Aproximadamente cuatro siglos más tarde, el Abad San Odilo de Cluny designó el 2 de noviembre como “El Día de los Fieles Difuntos” un día dedicado a rezar por las almas de los fieles difuntos que habían fallecido. Estas observaciones religiosas del “Día de Todos los Santos” y “El Día de los Fieles Difuntos” fueron traídas a Latinoamérica en el siglo XVI por los misioneros católicos, los conquistadores y los colonizadores españoles. En el Valle de México, los mexicas honraban a sus muertos en los primeros días de agosto con celebraciones y rituales ofrecidos al señor de la muerte Mictlantecuhtli y la señora de la muerte Mictecacihuatl quienes gobernaban el Mictlán, era el destino de las almas para su descanso eterno, sin embargo, no todos quienes morían iban ahí por ejemplo los guerreros que morían en el campo de batalla y las mujeres que morían en el parto no iban al Mictlán después de la muerte, estos iban al Ilhuícatl Tonatiuh (camino del sol, en el dios Tonatiuh); los “muertos por agua” (ahogados, tocados por un rayo etc.) iban al Tlalocan con el dios del agua y los pequeños muertos antes de nacer regresaban al Chichihuacauhco (Lugar del árbol amamantador). Para llegar al descanso eterno, se tenía que hacer un duro y largo viaje desde la Tierra al Mictlán, este estaba formado de 9 lugares, 8 tenían retos para los muertos y en el 9 era el espacio para el descanso eterno. 1.- Apanohuaia o Itzcuintlan: Aquí había un río caudaloso, la única manera de cruzarlo era con ayuda de un xoloitzcuintle. Si en vida no se había tratado bien a algún perro, el muerto se quedaba en esta dimensión por la eternidad, es de este punto donde nace la famosa historia que se traspasa de generación en generación sobre el cuidado de los perros para que te crucen del otro lado del río, historia que muy seguramente a más de un lector, sus abuelos y padres les contaron. 2.- Tepectli Monamictlan: Lugar donde los cerros chocan entre sí. 3.- Iztepetl: Cerro de navajas; este lugar se encontraba erizado de pedernales. 4.- Izteecayan: Lugar en el que sopla el viento de navajas; este era un sitio con una sierra compuesta de ocho colinas y nevaba copiosamente. 5.- Paniecatacoyan: Lugar donde los cuerpos flotan como banderas; este lugar estaba al pie de la última colina del Izteecayan y ahí empezaba una zona desértica muy fría, compuesta de ocho páramos que había que recorrer. 6.- Timiminaloayan: El lugar donde flechan; aquí se decía era un sendero en cuyos lados manos invisibles enviaban puntiagudas saetas hasta acribillar a los pasantes. 7.- Teocoyocualloa: Lugar donde las fieras se alimentan de los corazones. En este pasaje, los jaguares del dios Tepeyollotl les abren el pecho y se comen los corazones de las ánimas. 8.- Izmictlan Apochcalolca: El camino de niebla que enceguece; en este lugar; se tenían que vadear nueve ríos antes de llegar al sitio donde le esperaba su descanso. 9.- Chicunamictlan: Aquí las almas encontraban el descanso anhelado. Era el más profundo de los lugares de los señores de la muerte. Después de pasar todos estos obstáculos, se llega a la liberación de su tetonalli (alma). El viaje póstumo dura cuatro años. Es así como de la unión de dos culturas se da paso a lo que hoy se conoce como la tradición de día de muertos, una cultura viva que ha traspasado fronteras, unidos en el recuerdo, unidos en el tiempo y unidos en el amor. Psic. Jonathan García Mezhua Stanley Brandes, 1998. “The Day of the Dead, Halloween, and the Quest for Mexican National Identity.” Journal of American Folklore 111 (442): 359-380. Museo Nacional de Etnografía y Folklore de Bolivia, 2004. Todos Santos: Xiwatanakanurupa. Editado por Varinia Oros, Gustavo Suñavi, y Milton Eyzaguirre

¿Cómo sobrellevar el duelo en estas épocas?

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] Con el correr de los meses se acercan fechas que son especialmente significativas, que recuerdan a la sociedad lo importante que es la relación que tenemos no solamente con la vida, sino también con la muerte. En México se celebra una época especial dedicada a quienes físicamente nos han dejado, honramos la vida de nuestros seres queridos los primeros días del mes de noviembre de manera especial. Y mientras las calles y la publicidad dan un aire festivo, es posible que en casa la melancolía tras la pérdida de un ser querido se anteponga y traiga consigo nuevas emociones a un proceso de duelo vigente. Y es que los seres amados que han trascendido son los protagonistas de la festividad del Día de muertos, su recuerdo y su historia cobran un significado especial al saber que (de acuerdo con las creencias más tradicionales) durante unas horas ellos volverán para visitarnos, y aún para quienes creen que no se trata de una visita, estas fechas traen consigo el recordatorio de que para celebrar la vida debemos también aceptar que la muerte forma parte de ella, que no se trata de su antítesis a la cual debemos temer sino que es la continuación natural de la vida. El recordatorio constante y valioso de que la única muerte verdadera es el olvido y la importancia de atesorar la esencia de quienes amamos son aspectos que pueden ayudar en la elaboración de un sano proceso de duelo en tanto suman una perspectiva que empodera al ser humano, y esto es relevante dado que las emociones del duelo suelen percibirse como intensas y producir sentimientos de desesperanza y vacío que dificultan reincorporarse a la vida cotidiana sin el ser querido, llegando incluso en ocasiones a una autopercepción de indefensión ante la vida que deriva de pensamientos sesgados por la carga emocional. Y si bien la tristeza puede ser particularmente abrumadora en estos días, esta puede ser una oportunidad de dejar fluir sentimientos y pensamientos que anteriormente fueron reprimidos ante la incertidumbre de no saber qué hacer con el recordatorio diario de la ausencia física de quienes amamos, es fácil echarles de menos con impotencia, pero ahora, en esta época que es tan suya existe un entorno que no solo evoca el pasado, sino que invita a celebrar la vida aceptando el hecho de que físicamente nuestros seres queridos ya no se encuentran con nosotros, más no por ello han dejado de existir, pues perduran sus historias, anécdotas, lugares, costumbres, y todo lo que constituye su legado. El camino del duelo requiere como fundamente ser honesto con uno mismo para determinar qué actividades implican sobre exigirse y cuáles es posible realizarlas aun si es doloroso, que estas fechas pueden ser en realidad una oportunidad para descubrir (solos o en familia) una nueva razón por la cual vale la pena este viaje al que llamamos vida, pero para descubrir algo nuevo es necesario aceptar que puede ser doloroso que las cosas no sean como antes o que el día de muertos vigente haya una nueva ofrenda que añadir, pero si existe voluntad es posible honrar la vida y sonreír nuevamente. Se trata de una época de oportunidades en lo que respecta al duelo: existe la oportunidad de vivir de manera más íntima y personal el luto, la oportunidad de reconectar con nuestros antepasados y recobrar tradiciones familiares, reconectar con personas significativas y realizar actividades que honran a quienes han trascendido, recordarlos de un modo sumamente especial e incluso despedirse sin tener que decir adiós. Psi. Adriana Aramis Rosete Viveros

Cuando mi vida cambia: Pérdida de una extremidad

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] Todo tipo de pérdida que conlleve un vínculo emocional genera un duelo, uno de los vínculos más fuertes y consistentes es con nosotros mismos, nuestra mente, sentimientos y cuerpo, perder una parte de él es uno de los mayores temores para muchas personas, a veces ocurre como método para salvaguardar la vida, y otras veces ocasionada por accidentes, se habla de las amputaciones, un duelo del que casi no se conversa, pero existe en demasía. Se puede definir a la amputación como un procedimiento quirúrgico que comprende la extirpación de una extremidad/miembro (brazo o pierna) o parte de un miembro (como un dedo del pie, de la mano, un pie o una mano), (Johns Hopkins Health Care, 2022), Por otro lado, el Instituto Mexicano de Seguro Social (IMSS) en su artículo cuidados generales para los pies en el paciente diabético, menciona que las complicaciones en los pies del paciente diabético, son la primera causa de amputación no relacionada con accidentes; así también, la Dra. María Luisa Moreno Cortés, experta en Neuroendocrinología de enfermedades metabólicas del Instituto de Investigaciones Biológicas (IIB) de la Universidad Veracruzana señala que en 2019 México era el sexto país con mayor número de casos de diabetes a nivel mundial con 12.8 millones; esta cifra solo es superada por China, India, Estados Unidos, Pakistán y Brasil, naciones con mayor población. Teniendo en cuenta este panorama, la problemática es grave, sin contar las personas que pueden tener alguna amputación con respecto a accidentes, que según la Expo Seguridad Industrial (ESI) 2021, señala que hubo 2,154 amputaciones de mano en hombres y 386 en mujeres, ocasionadas por maquinaria o corriente eléctrica, esto solo en accidentes de trabajo. Todo esto acarrea un sinfín de consecuencias emocionales que derivan al duelo por amputación, que como se mencionó a inicio del artículo, es un duelo del que casi no se conversa, pero existe en demasía. En el área del duelo se pueden desencadenar diversas consecuencias en torno a sus etapas que se enumeran, teniendo en cuenta que estas no necesariamente llevan un orden: Negación y Aislamiento: Consiste en el reconocimiento de la extremidad pérdida cuya aceptación es imprescindible, es decir la negación de la pérdida se puntualiza, conlleva la imposibilidad de todo desarrollo consecutivo y puede llegar a perturbar gravemente el contacto y el reconocimiento de la realidad del sujeto, esta es la primera etapa del proceso, permite amortiguar el dolor y asimilar la pérdida, se presenta más marcada cuando es una noticia inesperada, la negación la suelen experimentar personas que se someten a amputaciones por traumatismo, normalmente aquellas a las que se les ha practicado amputaciones quirúrgicas donde previamente hubo un proceso de aceptación la padecen menos, permitiendo amortiguar el dolor ante una noticia (VELASCO, 2019). Ira: En esta etapa la persona afectada experimenta varios sentimientos, afirma “se piensa que la pérdida fue injusta, se presenta rabia, envidia y resentimiento, suele haber quejas por todo, además de muchas lágrimas, culpa y vergüenza” se enfadan con el mundo y piensan que lo que ha pasado no es justo en su vida. Consiste en la sobrecarga de los vínculos y recuerdos tenidos con la parte amputada alternando con momentos de retiro de estas cargas, a menudo se culpa de la pérdida a Dios, al médico o a otras personas, la negación es sustituida por la rabia, la envidia y el resentimiento, (Paredes, 2019) Pacto: los pacientes intentan posponer la realidad de la amputación y la mayoría intentará regatear con su doctor o alguna autoridad superior lo que están haciendo es imposible, pero de alguna manera ayuda a superar el duelo por pérdida. (paredes, 2019). Tristeza profunda: Se presenta cuando ya no se puede seguir negando la pérdida, la persona se debilita, se siente mal, triste o intranquilo, es normal que piensen que nunca saldrán de esta etapa, pero están lejos de la realidad. En esta fase es un estado en general, temporario y preparatorio para la aceptación de la realidad en el que es contraproducente intentar animar al doliente y sugerirle mirar las cosas por el lado positivo, la tristeza sustituye a la rabia. (Calderón, 2014) Aceptación: Es la etapa se acepta la pérdida y se asume que se debe seguir sin aquello que ya no es parte de sí mismo, es en esta parte del proceso en la que se llevan a cabo, permiten el aprendizaje de la nueva condición que acaba de comenzar también de incorporar nuevos intereses. (Paredes, 2019) Cabe señalar que cada persona experimentara de diferente manera las etapas y en diferente cronología, para el afrontamiento del duelo seguimos a González Reza et al., (2017) quien asegura existen dos tipos de recursos de afrontamiento: (a) los recursos internos, como el sentido del humor, el autocontrol, visión del futuro, espiritualidad y las habilidades personales; y (b) los recursos externos, entre los que se encuentra el apoyo familiar, social, instrumental y económico, teniendo más importancia los recursos externos, dado que es posible los recursos internos sean complicados de procesar por el individuo en duelo. La familia toma un papel de importancia como fuente principal de soporte, consejo, control, desarrollo de tareas cotidianas, seguimiento de los cuidados y cumplimiento de las recomendaciones médica, es recomendable que los integrantes de la familia puedan dotar al individuo de capacidades de afrontamiento como: • La gestión emocional: técnicas de respiración y de concentración del aquí y ahora. • El autocontrol: Reconocimiento y aceptación de las emociones y sentimientos, canalizadas a conductas saludables • Fortalecimiento de la resiliencia: Se trabaja brindando el apoyo sin juzgar o criticar, tratando de validar su sentir • La confianza para que haga actividades (no sobreprotección): Pueden realizar actividades sencillas, es importante se le involucre, el objetivo es que se sientan útiles y que no son una carga • La revaluación positiva: Aprender de las situaciones difíciles y el agradecimiento a ellos mismos por estar pasando por este proceso. • La aceptación de responsabilidades: La reflexión de aceptar el papel que le corresponde en su tratamiento médico. Cabe

Como afrontar una pérdida provocada por VIH

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] Anteriormente, se ha descrito de manera general las particularidades del “Duelo por pérdida de la salud” en un artículo dentro de éste mismo blog, así como las características y distinciones de los “Duelos complicados”. Para un mejor marco de referencia se recomienda leer dichos artículos antes de proceder con este. “Hay que desafiar el prejuicio de que VIH es sinónimo de muerte desde el momento en que se diagnostica. Esta pesada asociación puede afectar la calidad de vida desde el principio, haciendo que la persona se deprima emocionalmente al grado de no poder con las complejas medidas de cuidado que se requieren para enfrentar la infección” (Althaus E., 2010) Esta observación de la Dra. Esther E. Althaus Roffé de la Asociación Mexicana de Terapia Familiar da de lleno en el “por qué” es necesario hablar del duelo que se origina a raíz del diagnóstico por Virus de Inmunodeficiencia Humana (VIH). Y es que se trata de un diagnóstico que trae consigo una fuerte carga cultural de estereotipos y estigmas entorno al portador y sus condiciones de vida, así como también respecto al contagio, pronóstico, e incluso tratamiento. Porque si bien la sociedad se encuentra en constante cambio, también es cierto que no todos los aspectos se transforman a la par, pues mientras la medicina ha logrado avances y descubrimientos que han permitido revocar la etiqueta absoluta e indiscutible de “condena de muerte” al VIH todavía se difunden mitos y percepciones desactualizados que desinforman a la población general. Algunos de éstos mitos y prejuicios que siguen vigentes desde la década de los 80´s son: “seguro es promiscuo/a”, “esa enfermedad es de homosexuales”, “por algo le están castigando”, “no puedes vivir con alguien así” entre otros más que en muchas ocasiones son un obstáculo para un estado mental saludable del paciente con VIH. Y es que al respecto la investigadora Lore Aresti de la Universidad Autónoma Metropolitana de México hace énfasis en el miedo como un factor decisivo, dado que “el VIH introduce un tipo de miedo vinculado con la realización y continuidad de la vida”, es decir, la muerte pasa de ser una idea lejana a una realidad cercana que produce un estado de tensión, ira, ansiedad, desaliento, negación y/o desesperanza, mismos que forman parte de un proceso de duelo por pérdida de la salud que de ser ignorado o suprimido tendrá repercusiones en el desarrollo de la enfermedad crónica, puesto que “la psico-neuroinmunología ha comprobado la asociación de la inmunosupresión con estados emocionales negativos como experimentar sentimientos de miedo, vergüenza, aislamiento, rechazo, culpa. El estrés agudo y sostenido frente a la inexorabilidad de la evolución anunciada crea la llamada fisiología de la desesperanza, que no tarda en convertirse en profecías autocumplidas.” (Aresti L., 2001, pág. 33) Para vivir un duelo saludable es necesario cambiar la perspectiva que se tiene respecto a las Enfermedades de Transmisión Sexual, lejos de la vergüenza y el señalamiento para dar paso a la aceptación y la información, que el diagnóstico no conlleve al ocultamiento como respuesta predilecta por miedo al rechazo, porque incluso si las circunstancias del contagio suscitan sentimientos intensos (como pueden ser traición, impotencia, ira, injusticia, etc.) las personas con un diagnóstico seropositivo  son mucho más que su enfermedad, y cuando los individuos y su entorno social son capaces de ver esto existe la base necesaria para la elaboración de un duelo saludable, con el acompañamiento y el apoyo que todo duelista merece. Psi. Adriana Aramis Rosete Viveros Referencias: Aresti, L.  (2001) “¿VIH = SIDA = MUERTE? o La construcción social de una condena.” Fondo Cultural Albergues de México. México. Althaus E. (2010) Tengo VIH y aquí estoy.  [Resumen de presentación de congreso] Recuperado de: https://www.ilef.com.mx/tengo_vih.pdf Aresti L. (2019) El miedo y la muerte Recuperado de: https://docplayer.es/21499981-El-miedo-y-la-muerte-lore-aresti-de-la-torre.html

Duelo por pérdida de la salud: cáncer

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] El duelo es un tema de considerable importancia en el abordaje de los pacientes al final de la vida para los profesionales de la salud que intervienen en los cuidados de este tipo de pacientes. Meza (2008) afirma qué, el duelo es la reacción natural ante la pérdida de una persona, objeto o evento significativo; o, también, la reacción emocional y de comportamiento en forma de sufrimiento y aflicción cuando un vínculo afectivo se rompe (p.28). Las circunstancias del paciente oncológico y algunos factores de riesgo suelen ser características que propician que se desarrolle un duelo patológico, que se puede definir según Horowitz (1980) como aquel cuya intensificación llega al nivel en el que la persona está desbordada, recurre a conductas desadaptativas, o permanece inacabablemente en este estado sin avanzar en el proceso de duelo hacia su resolución. También es importante destacar las intervenciones del profesional de salud para abordar a estos pacientes, de ahí la importancia de capacitación del personal de salud en materia de trabajo empático, cálido y digno. El cáncer es un problema de suma relevancia dentro del apartado de la salud física y emocional que amenaza la salud comunitaria en todo el mundo, y afecta en general a toda la familia del paciente. Lo experimentado en el proceso oncológico puede llevar a sufrir estrés postraumático, y son característicos los pensamientos intrusivos, la hiperactivación y la evitación emocional, de la misma manera el paciente oncológico pudiera encontrarse en constante batalla por los pensamientos (intrusivos) de su propia muerte, a esto se le llama duelo anticipado, como lo explica Meza (2008) es aquel en el cual el duelo no comienza en el momento de la muerte, sino mucho tiempo antes. Cuando se emite un pronóstico de incurabilidad, se produce tristeza en el familiar, pero también una adaptación más o menos inconsciente a la nueva situación que se acaba de crear, que ofrece a las personas involucradas la oportunidad de compartir sus sentimientos y prepararse para la despedida. Durante el proceso de duelo en el paciente oncológico es común que se produzcan pérdidas y algunos cambios, algunos son: • La dependencia emocional que se asocia con el dolor. • Angustia espiritual • Pérdida de autoimagen • En ocasiones el paciente piensa y cree que ha perdido su dignidad. Otras pérdidas que pueden aparecer son: la pérdida de la privacidad, de control financiero, la autonomía y la pérdida del papel anterior en la familia, también la pérdida de lo que se deja atrás, que se ha amado, ya que todo ha cambiado, la transición de una persona de su rol habitual, padre, madre, hijo, trabajador, abuelo, tío, amiga, compadre, suegro, suegra etc., al papel de paciente de cáncer es difícil, pero también, pasar de ese rol al de cuidadora o cuidador. La persona pone en marcha ciertos mecanismos de protección, por ejemplo: anticipar y planificar para no ser abrumados por la carga emocional; la esperanza al mismo tiempo, la resignación. Así también se deben tomar en cuenta las perdidas relacionales secundarias a la degradación de relación física y emocional, como la ambivalencia entre mantenerse contra la enfermedad y a la vez realizar las tareas de final de la vida, en muchas ocasiones cuando la enfermedad es muy agresiva el final se vuelve una esperanza de descanso, el trabajo de duelo oncológico es uno de los más complicados por todo lo que implica. Algunas recomendaciones: • Pregunten si hay algo que quieran hacer (pedir perdón) • Despedirse si es necesario • Preguntar que es lo que quiere después de la vida (cremación, inhumación, liberar esencias en el mar, ser sepultado en su lugar de origen, si quiere o no velación) • Permitirse el llanto Al final de todo, la satisfacción que quede de haber estado es la que más adelante hará sanar el duelo, en vida, hermano en vida. Psic. Jonathan García Mezhua   Bowlby J. Vínculos afectivos. Formación, desarrollo y pérdida. 3ª ed. MadridEspaña:Morata; 2000. p.p 107-8, 11 Meza Dávalos, E., & García, S., & Torres Gómez, A., & Castillo, L., & Sauri Suárez, S., & Martínez Silva, B. (2008). El proceso del duelo. Un mecanismo humano para el manejo de las pérdidas emocionales. Revista de Especialidades Médico-Quirúrgicas, 13 (1), 28-31.

Duelo por pérdida de la salud

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] Al hablar de enfermedad se suele hacer referencia a aspectos exclusivamente físicos del deterioro de la salud, como por ejemplo la existencia de dificultad para respirar, dolor corporal, entre otros signos que dejan en claro la necesidad de apoyo y atención. Sin embargo, un aspecto igualmente importante que suele infravalorarse son las repercusiones emocionales de la pérdida de salud, entre las cuales está la existencia de un duelo. Como punto de partida cabe mencionar los duelos intrapersonales, que son aquellos en los que ocurre “la pérdida de aspectos o partes del self, es decir, de uno mismo y/o de nuestra identidad” de acuerdo con el Centro Logopédico Komunikat (2018). Esto es importante, pues el diagnóstico de una enfermedad crónica (como son el cáncer, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, enfermedades cardiovasculares y la diabetes, entre otras) conlleva el deterioro de la vida misma en múltiples áreas y por ende una disminución de la calidad de vida, rompiendo con el statu quo y generándose así una sucesión de pérdidas intrapersonales como pueden ser la pérdida de autonomía, de seguridad, de autoestima, de relaciones, de trabajo, etc. Todo lo anterior puede ser englobado como duelo por pérdida de la salud al identificarse como causalidad el deterioro del individuo y la percepción que tiene el enfermo de su vida antes, durante y después del diagnóstico, pues en ocasiones basta la sola sospecha, mención o confirmación de enfermedad para que una persona inicie su camino del duelo. Y es que una vez más es necesario recordar que el duelo en sí es un proceso tan variado y único como los individuos que lo atraviesan, aunque ciertamente existen una serie de “pautas” dadas por el estudio de los duelistas desde la tanatología y la psicología por lo que de manera general el fin último de este proceso es la aceptación resiliente de la nueva realidad que supone tener que vivir sin aquello que anteriormente era parte importante de mi vida. En este tipo de duelo específico, existe la necesidad de encontrar una nueva identidad más allá de quién soy, por lo que tengo o por lo que puedo hacer con mi cuerpo (habilidades, ocupaciones y capacidades). Si bien lo primordial es la percepción que tenga la persona acerca de su vida y la flexibilidad para aceptar ciertos cambios en la rutina, planes a futuro y posibilidades de desarrollo personal, cabe hacer mención a la importancia que tienen las redes de apoyo en esta circunstancia, especialmente cuando es esa misma red quien se vuelve responsable de los cuidados y/o de asumir roles que la persona enferma se ve incapaz de realizar debido a su condición. Aprender a delegar, pero también a cooperar se vuelve sumamente importante porque la tendencia es que existan mayores demandas para toda la familia (independientemente de que participen en el tratamiento todos los integrantes o se designe un cuidador principal) con lo que la atención y el apoyo que se brinden tienen la facultad de influir positivamente en el bienestar del doliente y ser un factor de protección contra la angustia y la impotencia que suelen acompañar este proceso. Recordar como familia que nunca es tarde para encontrar nuevas rutinas, interacciones, hábitos y aficiones que suman valor positivo a nuestras vidas, y qué juntos somos más fuertes. Psi. Adriana Aramis Rosete Viveros   Referencias: Gómez Palomar E. (2018) Duelo y tipos de pérdida Centro Logopédico Komunikat Recuperado de: https://www.logopedia-barcelona.com/duelo-tipos-perdida/

Duelo por Suicidio

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] Por sí misma, la muerte toma por sorpresa a los seres queridos de quien trasciende, y aun si se trata de una larga enfermedad degenerativa que conlleva de manera lógica a un deceso anticipado, el hecho es que suele existir aún algo de impredecible en cuánto a cuál será el momento exacto del deceso y el contexto preciso en que ocurrirá. En artículos anteriores como Duelos complicados y Duelos trágicos se ha abordado la existencia de condiciones específicas que pueden dificultar más el ya complejo proceso de duelo y que constituyen por sí mismas factores de riesgo que dificultan y/u obstaculizan una sana resolución del duelo, y entre ellos se encuentra el suicidio. La sola mención de la palabra “suicidio” puede evocar conflicto al tratarse de un tema tabú aún a la fecha, ya que atentar contra la propia vida es percibido como un acto antinatural, que escapa a la lógica y por ende no solo es incomprensible, también es inconcebible para la mayoría de la sociedad, esa misma sociedad que conforman los dolientes o “sobrevivientes” al acto suicida y también su red de apoyo. Y es que si bien el duelo es un proceso personal, es imposible dejar de lado el aspecto social que inevitablemente permea todos los aspectos de la vida y por ende también de la muerte, como son la existencia de prejuicios que polarizan el acto suicida con ideas del tipo “lo hizo porque era débil” por un lado, y, “seguro necesitó mucho valor para hacerlo” por el otro. Para familiares y amigos se trata por sí mismo de un evento devastador e incluso traumático, con consecuencias a corto, mediano y/o largo plazo de no contar con el apoyo necesario. De acuerdo con la “Guía para familiares en Duelo por suicidio” de la Asociación de Investigación, Prevención e Intervención del Suicidio (Asociación-Red AIPIS) publicada en 2019 “algunas de las causas que diferencia el duelo por suicidio de otros tipos de duelo es la culpa irracional, la estigmatización social, pensamientos reiterados buscando el por qué y, en algunos casos, la ocultación y la vergüenza.” Y es que el silencio es el principal enemigo de los dolientes, un silencio que va desde negar las causas del deceso hasta negar que se está viviendo una situación desgarradora llena de un dolor que es completamente natural y válido, pues al involucrar un tema tabú los individuos directamente se privan de externar lo que sienten y lo que piensan ante la ausencia física de su ser amado, pues el peso del estigma es tan grande que en primera instancia puede opacar lo que verdaderamente importa: reconocer la individualidad de quien ha trascendido y que no existen buenos ni malos ni culpables. Es posible encontrar motivos para continuar y sonreír, pero para ello es necesario hablar del dolor y atravesarlo de manera activa, recordando que solo somos dueños de nuestras propias decisiones y únicamente podemos escribir nuestro propio destino. Psi. Adriana Aramis Rosete Viveros   Asociación-Red de Investigación, Prevención e Intervención del Suicidio (2019) Guía para familiares en duelo por suicidio, Madrid, España. Editado por la Oficina Regional de Coordinación de Salud Mental. Recuperado de: http://www.madrid.org/bvirtual/BVCM020325.pdf    

Como ayudar a familiares y amigos que pasan por esto

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] En momentos difíciles, es socialmente aceptado el buscar dar consuelo a las personas afligidas, esperando que las palabras que se digan traigan paz y tranquilidad ante la causa que originó dicho sentir. Es probable que se tenga mucho miedo o angustia ante la situación, pues si una persona cercana dice que está pensando en suicidarse o dice cosas que te hacen pensar que está considerando suicidarse, quizá no se tenga la certeza sobre qué hacer para ayudar, si se debería tomar en serio la charla sobre el suicidio o si la intervención podría empeorar la situación. Por eso, todo lo que se haga o se diga debe ir encaminado desde el amor y el cariño que se tiene a la familia y amigos, no obstante, en ocasiones, pudiera ser que, en vez de hacerle un bien, se produzca malestar, que se lastime en vez de reconfortar, por lo que, es importante tener mucho cuidado a la hora de escuchar a nuestros seres queridos, en ese momento donde se debe tener cuidado con lo que se dice a la persona que está pasando por esta situación, pues muchas veces no se busca una solución o un consejo, sino más lo que desea la persona es consuelo, validación y acompañamiento, pues según Martín y Alfaro (2021), en su artículo de prevención del suicidio, lo más importante es estar ahí para ellos, aunque en ocasiones sean silencios, son importantes de igual forma, porque no necesitan que les rescatemos de su dolor, sino más bien que se les haga saber que está bien y es sano sentirlo en ocasiones. Es importante reconocer que como seres humanos no se está exento de vivir situaciones difíciles, que nos dañen y duelan, ya sea la perdida de un ser amado o algún acontecimiento que desestabilice a la persona, es entonces donde podríamos estar hablando de un trastorno del estado de ánimo, ansiedad o algún trastorno de estrés. Según el DSM-V (2014), que es el Manual Diagnóstico y Estadístico de los trastornos mentales, estos pueden ser: • Trastorno de Depresión mayor: Estado de tristeza sumamente profundo donde la persona presenta inestabilidad anímica, poco o mucho apetito, pasa grandes periodos del día durmiendo o existe dificultad para conciliar el sueño, poco disfrute por las cosas que antes gustaba de hacer, sentimiento de inutilidad o ganas de desaparecer, donde puede o no haber ideación suicida. • Trastorno de Desregulación Disruptiva del Estado de Ánimo: Momentos de cólera o ira graves y recurrentes que se manifiestan verbalmente mediante ofensas, faltas de respeto y/o con el comportamiento, agrediendo físicamente a personas, lugares o bienes, y cuya intensidad o duración son desproporcionadas a la situación o provocación. • Trastorno de Ansiedad Generalizada: ansiedad y preocupación excesiva (anticipación aprensiva), que se produce, en relación con diversos sucesos o actividades (como en la actividad laboral o escolar). • Trastorno de Pánico: Ataques de pánico imprevistos recurrentes. Un ataque de pánico es la aparición súbita de miedo intenso o de malestar intenso que alcanza su máxima expresión en minutos, donde la persona puede sentir una desesperación profunda al grado de experimentar sensación de muerte súbita. • Trastorno de Estrés Agudo: Exposición a la muerte, lesión grave o violencia sexual, ya sea real o amenaza, por lo que la persona al ser expuesta ante dicha situación experimenta sensaciones de recuerdos angustiosos, malestar psicológico persistente, miedo, incapacidad de disfrute, entre otras. Recordemos que, lo antes mencionado no se trata de una enfermedad, y no hay nada malo con quien pudiera llegar a padecerlos, simplemente necesita otro tipo de acompañamiento y atención de profesionales en el área, como un psiquiatra, psicólogo o psicoterapeuta para que él o ella mismo pueda tener un ritmo de vida lo más saludable dentro de sus posibilidades.   Por lo que, si se conoce a alguien que tenga lo antes mencionado, lo recomendable es evitar frases como: • Échale ganas. • Siempre hay alguien que la tiene peor. • Ya no estés deprimido. • Pero tienes (algún objeto de valor, familia, dinero, etc.), no puedes estar triste. • Estás exagerando. • No es para tanto. • Ni parece que tienes depresión.   Pues estás, pudieran incomodar o hacer sentir mal a quien las escucha, porque si la persona tuvo la confianza de compartir su sentir, expresar lo que le duele y explicar el porqué de su cambio de actitud, al decirle cualquiera de las frases antes mencionadas, es posible empeore su condición.   Lo que si se puede decir para reconfortar al otro es: • Estoy aquí para ti. • No estás solo. • Debe ser muy difícil estar pasando por esto. • Siento mucho que estés pasando por esto. • ¿Hay algo con lo que te pueda apoyar? • No estás exagerando. • Si necesitas llorar, yo estoy aquí para acompañarte. • Llorar no te hace ser débil. • No eres débil por estar pasando por esto.   Hacerle saber que se está ahí para él o ella, validar sus emociones, escucharles sin juzgar y promover en ellos el seguimiento del tratamiento adecuado indicado por el profesional de la salud. La familia y amigos son vínculos afectivos, redes de apoyo importantes en todo ser humano, pues el permitirse, sentir, experimentar y validar las emociones que se viven, es un trabajo complejo, pero puede ser más fácil en compañía de los que te quieren. Recordemos también que no es malo el reconocer que se requiere de atención psiquiátrica y psicológica, en el caso de los trastornos ante mencionados, mediante una valoración psicológica se obtiene un diagnóstico emitido por un psicoterapeuta o psicólogo, posterior a eso dependiendo de la gravedad y nivel del mismo es como se deriva para recibir atención psiquiátrica. Este es un trabajo multidisciplinar, por lo que se requiere de trabajo colaborativo entre el psiquiatra, el psicólogo y el paciente. En este mes de septiembre y siempre, les invitamos a reconocer la importancia de expresar emociones, sentimientos y aquello que duele, porque es mejor una lágrima a tiempo, porque

Mitos y realidades del suicidio

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] El suicidio se define como la acción de privación de la vida por voluntad propia, va desde el simple hecho de pensarlo, lo que llamamos ideación suicida, hasta un plan más elaborado culminando con dicho acto. Su prevalencia ha ido aumentando con el paso de los años, según Gutiérrez Contreras, Orozco y Rosselli (2006) en su artículo El suicidio, conceptos actuales, en el año 2000 se suicidaron más de un millón de personas en todo el mundo, se ha observado además que esto aumenta con la edad de las personas. Es multifactorial, no obstante, es común en personas que padecen el trastorno de Depresión Mayor. Es un proceso que tiende a escalar, iniciando a partir de pensamientos acerca de atentar contra la vida, seguido de los primeros intentos de llevar a cabo un acto suicida, incrementando gradualmente la mortalidad de los mismos, para culminar en la muerte del individuo. Dentro de los factores de riesgo más comunes se encuentran; Alguna perdida reciente (por el trascender, divorcio, separación, material, de la salud, etc.), inestabilidad familiar, trastornos afectivos, ansiedad, esquizofrenia, bipolaridad (tipo 1 o 2), alcoholismo, drogadicción, trastorno de la personalidad antisocial, enfermedades incapacitantes, dolorosas o en etapas terminales, entre otros. Hay muchas creencias e ideas dentro de los prejuicios que la sociedad tiene ante dicho acto, en ocasiones van desde el miedo ejercido por la religión o el contexto en sí. Si bien sigue siendo un tema tabú y un secreto en algunas familias, hoy en día se tiene un nuevo cuidado de la salud mental de las personas. Según la Confederación Salud Mental en España (2018) algunos de los mitos más comunes que se tienen son; que se realiza para llamar la atención, que la persona que atenta contra su vida no avisa, que o son egoístas, cobardes o valientes, que los medios de comunicación al hablar acerca de esto motivan a que se lleve a cabo y que no se puede prevenir. Cuando la realidad es otra, pues partiendo sobre cada uno de estos mitos, lejos de ser un acto para llamar la atención, es una manifestación del sufrimiento y la desesperanza que siente la persona, pues mediante acciones, palabras y actitudes el ser humano en ocasiones busca el auxilio de los que le rodean, mediante la difusión de información responsable se puede ayudar a prevenirlo, primeramente, validando y acompañando a las personas que se sienten de esta forma. Es trabajo de cada uno de nosotros el ser responsables de nuestras acciones, actitudes, pensamientos y palabras que decimos ante los demás, pues al minimizar el dolor ajeno podemos estar reforzando estas ideas en aquellas personas que han pensado en cometerlo. Muchas de las acciones que podemos hacer para apoyar a nuestros seres queridos que están pasando por momentos difíciles es hacerles saber que no están solos, (siempre de manera no intrusiva), acompañándoles, demostrando con acciones el amor que se les tiene y lo valiosos que son, no invalidando su dolor independientemente dela causante del mismo y evitando decir frases como “échale ganas”, “el tiempo lo cura todo”, “estás exagerando hay gente que la tiene peor”. Recuerden que no están solos y que no está mal pedir ayuda si se necesita, tanto de la familia como de grupos de apoyo externos y acompañamiento de profesionales del área de la salud. Psic. María Isabel Rivera García Referencias Gutiérrez, A., Contreras, C., Orozco R., Rosselli, C., (2006) El suicidio, conceptos actuales, Salud Mental, vol. 29, núm. 5, septiembre-octubre, 2006, pp. 66-74. Recuperado de: https://www.redalyc.org/pdf/582/58229510.pdf Confederación Salud Mental España, (2018) Mitos y realidades sobre el suicidio. Recuperado de: https://consaludmental.org/sala-de-prensa/mitos-realidades-suicidio/

Hablemos del suicidio

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] La revisión etimológica de la palabra “suicidio” nos lleva a los vocablos latinos sui que significa “a sí mismo”, y cidium “matar”, por lo que entendemos la definición de esta palabra y sus derivados (por ejemplo “suicidarse”) como una conducta autodestructiva con intención en la que el individuo está consciente de que ya sea por omisión o acción propia puede disminuir su integridad o inclusive llegar a ocasionar su propia muerte. Mientras lo establecido como normatividad impulsa a una mayoría a alejarse de la destrucción y el caos, aquellos que se desarrollan bajo las conductas suicidas (autodestructivas) buscaran acercarse a situaciones y personas que los lleven a ello. A diferencia de las etapas previas al suicidio consumado, donde bien pueden presentarse con mayor o menor medida conductas de riesgo para la integridad del individuo, cuando hablamos de ideación suicida entendemos que la persona ya ha pasado por la búsqueda de las herramientas que puedan ayudarlo a conseguir su último objetivo: quitarse la vida. Estamos hablando de la muerte resultado de un acto suicida. Si este deseo de morir es lo suficientemente consciente, podemos hablar de tentativas frustradas a lo largo de la vida de un sujeto hasta que las conductas temerarias fruto de su deseo inconsciente salen a flote y dominan su comportamiento. El individuo que llega a esta etapa ha perdido una batalla personal contra la adaptación y el día a día, se define a este individuo como alguien que si bien en apariencia puede haber tenido éxito en satisfacer sus necesidades y/o establecer relaciones interpersonales sanas, vive una realidad subjetiva muy distinta. Pueden desglosarse las características que aumentan las probabilidades de padecer conductas suicidas como factores biológicos, psicológicos, familiares y sociales, bajo el entendido de que todos interactúan e influyen en cómo se configura el fenómeno suicida. Uno de los factores ampliamente vinculados al respecto con la ideación suicida es la sintomatología depresiva junto con una baja autoestima, entendiéndose entonces que el riesgo de un suicidio consumado aumenta cuanto mayor es la sintomatología depresiva en un sujeto. Cabe recalcar la normal divergencia de estados anímicos en el humano, que incluyen sentimientos de melancolía o tristeza sin que estos vayan más allá de la sensación pasajera y desaparezcan al cabo de unos días como máximo; por otra parte, en el caso de la sintomatología depresiva se trata de sentimientos cuya prolongación temporal e intensidad le otorgan la capacidad de interferir con la vida diaria y el desempeño normal de la persona que los padece, causando una serie de efectos colaterales que abarcan desde el individuo que ha perdido el equilibrio psico-social hasta la gente de su entorno que se preocupa o ve sus propias actividades coartadas. De acuerdo con datos estadísticos de la Secretaría de Desarrollo Social (SEDESOL) del 2016, en promedio cada año se registran 1500 suicidios en todos los rangos de edad, lo que demuestra que la tasa de suicidios en el país ha ido en aumento: en el año 2000 la cifra fue de 3.7 casos por cada 100 mil habitantes y en 2014 el índice había subido a 4.9 por cada 100 mil habitantes, haciendo un total de 434 muertes. Si bien todas las sociedades se enfrentan a distintos cambios de estructura que influyen en la filosofía de su cultura particular y por ende afectan el desenvolvimiento de los individuos que les conforman, en el caso particular de la conducta suicida en la actualidad se observa que “En gran parte del mundo el suicidio está estigmatizado, es decir, condenado por razones religiosas o culturales, y en algunos países el comportamiento suicida constituye un delito castigado por la ley. Se trata pues, de un acto subrepticio y rodeado de tabúes” (OMS, 2018, p.23). Lo último adquiere especial significado cuando se tiene en cuenta como un hecho la voluntariedad del acto por parte del suicida, hecho que añade un nuevo significante a la concepción cultural acerca de la muerte que se encuentre imperando en su entorno, abonando al proceso de duelo y pérdida física un nuevo impacto para la familia y aquellos que conforman el contexto inmediato del fallecido, transformándolo en un acto individual transgresor de la “normalidad” en múltiples situaciones. No existe una distinción de acuerdo al estrato social, económico, intelectual e incluso de edad, se trata de un problema sin poblaciones de riesgo específicas cuyas causas, al ser tan variadas como personas padeciendo ideación o deseos suicidas, hacen a su vez que el tratamiento y sobre todo la prevención de sucesos de esta índole sea un trabajo arduo. Por todo lo anterior es de suma importancia poner atención a las situaciones de vida, pensamientos e ideas de quienes conforman nuestro entorno, para detectar oportuna y tempranamente los pensamientos y sentimientos de desesperanza sin normalizar el sufrimiento de ningún ser humano, pues de ello dependerá la vida de individuos sanos. Psi. Adriana Aramis Rosete Viveros   Referencias: Organización Mundial de la Salud (2018) Nota descriptiva. Suicidio: Datos y cifras. Recuperado de: http://www.who.int/es/news-room/fact-sheets/detail/suicide Secretaría de Desarrollo Social (2016) Programa nacional de protección de niñas, niños y adolescentes 2016- 2018. Recuperado de: https://www.dof.gob.mx/nota_detalle.php?codigo=5494057&fecha=16/08/2017#gsc.tab=0

Sentido de vida del adulto mayor

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] Durante las distintas etapas del desarrollo humano, al igual que hay cambios físicos, también hay cambios cognitivos, el hecho de socializar con otros, nos hace seguir creciendo, sin importar el pasar del tiempo. La mejor cualidad del ser humano es esa capacidad de cambiar, nunca se es el mismo, las experiencias, momentos y personas que se conocen fomentan eso. Al igual que cuando se es bebé, niño, adolescente y joven, el adulto mayor continúa teniendo sueños, expectativas y anhelos, la edad no es motivo para dejar de hacer actividades que llenen a la persona. En cada etapa se tienen distintos objetivos, a corto, mediano y largo plazo, en el que las decisiones que se toman impactan mucho en los resultados a futuro. Todos los seres humanos tienen algo que se llama “sentido de vida”, según la psicóloga Elvira Cabada Ramos, (sf), este es subjetivo, varía mucho de persona en persona, es la fuerza que mueve al ser y cada quien encuentra la motivación para seguirlo. Responde a preguntas como “¿para qué estoy aquí?”, “¿quién soy yo?” o “¿Cuál es mi propósito de existir?”, si se pierde puede generar malestar psicológico, físico y causar una sensación de “vacío”. Puede estar ligado a un proyecto de vida, donde se identifica de donde se comienza y hacia donde se quiere llegar, no obstante, aunque se tenga un plan, este puede tener cambios o adecuaciones según se va avanzando, debido a que nada es lineal, el camino cambia, la meta sigue. A lo largo de este camino se van viviendo experiencias, o logros por así llamarle, en el que cultualmente se cree que van de la mano con la edad cronológica del individuo, por lo que se piensa que mientras más joven se sea, más grande es el triunfo, no obstante, mientras más mayor, más se critica y se juzga a las personas, pues, muchas veces se tiene la creencia que las primeras etapas son las más importantes en cuando a vivir experiencias, inclusive se catalogan y se dicen expresiones como “apresúrate que se te va el tren”, debido a esto, en ocasiones puede llegar juzgar a las personas adultas cuando realizan “actividades para jóvenes” como salir de viaje, ir a fiestas, vestir de tal forma, seguir estudiando o inclusive volver a casarse, tener pareja o criar nuevamente. Para ser feliz nunca se hay una edad tope, por lo que toda persona tiene derecho a seguir experimentando y creciendo a nivel profesional o personal sin importar su edad, porque la libertad nos hace merecedores de amor, reconocimiento, pero sobre todo, respeto. Sigamos fomentando el sano desarrollo de nuestros seres queridos, chicos o grandes.   Psic. María Isabel Rivera García   Referencias Cabada, E., (sf) El sentido de vida. Clínica Hospital ISSSTE, Orizaba, Ver. Recuperado de: https://www.salud.gob.sv/archivos/pdf/webconferencias_2021/presentaciones/telesalud/presentacion25022021/EL-SENTIDO-DE-LA-VIDA.pdf

Duelo por jubilación

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] Paradójicamente, una de las constantes en esta vida es el cambio, pues tanto individuos como grupos sociales son alterados por el paso del tiempo y atraviesan distintas etapas donde se transforman por dentro y por fuera. Naturalmente, los seres humanos envejecemos y como cualquier otro suceso propio del ser humano, existen constructos y fenómenos sociales alrededor de la vejez y lo que esta conlleva. Uno de dichos fenómenos es la jubilación, que consiste en el cese de la actividad laboral luego de haber prestado servicio activo como trabajador al cumplir una edad determinada, correspondiente a la vejez (en el marco legal se estipula que a la edad de 65 años el trabajador tiene derecho a recibir una pensión). El cese de actividad laboral en una edad que suele asociarse con el deterioro físico y mental del individuo puede traer como consecuencia una sensación de pérdidas múltiples: salud, juventud, sentido de pertinencia e identidad como persona, son algunos de los aspectos que requieren atención al hablar de un duelo por jubilación. Antes de seguir, es importante recordar que el duelo consiste en el proceso de adaptación y transformación que se suscita ante una pérdida importante en la vida de un ser humano, y no se encuentra limitado al trascender de un ser querido ni a pérdidas materiales, sino que atañe a todo lo que constituye la realidad y se ha interiorizado como propio o “Mío”, formando parte fundamental de la persona.  De acuerdo con el Psiquiatra Bartolomé Freire en su libro “La jubilación” (2017) jubilarse “ha pasado a ser un cambio de etapa establecido y esperado por todos los trabajadores, una transición importante inducida por una serie de cambios que inician un nuevo período de vida” y “es abrir la puerta del último tramo de tu vida”. Lo anterior reafirma el carácter trascendental de la jubilación en la vida, se trata de la desaparición de una estructura y la necesidad de reestructurar los patrones de conducta a la par que el pensamiento. Pasar de un horario preestablecido, con funciones asignadas y personas cuya presencia se da por sentado a la ausencia abrupta de todo lo anterior, puede mermar la capacidad de resiliencia ante los cambios que de por sí ocurren debido a la vejez, como puede ser la disminución de alguno de los sentidos, pérdida de densidad ósea, inadecuación a las nuevas tecnologías, inconvenientes debido a la brecha generacional y los prejuicios sobre la tercera edad que designan al adulto mayor como alguien “incapaz”, entre muchas otras condicionantes. Por todo lo anterior, es muy importante en primer lugar reconocer la existencia de este duelo, y en segundo lugar tener en mente que así como se trata de un final, también existe el potencial de un nuevo comienzo. Es necesario reconocer todo lo que sí se conserva, llámese familia, independencia, movilidad, o sabiduría. El ser humano nunca deja de aprender, y por ende nunca deja de tener potencial. Diversificar los intereses, encontrar alguna actividad física de interés, conocer personas con gustos en común, son acciones que en un principio pueden resultar impensables por parecer complicadas debido al “factor” edad, pero lo cierto es que la voluntad de hacer algo de provecho en la nueva realidad de la vejez es el primer paso hacia un sano proceso de duelo, en donde la aceptación permita reconocer que se puede vivir plenamente, disfrutar de la familia y pasarlo bien independientemente de la edad. Psi. Adriana Aramis Rosete Viveros   Referencia: Bartolomé F. (2017) La jubilación Editorial LID. Recuperado de: extracto-la_jubilacion_a_imprenta.pdf (lideditorial.com)

Duelo por el retiro de los abuelos

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] El ser productivos en el ámbito laboral es algo que genera satisfacción, que se reconozca el desempeño y el arduo trabajo que se realiza, es necesario para obtener una retroalimentación sobre la responsabilidad y la manera en que se labora. De esta forma, la jubilación puede ser vista como algo negativo en la vida, pues significa que ha llegado el momento de retirarse de un lugar donde probablemente se permaneció por un largo periodo de tiempo. Implica modificar la rutina y el dejar de ver a las y los compañeros con los que se convivió por años. Erikson (1950) nos habla acerca de los estadios psicosociales del ser humano, abarcando desde edades tempranas de los 0 a 18 meses aproximadamente, culminando con edades avanzadas como los 60 años o más. En esta ocasión nos centraremos en esa última etapa, “Integridad del yo vs la desesperación”, esta ocurre en la jubilación, cuando la persona es menos productiva que antes, todo esto ocasionado por los cambios que ha experimentado su cuerpo, su mente y su contexto. Tiene que enfrentarse a nuevos retos, duelos de perdidas materiales, de amistades, de familia, entre otros. Es probable que la persona que esté viviendo este duelo se sienta frustrada, triste o molesta, pues, pudiera estar presentando pensamientos sobre ser una carga, no ser autosuficiente y representar un problema para sus familiares, debido a que es también un momento donde más vulnerabilidad presentan los adultos mayores, ya que no solo enfrentan la perdida de su rutina laboral, sino quizá también paso a paso sea observable como su autonomía no es la misma, por lo que necesiten ayuda para realizar actividades como vestirse, alimentarse, bañarse entre otras que antes podían realizar por su cuenta. Los cambios son inevitables, es por esto que progresivamente y paulatinamente se debe introducir estos temas a la comunidad adulta mayor, pues son importantes, sus sentimientos y emociones son válidos. Es por esto que es relevante que se les reconozca a los abuelitos que siguen aportando y que son sumamente valiosos. La jubilación no debe ser vista como algo malo o que significa que no se es funcional, sino como lo que es un descanso de una vida laboral donde se aportó tanto con sabiduría, esfuerzo y productividad durante mucho tiempo, por lo que, todo trabajo merece dicho reconocimiento proporcionando el descanso que se merece, para poder realizar otras actividades que en su tiempo se olvidaron o que por muchos factores no se pudieron hacer. La familia funge un papel primordial en el proceso de adaptación a esta nueva realidad, no obstante, no es malo pedir ayuda profesional si es que se necesita, esto no significa debilidad, al contrario, se necesita de mucha valentía y fuerza el reconocer que no se puede realizar algo solo, por lo que les invitamos a sumar a sus procesos, en caso de ser necesario, ese acompañamiento de algún profesional en el área de la salud. Desde el amor y el cariño, se puede orientar y acompañar, no olvidemos que nuestros abuelitos también merecen eso, la paciencia y el ser asertivos apoyaran mucho este proceso por el que se vive, cada etapa significa un duelo, pero no necesariamente se debe vivir con dolor. Psic. María Isabel Rivera García   Referencias Regader, B. (2015) La teoría del Desarrollo Psicosocial de Erik Erikson. Psicología y mente. Recuperado de https://psicologiaymente.com/desarrollo/teoria-del-desarrollo-psicosocial-erikson Alpízar, I. (2011) Jubilación y calidad de vida en la edad adulta mayor. Universidad Nacional, Costa Rica. Vol. 31, N°42, ISSN: 1409-3928. Recuperado de: file:///Users/marisarivera/Downloads/DialnetJubilacionYCalidadDeVidaEnLaEdadAdultaMayor-4792283.pdf

Cuidado del Cuidador

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] El tener un problema de salud a largo plazo implica un desgaste no solo para quien padece la enfermedad, también se ve afectada la calidad de vida de la o las personas que forman parte de su círculo social debido a las necesidades que surgen por parte de quien está enfermo, especialmente cuando se trata de una enfermedad crónica. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS) en el 2010 “Las enfermedades crónicas son enfermedades de larga duración y progresión generalmente lenta. Son la principal causa de muerte e incapacidad en el mundo.”(2010), lo cual permite suponer que por cada individuo cuyas complicaciones y/o secuelas de enfermedad le incapacitan, o que se encuentra en fase terminal, existe también al menos una persona a cargo de los cuidados correspondientes para brindarle la mejor calidad de vida posible. Cuidar a otro ser humano cuya funcionalidad e independencia disminuyen con el paso del tiempo es una labor que suele ser complicada y demandante, ya que por lo general se asigna a un solo individuo cubrir todas las necesidades (físicas, emocionales y económicas) de quien por lo general es un familiar. Y si bien como familia se suelen tomar decisiones en conjunto y se distribuyen roles para cubrir las nuevas necesidades y carencias que origina el deterioro de al menos uno de sus integrantes, existe una tendencia a asignar mayores cuidados y atenciones a un solo miembro de la familia que tendrá la obligación de destinar la mayor parte de su tiempo y sus recursos, mientras que otros individuos son capaces de seguir con su cotidianidad de manera ininterrumpida. La acción de cuidar se va asumiendo paulatinamente, hasta llegar al punto en el cual la percepción del cuidado abarca las 24 horas del día como cuidador informal, quienes de acuerdo con De los Reyes “no disponen de capacitación, no son remunerados por sus labores y tienen un elevado grado de compromiso hacia la tarea, caracterizada por el afecto y una atención sin límites de horarios” (2001). Y si bien en primera instancia es posible tener la impresión de que las labores de cuidado se encuentran bajo control (repartidas de manera equitativa y justa) a la larga suele existir un desgaste que pasa a segundo plano por tener en primer lugar la salud de quien padece una enfermedad crónica. Ante esto, se vuelve de suma importancia la existencia de una red de apoyo sólida capaz de absorber y redistribuir el desgaste físico y mental, las necesidades de una persona no deben estar por encima de las necesidades de otra, la calidad de vida de todos los involucrados es igual de importante por lo que se necesita una distribución equitativa de labores, reconociendo en primer lugar que existen distintas formas de apoyar en el cuidado. Para poder cumplir el objetivo de brindar la mejor atención a un ser querido con un estado de salud que le incapacita es necesario cuidar la salud personal, el individuo sano está en mejor condición para resolver y apoyar, mientras que alguien presa del desgaste y el agotamiento pierde la disposición y la motivación con mayor facilidad, dando como resultado que a mayor tiempo ejerciendo la labor de cuidador menor actitud de servicio.   Psi. Adriana Aramis Rosete Viveros Referencias: Barrera L. (2006) El cuidado del cuidador que afronta enfermedades crónicas. Recuperado de: http://biblio3.url.edu.gt/Publi/Libros/CyPdeEnfermeria/08.pdf De los Reyes M. (2001) Construyendo el concepto cuidador de ancianos. IV Reunión de Antropología do Mercosur. Foro de Investigación: Envejecimiento de la población en el Mercosur. Curitiba, Brasil. Recuperado de: http://inger.gob.mx/pluginfile.php/1682/mod_resource/content/19/Repositorio_Cursos/Archivos/Promocion/Unidad_IV/PSM_Lectura_Manual_El_cuidado_del_cuidador.pdf Rojas M. (2007) Asociación entre la habilidad de cuidado del cuidador, el tiempo de cuidado y el grado de dependencia del adulto mayor que vive situación de enfermedad crónica, en la ciudad de Girardot. Avances en enfermería Vol. XXV (N° 1) Recuperado de: https://revistas.unal.edu.co/index.php/avenferm/article/view/35899/36914 Organización Mundial de la Salud (2010) https://apps.who.int/iris/bitstream/handle/10665/340700/9789240022966-spa.pdf  

Duelo por trascendencia de los abuelos

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] Los abuelos en muchas ocasiones son el pilar importante de los hogares, llenos de sabiduría y de ese cariño característico que solo pueden dar ellos. El conocerles, convivir con ellos y compartir risas, aventuras y amor son parte importante de los seres humanos. Es por eso que cuando hablamos de duelo por el trascender de los abuelos, es posible que toquemos fibras sensibles, pues uno nunca este preparado para ninguna perdida. Cuando un ser amado trasciende parte de su esencia, se queda con nosotros, sin embargo, es normal sentir tristeza, melancolía e ira ante esta nueva perspectiva de la ausencia física, pues es probable que las visitas que se hacían a su hogar, las reuniones familiares o fechas importantes no sean lo mismo. En este tipo de perdida, es probable que se viva un duelo anticipado, ya que, en muchas ocasiones, desafortunadamente se observa con el paso del tiempo como poco a poco la enfermedad va deteriorando al ser amado, por lo que es sumamente doloroso desde el principio, surgiendo dudas desde en que momento pasará, sufrirá, estará tranquilo o tranquila, entre otras interrogantes. Debido a lo anteriormente mencionado, es importante que este tipo de cosas se platiquen, se dialoguen en familia para en esos momentos sumamente difíciles se tomen las decisiones buscando siempre el bien y que mejoren la calidad de vida del ser especial. Nunca se puede prevenir o anticipar este tipo de situaciones, sin embargo, el tiempo es primordial en estas circunstancias, por lo que siempre hay oportunidad para perdonar, hablar de cosas importantes y centrarnos en ese amor, ese cariño y esa unión familiar que perpetuamente estará. Es vital hacerle saber al familiar que se le va a extrañar, que su recuerdo nunca será olvidado, que nada les debe y que se tratará de estar lo mejor posible, honrando siempre su legado, replicando sus consejos, anécdotas y todo aquello que brindó en vida. En este tipo de duelo es normal que descuidemos nuestra salud mental y física, no obstante, nunca está de más pedir ayuda, formar redes de apoyo es indispensable en estos casos, ya sea familia, amigos y también algún profesional de la salud como un tanatólogo que acompañe el proceso antes, durante y después. Otro aspecto relevante y que debe considerarse es entender que los abuelos son seres humanos, que pueden cometer errores, pero siempre es recomendable quedarse con las buenas experiencias y todo lo bueno que pudieron aportar a la vida de los demás. Porque cuando ocurra lo inevitable, será reconfortante y sano para el proceso el ver todo lo bonito y todo el amor que se compartió en vida, porque eso, al igual que su ser amado, trascenderá y formara parte de ustedes, así como la esencia de su ser querido que los acompañará por siempre, pues la única muerte, es el olvido.   Psic. María Isabel Rivera García   Referencias Montagud, N. (2021) Duelo anticipado: qué es, causas, síntomas y cómo gestionarlo. Psicología y mente. Recuperado de: https://psicologiaymente.com/clinica/duelo-anticipado

Formas de trabajar la resiliencia

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] Cada perdida significa un duelo, ninguna es más dolorosa que otra y se debe respetar el sentir de la persona que la ha sufrido, cada caso es distinto y ninguno es igual a otro. Cuando hablamos de perdida no necesariamente nos referimos a cuando trasciende un ser querido, no obstante, en esta ocasión se trabajará el tema de la resiliencia en ese proceso de duelo. Primeramente, se entiende como resiliencia, a la capacidad que todos los seres humanos tenemos de sobreponernos ante las adversidades, para seguir en ese proceso de adaptación, ya que son esos ajustes que se hacen para seguir adelante, según un estudio que realizaron Stefan Vanistendael y Jacques Lecomte (2002) (Citado de Alvarado, Victoria, Granados, Luis, Carmona y Jaime, (2017), se encontró que niños, adolescentes y adultos que habían sufrido experiencias traumáticas habían podido desarrollarse de manera óptima gracias a la presencia amorosa de alguien que les brindó apoyo, un espacio seguro y afecto. Al proceso de la resiliencia también puede ayudar la gestión de las emociones, que es reconocerles y validarlas, sin juzgar ni emitir juicios. En esos momentos de suma vulnerabilidad, como lo es el trascender de un ser amado, muchas ocasiones lo que hace que dicho proceso sea más doloroso y complejo es el no poder despedirse, por lo que en esos casos se recomiendan dar pequeños cierres simbólicos pero significativos, como; • Escribir una carta: donde se le exprese todo lo que quedo pendiente, se le puntualice que jamás será olvidado y que su esencia estará presente siempre. • Hacer un dibujo: Esta sirve con los más pequeños, como lo son los niños, sin embargo, no es una limitante. • Hablarle: Ya sea en el lugar donde se encuentra, que es su última morada física o desde un lugar muy especial donde se compartían recuerdos en común, para decirle algunas palabras que pudieron quedar pendientes, esto con el fin de hacerle saber que todo está bien y que se tratará de estar lo mejor posible. Todo esto es con el fin de ayudar al proceso de readaptación, no significa que se va a dejar de extrañar al ser querido, ni mucho menos que se dejará de sentir nostalgia por el recuerdo, sino más bien lo que se busca es que el dolor deje de estar presente cuando se piense en esos momentos donde estuvo, ya que, se puede sentir tristeza sin dolor. La resiliencia va de la mano con el amor y el cariño que solo la familia y seres queridos dan, por lo que tratar de estar lo mejor posibles es lo más acertado en estos momentos, es inevitable que la tristeza desaparezca por completo, recordemos que esas lágrimas que se derraman van acompañadas del afecto y todos esos recuerdos que se tienen con el ser amado. Es importante resaltar que el necesitar ayuda de algún profesional de la salud no significa que se sea débil, al contrario, el aceptar que no se puede hacer algo solo es un paso enorme de valentía, pues todos necesitamos de todos. Psi. María Isabel Rivera García Referencias Alvarado, Victoria, Granados, Luis, Carmona y Jaime, (2017) El camino de la resiliencia:  del sujeto individual al sujeto político. Magis. Revista Internacional de Investigación en Educación, 10(20),49-68. Recuperado de:   https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=281056021004 Pérez, J., Gardey, A. (2008) Definición de resiliencia. Definicion.de Recuperado de: https://definicion.de/resiliencia/              

Ayuda en momentos de crisis, hablemos sobre la importancia de los primeros auxilios psicológicos

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] El estar en un estado de crisis es completamente normal ante cualquier situación que genere frustración, ansiedad, estrés, tristeza o ira, esto algo totalmente normal y es probable que se experimente en más de una ocasión. El estado de crisis es diferente para cada persona, algunas experimentan; • Sensación de asfixia • Mareo, inestabilidad o desmayos • Miedo a morir • Miedo a volverse loco o a perder el control •Sentimientos de irrealidad o de extrañamiento en relación con el propio entorno • Sofocos o escalofríos • Náuseas, dolor de estómago o diarrea • Entumecimiento o parestesias • Palpitaciones o aceleración de la frecuencia cardíaca • Sudoración • Temblores o agitación • Inestabilidad • Dificultad para gestionar la emoción • Entre otras sintomatologías Para esto es indispensable que cuando una persona entre en estado de crisis se realicen esta serie de pasos para apoyarle y así evitar un posible daño a futuro, como secuelas del trauma experimentado; • Hacer contacto psicológico: Primer paso vital para que se pueda llevar a cabo la intervención, dependerá del lazo de confianza que se pueda consolidar. Importante un buen uso y manejo del cuerpo y la voz. • Examinar las dimensiones del problema: Es importante saber qué ocurrió, comenzar a hablar acerca de la situación, sin embargo, habrá momentos en los que el paciente no quiera hablar, será importante respetarlo hasta que esté listo. • Explorar soluciones posibles: Es importante preguntar al paciente lo que se ha intentado hasta ahora y explorar lo que se puede hacer para movilizar los recursos del sujeto. • Ayudar a tomar una acción concreta: Proceso de negociación paciente-psicólogo acerca de la solución que ha decidido realizar. • Registrar el proceso de seguimiento: Establecido el contacto con el paciente se verifica si el proceso fue adecuado o requiere nuevas intervenciones. Este proceso no es lineal, pero se basa en normalizar las emociones y sensaciones que la persona está atravesando debido al evento que genero ese estado, es importante no dejarle solo, estar acompañándolo y asegurarse de que reciba la atención médica pertinente en caso de ser necesario, para finalmente conectarlo con una red de apoyo que le proporcione la seguridad y tranquilidad que facilitara la asimilación o aceptación en el proceso. Es vital que nos asesoremos previamente con un profesional del área, ya que, cada persona es distinta, por lo que, cada proceso pudiera requerir diferentes formas de abordar y de apoyar durante o después del suceso. También es importante resaltar que el recibir los primeros auxilios psicológicos no necesariamente la persona está exenta de necesitar atención psicológica posterior, pues cada persona tiene diferentes formas de procesar las cosas que suceden.   Psi. María Isabel Rivera García   Referencias: Barnhill, W. J. (2020), Manual MSD versión para público en general. Crisis de angustia y trastorno de angustia. Recuperado de: https://www.msdmanuals.com/es-mx/hogar/trastornos-de-la-salud-mental/ansiedad-y-trastornos-relacionados-con-el-estr%C3%A9s/crisis-de-angustia-y-trastorno-de-angustia Osorio, V. A. (2017), Primeros Auxilios Psicológicos. Revista cientifica y profesional  de la Asociación Latinoamericana para la Formación y la Enseñanza de la Psicología. Vol. 5, No. 5. Pp 4. Recuperado de https://integracion-academica.org/attachments/article/173/01%20Primeros%20Auxilios%20Psicologicos%20-%20AOsorio.pdf    

¿Cómo podemos ayudar a un familiar que pasa por esto?

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] Antes de leer el presente artículo se recomienda la lectura de “Hablemos sobre el Duelo por Desaparición Forzada” anteriormente publicado en este mismo blog para un mejor marco de referencia, pues allí se han estipulado ya las particularidades del duelo por desaparición forzada y su importancia, elementos clave para una mejor comprensión de “Cómo ayudar”. El humano es un ser social por naturaleza, nos relacionamos para establecer vínculos que resulten en una mejor calidad de vida y construimos redes de apoyo en el proceso, de modo que en situaciones de crisis y eventos desafortunados como es el caso de las desapariciones forzadas es importante la presencia y el apoyo de quienes conforman el entorno social de la familia que sufre esta situación. Como personas cercanas, es posible observar las implicaciones emocionales que trae consigo la repentina ausencia de un ser amado y la incertidumbre en torno a su paradero, se trata de un estado de vulnerabilidad y estrés constantes que, en conjunto con otros factores como carencias económicas, conflictos familiares, abuso de sustancias, etc., merman la sanidad mental del individuo y dificultan la adaptación a la nueva realidad. Derivado de lo anterior, no es de extrañarse que surjan las preguntas: ¿Hay algo que yo pueda hacer?, ¿Qué sí puedo hacer y decir? ¿Y si termino empeorando todo? Entre otros derivados que provienen del cariño, amor filial u amor romántico, no importa cuál sea el origen de la preocupación y el interés, en tanto se trate del bienestar de otros, sin embargo, a pesar de ello pueden existir malentendidos y conflictos originados en el desconocimiento. Uno de los elementos clave para brindar el acompañamiento necesario es la empatía, que a diferencia del dicho popularizado “ponerse en los zapatos del otro” se trata del comprender no solo los hechos que rodean a un individuo y le llevan a actuar y pensar del modo en que lo hace sino que abarca la participación afectiva, es decir reconocer el aspecto emocional del otro desde el respeto y el entendimiento. De este modo, aunque exteriormente pueda parecer que el doliente se encuentra “sobre-reaccionando” esta observación usualmente está dada desde un punto de vista en el que la empatía no ha sido prioritaria, se trata de la perspectiva ajena de quien en realidad no se encuentra atravesando la situación de incertidumbre y desosiego. Y si bien esto es comprensible, para apoyar es necesario reconocer que el dolor del otro me es ajeno más no indiferente, que si bien ponerme en sus zapatos es imposible (aun si yo he atravesado una situación de duelo que considero la experiencia más dolorosa posible, esto se trata de una verdad individual que no es igualmente cierta para mi familiar, amigo, pareja, etc.) lo que sí puedo hacer es empezar a reconocer cuáles son las dificultades a las que mi ser querido se enfrenta en lo que constituye su nueva realidad: el aspecto legal de la desaparición con sus deficiencias y trabas, las modificaciones en su núcleo familiar, la existencia de culpas y reproches, la esperanza y la preocupación por el paradero desconocido, precariedad económica, y un largo etcétera que en primera instancia desde nuestra perspectiva “externa” no somos capaces de entender. El estar presentes para apoyar con los cambios que se han producido (por ejemplo, el cuidado de hijos pequeños, quehaceres del hogar y demás actividades rutinarias que ahora han pasado a segundo plano) e integrarse en lo que ahora constituye el derecho de la familia por encontrar respuestas (actividades de búsqueda) son acciones que podemos realizar en pro de mantener una red de apoyo que provea de una muy necesaria estabilidad, mostrar nuestro apoyo es validar un duelo especial que merece ser tratado como lo que es, porque ante la incertidumbre es válido no solo nunca olvidar, sino continuar con la búsqueda mientras encontramos de qué manera volver a hacer nuestras vidas.   Psi. Adriana Aramis Rosete Viveros

Hablemos sobre el Duelo por Desaparición Forzada

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] Existen realidades que nos plantan cara como sociedad, que reflejan aquello a lo que más tememos y que forma parte ineludiblemente de nuestra naturaleza, la realidad es que en ocasiones hay seres humanos que actúan de manera cuestionable, cometiendo actos criminales como el delito de desaparición forzada que daña y mutila a familias enteras en el proceso. En México desde 15 de marzo de 1964 al 5 de junio de 2022 se tiene registro de 247, 084 personas desaparecidas no localizadas y localizadas, de las cuales hay 100, 482 personas desaparecidas no localizadas, siendo así el 40.67% del total de personas. (Registro Nacional de Personas Desaparecidas y No Localizadas, 2022) Las cifras son alarmantes cuando entendemos que cada número que se suma a las estadísticas conlleva la vida de una persona cuya ausencia significa un punto de quiebre para su familia que se ve afectada, en la mayoría de los casos, permanentemente. A raíz de la desaparición, la cuenta de los días sin el ser querido son un recordatorio cada vez más fuerte de su ausencia física, el desprendimiento se ha dado de manera violenta e incluso incomprensible ante la falta de información al respecto, el apego hacia el integrante de la familia o amigo que ya no está se ve enfrentado al vacío de la presencia que ya no está donde solía encontrarle e inicia entonces un duelo que como tal, va a manifestarse de formas tan diversas como los individuos que lo transitan. Si bien hay un consenso general sobre cómo se trata de una situación difícil que merma el estado de salud en todo ámbito (físico, mental, espiritual, y social) para quien enfrenta la ausencia de un ser querido, la comprensión y el apoyo iniciales suelen quedar atrás conforme el tiempo transcurre, especialmente si se trata de años sin alguna pista o indicio del familiar desaparecido, pues muchas veces al creer que lo mejor para los dolientes es resignarse sus redes de apoyo suelen hacer comentarios del tipo “Hay que seguir adelante” “Deberías superarlo” “Tienes que resignarte, no va a aparecer” quizás bajo el punto de vista externo de que la evidencia es clara: la persona ya no está, eso es todo. Es allí donde existe una discrepancia fundamental entre lo que percibe la familia del desaparecido y lo que capta el resto del entorno: mientras que para otros la persona definitivamente ha dejado de formar parte de sus vidas, para su familia se trata de una incertidumbre que parece no tener fin, ya que no existe ninguna certeza de cuál es el estado de quien siempre ha formado parte de sus vidas: no se sabe a ciencia cierta si la persona se encuentra viva, pero tampoco se tiene evidencia de su deceso por lo que su estatus es mucho más complejo, se encuentra desaparecida, con todos los matices que la mente en conjunto con el tiempo son capaces de conferir. De todo lo anterior se puede concluir que el duelo por desaparición forzada es un tipo de duelo especial que merece ser reconocido como tal, es especial porque no podemos patologizar a quienes se encuentran en esta situación por sentir con la misma intensidad las emociones iniciales 10 años después, pues es comprensible que no exista un cierre cuando se trata de alguien que no ha trascendido. Es normal que exista la esperanza de encontrarles, de saber a ciencia cierta qué es lo que ocurrió, ¿en dónde se encuentra ahora?, ¿qué estaría haciendo si este fuera un día normal, como aquellos en el pasado?, ¿se encontrará bien?, ¿qué pude haber hecho distinto?. Ante estas preguntas interminables, como sociedad nos corresponde ser más empáticos y recordar que el tiempo y los recursos empleados para saber qué fue de ellos no son en vano, por eso nos corresponde apoyar siendo conscientes de que está bien resaltar las conductas que a la larga pueden ser dañinas, pero nunca invalidando su búsqueda.   Psi. Adriana Aramis Rosete Viveros    

Duelo por abandono paterno

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] Si bien cada familia es distinta, como sociedad existe una imagen preconcebida de “cómo debe ser” una familia cuyo estereotipo dicta la existencia de mamá y papá como pilares fundamentales; sin embargo, de acuerdo con los datos recolectados por el Instituto Nacional de Geografía e Informática (INEGI) en 2021 “El padre está ausente en cuatro de cada 10 hogares, esto significa que en 11.4 millones de hogares falta el padre.” Por ello no resulta extraño encontrar opiniones divididas acerca de la paternidad y la figura paterna en sí mismas, y si bien el INEGI no provee información sobre las distintas variables que llevan a la ausencia de papá en el núcleo familiar, culturalmente se ha asimilado “la falta de responsabilidad de los hombres en el proceso de desarrollo de sus descendientes aún después de una separación” (Lagunes, M., 2022) como un fenómeno frecuente en la sociedad mexicana, siendo el abandono paterno una de sus manifestaciones. Las repercusiones de este fenómeno son tan diversas como sus causas, sin embargo, en lo concerniente a los hijos uno de los efectos que suele omitirse tanto por parte de la sociedad como de las familias (e incluso en ocasiones por parte de los mismos hijos) es el duelo que desencadena esta circunstancia, mismo que de no ser atendido puede constituir un factor de riesgo en el desarrollo de niños y adolescentes. Una de las particularidades de este duelo es la noción de que “hace falta” la atención y el cariño que papá no pudo proporcionar, con lo que se crea una necesidad que la familia “es incapaz” de cubrir y suelen producirse sentimientos de inadecuación, frustración, impotencia, entre otros en los hijos que son señalados como carentes de, transmitiendo como una carga las decisiones del adulto que no está, creando con ello un estigma social que marca el desarrollo y la psique del individuo, el término abandono pasa a formar parte de su identidad y ser usado como un adjetivo calificativo, le es otorgado poder sobre la identidad de un individuo que además de atravesar el duelo que puede traer consigo la situación también puede desarrollar un duelo intrapersonal ante los constantes recordatorios de que más que un ser humano, se trata de alguien a quien han dejado, indigno de recibir amor y cuidados paternos, y es esta condición la que puede volver insano lo que debería ser un proceso natural. Tanto como familiares como sociedad es importante redirigir el centro de atención hacia la figura paterna, su importancia e influencia positiva en el núcleo familiar y el desarrollo humano, hablar de figura paterna es reconocer que lo que vuelve a una persona el padre de otro ser humano, va más allá de haber sido quien hizo posible su existencia, se trata de tiempo de calidad, participar desde el interés, formar parte de la vida misma, educar, apoyar, cuidar y sobre todas las cosas amar saludablemente. La figura paterna merece el reconocimiento como padre, porque lo que verdaderamente importa son las acciones y los sentimientos como padre e hijo, la realidad es que si nos lo permitimos seremos capaces de reconocer cuánto amor de papá, interés y validación tenemos en nuestras vidas.   Psi. Adriana Aramis Rosete Viveros

El afrontamiento del duelo de Papá a edades tempranas

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] A la par del proceso de duelo propio frente al trascendimiento de la figura paterna en la familia, uno de los factores a considerar es la presencia de menores en edades tempranas, es decir, entre los 0 a 3 años. ¿Cómo viven estos pequeños la ausencia física de papá? Antes que nada es importante reconocer la existencia de ideas preconcebidas sobre el duelo en este rango de edad, usualmente derivadas de las experiencias previas en duelo de cuidadores primarios y demás adultos que conforman el entorno de los infantes, cuyo interés por la seguridad y el sano desarrollo del menor conlleva la posibilidad de proyectar los conflictos personales respecto al deceso de un ser amado (ya sea la figura paterna u otro ser querido trascendido con anterioridad) en la situación actual de quien en realidad es una vida independiente cuya minoría de edad le confiere características diferentes del adulto. Si bien la labor de criar y educar conlleva inevitablemente el traspasar ciertas ideas y experiencias personales, ello no quiere decir que los niños sean extensiones de la personalidad de quienes se encuentran a cargo de su crianza, por lo que todo miedo, inseguridad o sufrimiento experimentado es ajeno a ellos, y este es uno de los aspectos claves del duelo a temprana edad: reconocer que si bien son de corta edad y están en pleno desarrollo como seres humanos tienen su propia manera de entender el mundo y vivir sus emociones. Es por ello que aun si se trata del afán de proteger, es necesario también preguntarnos: “¿Le protejo de algo que podría ocurrir dadas las circunstancias o me preocupa que se repita algo que me ocurrió a mí en un contexto distinto?”. Una vez aclarado lo anterior es pertinente tener en cuenta las características propias de edades tempranas que definen en mayor medida el proceso de duelo, y es que se trata de una etapa enfocada en el desarrollo de la motricidad, el descubrimiento de asociaciones causa y efecto por casualidad, así como la noción de que solo lo que ocurre frente a los ojos del infante es importante, pues recién va comenzando a formarse una noción de qué es lo que existe, marcada por un “egocentrismo” que consiste en que el bebé asume que todo lo que ocurre es debido a él o ella, lo anterior de acuerdo con la teoría del desarrollo humano de Jean Piaget. De lo anterior es posible concluir que una visión adulto-centrista es inadecuada dado que las experiencias acumuladas suelen actuar como sesgos cognitivos. Así mismo, es valioso recordar que se trata de individuos en desarrollo y a partir de ello considerar cuáles son las características particulares de su relación con papá hasta ese momento, determinar cuál es el rol de la familia y también cómo vivir el propio duelo como adultos, ya sea mediante la redistribución de roles como familia, reajustar y/o crear rutinas, ampliar la red de apoyo y un etcétera correspondiente a las particularidades de cada doliente. Por último, también es necesario abordar el mito: “Los bebés no se dan cuenta” o “no elaboran un duelo”, pues si bien es posible que ante la mirada adulta no manifiesten “inconformidad” o “tristeza” ante la nueva realidad, ello no quiere decir que desconozcan por completo el cambio que se ha producido en el entorno, sino que expresan su duelo de modo diferente al de los adultos, acorde con su edad y la cercanía con papá y/o la importancia de este último para quienes conforman su entorno cercano. Al estar en pleno desarrollo, la curiosidad y las ganas de conocer más acerca del mundo que le rodea, la plasticidad cerebral y el breve tiempo formando sus vínculos afectivos puede llevar a familiares y amigos a creer que existe cierto desapego o una nimia importancia asignada al trascendimiento paterno, cuando en la mayoría de los casos solo se trata del desarrollo natural del pequeño. Lo más importante es acompañarles y gestionar del mejor modo posible una crianza responsable desde la empatía, permitir que expresen sus emociones y guiarles en este viaje llamado vida para que en el futuro sean capaces de decidir qué es lo que sienten y piensan al respecto, así como también permitirnos aprender de ellos. Psi. Adriana Aramis Rosete Viveros

¿Cómo vivir las fechas importantes sin papá?

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] El perder a un ser querido siempre implica un cambio, quizá se experimente tristeza, ira o inclusive dolor, pero cuando se habla de alguien más cercano como lo es papá, quien estuvo presente en la mayor parte de tus logros, adaptarse a esta nueva perspectiva puede ser difícil. Si bien no existen palabras o algo que pueda cambiar el hecho de la perdida, en primera instancia se tiene que tener en cuenta que las fechas importantes como cumpleaños, aniversarios, día del padre, navidad o algún otro acontecimiento relevante puede generar malestar significativo, pues su recuerdo puede doler durante el proceso de duelo, sin embargo, esto no significa que será de esta forma todo el tiempo, ya que tenderá a volverse nostálgico, melancólico, pues las lágrimas que se detonen estarán cargadas de amor por el ser amado, por esas memorias y esos recuerdos que por siempre acompañaran su esencia. Los duelos adaptativos tratan de eso, de la importancia de saber que, nunca serán olvidados, pero eso no significa que cuando se piense en él tiene que doler, ya que Worden en su tercera tarea del duelo, nos dice que el proceso de adaptación no es lineal, puesto que involucra pasar sobre varios procesos para reubicarse en esta nueva realidad. (Para mayor información acerca de las tareas del duelo se recomienda leer el artículo “Hablemos sobre las tareas del duelo”). Recordemos que no hay un periodo exacto para vivir el duelo y que si bien, cada uno es distinto, por lo general se habla de un proceso de dos a tres años, en el que lo que se busca es la resignificación del mismo, una adaptación a la ausencia que nunca será olvidada ni reemplazada, pero que se tiene consciencia que papá está presente en todos lados, pues su esencia nos acompañará por siempre. Si bien nunca será olvidado, algo que se puede hacer para honrar su memora y su legado es reproducir todo lo positivo que dejo, las buenas costumbres, el amor y el cariño hacia su familia, recordar juntos esas anécdotas, esas aventuras y descubrir que su recuerdo no solo está presente en esos días ni fechas, sino todo el tiempo, como en cumpleaños, reuniones importantes o por el simple hecho de estar juntos como familia, como ese legado que ha dejado su ser amado, con cada acción, cada sonrisa y cada pensamiento que vaya cargado de su memoria.  Todos esos pequeños detalles son los que componen la esencia de una persona y honrarlo de esta manera ayudara que el proceso de duelo sea más resiliente. Papá es una figura muy relevante en la vida de todo ser humano, por lo que se debe tener en cuenta que siempre estará presente, aunque físicamente sea imposible, la fortaleza que impregno en nosotros, sus enseñanzas y consejos harán de este proceso de adaptación algo más fácil sin olvidarnos que eso no significa dejar de quererle u honrarle, pues tratar de estar lo mejor posible es una manera más de enaltecer su existencia.   Psic. María Isabel Rivera García

Duelo en situaciones difíciles

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] Las situaciones de la vida son una dicotomía. Desde el momento de nuestro nacimiento las condiciones son completamente fortuitas para cada niño o niña, el entorno no es algo que depende de uno mismo y tampoco el ambiente de seguridad, lo mismo pasa con el ambiente familiar en el que se desarrolla, estas situaciones pueden o no ser benéficas para su desarrollo, y aunque no dependen en sí del sujeto, impactan de manera inmediata a su existencia. Cada una de estas experiencias, intervienen de manera saludable o no en las diferentes áreas de los individuos, como su educación, salud mental, sistema de creencias, formas de expresión y reacción ante eventos altamente estresantes como un robo, agresión o muerte de algún familiar, y es precisamente en esta última en dónde intervienen todos los recursos personales de las personas, pero ante todo también es una circunstancia dicotómica y nuevamente, la mayoría de las ocasiones no dependen en sí del sujeto, pero impactan de manera inmediata a su existencia Porque no se elige morir en el trayecto al trabajo por algún accidente, ni ser secuestrado o mucho menos morir por una bala perdida, no se elige salir en busca de mejores condiciones laborales para aumentar la calidad de vida de sus familiares, esperando no volver a ver a estos mismos, los duelos en situaciones difíciles tienen altas probabilidades de desarrollar secuelas traumáticas, pasar a ser un duelo traumático o llegar al trastorno de duelo complejo persistente. Entonces, ¿Es acaso que no podemos decidir nada con respecto a nuestra muerte? Para nada, podemos decidir y mucho, quizá haya ocasiones en las que se encuentren directamente con ella y no se pueda hacer mucho, pero podemos decidor cambiar mi alimentación si me hace daño, se puede elegir con esfuerzo dejar de fumar y también, sanar las relaciones personales que pudiesen estar fracturadas, dar ese perdón y abrazar más a sus hijos, nietos o esposa/o, se puede elegir acudir a ese evento que tanto importa para su hijo, y aceptarlo tal cual es. Está en su jurisdicción realizar un testamento para que al momento de su partida estén las cosas claras, hablar abiertamente de lo que desea en última voluntad y, ante todo, se puede elegir disfrutar su vida a pesar de las adversidades, porque elegir lo que nos da paz es algo que sí compete al sujeto e impacta de manera inmediata a su existencia. Puede haber muchas condiciones para el duelo en situaciones difíciles, la mayoría se escapan de las manos de muchas personas, sin embargo, todas esas situaciones nunca los van a definir, hasta el último instante se tiene la voluntad de hacer algo diferente por más sencillo que sea, abrazar a su hermano, visitar a sus abuelos o padres que están cercanos a final de la vida, no dejarle el cuidado a una sola persona, aportar económicamente desde sus posibilidades, agradecer y reconocer el trabajo de la persona que cuida más y está atenta a las necesidades de la persona cercana al final de la vida. Estar consciente de la muerte es estar consciente de la vida.   Psic. Jonathan García Mezhua

Duelo por trascendencia de papá

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] La perdida de la figura paterna es una de las más dolorosas y trágicas, porque a pesar de que es algo que nos ocurre a todos, jamás estamos preparados para ello, pues aceptar que se ha sufrido la perdida de un miembro de la familia nunca es un proceso sencillo. Sí bien, no se está listo para afrontar estas situaciones y es imposible evitarlo, lo que si se puede trabajar, es el tipo de relación que se tiene y puede mejorar; es por esto que se debe: Hablar sobre problemáticas no resueltos. Otorgar un perdón o ser perdonado. Pasar tiempo de calidad con él. Mejorar la comunicación y el diálogo. Buscar temas en común o afines a sus gustos. Todo esto con el fin de profundizar y tener una relación más amena con la figura paterna, si esto está al alcance y se desea, pues para lograr este objetivo se necesita de la disposición de ambas partes. También es necesario y recomendable hablar con nuestro ser amado antes acerca de su última voluntad, como desea que sea el proceso, si prefiere cierto tipo de rituales o si necesita algo en específico, con el fin de hacerlo tal cual le hubiera agradado. Cuando se está en este tipo de situación, donde nuestro ser querido tiene altas probabilidades de trascender; por características como una enfermedad, la edad y antecedentes, se experimenta un duelo anticipado, un duelo que se genera antes de la trascendencia del ser amado. Es por esto que es fundamental tener una relación lo mejor posible con él antes, ya que esto fomentará a que la persona que viva el duelo, tenga una experiencia menos dolorosa y encaminada a una pronta sanación y resignificación del mismo, pues la ansiedad y la culpa no truncaran el proceso. Lo más importante es entender que los padres son seres humanos, pueden cometer errores, siempre es recomendable quedarse con las buenas experiencias y todo lo bueno que pudieron aportar a la vida de los demás. Porque cuando ocurra lo inevitable, será reconfortante y sano para el proceso el ver todo lo bonito y todo el amor que se compartió en vida, porque eso, al igual que su ser amado, trascenderá y formara parte de ustedes, así como la esencia de su ser querido que los acompañará por siempre, pues la única muerte, es el olvido.   Psic. María Isabel Rivera García

¿Cómo vivir las fechas especiales sin mamá?

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] Un reto que enfrenta el doliente tras perder a quien ama, es encontrarse con nuevos espacios, cambios y nuevas experiencias, allí donde anteriormente todo parecía ser tan claro. En particular, cuando quien trasciende es mamá, cada día llega a ser un conjunto de pensamientos y sentimientos capaces de paralizarnos; por lo que no es de extrañar, que en fechas especiales como lo son su cumpleaños, 10 de mayo, navidad, año nuevo y otros tantos días que, desde siempre, han sido una extensión de nuestra relación con mamá de manera significativa, ahora resulten completamente distintos. No existe una fórmula precisa sobre qué debe hacerse o no se debe hacer durante el proceso de duelo, pues se trata de una situación que engloba múltiples aspectos como la personalidad del doliente, sus redes de apoyo, relación previa con su ser querido, etc. De modo que, lo que se relaciona con nuestros pensamientos y estado de ánimo durante fechas especiales, se vive de manera particular, cuando atravesamos el proceso de adaptarnos a una nueva realidad sin mamá. Lo más importante, es tener apertura al cambio que va a significar su ausencia y adaptarnos a las modificaciones que inevitablemente sucederán en el entorno familiar; probablemente, en el pasado, la figura materna era la responsable de organizar, anticipar, festejar fechas especiales e incluso era el centro de dichas celebraciones. Las primeras veces que pasemos estas fechas sin ella, pueden llegar a ser muy difíciles, sin embargo, no es imposible tratar de estar con la familia bajo la premisa de que las cosas no tienen que ser igual que antes. Darnos la oportunidad de explorar nuestros pensamientos y emociones que el día traiga consigo, constituye un elemento fundamental que nos acerca a pasar por un proceso de duelo saludable, puesto que aquellas cosas que no expresemos pueden generarnos problemas. Sin embargo, ir al extremo opuesto (forzarnos a participar de rituales conmemorativos para los que no nos sentimos listos, debido a la gran carga de estrés y/o ansiedad que representan) tampoco es lo recomendable. Por ello, debemos encontrar un punto medio, el cual proviene de hacernos un autoanálisis y conocernos mejor. Recuperar nuestras dinámicas de vida, no significa olvidar a mamá, comenzar a hacer ciertas cosas diferentes o no hacer lo que normalmente hacíamos con ella como familia, son maneras en que honramos lo especial de cada día. Aunque es natural que nuestras emociones se intensifiquen y los recuerdos sean más fuertes. Prepararnos para un día en que su ausencia destaque, requiere de nuestro valor y estar dispuestos a ser fuertes, tenemos fortaleza cuando a pesar del dolor o la tristeza reconocemos cuan valiosa es la esencia de mamá, ya que ella nunca será olvidada o hecha a un lado, sin importar lo difícil que parezca, solo por medio de sus enseñanzas y recuerdos, ella nos acompaña en los días especiales. El amor de mamá que todo lo puede va a estar siempre acompañándonos, especialmente en los días en que su recuerdo es más fuerte. Psi. Adriana Aramis Rosete Viveros

Duelos trágicos

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] Toda perdida causa dolor y nadie tiene el derecho de decir que una experiencia es más dolorosa o menos que otra, solamente la persona que lo vive es capaz de decir cómo se siente y que es lo que necesita. Por tal motivo, decimos que cada duelo y cada perdida es distinta, además nunca se está preparado para ello; sin embargo, existen circunstancias específicas que de presentarse hacen más difícil llegar a resignificar la pérdida, llevando a la persona en ocasiones a atravesar un duelo de tipo “trágico”, lo que implica muchas veces, permanecer en estado de shock o negación por más tiempo. Cuando hablamos de duelos trágicos hacemos referencia a aquellos que ocurren de manera repentina, que son violentos e inesperados, como los feminicidios, homicidios, accidentes, etc.  En estos casos, el presenciarlos o el ver el cuerpo del ser amado de esa manera puede generar un trauma y esto genera que el duelo se complique. Como hemos mencionado con anterioridad, este tipo de duelos suelen ser más complejos que otros, debido a sus características particulares. Para más información respecto a las características y diferencias entre un duelo saludable y uno complicado se recomienda leer el artículo “Duelos complicados” en entradas anteriores de nuestro blog. El duelo por un ser amado que sufrió un accidente o que fue violentado es particularmente doloroso, no se debe invalidar a la persona que ha sufrido la perdida y por supuesto, es totalmente normal que se tome su tiempo para aceptar esta nueva realidad. Por lo general, sus sentimientos van acompañados de culpa, ira y constante recordatorio de la perdida. En el caso de los feminicidios, que son cualquier acto de violencia que tenga como consecuencia el fallecimiento de una mujer, niña o persona del sexo femenino por el hecho de pertenecer a este grupo minoritario. Se caracterizan porque el victimario ultraja el cuerpo, lo violenta e inclusive, muchas veces se abusa físicamente de este, lo cual deja secuelas en la familia que sobrevive a esta pérdida. Normalmente llegan a presentarse sentimientos de angustia, culpa, frustración y enojo, así como grandes cambios que se producen a nivel personal y familiar, todo esto forma parte de los elementos que categorizan como “trágica” a una pérdida, por poner algunos ejemplos. Resulta importante acompañar a las personas que han sufrido alguna perdida de este tipo, pues se encuentran en un estado vulnerable, en especial, debido a que sus emociones y sentimientos podrían llevarlos a realizar actos de los que se pudieran arrepentir después. No se les debe decir que sentir, ni mucho menos normalizar este tipo de situaciones, a veces con el simple hecho de estar se hace demasiado por la persona. Por ello, en estos momentos no está mal acercarse a un profesional del área de la salud mental, si es que ese es nuestro deseo. Llorar no es de débiles ni aguantar es de valientes; simplemente debemos tratar de comunicar lo que necesitamos, tomar las cosas a nuestro tiempo y acercarnos a quien más confianza nos brinde. Es difícil recordar a nuestros seres queridos en estas fechas tan importantes como lo son el 10 de mayo, pero eso nos hace ser conscientes que siempre estarán con nosotros, que su recuerdo será perpetuo y que nada ni nadie podrá borrarlo.   Psic. María Isabel Rivera García

Duelo en situaciones difíciles

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget]  El perder a un ser querido muchas veces representa un desequilibrio en la rutina diaria. Es normal sentirse triste, apático, molesto y con muchísimos sentimientos a flor de piel, esto constituye un proceso al que se le conoce como duelo. En este mismo blog existen artículos donde se ha abordado el proceso de duelo, sus etapas y demás, por lo que para más información al respecto recomendamos leer el artículo titulado “Duelo y sus pasos” en anteriores entradas. En estos momentos es probable que la persona que ha sufrido el trascender de su ser amado se vea en la necesidad de continuar y realizar los trámites pertinentes acerca de los bienes y propiedades; por lo que además de ser tedioso, este podría complicarse debido a circunstancias externas como: Peleas o disputas familiares. Que no se haya dejado estipulado algún testamento.  No se haya hablado acerca de la última voluntad de su ser querido. Que si la persona tenía una enfermedad crónico-degenerativa, no todos los familiares directos hayan podido despedirse o hayan sido tomados en cuenta para la toma de decisiones, etc. Este tipo de situaciones podrían provocar que el proceso sea más doloroso, inclusive que tienda a complicarse, pues también puede generar sentimientos de ira, tristeza o abandono cuando quizá no los había con anterioridad. Esto porque la persona puede sentirse desplazada u olvidada por su ser querido, si no es tomada en cuenta, si no se resolvieron ciertos temas, etc. Si bien se ha generado con el paso de los años cierto temor a hablar de la muerte, pues se dice que “se está llamando”, es de vital importancia dejar estipulado, ya sea con un notario, abogado o al menos un escrito de a quien se deja cada bien que se posea, la última voluntad e inclusive que se desea para el día de su funeral, pues si nunca se hablan de estos temas, se dejan pendientes situaciones que podrían ser complicadas para la familia o persona que se queda a cargo. Es importante plantear esta nueva perspectiva siempre bajo el respeto y el amor, pues todo esto se hace para que todos estén en paz, con tranquilidad y se pueda honrar la vida de la persona que ha trascendido sin estas complicaciones. Para esto, es necesario llevar asesoramiento legal, pues en estos temas es fundamental que todo quede estipulado en papel. También si ya se están viviendo estas situaciones, lo crucial es reconocer que no fue culpa de nadie y que si la persona que trascendió no realizo ninguno de estos trámites, no fue con la intención de generar problemas familiares, simplemente son cuestiones de olvido, de temor hacia la muerte o hablar de ella. El trascender es algo inevitable, universal, irreversible y que es necesario en algunas ocasiones, pero esto no significa que haya una muerte en realidad, ya que la única muerte es el olvido.   Psic. María Isabel Rivera García

Hablemos sobre el duelo infantil

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] A lo largo de las etapas del ser humano, van surgiendo infinidad de perdidas materiales, físicas y sentimentales, ya sea un objeto muy preciado, cambio de ciudad, escuela, una enfermedad o un ser querido, como un familiar, amigo o mascota, es totalmente normal y comprensible que esto genere cambios en nosotros.  Los duelos acompañan todo el proceso de desarrollo humano, el simple hecho de crecer involucra uno, pues se pierde el cuerpo anterior debido a que se pasa por una serie de cambios, que culminan en algo totalmente nuevo, que eventualmente también se irá.  Es por eso que el duelo en la infancia es de suma importancia, ya que en ocasiones las personas adultas piensan que por ser menores sus sentimientos, pensamientos u opiniones no son relevantes, pues van acompañadas de inmadurez o de poca gestión emocional, olvidando que al igual que todos, los niños y niñas merecen respeto y validez.  Si bien es verdad que no van a procesar la información de la misma manera que un adulto, esto no significa que no tengan las herramientas necesarias para comprender la situación, ya que, si se les explica con su vocabulario y en el debido contexto, un pequeño podrá entender lo que se le está diciendo.  Cuando un pequeño está en duelo, por lo general hay sentimientos de tristeza, ira hacia la persona que falleció o ante la situación, melancolía, desagrado y en ocasiones temor. Por ello es de vital importancia reconocer y normalizar sus emociones, ya que eso les enseña que está bien expresar su sentir, dándoles esa seguridad de no estar solos, porque mamá, papá, ambos o los cuidadores primarios. Autor: Psic. María Isabel Rivera.

Duelo infantil por pérdida o muerte de la mascota

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] Mucho más que una mascota, los animales de compañía se convierten en verdaderos compañeros y amigos en las familias a las que pertenecen. Enseñan múltiples lecciones, especialmente a los más pequeños del hogar; como son el valor de toda vida por igual, respeto, responsabilidad, y amor. Entre esas múltiples lecciones, tanto como un amigo de otra especie puede brindar lecciones de vida a un niño, también suelen ser su primer acercamiento al concepto de muerte, pues es un hecho que la mayoría de las especies adoptadas como mascotas poseen una esperanza de vida inferior a la del ser humano. Si bien las circunstancias del trascendimiento juegan un papel importante (si ocurrió por accidente, enfermedad o vejez) en el desarrollo del duelo del infante, también es posible indicar a manera general una serie de pautas que pueden ser de apoyo para los padres/tutores. En primer lugar, es aún más relevante la edad del menor, pues de ello depende el nivel de desarrollo cognitivo y por ende, su entendimiento de lo sucedido. Hasta los 7 u 8 años el pensamiento mágico se encuentra presente, lo que dificulta la comprensión de los tres aspectos primordiales de la muerte: Irreversible: El deceso no se trata de un viaje ni de ir a dormir, puede ser contraproducente a largo plazo emplear estas “mentiras blancas” creando inseguridades, miedo y/o ansiedad al notar que sin importar lo que se diga o haga la mascota no vuelve. Universal: Todos los seres vivientes en el mundo han de trascender, y lo considerable de este hecho es darle naturalidad al hecho en vez de causar temor, pues no se trata de un castigo, y si bien no se sabe exactamente un “por qué” todos fallecemos, ello no constituye por sí mismo un hecho malo, se trata de una parte más de la vida misma que nos permite atesorar aún más nuestro día a día. Inevitable: No existen recetas, instrucciones o magia que eviten nuestra última parada en este viaje al que llamamos vida, por lo que si bien es complicado explicar a quienes se encuentran en las edades del pensamiento mágico, es de suma importancia sincerarse también en lo referente a este aspecto, pues solo así es posible encaminar a los menores de manera adecuada. Validar sus emociones así como proporcionarles un lugar y tiempo para poder despedirse de su mascota es de suma importancia, pues una de las complicaciones más usuales es la falta de validación social que puede tener esta pérdida. Si para los más pequeños de la casa se trata de un amigo o miembro de la familia más, es el deber de los adultos a su alrededor reconocer su lazo, pues hacer de menos su vínculo propicia sentimientos de inadecuación y puede dificultar que los niños aprendan cómo gestionar lo que sienten y disminuir la confianza en sus cuidadores primarios. Empatía y honestidad son  las pautas que deben estar presentes en todo momento, recordando que este es un momento de la vida, un suceso eventual que no significa en absoluto que la tristeza y el dolor de perder a un ser querido son todo lo espera más adelante en la vida, sino que existen aún personas y lugares capaces de brindar confort, pues si bien es cierto que el cambio es una constante a lo largo de la vida, ello no quiere decir que perdamos a quienes queremos, pues sus enseñanzas y compañía siempre van a formar parte de quien somos. Autor: Psi. Adriana Aramis Rosete Viveros.

Duelo infantil por cambio de escuela o residencia

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] Los cambios en los niños a una temprana edad son difíciles de asimilar y sobrellevar debido  a que es la etapa donde recién comienzan a interactuar y formar relaciones con otras personas y con su entorno, desarrollando su personalidad al mismo tiempo por lo que para ellos, un cambio tan significativo e importante como es el cambio de escuela o de residencia puede derivar en un impacto negativo drástico en cuanto a su desarrollo y pueden canalizarlo de manera negativa, pues si bien como adultos suele ser fácil perder de vista cuán importante es el colegio durante los primeros años de vida, para un niño el colegio muchas veces representa un segundo hogar, un sitio al que crean un sentido de pertenencia. Si al infante le es arrancado eso, puede que muestre enojo, impotencia e ira hacia sus padres, o llegar a una tristeza angustiosa al no saber como lidiar con un cambio así de grande e incluso a un cuadro de ansiedad. Por lo tanto, es indispensable el rol de los padres y un uso efectivo de la comunicación es de suma importancia para que los hijos tengan orientación adecuada para encontrar sus propias estrategias que permitan una manera sana de sobrellevar todo el proceso y las complicaciones que conllevan un cambio de escuela y/o de residencia. No se pueden pasar por alto las inseguridades, miedos y preocupaciones de los niños. Al igual que los adultos, son personas con sus propias valoraciones sobre sí mismos y los demás. Por ende, se debe aplicar el mismo cuidado a su estado psicológico. Una de las claves de que el niño comprenda la necesidad de cambiar de colegio es la comunicación con el infante. Es decir, explicarle las ventajas y los porqués del cambio. De igual manera, podría decirse que una ventaja que tienen los niños es que tienen una mente mucho más abierta a los cambios, ya que, aunque es muy probable que el impacto sea más profundo en un niño que en un adulto, de igual manera, tienen la capacidad de adaptarse más rápido a este cambio, siempre y cuando sea en todo momento con el apoyo y respaldo de sus padres. De ahí que la comunicación con el infante sea fundamental en los días o semanas previos y posteriores al cambio de colegio. Prestar atención a este hecho nos permitirá abordar los posibles problemas que tenga, ya sea hablando directamente con ellos, con los profesores, o recurriendo a un psicólogo infantil. Ahora bien, a pesar de que lo anterior también debe considerarse en el cambio de residencia, ya que los niños también son vulnerables emocionalmente en este proceso. Para los pequeños, una mudanza representa un cambio de vida muy brusco que le puede producir ira al tratarse de una decisión que tiene que aceptar en contra de su voluntad, o temor ante la idea de perder el contacto con sus amigos del vecindario a quienes ve cotidianamente, generando inseguridades. Fruto de estas diferencias de criterio es posible que se produzcan discusiones familiares porque el niño muestra su resistencia frente a la elección de sus padres, a quienes se recomienda que ayuden a los niños a afrontar el cambio sabiendo aprovechar el tiempo, pues cuanto más tiempo tengan a su disposición para adaptarse al cambio inminente, de antemano, de manera breve que la familia se cambiará de residencia, pero siempre de forma positiva y ayudando al niño a aclarar todas sus dudas con respecto a la situación con claridad, de ser posible, familiarizarlo con el entorno y también, si existe la posibilidad, de explicarle de alguna manera las “ventajas” que el cambio podría tener, como que hará nuevos amigos, tendrá una nueva casa, nuevos lugares para jugar, entre otros, para así lograr aclimatar al infante a esta nueva situación de una manera más efectiva y sana. En conclusión, es fundamental que en todo momento los niños estén acompañados por sus figuras paternas, quienes proveen la seguridad y amor necesarios para su desarrollo, y sepan que tienen su total apoyo para lograr una adaptación sana y deseable ante esta nueva situación que vivirán, y en caso de ser necesario, acudir a un psicólogo o un profesional de la materia que los pudiera guiar. Autor: Psic. Armando Mejía Cifuentes

Duelos complicados en niños, la otra cara del duelo

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] Vivir un proceso de duelo suele ser calificado como un suceso “complicado” independientemente de la presencia o ausencia de factores de riesgo (entendidos como las características propias del trascendimiento y/o del trascendido cuya incidencia suele ser un foco de alarma sobre el posible desarrollo de un duelo complicado). Sin embargo, cuando hablamos de dicho proceso y todo lo que le atañe generalmente se incurre en omitir la perspectiva infantil por darle prioridad al punto de vista “adulto”. El duelo infantil posee las particularidades propias del crecimiento humano al tratarse de una etapa de aprendizajes y adaptación en donde el menor requiere especial atención y cuidado, pues, por un lado, desconoce cuáles son las conductas y actividades que se consideran correctas dentro de su contexto, y por el otro se encuentra también descifrando quién es “externamente” (identificación de las partes del cuerpo, motricidad, diferencias físicas entre ambos sexos, desarrollo y descubrimiento de aptitudes y limitantes  físicos, etc.) e “internamente” (identificación, regulación y expresión de las emociones, desarrollo de la personalidad, habilidades sociales, apego, etc.). Lo anterior constituye uno de los mayores retos para identificar señales de alerta en el desarrollo normal de un duelo infantil, pues al encontrarse en pleno desarrollo es necesario considerar los aspectos previamente mencionados antes de emitir un juicio, al igual que es sumamente importante reconocer cuáles cambios en la conducta del infante corresponden a lo considerado normal en su desarrollo, como es la etapa coloquialmente conocida como “los terribles dos” en la cual muchos padres de familia se encuentran con dificultad para lidiar con los constantes cambios de humor y actitudes desafiantes que suelen manifestarse a los 2 años de edad. El desconocimiento de cuál es el desarrollo natural del menor suele dar lugar a expectativas e incomprensión por parte de sus cuidadores primarios, y, sin embargo, es igualmente cierto que los tutores se enfrentan a una circunstancia compleja, pues la existencia de un duelo infantil suele tratarse de una pérdida significativa para toda la familia, es decir, los adultos por su parte están pasando también un proceso de duelo, que de no ser gestionado constituye también un factor de riesgo para el duelo infantil. Para poder proveer herramientas que ayuden a construir un estado mental sano a los niños, es necesario que la o las personas a cargo de su cuidado cuenten con sus propias herramientas en primer lugar, pues solo entonces podrán identificar cuáles son los pensamientos, emociones y sentimientos que forman parte del desarrollo humano, cuáles pueden ser producto de la pérdida y aún más importante, cuáles características son un indicador de posible duelo complicado, tanto en el pequeño a su cuidado como en sí mismo, pues es posible que como parte del dolor personal se realicen ciertas negligencias que a primera instancia no constituyen un foco de alerta, como la evitación de ciertos lugares y/o personas que para el menor pudieran ser en realidad una manera de construir la resignificación de su pérdida. La otra cara del duelo es no perder de vista cuán compleja es también la percepción del mundo desde la mente de un niño, propiciar la expresión de sus inquietudes, miedos e inseguridades y fomentar el sano entendimiento de sus emociones a la par que se le brinda la validación y seguridad necesarias para propiciar un desarrollo saludable. De este modo, se hace lo posible por fomentar condiciones que favorezcan un crecimiento saludable, propiciando factores de protección que sirven como inhibidores o atenuantes del duelo complicado. Por último, cabe resaltar al lector que en caso de percibir señales de una posible complicación en el proceso de duelo de un menor cuya edad oscile entre los 4 hasta los 12 años de edad lo mejor es acudir con un especialista en la salud mental infantil, pues la perspectiva especializada de un parapsicólogo puede esclarecer si se trata de una alteración en el desarrollo, si se trata de uno o múltiples duelos así como las herramientas y adecuaciones factibles por parte de la familia para encaminar el modo en que se relaciona y su manera de entender el mundo, en pro de una niñez plena.   Autor: Psic. Adriana Rosete Viveros

Hablemos de la muerte

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] Aprendemos en la infancia que el ciclo de la vida culmina para todos los seres vivos con la muerte y que por ende esta es algo que forma parte de la vida misma y, sin embargo, con el paso del tiempo nuestra visión de la vida se desarrolla completamente ajena al concepto de muerte, a pesar de que esta última tiene implicaciones que sobrepasan a nuestra ausencia física: aspectos legales, familiares, laborales, etc. Es posible afirmar que la cultura moderna tiende a ignorar los conceptos relacionados con el final de la vida, y si bien las causas de ello tienen múltiples orígenes como el estilo de vida competitivo y acelerado al que se ve sometida la mayor parte de la población, el abandono de usos y costumbres relegados por la adquisición y diversificación de préstamos culturales de la globalización, etc. De allí que a partir de estas condiciones, existe una tendencia al desconocimiento y el desinterés de todo lo que rodea a la muerte, ignorando que dichos aspectos son necesarios e incluso, si se les gestiona adecuadamente pueden tener un efecto positivo antes del trascendimiento, como son los trámites legales y la reestructuración y/o resolución de conflictos familiares. El mejor tiempo para actuar y gestionar dichos asuntos siempre es el presente, pues su relevancia no se queda exclusivamente en el tiempo post-mortem, sino que contrario a lo que pueda parecer en un primer instante, se trata de hechos que en realidad suelen verse complicados por la falta de gestión en vida. Un ejemplo claro es la realización de un testamento, documento legal en el que se esclarece la sucesión de bienes e incluso sus limitaciones, que solo es un medio para gestionar lo que se construyó en vida: las dinámicas sociales de quien lo realiza al igual que sus pensamientos, sentimientos e intenciones, que por supuesto, una vez trascendido siguen siendo válidos pues se trata de una extensión (avalada por la ley) de la voluntad de un individuo respecto a lo que construyó patrimonialmente. Si bien es cierto, este aspecto legal de la muerte requiere de conocimientos y recursos que no son universalmente accesibles para todo ser humano, lo cierto es que sí existen otros elementos relacionados con el final de la vida cuya gestión puede considerarse accesible, como es el clarificar situaciones familiares/sociales y laborales, pues las relaciones interpersonales son una de las esferas más afectadas tras el trascendimiento, y negarse a hablar de la realidad de la pérdida (por los motivos que fuesen) no constituye en sí misma una herramienta útil, sino todo lo contrario: no se puede gestionar aquello que ignoramos. Des estigmatizar e incorporar la muerte a nuestras vidas no es llamar a su puerta ni invitar a que ocurran desgracias sino todo lo contrario: ayudar a disminuir los sentimientos negativos como el miedo y la ansiedad que ocasionan, el fortalecer nuestros lazos y redes de apoyo al incluir este aspecto tan natural de la vida en nuestras conversaciones para de este modo darle el espacio que merecen a nuestros seres queridos, libres de cargas, arrepentimientos y rencores. Es un acto más de amor. Autor: Psic. Adriana Rosete

Duelo por trascendencia

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] El duelo por la trascendencia de una persona cercana implica sentimientos muy dolorosos, y el duelo no tiene un tiempo de duración definido, éste puede variar de tiempo de duración dependiendo de cada persona. Aunque puede parecer muy duro, difícil o hasta imposible, las personas logran aprender a sobrellevar, a adaptarse a la vida sin esa persona presente en sus vidas, existen formas y pasos para ayudar a las personas a aprender a vivir sin sus seres queridos. Permitirse sentir el dolor de la pérdida es importante, así no se guarda nada la persona y además evita que haya algún efecto negativo como sentir culpa o pensar que se podía haber hecho más por el trascendido. La muerte de un ser querido no se supera, se aprende a vivir sin él, se adapta a esa trágica situación, se resignifica y se recoloca emocionalmente Llevar el duelo a un tiempo y forma que se desee, no hay un tiempo establecido de duración del duelo, no se trata de correr en el duelo, sin embargo, tampoco se trata de hacerlo eterno, si bien el duelo no tiene tiempo definido si puede dar un panorama para su evaluación, ya que posterior a los 3 años de duelo, con señales claras de intensidad este se cataloga duelo complicado Relacionarse con otras personas y hablar del dolor de la perdida que padecen podría ayudar a liberar y procesar mejor los sentimientos, No es necesario que te brinden respuestas, simplemente que estén dispuestos a escuchar y apoyar en el momento en el que se necesite. El expresar los sentimientos o emociones mediante dibujos, cartas o canciones es una buena vía de desahogo y liberación del dolor que se está experimentando y puede llegar a ser sanador y proporcionar un paso fundamental hacia la adaptación de vivir sin esa persona. Realizar algún tipo de actividad física también puede proporcionar una buena manera de canalizar los sentimientos que existan, ya sea como caminar, correr o andar en bicicleta. Pueden ayudar con las emociones como ira o angustia. Pasar tiempo con familiares y amigos es sanador y reconfortante, salir a cenar, al cine o a pasear a algún lado es liberador y ayuda a manejar de mejor manera el duelo con ayuda de seres queridos. Esto de ninguna manera debería provocar sentir culpa por querer seguir adelante con la vida, al contrario, podría indicar que está aprendiendo a vivir a pesar de la ausencia de la persona, puesto que simbólicamente siempre se le llevará presente en sus vidas. Perdonarse por las cosas que se le pudieron haber dicho a nuestro ser amado trascendido y también perdonarse por lo que no se le dijo puede ayudar en el proceso del duelo. Al realizar estas acciones, se puede enfocar más en los buenos recuerdos y experiencias que se tuvieron con esa persona. De igual manera, si en algún momento se llegara a necesitar apoyo de un profesional, ya sea de algún psicólogo o psiquiatra, para que ayude a sobrellevar el proceso del duelo de mejor manera, siempre puede recurrir a alguno y este lo apoyará y guiará en lo que se necesite. Autor: Psic. Armando Mejía Cifuentes.        

Aprendiendo a gestionar mi ansiedad

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] La ansiedad en muchos aspectos puede ser catalogada como algo negativo, algo no grato para el ser humano, sin embargo, hay que entender que tener ansiedad no es lo mismo que tener un trastorno de ansiedad, puesto que la primera hace referente a una emoción básica del ser humano, visto de otra forma, es un mecanismo de defensa, que se encarga de mantener al cuerpo alerta para las situaciones que pueden ser de potencial peligro, es algo normal, natural y adaptativo en todos los seres humanos, y permite al organismo movilizarse, atacar, huir, paralizarse o adaptarse según el caso, es muy eficiente cuando estamos en situaciones como un robo, algún accidente de tráfico, el ataque de algún animal peligroso etc. Sin embargo, no siempre se activa en esas situaciones, dado la vida diaria del ser humano, el sistema de regulación de ansiedad sé hiperactiva, y puede ser activado con cualquier estímulo que asemeje una amenaza, por ejemplo, la sensación de quedarme solo o sola, el no saber qué decir, el miedo al fracaso o el miedo a fallar, aunque es cierto que hay factores que permiten sea más fácil la llegada de un trastorno como las características de predisposición biológica, factores ambientes, factores propios de la personalidad etc. En este artículo nos enfocaremos en el factor ambiental que produce el perder a un ser amado, y como gestionar las crisis de ansiedad. El perder a un ser amado es en sí un gran factor de riesgo, la forma de morir además de la calidad de la relación en tiempos recientes a la trascendencia son factores que importan, y que pueden hacer sentir algunos de los siguientes síntomas: Agitación Aumento del latido cardiaco Falta de aire Pensamiento catastrófico Miedo intenso Crisis de llanto Aumento o disminución de la presión arterial y de glucosa.   Entre muchos otros síntomas, es importante saber que la ansiedad no se elimina, se reduce, se gestiona y se hace más fácil la toma de decisiones y la gestión emocional en el momento. Paso 1: Alejarnos del estímulo, es crucial alejarse del lugar o de las personas que provoquen en el aquí y él ahora la crisis de ansiedad. Paso 2: Utilizar una de las técnicas de reducción de ansiedad como respiración diafragmática, hacer base, gestión con hielo y técnica de relajación progresiva de Jacobson, (véase en archivos adjuntos) Paso 3: Posterior a una severa crisis de ansiedad es recomendable tomar un baño. Es posible que a inicio no vea los resultados como se los imagina, sin embargo, es la paciencia y la persistencia en las técnicas la que harán se perfeccionen y se reduzcan con mayor intensidad, al mismo tiempo, es relevante comentar que no todas las dinámicas funcionan en todos, la efectividad varía de persona en persona, no obstante, lo fundamental es tener las herramientas necesarias para el afrontamiento. La ansiedad, en muchas ocasiones debilita y obstaculiza muchos aspectos de la vida misma, la ansiedad en el duelo es real, como real es su dolor, sin embargo, no tienen que pasar solos, la ayuda siempre estará al alcance de ustedes si se lo permiten Autor: Psic. Jonathan García Mezhua.

Luto y duelo, ¿Cuáles son sus diferencias?

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] Los seres humanos somos seres sociales, nos desenvolvemos formando grandes grupos y subgrupos en los que se generan normas y costumbres de acuerdo al consenso, mismas que si bien en muchas ocasiones no se encuentran estipuladas de manera formal en un reglamento sí han sido instauradas mediante la enseñanza práctica dentro del núcleo familiar, de manera constante. Y así como la sociedad influye en nuestra manera de ver la vida, de desenvolvernos y desarrollarnos como individuos, su influencia se extiende al modo en el que vemos la muerte y todo lo que le rodea, pues también entorno a ella se han erigido usos y costumbres al igual que prejuicios influenciados por el pensamiento colectivo. Al aspecto conductual y social de la pérdida de un ser querido se le denomina “luto”, palabra que hace referencia al “Signo exterior de pena y duelo en ropas, adornos y otros objetos, por la muerte de una persona.” De acuerdo con la Real Academia Española (2014). Otras definiciones de la RAE incluyen: “Vestido negro que se usa por la muerte de alguien.” Y “Duelo, pena, aflicción.” Siendo esta última la que ocupa al presente artículo. Es necesario aclarar que las definiciones de la RAE se ven influenciadas por la relación de reciprocidad que existe entre los individuos y su medio/ambiente, aceptando paulatinamente los usos coloquiales de algunos términos y reconociendo incluso como propios ciertos extranjerismos que la modernidad ha ido incorporando a nuestro idioma. Una vez aclarado cómo el uso cotidiano de las palabras las transforma y modifica el modo en que las comprendemos (y por ende, a nuestra realidad) cabe resaltar que desde la psicología y la tanatología el hablar de luto y de duelo hace referencia a dos aspectos distintos aunque por supuesto, en muchas ocasiones relacionados. Ambos términos se encuentran ligados a la pérdida de alguien muy querido, más no por ello se vuelven intercambiables entre sí. El duelo puede definirse de un modo general como el proceso de adaptación que resulta de toda pérdida significativa, ya sea que se trate de un objeto, de una persona o mascota, e incluso puede deberse a aspectos intrapersonales como la pérdida de capacidades mentales o físicas, o los cambios experimentados al transitar de una etapa evolutiva a otra (por ejemplo pérdida de la juventud). Si bien cada persona vive de manera individual cambios y manifestaciones particulares a nivel cognitivo, emocional y conductual, es posible afirmar que el duelo se trata de una respuesta universal al dolor de la pérdida, pues incluso si las circunstancias de lo perdido y del doliente son siempre particulares e intransferibles, hemos sido capaces de englobar, con base en lo que atraviesa la mayoría de sujetos, una serie de pasos e inclusive tareas en cuanto al duelo. Y es en el carácter universal del duelo donde se puede encontrar una primera diferencia entre este y el luto, pues mientras que el duelo es una respuesta natural, el luto se trata de una reacción social que como tal, varía y se transforma notoriamente entre distintas regiones y subgrupos. El luto engloba las manifestaciones conductuales que existen de cara a la colectividad, tales como vestir de negro, colocar un moño negro en casa, no escuchar música, no acudir a reuniones, etc. Dichas manifestaciones se transforman y adaptan junto a los fenómenos sociales del colectivo al que pertenecen, de modo que en la actualidad ciertas costumbres del luto han tenido una disminución notoria en cuanto a su práctica, mientras que otras nuevas surgen, como ausentarse de redes sociales o colocar una imagen con un lazo negro en el perfil personal. Con base en lo anterior se puede concluir que a medida que las necesidades, recursos y tendencias sociales cambian, también se modifican las ideas con relación a la muerte. La segunda gran diferencia entre el duelo y el luto, es que mientras que el primero se relaciona directamente con el sentir y el pensar del doliente, el segundo no necesariamente va acompañado de una carga emocional o cognitiva propiciada por la pérdida, de modo que en realidad ni el guardar luto es indicativo de que aún se vive un duelo, ni la ausencia de este es una señal de que la persona ya ha alcanzado la resignificación de la pérdida. Autor: Psic. Adriana Rosete Viveros.

Hablemos sobre las tareas del duelo

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] En entradas anteriores de este Blog Del Angel, se ha hablado acerca de las etapas del duelo, su significado y como repercute en la vida diaria del ser humano, pues es un proceso que ocurre todos los días, constantemente sufrimos pequeñas o grandes perdidas, que nos van marcando y que paso a paso nos acostumbramos a ellas, pues nos adaptamos a nuevas realidades cada día. Es por eso que en esta ocasión se tocará el tema de las tareas del duelo, ya que son fundamentales para el proceso mismo, es un apoyo para que uno sane. Existen diversos autores que hablan acerca de estas, por fines prácticos se tomara como referencia al autor William Worden. Para ello, es necesario llevar un proceso de duelo encaminado a la pronta adaptación, pues nunca superaremos la perdida de un ser amado, la pérdida se resignifica, se recoloca o se sana; ya que superarla podría significar el olvidarle, el pensar que nunca fue parte fundamental de nuestra vida y eso es algo imposible de hacer, es por eso que él nos habla acerca cuatro tareas fundamentales; 1.- Aceptar la realidad de la pérdida: En primera instancia es completamente normal que no se acepte en su totalidad la perdida de nuestro ser querido, ya que, como se ha mencionado en anteriores artículos, el proceso de duelo comprende varias etapas, por lo que es probable los primeros días no se reconozca el trascendimiento, por lo que, la práctica de rituales funerarios es indispensable para permitir tomar constancia de lo sucedido y la unión de quienes comparten el dolor. 2.- Elaboración del dolor del duelo: Aquí es indispensable reconocer que está bien tener periodos de sensibilidad, saber que es probable que lloremos, estemos apáticos, tristes, enojados y con muchos sentimientos que al final se traducen en el amor que sentimos por esa persona que ya no está con nosotros físicamente. Es normal que los primeros días queramos evitar cualquier contacto con algún objeto de valor, un lugar o cualquier cosa que nos recuerde nuestro dolor, sin embargo, el prolongar evitar sentir, a la larga puede traer consecuencias para nuestro bienestar. 3.- Adaptarse a un nuevo mundo sin el ser querido: Cada miembro de la familia cumple con un rol y tiene su función dentro de la convivencia día a día, por lo que la perdida no solo deja un vacío emocional, sino también causa un desequilibrio en la dinámica familiar, por lo que es importante hacer ese ajuste por el bien común, no significando que se suplantará al ser amado, sino, que se hará lo mejor posible por estar bien. 4.- Reubicar emocionalmente al ser querido trascendido: Resignificar lo que sentimos por nuestros seres que ya no están en el plano físico es un proceso que requiere tiempo, es por eso que paso a paso con el apoyo de profesionales de la salud, nuestra familia y entorno, se busca esa adaptación a la nueva realidad donde la persona que trascendió, solo vive en nuestro recuerdo y corazón, dándole la importancia que merece y sabiendo que jamás se le olvidará, pues ha depositado una parte de él en los corazones de quienes amo y seguirán amándolo. Estas cuatro tareas requieren de tiempo, pero es circunstancial y dependerá de cada persona, pues todos pasamos nuestros duelos de manera distinta, ya que ningún duelo es igual a otro, pero de lo que sí estamos completamente seguros es que la esencia de ese ser especial, jamás se irá, porque todas las personas que conocemos dejan huella en nuestros corazones.   Autor: Pisc. María Isabel Rivera García. Referencias Mateu-Mollá J. (2019), El tratamiento del duelo según Willim Worden. Psicología y mente. Recuperado de: https://psicologiaymente.com/clinica/tratamiento-duelo-segun-william-worden

Técnica RGD

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] Después de la muerte de un ser querido, se enfrentan dos situaciones igual de difíciles y dolorosas, ya que no solo se debe afrontar y aprender a vivir sin esa persona, sino que también se presenta la situación del ¿qué hacer con lo que a él o ella pertenecía?   Algunas personas mantienen su ropa y todas sus pertenencias intactas y tal como las dejó su ser amado para tener la idea de que de alguna manera él o ella siguen con ellos de alguna manera, hay otras personas que ordenan y organizan todo lo que era de esa persona para de alguna manera aliviar su dolor. Sin embargo, ni dejar todo tal y como estaba ni ordenar u organizar todo lo que era del ser amado es recomendable hacerlo de inmediato, es mejor esperar a que pase un tiempo y prepararse de mejor manera emocionalmente hablando para pensar que hacer con sus pertenencias. Alguna sugerencia que se puede dar pasado un tiempo de la trascendencia del ser querido y al estar preparado emocionalmente es que las cosas del ser querido pueden reutilizarse, quizá dar un poco de ropa o algún accesorio a algún familiar que la pueda necesitar o que desee usarla o a algún conocido que de igual manera pueda darle buen uso. Otra sugerencia o recomendación que se otorga es que se guarde simplemente si no desea reutilizar o donar, y así siempre se tendrá presente su esencia al ver o cuando se limpie u organice y vean sus pertenencias, lo recordarán con mucho amor. Por último, se aconseja igual que si no se desea reutilizar o guardar, está la opción de donar sus pertenencias a alguna organización sin fines de lucro, tal vez a una casa hogar o a algún asilo donde puedan necesitarlo o darle un buen uso y de esta manera sabrán que queda en buenas manos. Hay que recordar siempre que, si se decide donar o reutilizar, no se está faltando el respeto a la memoria del ser querido, si no más bien se está dando un buen empleo a lo que él dejó en vida, tomar en cuenta que se le da a gente que lo necesita o pudiera requerir, y si se decide guardar, se hace con el máximo respeto y saber que siempre su esencia quedará guardada no solo en sus pertenencias o lo que dejó en vida, sino también en sus corazones. Autor: Psic. Armando Mejía Cifuentes.

Factores de Riesgo

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] Siempre estas épocas nos recuerdan que la familia es uno de los pilares más importantes que componen la vida de todo ser humano, ya que, las fiestas, ritos y costumbres adornan los hogares. Ese momento en que todos juntos se visten para la ocasión, se preparan, viajan, todo esto con el fin de conectar, compartir y disfrutar de estas festividades, agradeciendo un año más de vida y la dicha de poder estar con los seres amados. Desafortunadamente, muchas veces estos momentos que tanto anhelamos y que esperamos, por cuestiones ajenas a nosotros se ven interrumpidos o jamás llegan, pues la perdida de un familiar o ser amado en estos momentos trunca esas expectativas. Puesto que, en estas épocas es probable que incremente el consumo de alcohol, drogas y otras sustancias nocivas para la salud debido a que se busca un refugio que ayude a evitar ese sentimiento de dolor y angustia que nos provoca el trascendimiento de nuestros seres especiales. El proceso de duelo en estas fechas puede ocasionar que se aíslen y lleguen a pensar que la vida misma no tiene sentido alguno, debido a la profunda tristeza a la que se enfrenta alguien que recientemente ha sufrido una perdida. El INEGI (2020) menciona que el año pasado, diciembre fue el segundo mes con mayor porcentaje, siendo de 10.17% de decesos, siendo el primero julio con 11.10%, por lo que, en estas fechas donde se acostumbra convivir y celebrar con la familia a la que pertenecemos, es fundamental no dejar de lado estos sentimientos que si bien, no son malos, pudieran fomentar la desesperanza en alguien. Es normal y sano, querer estar solos, sumando la cultura de luto que tenemos, de no celebrar ni asistir a ninguna fiesta que tenga fecha cercana el trascendimiento de nuestro familiar o ser amado, pues implicaría faltarle al respeto a su partida, pues “debemos” estar tristes. La carga cultural que deja el perder a un ser amado en estas fechas, es importante, ya que, define totalmente como será nuestro proceso de duelo, muchas veces por miedo a que dirán o pensarán, actuamos de una forma que pudiera complicar nuestro proceso o prolongarlo, haciendo que se vuelva desadaptativo. Un ejemplo que podemos tomar sería el hecho de que después de años se evite utilizar ropa de otro color que no sea negro, pues en ocasiones la familia sigue en luto, o el hecho de no permitirse el ir a un restaurante donde frecuentaba su ser amado, si esto se ve imposibilitado con el pensamiento de faltarle al respeto u ofenderle. Es fundamental saber que no estamos solos y que no pasa nada si necesitamos ayuda de un profesional, pues somos seres humanos, sentir nos acompañará a lo largo de nuestra existencia, por lo que no está mal llorar, ni sentir miedo, solo debemos recordar que el apoyo, el cariño y el amor nunca se va, ni nada ni nadie, inclusive la muerte, lo puede borrar. Debido a esto, se recomienda tener cuidado al momento de convivir y pasar tiempo con nuestra familia, todo con medida es sano, por lo que, en lo posible se sugiere evitar el consumo de sustancias nocivas y los excesos de estas. Por el contrario, se recomienda buscar apoyo terapéutico, en caso de requerirlo, pues como mencionábamos antes, no necesariamente se debe pasar por esto solo. También la familia y sus cuidados pueden ser un factor detonante al camino de un duelo sano. El amor, comprensión y cariño que se ve en aquellos a los que se les denomina familia, es único e irrepetible, duradero inclusive después de trascender. Autor: Psic. María Isabel Rivera García.

Blues de Navidad

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] El tiempo pasa, las horas corren y nuevamente llega esta época del año, es prácticamente imposible no asociar al mes de diciembre con la felicidad de estar acompañados, de tener un espacio en la familia, los días de descanso del trabajo y abrazar a quienes quizá no se veía desde hace mucho, las épocas navideñas por lo regular, tienden a mejorar el estado anímico, sin embargo, esto no sucede con todas las personas, como toda en la vida no puede haber una totalidad asumida. ¿Qué pasa con esas personas que esta época les provoca todo lo contrario? ¿Tiene algún nombre clínico este padecimiento? ¿Cómo identificarlo y qué se puede hacer? Si bien, esto no tiene un nombre o categoría dentro del Manual Diagnóstico y Estadístico de las Enfermedades Mentales, en su quinta edición, (DSM-V, por sus siglas en inglés) los expertos lo catalogan como un estado anímico con reacciones que se pueden percibir como “negativas” y que tienen una temporalidad en invierno, específicamente en las épocas decembrinas, algunos psicólogos lo han llamado, navidad blanca o blues de navidad, tal es el caso del psicólogo y psicoanalista Steve McKeown, quien señaló que “la decoración navideña nos permite conectar con nuestro lado más sentimental y volver a la infancia.” Pudiendo tener cierta nostalgia, pero más paz y tranquilidad de haber sido feliz, por otro lado, algo que apunta cuestiones más biológicas de este suceso se encuentra en el hipotálamo, específicamente en el reloj biológico de los mamíferos, ubicado en el núcleo supraquiasmático, este trabaja con los ciclos naturales de día y noche, sueño/vigilia cada 24 horas, también recibe información sobre el ciclo luz/oscuridad externa, lo interpreta y reacciona ante él a través de la melatonina (hormona del cuerpo que juega un papel importante en el sueño. La producción y liberación de melatonina en el cerebro está relacionada con la hora del día, es decir que aumenta cuando está oscuro y disminuye cuando hay luz). Por eso reaccionamos ante los cambios horarios habituales como los que hace poco se vivieron en varias partes de la república mexicana, pero también ante las estaciones del año. Se considera que el ciclo circadiano (reloj biológico que regula y programa las funciones fisiológicas del organismo en un período de un día) cambia según las estaciones, todo esto llevó a investigadores del Instituto de Investigación Baker en Melbourne (Australia) a estudiar el fenómeno y han observado que el volumen de serotonina disminuye en los meses de invierno debido a la baja luminosidad. La serotonina es un neurotransmisor del sistema nervioso central que influye en la gestión de los estados de ánimo y sus cambios estacionales. A menos horas de luz, menor producción de serotonina y, por tanto, peor humor y menos energía. Como se puede observar, hay múltiples factores que puede afectar con este estado anímico a las personas, y si se le suma las múltiples pérdidas que a lo largo de la vida o inclusive del año, ya sea por pandemia COVID-19 o cualquier otro padecimiento, pensar en la navidad a veces es pensar en todo lo que ya no se tiene; ¿cómo ayudar a las personas que están pasando por este problema?, o inclusive, ¿cómo ayudarme? La mejor recomendación es que también se haga consciente las cosas que en el año ha aprendido, ha adquirido que ha ganado, por muchas o pocas que sean, tener un equilibrio siempre es lo ideal, reconocer la realidad de la temporada, sin expectativas hacia la sensación “positiva” o sensación “negativa”, evitar aislarse en su totalidad, conectar con su emoción y canalizarla, hacia un dibujo, un baile, una canción o fotografías, algo hecho por la persona que pasa por estos momentos, la familia, juega un papel muy importante, ya que no se necesita señalar ni criticar, se necesita empatizar y escuchar atentamente las necesidades del familiar en cuestión. El blues de navidad pasará, las malas rachas pasarán, pero lo que difícilmente pasará será la sensación de ser ayudado o no, de ser escuchado o no, por los que nos rodean, decidamos ayudar. Autor: Psic. Jonathan García Mezhua.

¿Cómo le explico a mis hijos?

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] El último mes del año nos trae recuerdos y expectativas, pues es culturalmente asociado a rememorar todo lo que el paso del tiempo nos ha traído, lo que estoy dispuesto a comenzar en este nuevo año que se avecina y también, lo que durante los anteriores meses ha sido apartado de mi vida. El hecho de perder a un ser querido transforma la realidad de distintos modos, su ausencia se ve reflejada en la necesidad de modificar rutinas, planes, y demás aspectos propios de la calidad de vida y el estilo de vida. Cuando además me encuentro en casa con niños que esperan lo culturalmente asociado a la Navidad y otros eventos de diciembre (intercambio de regalos, reuniones con sus amigos, posadas, etc.) el enfrentar la nueva realidad mientras les ayudamos a comprender la necesidad de implementar cambios puede tornarse en un estresor que dificulte aún más el proceso de adaptación. Uno de los motivos que dificulta el poder hablar con los hijos de manera honesta sobre el trascendimiento de un familiar es el no saber qué decir, el miedo a que mis palabras sean fuente de dolor, tristeza o confusión, el hecho de que “aún como adultos” a menudo nosotros mismos somos incapaces de encontrar un “Por qué” a lo ocurrido. Y, sin embargo, es cierto que la labor de acompañar y ayudar a elaborar el duelo de nuestros hijos forma parte de la responsabilidad como figura paterna o materna, especialmente si se trata de un menor de edad que se encuentra en las primeras etapas del desarrollo humano, o sea, durante la primera infancia (de los 0 a los 5 años) y la infancia (entre los 5 años y los 10 años). En dichas edades la madurez cognitiva de los menores se está construyendo, motivo por el cual es importante tener en mente que el modo en que nos acerquemos a ellos para brindarles orientación, confort e información debe adecuarse a su edad, teniendo como parámetro la existencia del “pensamiento mágico” durante el periodo que comprende desde el nacimiento hasta los 8 años. Y ¿en qué consiste el pensamiento mágico? De acuerdo con Nemeroff y Rozin (2013) consiste en “intuiciones o creencias que trascienden el límite usual entre la realidad mental/simbólica y la física/material”. Se trata de la capacidad que tienen los infantes de desdibujar los límites entre lo que para los adultos claramente denota la existencia de realidad y ficción, pues dentro de su entendimiento del mundo no existe lo imposible, siempre que sean capaces de imaginar algo son también capaces de verlo y viceversa. Todo puede ocurrir pues el desarrollo a nivel cerebral aún no les permite comprender el modo en que se comportan los objetos y conceptos de la cotidianidad. Ahora bien, esto no significa que sea imposible hablar acerca de la muerte con niños pequeños, sino que las palabras y conceptos empleados deben ajustarse a su edad bajo el entendido de que es necesario explicar del modo más concreto posible dicho fenómeno natural. Hacer esto es ayudar a que los infantes puedan procesar de un mejor modo lo ocurrido y también puede contribuir a la disminución de sentimientos de angustia o ansiedad producidos por el pensamiento mágico en su intento de explicar lo ocurrido por sí mismos. Al tener en cuenta que factores como la edad, lazo con el familiar trascendido, experiencias de vida estresantes o traumáticas anteriores, presencia de una red de apoyo, personalidad, entre otros, es posible afirmar que no existen palabras que puedan establecerse como una guía de acción, pues son múltiples factores individuales los que deben tomarse en cuenta para platicar acerca de la muerte con niños. Pese a ello, a continuación, se exponen algunos conceptos clave que de acuerdo a profesionales e instituciones (como el Colegio médico de Bizkaia en España) fluyen en la comprensión y aceptación de la pérdida y marcan una pauta sobre lo que pudiera decirse a los hijos: Es universal (afecta a todos los seres vivos en algún momento, no hay nadie que no pueda morir). Es irreversible (no hay nadie que pueda volver a la vida). Es incontrolable (no depende de lo que pensamos o lo que dijimos, ni de promesas rotas, mentiras o algo que dejamos de hacer). El cuerpo deja de funcionar, no se está dormido ni descansando. No hay una respuesta correcta ni precisa sobre qué es lo que pasa después, o si existe algo más allá de la vida. Con base en lo anterior, es posible construir una explicación que brinde seguridad ante la nueva manera de vivir las fechas decembrinas, pues definitivamente los niños notarán la ausencia de un ser querido en la cena navideña, o incluso la interrupción de tradiciones familiares, una mayor sensibilidad en sus cuidadores o la falta de regalos debido al estado de ánimo de distintos miembros de la familia. Y si bien es cierto que no forzarse a vivir el último mes del año como si nada hubiera cambiado no es lo recomendable para el desarrollo de un duelo sano, también es sumamente importante reconocer cuando a pesar de sentimientos como tristeza profunda, anhelo, frustración, etc. se tienen los recursos personales, sociales y económicos para realizar un pequeño esfuerzo que brinde a los hijos un pequeño referente de “normalidad” como pudiera ser permitirles adornar un rincón de la casa o darles un pequeño obsequio aun si se decidió no poner el arbolito de navidad. Ayudarles a comprender un “por qué” de las cosas de un modo lo más apegado posible a la realidad, sin dejar de lado la protección y cariño propios de la relación padre-hijo, es ayudarles también en su desarrollo, es un modo más de cuidarles y prepararlos para el futuro, bridándoles la certeza de que sin importar las dificultades inesperadas que tenga la vida, pueden contar con su familia para acompañarse y apoyarse los unos a otros, construyendo juntos nuevas tradiciones. Autor: Psic. Adriana Rosete Viveros. Nemeroff C.& Rozin P. (2013) Operation of the Sympathetic Magic Law of

Una navidad sin ti

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] La navidad es probablemente la época más alegre del año para muchas personas, sin embargo, para aquellas personas que recientemente perdieron a un ser querido, puede ser una época muy difícil de sobrellevar. Fundamentalmente, se debe estar consciente de que esta navidad será muy diferente a las anteriores, ya que no estará el familiar que trascendió presente y por lo mismo, algunas tradiciones y costumbres que se tenían antes son susceptibles a cambiar. Asimismo, también se pueden crear nuevas tradiciones o actividades en honor y memoria de la persona trascendida, tales como contar anécdotas o experiencias que se tengan con esa persona, mirar algún álbum familiar, preparar su comida favorita o escuchar su canción preferida. Todo aquello que simbolice al ser amado siempre será bienvenido como una muestra de su amor y su presencia en los corazones de todos. Es importante que para el proceso de duelo en esta fecha se respete el duelo propio y de los demás, así como se deleguen la organización de las actividades en caso de que no se puedan realizar por uno mismo. Permitir que la gente que se preocupa por las personas que están en su duelo, que se aman y que quieren, estén a tu lado en ese momento difícil es esencial, ya que pueden ayudar en la realización y preparación de las festividades, pero de igual manera, pueden ofrecer una mano para el desahogo, para que se libere esa carga que se lleva dentro y si no es de esta manera, puedan ofrecer su apoyo de muchas otras maneras. La pérdida del ser querido puede provocar grandes cambios en la vida de la familia y puede provocar que se aprecien y atesoren los pequeños grandes detalles de la vida tales como una cena familiar, pasar tiempo con la familia, el intercambio de regalos, todos esos pequeños momentos crecen exponencialmente en cuanto a su valor y su significado. Tomar en cuenta a los niños es esencial de igual manera, estar con ellos, brindarles apoyo y conversar con ellos, respetar su propio proceso de duelo y preguntarles, ¿cómo quieren celebrar esta navidad?, explicarles de manera honesta y sincera el porqué de la ausencia de su familiar y acompañarlos en todo momento, pueden realizar un acto simbólico en memoria de su ser amado, cómo plantar un árbol, o crear una tradición anual en navidad, como una presentación con marionetas de algún libro o película que le gustara, bailes de alguna canción que fuera de sus preferidas, entre otros. Recordar siempre que no se olvida al ser amado, sino al contrario, se honra en su memoria y saber que siempre se mantendrá en los corazones de las personas que lo aman, recordándolo en una fecha tan especial como lo es la navidad. Por último, tomar en cuenta que no pasa nada si no se quiere celebrar la primera navidad después del trascendimiento del ser querido, pero no sería del todo saludable jamás volver a hacer un acto simbólico en estas fechas, es importante tomar en cuenta que en la segunda navidad se debe de intentar realizar algo diferente a la primera, en caso no de haberle celebrado. Todo tiene su tiempo, sin embargo, debemos de saber que el tiempo no lo cura todo, son nuestras acciones en ese tiempo. Autor: Psic. Armando Mejía Cifuentes

Bebés arcoíris

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] El duelo por la pérdida de un hijo es uno de los sucesos más dolorosos que le puede ocurrir a los padres, puesto que nunca tuvieron la dicha y la oportunidad de conocer a su bebé. Por lo tanto, la muerte perinatal pudiese tener secuelas adversas en los padres. La muerte perinatal se da cuando el hijo fallece dentro del vientre de la madre, específicamente después de la semana 22 de gestación. El duelo perinatal, en definición de Martín, es “es la respuesta de abatimiento debido a la pérdida de un hijo durante un embarazo, que incluye diferentes formas de pérdida, tales como: el aborto espontáneo, el ectópico, el aborto terapéutico y la muerte neonatal temprana. Cualquier pérdida perinatal causa alteraciones emocionales, psicosociales y de conducta”. Es importante que se tomen su tiempo de duelo los padres que perdieron a un hijo, tomar en cuenta que el tiempo promedio que se tarda en sanar o resignificar la pérdida es de un año y medio a dos años y medio, sin embargo, esto no quiere decir que sea exactamente en ese tiempo la sanación del duelo, ya que cada caso es diferente, no obstante, cuando el tiempo es mayor a 4 años y mi vida no es funcional a causa del duelo este se puede catalogar como duelo complicado.  En algunas ocasiones, el dolor de la pérdida es tan inmensa que resulta en la separación de los padres, pero en los casos en que no sucede así, si después de un tiempo de duelo, la pareja decide darse a la oportunidad de volver a tener otro hijo, a este se le conoce como “bebé arcoíris“. Asimismo, cabe mencionar que el término “bebé arcoíris” se utiliza con sumo respeto y no es de ninguna manera un nombre científico propio, sino más bien una expresión coloquial. Ahora bien, ¿qué es un bebé arcoíris? Usualmente, al bebé que nace luego de la pérdida de un hijo en gestación o, en otros casos, de la pérdida de un familiar en general, se le conoce de la manera previamente mencionada. Se debe tener siempre presente que el bebé que nace posteriormente del hijo trascendido en la etapa perinatal nunca será un reemplazo ni se debe percibir como tal. Este bebé es alguien completamente diferente y por lo mismo, se le debe amar y querer como único. A propósito de esto, se brindan algunas recomendaciones para con el hijo nuevo, las cuales son las siguientes:        · Que no se le ponga el nombre que tenían pensado para el anterior hijo,        · No ponerle ropa que estaba destinada para el anterior, · Se recomienda que se le compren nuevos juguetes diferentes a los que se tenían planeados darle al hijo que perdieron, · No tener las mismas expectativas con este hijo que las que tenían con el pasado, ya que este hijo es único y diferente. Igualmente, se invita a dejar de lado el miedo a “borrar el amor” hacia el bebé que se perdió, así como el miedo a un nuevo embarazo, el amor que se tiene hacia un nuevo bebé debe de ser totalmente independiente y único. Los bebés arcoíris llegan para iluminar y traer luz a la vida de sus padres y, por extensión, de su familia. El niño o la niña no viene de ninguna manera a reemplazar ningún espacio vacío, sino más bien, a engrandecer el corazón. Un bebé siempre será un regalo a la vida, lo más bonito que puede suceder, y una vez que se tienen en las manos, es el sentimiento más hermoso del mundo que se podrá experimentar, por esta razón amen a su hijo o a su hija, disfrútenlo, quiéranlo por ser quien es y que su pérdida previa no nuble la felicidad y plenitud que están viviendo en ese momento. Jamás borrarán la esencia de su bebé y tengan siempre presente que no son malos padres y que no fue su culpa que su hijo trascendiera. Por último, se recomienda asistir a asesoría psicológica y/o asistencia tanatológica en caso de ser necesario, mencionando algunos ejemplos como: enojo hacia el bebé, medo crónico a que el bebé muera, pensamientos recurrentes de no merecer ser madre o padre, entre otros. Autor: Psic. Armando Mejía Cifuentes Domínguez, C. (2018). Niños arcoíris: la llegada de un bebé tras la pérdida de un hijo. El mundo. Recuperado de https://www.consumer.es/bebe/que-son-los-bebes-arco-iris.html López, A. (2011). Duelo perinatal: un secreto dentro de un misterio. Scielo. Recuperado de https://scielo.isciii.es/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0211-57352011000100005 Martín, M. (n.d.) Duelo perinatal. Recuperado de http://www.fmae.es/Adjuntos/CODEM/Documentos/Informaciones/Publico/7e040f14-0bea-421f-b327-440fe67f3617/c6375835-5e32-4e8c-9419-4438be7efc5d/6fe7eed3-fa6d-449b-b2ce-dd7b5e844ce6/5.-DUELOPERINATAL.pdf

Duelo y culpabilidad

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] Las culpas en el duelo son más comunes de lo que parece, hay diferentes motivos para desarrollarlas, diferentes motivos para elaborarlas, sin embargo, en gran medida son culpas irracionales, la gran diferencia entre la culpa racional y la irracional radica en la intención de los actos, la racional prácticamente es aquella en donde se tiene verdad en la palabra, en donde puede haber responsabilidad, no tanto en el aspecto de su muerte, pero quizá sí en el cuidado y en posibles negligencias en el mismo, mientras que la segunda culpa, la irracional, tiene que ver con el pensamiento de: “Pude haber hacho más” o “debí” por ejemplo, “debí de haber manejado más rápido, debí de llamar a la ambulancia antes, no me debí de haber movido al baño porque en ese instante trascendió, estoy seguro pude haber cuidado mejor, no le hubiera dado permiso de ir” aunque al principio resulta difícil diferenciar una de otra, a medida que el proceso avanza, que la resiliencia, la aceptación y resignificación del duelo empieza a aparecer estos tipos de culpa empiezan a disminuir, sin embargo, hay cuatro tipos de culpa más que pueden invalidar, generar pensamientos irracionales entorno a la pérdida y volcarse a una situación de sufrimiento en el duelo según Sánchez (2019): Sobredimensionar el amor, El doliente hubiera querido evitar las circunstancias como ocurrieron, sin embargo, no fue posible, por ello, es posible cargar con una responsabilidad excesiva: en donde se responsabiliza de asuntos que no dependieron directamente de él o ella, o que no está en su mano poder resolver. En estos casos el doliente muchas veces no tiene en cuenta sus límites, tampoco en consideración que hay asuntos que no dependen de su amor, ya que a veces es posible se pueda pensar “el amor lo puede todo” Por ilimitado que sea su afecto, la capacidad de proteger a los que amamos es limitada. Asuntos que quedaron sin resolver en la relación; por lo que hubo y crees que no debería haber sido: enfados, irritación, mala comunicación. O por lo que faltó: agradecimiento por lo vivido, más muestras de amor… Esta culpa permite al doliente revisar y replantearse su conducta. Y puede ser la ocasión idónea para poner toda su atención e intención en cambiarla. Culpable por no cumplir las expectativas de los demás. Estas emociones se intensifican al ver cómo lo que siente afecta a su entorno. Las expectativas de quienes le rodean probablemente sean que mejore. No obstante, cuando el doliente no se siente comprendido, tiene miedo al rechazo y se siente inadecuado, esto en algunas puede llevar a silenciar lo que verdaderamente siente. Otro motivo común es relacionado con el proceso de rehacer la vida: empezar a estar mejor, poder reír, pasar un buen día. El doliente puede temer que esto signifique olvidar al ser querido, traicionarlo, dejar de quererle, la culpabilidad En general, las tipologías relativas a la culpa contienen el deseo de compensar al ser querido por lo que se piensa faltó y lo que no se le pudo dar. Si la culpa no se elabora, este sentimiento nos lleva a vivir llenos de dolor, irritados, con ideas y pensamientos irracionales, poca tolerancia; esto puede suponer un obstáculo para la sanación del propio duelo, y al mismo tiempo puede desencadenar factores de riesgos para un probable duelo complicado, basado en la desadaptación del mismo. No obstante, cuando el doliente es capaz de procesar su sentimiento de culpa, gestionar adecuadamente las emociones y trabajar internamente en el auto perdón es muy probable desarrollen las siguientes habilidades: Tomar decisiones externas o internas que compensen lo que faltó o lo que no se pudo dar. Poner en práctica esas decisiones en honor a la persona fallecida, agradeciendo su recuerdo. De esta forma, el doliente se permite vivir procesos de crecimiento y transformación. La culpa nos mueve, pero lo que más nos moverá siempre será el amor incondicional. Autor: Psic. Y Tan. Jonathan García Mezhua Sánchez, R. (2009), Los cuatro tipos de culpas en el duelo, Fundación Mario Losantos del Campo.

Duelos perinatales

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] Los seres humanos forman parte de un todo, nacen, se van desarrollando, se enamoran, construyen lazos a lo largo de su vida, con muchísimas personas que dejan huella, encuentran a alguien con el que deciden formar algo a lo que llamar hogar, es entonces cuando se decide formar una familia, si es que así se planea y quiere. Ver crecer al fruto del amor que los unió, la llegada de los hijos y es durante la crianza donde se les ayuda puliendo sus alas para que, después de un tiempo emprendan el vuelo y sean tan libres como les sea posible. Sin embargo, desafortunadamente, esa expectativa y esa ilusión se puede ver disuelta por cuestiones ajenas a nosotros, dando paso a una muerte prematura surgiendo así, un duelo inesperado, esto dificulta mucho el mismo proceso, ya que, a pesar de que sabemos, nunca se está preparado para sobrellevar el perder a alguien a quien amamos, en este caso para los progenitores o cuidadores primarios tiende a ser doloroso y complejo el afrontar esta situación, de haber perdido a ese ser que nunca tuvo la oportunidad de conocerlos. Es entonces por lo cual los duelos perinatales son tan complejos, complicados y delicados, pues se vive una perdida de alguien a quien no se pudo conocer por completo, se rompen y se quiebran esos sueños e ilusiones que la familia y los padres crearon para ese ser.  Los duelos perinatales hacen referencia a un embarazo que culmina con la pérdida del producto, incluidos el aborto espontáneo, el ectópico, el aborto terapéutico y la muerte neonatal temprana. Es por esto, que se le llora y extraña a lo que pudo ser y es por eso que es de suma relevancia tratar de no lacerarnos con el “hubiera…”, ya que, ese es el más doloroso de todos, debido a que, como padres, se crea una expectativa de lo que será del futuro de su hijo o hija. Que le gustará, cuál será su primera palabra, cuantas anécdotas y travesuras hará, que decidirá estudiar, cuál será su color favorito, “me sacará canas verdes o será tranquilo como su abuelo”, todos esos componentes que terminan por culminar en una personalidad y en ciertas características que lo componen como ser único. Es por eso, que los familiares más cercanos pudieran ser de gran apoyo en este proceso, así como también pudieran entorpecerlo y causar daño, aunque no sea esa su intención principal, ya que, en su afán de tratar de mitigar el dolor, en ocasiones se dicen o expresan frases hirientes y poco empáticas, más hacia las personas gestantes que hacia los compañeros. A pesar de no existir un manual o las palabras mágicas para quitar su sentir o su perdida, es importante resaltar que no decir y como no actuar ante este tipo de situaciones con base a lo que viven los padres que acaban de perder a su hijo. En primera instancia, debemos considerar el factor y el sentir de la mujer o persona gestante, si bien es un momento difícil, la mayor carga de culpabilidad recae en ellas, debido a las frases tan famosas de “ella es la madre, debió cuidarse más”, “mujer que no es mamá, no es mujer completa”, “tener hijos es el propósito de toda mujer, para eso nacimos mujeres”, entre otras más, que hacen alusión a que, como personas que pueden gestar, por el simple hecho de tener útero son una “fabrica de bebés”, por lo cual, es probable que la mujer sienta culpa, remordimiento y sentimientos de inferioridad, al no sentirse apta para ser mamá, tanto en la parte gestante como en la crianza, además del hecho de perder a un hijo, acompaña ese sentimiento de vacío y culpabilidad en el cual se cuestiona porque ella sigue viva y no el menor, quitándose humanidad y derecho a vivir. Sumándole que estos temas no se hablan, debido a la intimidad con la que se nos ha enseñado a llevar nuestra vida sexual no erótica, como la menarca, la fertilidad, la menopausia, entre otros procesos naturales en el cuerpo humano. Poco se habla de la participación del varón en estos temas, debido a que su cercanía con el tema de los hijos es reciente, ya que, antiguamente se creía que su única participación en la crianza era la de proteger y proveer, dejando de lado ejercer su paternidad, porque ese era el trabajo de la mujer, sin embargo, hoy día la participación del hombre en estos temas se ha vuelto más activa, por lo que ellos también experimentan ese duelo, pero, muchas veces son dejados de lado, debido a la falsa creencia en ellos, porque se piensa que no tienen una relación tan estrecha como la embarazada, invalidando así sus emociones, sentimientos y experiencia, provocando ese rechazo al dolor y a la tristeza, además de pensar que deben ser fuertes. Todo lo anteriormente mencionado, es un factor que pudiera generar conflictos en la pareja, en su relación y en sus decisiones, es probable que al final de todo, terminen por divorciarse o separarse, pues a veces la perdida de un hijo, tiende a ser razón suficiente para culminar con la relación que sostenían, por la creencia de que “un hijo viene a mejorar las cosas para la pareja”, sumándole que, en muchas ocasiones la familia no ayuda a este proceso, pues en su razón de querer ser un apoyo para los padres, cometen errores, como decirles frases como “Ella no sirve para ser madre, te lo dije desde un principio”, “ustedes ni eso pueden hacer”, “Es por eso que te dije que debías dejar de trabajar, mira las consecuencias”,  y esto posiblemente generará más disputas para la pareja. Por lo anteriormente mencionado, es importante concluir con que, no hay palabras o acciones que podamos hacer para evitar o eliminar que la pareja se sienta triste, es completamente normal que lloren, que externen su inconformidad, que extrañen o que duela, pues el duelo aquí radica en esa expectativa y

Hablemos de perdón

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] Uno de los eventos más difíciles de afrontar para los seres humanos es la muerte de un ser amado. Cuando esto sucede, se lleva a cabo un proceso de duelo en el que el punto final del mismo es asimilar la pérdida de la persona. Para este artículo nos enfocaremos en cómo se sobrelleva el duelo a través del auto perdón. Asimismo, menciona Vargas (2003), en su artículo “Duelo y pérdida” que “el duelo es un sentimiento subjetivo que aparece tras una pérdida. Es un proceso por medio del cual asumimos, asimilamos y maduramos”. La forma en que los seres humanos expresamos el duelo está estrechamente relacionada con la cultura a la que pertenecemos, a las situaciones que rodean dicha pérdida, a la edad de la persona que fallece y sí dicha muerte fue anticipada. Cabe resaltar la diferencia entre duelo y luto, ya que, en el duelo, se internalizan los sentimientos y emociones de la persona que está pasando por eso, mientras que el luto se refleja a través de las acciones o conductas externas. Por esto mismo, no se debe sentir culpa por querer realizar cosas con la normalidad que acostumbramos previo a la pérdida del ser querido. Está bien querer escuchar música, querer salir a eventos sociales, salir con amigos o familia. De ninguna manera se está olvidando a la persona ni se debe sentir culpa por querer vivir de manera normal después de su deceso, solamente se debe aprender a asimilar y a adaptarse a esta nueva realidad. “En este sentido, una parte fundamental del duelo sería el proceso de aceptación de todos estos acontecimientos, de elaboración del dolor, la expresión de la emoción que nos provoca, el entendimiento y aceptación de ese sufrimiento que nos permite posicionarnos nuevamente en la vida habiendo integrado toda esa experiencia y recuperando esa identidad perdida” (Gómez, 2015). Dentro del proceso del duelo, muchas veces entra lo qué es la culpa de tal vez no haber hecho todo lo posible por nuestra persona, pero esa culpa mayormente es originada de un juicio falso provocado por la angustia, impotencia y tristeza del momento complicado que se está viviendo. Es importante saber las claves del auto perdón, que son distinguir la verdad, ser honestos con nosotros mismos y no engañarnos, asumir lo que sucedió en verdad, reconocer nuestras emociones de manera sincera y abrirnos a sentir. Fundamentalmente, se debe dejar de pensar en lo que pudimos haber hecho mejor y lo que no debimos hacer, y recordar y atesorar los momentos y las cosas que, si pudimos realizar con esa persona, para así poder perdonarnos a nosotros mismos. Verdaderamente, el auto perdón es la capacidad de reconocer la verdad más allá de nuestro dolor dentro del mismo proceso del duelo, ya que nosotros siempre deseamos todo lo mejor para nuestro ser querido y que nunca pensamos que ninguna de nuestras acciones o pensamientos que hayamos tenido para con la persona hayan podido desencadenar en su trascendimiento. Es esencial que comprendamos que nosotros hicimos todo lo posible por nuestro ser amado, debemos atesorar todos los bellos momentos que pasamos con ellos. Se deben tener en cuenta que, si la manera en que se vivieron los últimos momentos con la persona no fue de manera perfecta, eso no significa que no haya dado mi 100% con mi mayor esfuerzo y la mejor versión de mí en ese momento. Se puede seguir adelante con nuestra vida a través del auto perdón, tal vez no de manera inmediata, ya que es un proceso que tiene una duración que depende plenamente de cada persona, pero siempre será saludable y benéfico el dejar de sentir esa carga de culpa en los hombros de uno mismo, de sentir que no hicimos lo suficiente por y para con la persona que perdimos, que tal vez no tuvimos el mejor comportamiento en sus momentos finales de vida, pero siempre se debe tener presente que fue todo lo contrario, que hicimos todo por nuestro ser querido y que todo momento que se compartió con él o ella, bueno o malo, efímero o duradero, alegre, feliz o triste, tendrá un significado hermoso eterno, porque pusimos todo de nosotros en ellos. El perdonar es liberarnos, es hacernos un regalo a nosotros mismo que nos permite avanzar en nuestro propio proceso de duelo. El perdón nos hace más humanos, y nos permite tomar la decisión de dejar de ser víctima de las circunstancias una y otra vez, dejando atrás lo que sucedió, comprendiéndolo con una mirada compasiva que evite la necesidad de estar reviviéndolo una y otra vez, dándome mayor libertad para vivir el presente y construir un nuevo futuro. Autor: Armando Mejía Cifuentes. Gayosso. (N.D.). “El perdón después de la pérdida de un ser querido”. Gayosso. Recuperado de https://www.gayosso.com/blog/el-perdon-despues-de-la-perdida-de-un-ser-querido Gómez, M. (2015). “El perdón en el duelo. Los  cuentos como herramienta terapéutica”. Bonding. Recuperado de http://bonding.es/el-perdon-en-el-duelo-los-cuentos-como-herramienta-terapeutica/ Vargas, R. (2013). “Duelo y pérdida”. Scielo. Recuperado de https://www.scielo.sa.cr/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1409-00152003000200005

Factores de riesgo

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] [Anteriormente en éste mismo blog se han publicado artículos que describen las características de los trastornos más incidentes con el proceso de duelo y su correlación con este último, así como el duelo complicado, por lo que se recomienda su previa lectura antes de proseguir con el presente artículo.] Antes que nada es importante aclarar que la pérdida de un hijo constituye por sí misma un factor de riesgo, en el sentido de poseer características que usualmente determinan la probable evolución de un duelo saludable a un duelo complicado, debido a las particularidades propias del trascendimiento (inesperado y repentino) y del trascendido (especialmente si se trata de un menor de edad, y el fuerte vínculo de apego entre padres e hijos, además del rol como cuidadores y benefactores que ejercen los padres). Pero ¿qué es un factor de riesgo? Se trata de características o cualidades de un individuo o un grupo de personas que se encuentran directamente ligadas a una mayor probabilidad de daño a la salud, entendiendo a esta última como un “completo estado de bienestar físico, mental y social y no solamente la ausencia de afecciones o enfermedades” de acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS, 1948) Y si bien es cierto que cada duelo es completamente único y multifactorial, también es posible afirmar la existencia de factores de riesgo, indicadores de una tendencia al agravamiento de las respuestas a nivel cognitivo-conductual del doliente (como son los sentimientos de culpa y desesperanza, estado de ánimo depresivo, el aislamiento social y la anhedonia [incapacidad de experimentar alegría o placer con actividades que anteriormente sí producían dicha emoción]) que en muchos casos no solo complican aún más el proceso de readaptación a la nueva normalidad que supone el trascendimiento de un ser querido, sino que conllevan un subsecuente estado patológico que pudiera derivar en alguno de los siguientes trastornos: trastornos del estado depresivo, trastornos de ansiedad y/o trastorno por estrés postraumático. Es un hecho que los trastornos anteriormente mencionados no poseen una relación de causalidad directa con el duelo: sería falso afirmar que allí donde existe un doliente es seguro que va a presentarse sintomatología depresiva, ansiosa o traumática; sin embargo, lo que sí puede afirmarse es que los eventos y reacciones que en inicio son considerados “normales” como parte del duelo, pueden tornarse en un duelo complicado debido a la falta de atención psicológica especializada para el correcto asesoramiento y detección de los siguientes factores de riesgo: Pérdida inesperada y/o violenta (accidente, asesinato o suicido) Relación cercana de gran apego con la persona trascendida (entendiendo que el apego se trata de un vínculo afectivo que se da de manera natural entre dos individuos, y que no es lo mismo que una codependencia) Ausencia de una red de apoyo social (se define como toda persona o grupo que permita a la persona sentirse valorada, incluida y segura con su presencia) Aislamiento total de su círculo social, que no debe confundirse con el deseo ocasional de tener tiempo a solas con uno mismo, natural al inicio del duelo (puede ser involuntario al principio y propiciar pensamientos de ser juzgado e indeseado por los demás, reforzando la conducta de evitación social) Antecedentes personales o familiares de depresión, ansiedad, estrés postraumático, o tendencias de personalidad poco adaptativa, es decir, disfuncional Presencia de un duelo sin resolver anterior (ya sea por la pérdida de un ser querido o de bienes, una relación cercana u otros, sin importar cuántos años hayan pasado) Trascendimiento de un ser querido en un momento cercano en el tiempo, o una pérdida de otro tipo (en ambos casos se trata de un antecedente con menos de 1 año de diferencia con el trascendimiento del hijo) Experiencias traumáticas durante la infancia no resueltas (maltrato, descuido, haber presenciado un accidente o el deceso de otra persona, etc.) Problemas personales (laborales, económicos, de pareja, etc.) al momento de trascender el hijo Abuso de sustancias adictivas, legales o ilegales, así como conducta ludópata (incapacidad de controlar los impulsos reiterados de participar en juegos de azar y apostar) En definitiva, reconocer dichos factores no se trata necesariamente de un proceso fácil, pero tampoco es algo que debamos llevar a cabo de manera solitaria, pues el contar con apoyo tanto de familiares y amigos como de expertos en la salud mental, es un modo de cuidar mi duelo, de tomar acción y dirigirme hacia la sana transición que es reconstruir mi vida. La ausencia de un hijo es sumamente dolorosa para quien la padece, pero al reconocer en primer lugar que el dolor es algo completamente individual y personal, que no puedo forzar a quienes me rodean a asentir ni pensar lo mismo que yo al respecto, estoy dando un primer paso hacia la adaptación de esta nueva realidad que implica reacomodar mis creencias, relaciones y rutinas a una vida en la que, ciertamente, puedo extrañar al ser amado, más no por ello debo negar que la vida aún tiene momentos felices por ofrecer en el futuro (contemplando que usualmente no van a ocurrir de manera fácil ni espontánea en un inicio) pero el doliente tiene el poder de aceptar recibir ayuda de su red de apoyo e incluso (de ser necesario) de un profesional de la salud mental. Evitar que la vida cotidiana se vea afectada es algo que solo puede llevarse a cabo trabajando en conjunto con un especialista capacitado (psicólogo y/o psiquiatra) para detectar la presencia o ausencia de cualquier factor de riesgo (ya sea de entre los detallados en este artículo o algún otro que solo durante el acompañamiento terapéutico salga a la luz) y evitar un deterioro mayor de la salud física y mental, o el agravamiento del deterioro ya existente. Recibir y pedir ayuda especializada son modos de transicionar a un estado mental que permita recordar al ser amado con amor, con todo lo que como padres se hizo con un cariño indudable y especial por él o ella, como se merecen. Organización Mundial de

Duelos complicados

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] Si bien el duelo consiste en un proceso con experiencias complejas e individuales que impiden establecer una fórmula estricta o una serie de pasos lineales e inalterables, sí ha sido posible determinar de un modo general (enfocado a “la mayoría”) cuáles son los pensamientos, sentimientos y conductas que tienden a presentarse recurrentemente, en individuos funcionales que a su ritmo determinan el modo y el tiempo necesarios para resignificar el dolor de la pérdida y adaptarse a los cambios que esta ha traído. Sabiendo que existe un marco de referencia para ello, hablar de duelo complicado es referirse a las conductas de duelo que salen de la norma, ya sea que se trate entonces de un duelo anormal, patológico, traumático, no resuelto, crónico, retrasado, o exagerado, mismos que para efectos prácticos del presente artículo, se engloban bajo el nombre “duelo complicado”. De este modo, al hablar de duelo complicado se hace referencia a algunas de las siguientes características listadas en el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM) en su quinta edición (2013) sobre el Trastorno de Duelo Complicado: Presencia de reacciones de dolor intensas que persisten al menos 12 meses tras la muerte del fallecido (6 meses en niños) Las respuestas de dolor del individuo interfieren con su capacidad para funcionar durante al menos 12 meses tras la muerte (la reacción del duelo es desproporcionada de acuerdo con las normas culturales y la edad del doliente) Déficits en el comportamiento laboral y social, junto con comportamientos perjudiciales para la salud (desconfianza, irritabilidad, sentimiento de indefensión o inutilidad, reticencia a hacer planes a futuro, abuso de sustancias adictivas, etc.) Pena intensa, llanto frecuente, preocupación respecto al fallecido e ideación suicida, que se define como “todo aquel pensamiento enfocado a desestimar el sentido de la vida, el anhelo por acabar con la vida propia, la planificación de las acciones suicidas y fantasías en torno a la muerte”. (Varengo, 2016) Quejas somáticas (manifestación de la afectación emocional a través de malestares físicos) y mayor probabilidad de desarrollar afecciones cardiacas, hipertensión, inmunodeficiencias, y una consecuente menor calidad de vida Es importante destacar que dicha sintomatología debe ser evaluada por un profesional de la salud mental, quien podrá emitir un juicio pertinente con base en el proceso de acompañamiento psicoterapéutico, puesto que las vivencias que conforman un duelo varían no solo de persona a persona, también de duelo en duelo, siendo así que el mismo individuo puede vivir de formas completamente distintas el duelo aun si las circunstancias y el tiempo del trascendimiento fueron los mismos. Si bien es cierto que se han determinado parámetros de lo esperable como “normal” al experimentar un duelo, también es correcto afirmar que cada persona construye a su particular modo dicho proceso, variando de sujeto en sujeto los pensamientos, sentimientos y acciones que este origina, así como la duración, frecuencia y sucesión de los mismos. “Puede ser un error considerar que algunos miembros de una familia de dolientes estén procesando mal el duelo, o incluso haciendo un duelo complicado incluso haciendo un duelo complicado, simplemente porque no sigan el patrón temporal o el ritmo del resto de la familia” (Chacón J., Martínez-Barbeito M. & González J., 2018) Recibir ayuda psicológica y/o psiquiátrica son acciones que no deben ser descartadas por el doliente y sus allegados, aún bajo el entendido de que “es importante respetar los tiempos y ritmos de cada uno de los dolientes.” (Chacón J. et al, 2018), ya que al ser impredecible el desarrollo del duelo, la prevención es una medida necesaria dada la gravedad de las posibles complicaciones, que incluyen además la presencia de otros trastornos del estado ánimo como el Trastorno depresivo mayor, Trastorno por estrés postraumático o Trastornos por consumo de sustancias, mismos que a su vez requieren la atención especializada de expertos (psicólogo y psiquiatra) para su tratamiento. Al mismo tiempo conviene subrayar que la distinción primordial respecto a un duelo normal y uno complicado consiste en una característica no solamente vital sino también observable: la funcionalidad del individuo. ¿Qué quiere decir esto? Que si bien, las capacidades y habilidades de quien recientemente ha entendido que un ser amado trascendió se ven naturalmente disminuidas a nivel físico, mental, y social a lo largo del singular curso del duelo (con fallas en atención y memoria, fatiga, apatía, enojo, culpa, dificultad para llevar a cabo labores cotidianas y experimentar alegría con lo que anteriormente le hacía feliz, así como alucinaciones visuales o auditivas y aislamiento social, por mencionar algunos ejemplos), su sola presencia o ausencia no es lo que determina la “normalidad” del mismo, sino su duración e intensidad al ser vividas por una persona, de modo que el duelo “normal” es aquel en el que el individuo avanza, a su propio ritmo, hacia una resolución y resignificación del dolor, implementando pensamientos, sentimientos y acciones adaptativos a la pérdida. Además, existen factores en cuanto al trascendimiento y el trascendido que pudieran dar pauta a la detección de un posible “Trastorno de duelo complejo persistente”, como son las circunstancias del trascendimiento (accidente, negligencia, acto violento, suicidio, desapariciones, u otra causa inesperada y repentina), la edad del trascendido (con una mayor incidencia al tratarse de menores de edad) y la relación existente (vínculos con un fuerte apego como el de padres a hijos, parejas, o en los que alguno ejercía el rol de cuidador/benefactor). Otros posibles factores que con frecuencia indican señales de alerta radican en el doliente, y suelen ser: culpa, aislamiento social, el consumo de sustancias como el alcohol y las drogas como soluciones ineficaces a su falta de visión optimista de la vida, la existencia de un diagnóstico previo por trastorno psicológico y la presencia de diagnósticos previos dentro de la familia. Con respecto al último punto, si bien no puede definirse una causalidad directa por la sola existencia de antecedentes de trastornos mentales en el núcleo familiar, definitivamente es un factor que debe tomarse en cuenta durante la valoración de factores de riesgo. Los sentimientos de culpa suelen

Ansiedad y duelo

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] Cuando perdemos a un ser amado, los sentimientos de desamparo, abandono y desesperanza son completamente normales durante el proceso de adaptación, sin embargo, muchas veces  este se puede complicar debido a factores externos. La ansiedad es un estado de alerta en el que el cuerpo pasa por diferentes síntomas psicofisiológicos, pues experimentamos sensaciones tanto emocionales como físicas; mareo, taquicardia, respiración agitada, etc. La respiración más fuerte genera mayor oxigenación para el corazón, este bombea más sangre a los músculos y al cerebro, para tener más glucosa y oxígeno, los músculos se tensan para proceder a huir si así se requiere, en pocas palabras, el cuerpo se prepara física y mentalmente para protegerse de cualquier situación de peligro. Cuando la persona se sienta fuera de peligro, el sistema se equilibra y vuelve al estado de reposo. Sin embargo, muchas veces no se tiene una idea de que o de donde pudiera venir el peligro, por lo que las sensaciones desagradables como el ritmo cardiaco o la respiración tienden a elevarse a niveles fuera de lo común para esa persona, provocando una sensación de no poder respirar. Cuando esto sucede en repetidas ocasiones, durante un tiempo determinado e inclusive comienza a generar malestar y problemas en el área laboral, social, escolar y familiar, estamos hablando de un trastorno. En esta ocasión se hablará sobre el Trastorno de Estrés Agudo (TEA) y su relación con el duelo, tiene la duración de un mes aproximadamente, la persona pudiera presentar síntomas tanto fisiológicos como anímicos, estos tienden a disminuir hasta casi desaparecer, aunque es posible que, cerca de la fecha en la que se suscitó el evento la persona con TEA re experimente dichos malestares. Se trata sobre alguien que presenció la muerte de un ser querido de manera directa o simplemente con el simple hecho de verlo en el féretro, fue un impacto para esa persona, sin embargo, si dentro de los primeros seis meses del duelo, no existe una reducción de los síntomas, es posible la presencia de un Trastorno de Estrés Postraumático (TEPT), la diferencia entre estos radica en la persistencia de los síntomas, ya que en el TEPT los signos dificultan el proceso de adaptación en el afectado. (Nota: este artículo es con fines informativos, no se recomienda diagnosticarse con base en lo leído, si tiene dudas se recomienda acudir con un profesional de la salud) En el DSM-V (2013) que es el manual estadístico de los trastornos, emitido por la Asociación de Psicología Americana (APA), se divide en cinco categorías; Síntomas de intrusión: Tales como recuerdos y sueños recurrentes del suceso, verse en la situación en tercera persona, que algunos objetos, aromas, lugares le recuerden el suceso y genere malestar. Estado de ánimo negativo: Dificultad para experimentar felicidad, satisfacción, o sentimientos positivos. Síntomas disociativos: Verse desde la perspectiva de otro e inclusive olvidar detalles importantes del suceso traumático. Síntomas de evitación: Esfuerzo para evitar recuerdos, pensamientos, sentimientos, lugares, personas, actividades, objetos o situaciones que producen angustia que están directamente asociados al evento. Síntomas de alerta: Alteraciones en el sueño, la persona tiene un comportamiento irritable, se vuelve paranoico, se le dificulta concentrarse y responde de manera exagerada. Todo esto afecta directamente al proceso de duelo, ya que es necesario para la persona comenzar a adaptarse a la perdida, debe ser capaz de vivir experiencias que estén relacionadas con la persona que trascendió, ya que parte del proceso es aceptar que ya no esta. Es completamente normal que aparezca cuando la muerte del ser amado ha sido de manera súbita y abrupta, cuando por ejemplo se ha estado cuidando y pudiera presentar mejoría, sin embargo, luego de un tiempo sin antelación, esta persona trasciende, o cuando es un accidente, un homicidio o inclusive un suicidio. Cuando el ser amado sufrió un accidente que lo ha dejado irreconocible, es complicado y entendible, pero se recomienda no verlo, ya que pudieran afectar a los recuerdos y afectar el proceso. Es importante generar un ambiente sano donde los afectados puedan vivir su proceso de duelo, que se validen sus emociones, sentimientos y pensamientos, paso a paso comenzar a adaptarse a esta nueva realidad donde esta ausente la persona que trascendió, esto no significa que hay que olvidarlo, al contrario, no estamos renunciando a nuestro ser amado, simplemente es necesario comprender que físicamente ya no esta, pero que siempre vivirá en nosotros, en nuestros recuerdos, experiencias y sentimientos, pues nunca dejaremos de quererle y pensarle con cariño y amor. Autor: Psic. María Isabel Rivera García.

Depresión y duelo

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] Posterior a la pérdida de una persona importante en nuestras vidas, es una reacción normal que el doliente experimente sentimientos de soledad e incluso desesperación, así como la emoción de tristeza profunda ante el nuevo panorama que supone reajustar sus dinámicas sociales, familiares, económicas, conductuales, etc. Sin embargo, es importante reconocer que aunque dichos sentimientos son lo esperable, es fundamental prestar atención al modo en que se desarrollan. Dado que el estado mental que usualmente caracteriza de un modo general al proceso de duelo es un estado que inhibe la capacidad de análisis y resolución de problemas en el doliente, puede resultar en una visión negativa de las propias habilidades y aptitudes, baja autoestima, y sentimiento de responsabilidad por los acontecimientos negativos previos a la pérdida del ser amado; todo ello, sumado a antecedentes de sintomatología depresiva (como pueden ser la anhedonia [incapacidad de disfrutar actividades que anteriormente le alegraban], sentimientos de inutilidad, disconformidad con uno mismo, culpa, autocastigo, etc.) pueden contribuir al sentimiento de desesperanza clásicamente relacionado de manera reiterada con la depresión, pues el individuo no está consciente de que sus percepciones se encuentran distorsionadas. De acuerdo con el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales (DSM) en su quinta edición (2013), es posible para un profesional de la salud mental determinar un diagnóstico dependiendo de variables como son las características del individuo (género, edad, antecedentes familiares clínicos, etc.), los síntomas manifestados, el tiempo en que se suceden, duración de los mismos y su origen, pudiendo determinarse entonces la presencia de alguno de los siguientes trastornos: I. Trastorno depresivo mayor II. Trastorno depresivo persistente (distimia) III. Trastorno de desregulación disruptiva del estado del ánimo 1. Trastorno disfórico premenstrual 2. Trastorno depresivo debido a otra afección médica 3,Trastorno depresivo inducido por sustancia/medicamento VII. Otro trastorno depresivo especificado o no especificado Dado que la sintomatología depresiva incluye múltiples variables, tanto físicas (poco apetito o sobrealimentación, insomnio o hipersomnia, entre otras) como psicológicas (culpabilidad excesiva o inapropiada, baja autoestima, falta de concentración, etc.) y conductuales (intento de suicidio o un plan específico para llevarlo a cabo) es de suma importancia el permitirse solicitar y recibir ayuda de un psicoterapeuta durante el proceso de duelo, ya que es el especialista quien se encargará de determinar si las características del individuo corresponden con el criterio diagnóstico depresivo y de ser así, cuál es el trastorno a tratar. El rasgo común de todos estos trastornos es la presencia de tristeza profunda y vacío emocional, acompañado de cambios físicos y mentales que afectan significativamente la capacidad funcional del individuo. Conlleva una serie de características tales como “una visión distorsionada del mundo, pensamientos negativos sobre sí mismo, sobre-generalización, excesiva autocritica, baja tolerancia a la frustración” (Cañon, 2011, p. 65) situaciones que hacen que los dolientes sean más vulnerables para generar pensamientos y conductas suicidas. Y si bien la depresión es un importante factor de riesgo para la salud (física y mental) de quien la padece, su presencia no resulta imprescindible para que se suscite ideación suicida. Cabe recalcar nuevamente que entre las distintas emociones que el doliente pudiese atravesar se encuentran momentos recurrentes de tristeza profunda y desesperanza, mismos que no deben confundirse en primera instancia con la existencia de sintomatología depresiva, pues si bien el trascendimiento del ser amado transforma y desorganiza el día a día de quien vive su duelo, la mayoría de los individuos son capaces de reestablecer rutinas y llevar a cabo tareas indispensables de autocuidado y socialización a pesar del abatimiento emocional con ayuda de sus redes de apoyo (familia, amigos, profesionales en salud mental, autoridades religiosas, club deportivo o social, en esencia todo lugar al que se sienta perteneciente, valorado y comprendido) estas forman parte importante en la resignificación del duelo. En el caso de la sintomatología depresiva se trata de características cuya prolongación temporal e intensidad les permiten interferir con el óptimo desempeño de quien padece un trastorno depresivo, causando una serie de disfunciones que merman el desenvolvimiento psicosocial del individuo y que, incluso, pueden afectar también a quienes conforman su entorno inmediato, pues aún las acciones indispensables de autocuidado como son atender la higiene personal y la higiene del sueño son ignoradas. De ahí que el acompañamiento terapéutico durante el duelo sea una valiosa herramienta para gestionar los sentimientos complicados que ha originado la pérdida, e identificar pensamientos, sentimientos y conductas de riesgo que no necesariamente en todos los casos corresponden a un diagnóstico de enfermedad mental. Y es allí en donde reside su importancia: discernir si el individuo vive un duelo normal o un duelo complicado de acuerdo a los criterios diagnósticos del DSM-V (anhelo constante y dificultad para aceptar el trascendimiento superior a un año) y si existen síntomas de depresión leve, moderada o grave. La depresión relacionada con el duelo tiende a ocurrir en las personas vulnerables a los trastornos depresivos y se puede facilitar la recuperación mediante el tratamiento antidepresivo, siempre y cuando la persona esté dispuesta a reconocer las conductas de riesgo que ha adoptado, que pueden ir desde el aislamiento constante de su círculo social y la sobrecarga de trabajo o labores domésticas para evitar experimentar ansiedad y sentimientos depresivos, hasta el abuso de sustancias adictivas ilegales y el deterioro psicosocial que esto conlleva. Cuidar lo que comemos, nuestras rutinas de higiene del sueño, activación física e interactuar con nuestra red social de apoyo son algunas de las pautas que nos permiten estar en condiciones óptimas, tanto física como mentalmente, para aceptar los sentimientos que el duelo ha originado, ya que con la ayuda pertinente la tristeza puede tornarse en una reacción funcional, una herramienta útil para adaptarse al nuevo orden de la vida diaria, permitiendo  entender y aceptar no solo nuestro nuevo rol, también el del ser amado que trasciende. Autor: Psic. Adriana Rosete Viveros American Psychiatric Association – APA. (2013). Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales DSM-5 (5a. ed. –.). Madrid: Editorial Médica Panamericana Cañón Buitrago, Sandra Constanza (2011). Factores de riesgo asociados a conductas

Duelo y sus pasos

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] El ser humano pasa por muchas etapas a lo largo de la vida, desde el momento en que nacemos hasta el último respiro, el dolor es algo que experimentamos, tanto físico como emocional. El duelo viene del latín dolus, que significa dolor, es aquel proceso por el cual una persona pasa por distintas fases hasta alcanzar la aceptación y resignación de haber perdido a un ser amado. Es acompañado por diferentes momentos, existen diferentes autores que hablan acerca de las etapas del duelo, pero en esta ocasión citaremos la autora Kübler Ross (1969) y sus cinco fases: Negación: Es cuando la persona no acepta la realidad acerca de la situación, incluso puede suceder la falta de sentimientos y eso pudiera generar un malestar en la persona que está viviendo el duelo. Enojo: En esta parte, se puede llegar a manifestar ira o rabia que puede llevarse internamente como externamente, hacia ella u otros, como un mecanismo para evitar el dolor. Negociación: Esto se suscita para retrasar la verdad, es una manera de ganar tiempo y evitar la responsabilidad que conlleva el gestionar las emociones reprimidas sobre la perdida. Tristeza profunda: En esta etapa la persona suelta todo el enojo contenido y se evidencia en sentimientos de abandono, cuestionamientos inclusive de índole religioso, como culpar a Dios por el fallecimiento de su ser querido. Aceptación: Siendo el paso final, la persona afectada puede continuar con su vida cotidiana, sin adherirse al pasado, viviendo el aquí y el ahora, recordando con amor a su ser querido, sin lastimarse ni culparse. No necesariamente se deben presentar todo lo anteriormente mencionado para que ocurra el duelo, ni tampoco lleva un plazo de tiempo establecido en cada etapa, sin embargo, la estadística nos muestra que por lo general si nos referimos aún proceso de duelo sano, hablamos de una duración aproximada de año y medio o dos años, pues todos somos distintos y cada uno vive su proceso de diferente manera, en cambio si hablamos  de uno que ha durado más de cinco años con la misma sintomatología y sufrimiento, estamos hablando de un duelo complicado, que podría empeorar, ya que el tiempo no lo cura todo, es necesario trabajar durante ese tiempo para poder comenzar a adaptarse al nuevo proceso en el que se está viviendo. Como se menciona con anterioridad, ningún duelo es igual a otro, inclusive entre la misma familia se pueden observar diferencias, aunque la perdida sea de la misma persona, lo mismo sucede cuando hablamos de la edad del afectado. En adultos el duelo suele observarse, como mencionamos anteriormente, sin embargo en el caso de los menores de 10 años, a veces se ve afectado por las posibles negligencias con la que los cuidadores primarios pudieran tomar a la ligera el evento del fallecimiento de un ser cercano al infante, pues se tiene la creencia que los niños no pueden procesar ni entender dicho evento,  por lo que, se les informa de una manera fantasiosa o se omite, con el fin de protegerlo. Desafortunadamente, esto solo ocasiona daño, pues se crece con ideas que fomentan el pensamiento mágico en el menor dicho pensamiento hace referencia a la dificultad que presenta el niño al momento de discernir entre lo real y lo ficticio, haciendo comparativas con lo fantasioso y mezclándolo con la realidad, es por eso que se debe evitar a toda costa decirles cosas como; Un evento generado por Dios: Puede crear miedo hacia figuras de autoridad Se quedó dormido: Esto puede provocar temor cuando se acerque la hora de dormir y hacerlo, por lo que, pudiera presentarse; Enuresis: micción involuntaria a una edad en la que el menor ya tiene control de esfínter. Encopresis: Evacuación de heces, de consistencia normal o anormal de manera involuntaria. Bruxismo nocturno: Constante movimiento y rechinido de la dentadura, que genera trastornos de la mandíbula, dolores de cabeza, daños en los dientes y otros problemas relacionados con el sueño, como terrores nocturnos, apnea del sueño (pausas prolongadas en la respiración), entre otros. Se fue de viaje: Pues, porque al ya no verle puede provocar sentimientos de abandono y resentimiento hacia el trascendido, sumándole miedo a realizar viajes o que algún familiar más lo haga. En su lugar, se le debe explicar al menor la situación, de manera tranquila, serena, acompañando y validando emociones, haciéndolo sentir seguro de expresar ese dolor, evitando el uso de eufemismos (palabra que se usa pasa sustituir a otra que socialmente no está aceptada, para evitar lastimar u ofender). Es necesario comenzar a hablarle a los menores con la verdad y así, fomentar la confianza junto con el respeto, todo esto dentro de una crianza respetuosa. El duelo no es una enfermedad o trastorno, es un proceso normal por el cual todo ser humano pasa al perder a un ser amado, llámese familiar, amigo o inclusive nuestras mascotas. Es necesario darle su debida importancia a cada etapa, no está mal llorar y recordar los momentos que vivimos al lado del ser amado, al contrario, el recordar los buenos momentos y percatarnos que hicimos lo mejor que pudimos para apoyar y cuidarle cuando nos necesitó, aliviará la culpa y podremos comenzar a pensar en la adaptación después de esta perdida. No está mal pedir ayuda profesional, tales como apoyo psicológico o tanatológico para sobrellevar dicho proceso.   Autor: Psic. María Isabel

Duelo por pérdida de la mascota

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] Un día decidimos que nuestra morada puede convertirse en hogar para un miembro más en la familia, o quizás descubrimos con no poca sorpresa que alguien más se ha encargado de tomar esa decisión sin consultárnoslo; sea como fuere, lo cierto es que un día nos hallamos compartiendo mucho más que espacio con un ser vivo con el cual, si bien no podemos comunicarnos de manera directa, como acostumbramos a hacer con los de nuestra misma especie; sí podemos establecer vínculos de afecto gracias al entendimiento que surge de compartir el día a día. Es así como procurando atención y cuidados, volvemos parte de nuestra familia a un ser que el idioma designa como “mascota”, pero que en nuestro hogar es más que eso. Sin embargo, habrá ocasiones en las que una serie de eventualidades impidan al cuidador estar al tanto de las actividades que su compañero de otra especie realiza, o de lo que otros individuos pudieran hacer, quizás desde el desconocimiento o la inocencia, que resulte en la desaparición del animal de compañía. Cuando una mascota desaparece, se rompe el status quo, es decir, lo que se ha ido aceptando como parte de la vida diaria cambia de un momento a otro, y todo lo que ha implicado su presencia y compañía: los momentos juntos, las rutinas, los paseos, apodos y momentos de cariño, desaparecen repentinamente también, dejando en su lugar sentimientos como culpa, tristeza y enojo por el imprevisible cambio de realidad. El momento es crítico y sumamente difícil, multitud de pensamientos pueden suscitarse de golpe: “¿Cómo pudo ocurrir?” “¿Se encuentra bien?” “¿Estará a salvo?” “¿Dónde está ahora?” “¿Y si hubiera hecho X o Y en vez de lo que hice?” “¿Lo habrá encontrado alguien?” y un etc. que es particular para cada individuo; sin embargo, ninguno de estos pensamientos repentinos es de ayuda para procesar las circunstancias de la pérdida y los sentimientos que esta trae consigo. En un principio, a modo de protección contra el tener que adaptarse a la nueva realidad y sentir las emociones indeseadas que ella trae consigo, el cuidador puede encontrarse en un estado de negación, ya sea de la pérdida en sí o de las circunstancias en las cuales se suscitó. Aunado a esto, el desconocimiento de las circunstancias en las que vaya a encontrarse nuestra mascota de ahora en adelante es un factor crucial, así como lo es la esperanza: esperanza de que en poco tiempo vamos a hallarle, de que todo estará bien. “¿Cuánto tiempo debo esperar a que mi mascota regrese?”  “¿Vivir en duelo por la pérdida de mi mascota no equivale a dar por hecho que nunca volverá?” Lo cierto es que las circunstancias del presente son independientes a nosotros, y que aun si la pérdida se suscita durante unas pocas horas, el impacto resultante a nivel cognitivo-emocional es considerable, por lo cual, es sano el permitir que afloren nuestros sentimientos, pues son un puente para conectarnos con lo sucedido, y a partir de la aceptación, establecer el modo de actuar que más conveniente resulte dadas las circunstancias. Hacer esto, de ningún modo elimina los sentimientos positivos ligados a la mascota, ni rompe con la buena voluntad hacia ella. No hay respuestas correctas e incorrectas cuando se trata de experimentar nuestras emociones, no obstante, es cierto también que existen maneras de sentir nuestras emociones que conducen a una resolución de estas, y ello depende de la manera en que cada individuo opta por gestionarse, de su carácter y, en el caso de la desaparición de un animal de compañía, la forma en que sucedió la pérdida.  Respecto a esta última, y dada la naturaleza de la relación como cuidador, es posible encontrarse viviendo una fuerte sensación de culpa; por lo que se pudo haber hecho, por lo que no se hizo, y también por lo que sí se realizó. Sin embargo, la realidad es que nuestras acciones como cuidador en todo momento estuvieron encaminadas al bienestar y la felicidad de nuestro amigo de otra especie.  El tiempo compartido con nuestra mascota le convierte en un ser amado, y es por ello que su ausencia duele. Tan cierto es que le llevamos en nuestros corazones sin importar el tiempo, como cierto es también que hicimos todo cuanto estuvo en nuestras manos para hacer valer nuestro tiempo juntos, siempre buscando su bienestar, y por nada del mundo somos los responsables de su ausencia, porque si de nosotros dependiese, su presencia nunca nos dejaría, así como nunca nos deja el lazo de amor creado con dedicación y cariño. Autor: Psic. Adriana Rosete Viveros

Psicoeducación

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] Cuando se produce la muerte de una mascota, se trata de la muerte de un ser amado, por lo tanto es un hecho normal y esperable que sus cuidadores atraviesen un proceso de duelo como respuesta adaptativa a la pérdida.  El duelo por pérdida de la mascota se trata de un proceso que no hace distinción en lo referente a su impacto emocional, con respecto a otros tipos de pérdida, como pudiera ser un duelo por la muerte de un amigo o familiar muy cercano.   No obstante, muchos de los mecanismos de apoyo interpersonal que existen en la pérdida de un ser amado resaltan por su ausencia al tratarse de la pérdida de una mascota, y no solo esto, a la ausencia de una red de apoyo se suma la minimización de las secuelas físicas, emocionales y cognitivas por parte de distintos miembros de la comunidad a la que pertenece el doliente.   Para quien vive la pérdida, no se ha tratado nunca de “solo” un gato, un perro, etc., puesto que la compañía y convivencia diarias (en conjunto con las características particulares del cuidador y su animal) construyen una relación tan íntima y compleja como la que pudiera existir entre dos individuos de nuestra especie, con el añadido de un soporte a nuestro bienestar emocional, dado que el hacerse cargo de otro ser vivo conlleva responsabilidades y un itinerario, las mascotas dotan de un significado particular nuestro día a día.  Derivado de lo anterior resulta de suma importancia remarcar que las redes de apoyo son un elemento fundamental en la transición del duelo, de cualquier tipo. Es por ello que quienes conformamos el círculo social de un doliente debemos ser conscientes de la importancia de nuestras acciones, lo que incluye por supuesto nuestras palabras.   Lo que yo expreso a quien ha perdido a su mascota lleva un mensaje implícito, y este es, en primer lugar, cuán válidas son sus emociones. En el momento que digo: “Ya cálmate”, “Solo era un animal”, “Era obvio”, “No exageres”, “¿Por qué no te consigues otro?”, “Tranquilízate”, “La vida sigue”, y un largo etcétera de expresiones que, si bien pudieran provenir de un sincero interés en el bienestar del cuidador, para quien vive la pérdida son insensibles e inapreciables, pues se emiten desde una opinión personal que no tiene cabida en el suceso, desde el juicio en vez de la empatía.  Entre las frases a evitar se encuentran:  No es para tanto, solo era un animal.  Era obvio, ya estaba muy enfermo.  Generalmente se van antes que sus dueños, no sé por qué te tomó por sorpresa.  ¿De verdad no vas a trabajar solo porque tu mascota murió?  Adopta a otro para que no lo extrañes.  Es exagerado que llores por una mascota.  Es hora de deshacerte de sus cosas, ya no las necesitas.  Llevas muchos días llorando, creo que estás exagerando.  Quien ha perdido a su mascota no tiene nada de que avergonzarse, ni por qué mentirle a los demás sobre el suceso o evitar contarles qué pasó. Llorar, no tener ánimo para hacer actividades cotidianas, ni concentración y/o ganas de trabajar o llevar a cabo una tarea son reacciones normales al inicio del duelo.  Cuanta más validación recibimos de aquellos a nuestro al rededor a modo de reconocimiento, apoyo y comprensión de nuestras emociones durante el proceso de duelo, más completa será la transición hacia un estado mental saludable. Entender y empatizar, son acciones que requieren una escucha atenta, nunca juzgar.   Nuestra sola presencia puede ser el mejor aliciente y la mayor muestra de apoyo, no desestimemos su valor, ni tornemos la preocupación sincera en palabras que reducen el valor del nexo humano-animal.    Autor: Psic.Adriana Rosete Viveros

Una difícil decisión

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] Una mascota muchas veces constituye no solo un animal de compañía, sino una parte más de nuestra familia, integrándose de manera particular, pues somos capaces de reconocer que en su existencia hay matices. Le vemos a diario y con el tiempo nos habituamos a su presencia, asumiendo que se trata de una constante a la que podemos dar por hecho, ya que la alegría que nos provee es especial, y no concebimos nuestro día a día sin ella. Es así como dejamos pasar las señales, quizás porque inicialmente eran sutiles, o porque no se trataban de algo observable, tal vez incluso, no quisimos creer en ellas, o nuestros animales de compañía no dieron señales hasta que fue demasiado tarde, puesto que son la señal del deterioro de su salud. Ya sea que su vida haya encontrado dificultades, o que se trate de un mimado compañero; es tan cierto como inevitable, que ellos viven menos que nosotros. Que sea un hecho natural bien conocido nunca vuelve más fácil la ausencia de todo lo que un compañero fiel significa, empero, lo que sí puede hacer este conocimiento es ayudarnos a decidir el curso de nuestras acciones al saber que el día en que nos haga falta ese ser especial, irremediablemente, se acerca, porque inevitablemente se nos adelantan. Queremos lo mejor para nuestra familia, y eso les incluye. Sin embargo, lo mejor no siempre es lo más fácil, y el querer su bienestar por sobre todas las cosas usualmente se encuentra ligado a nuestra percepción humana con respecto al mismo; y si bien los animales son capaces de expresar emociones, del mismo modo que nosotros con tiempo y experiencia a su lado nos denominamos conocedores de su lenguaje corporal, no debemos olvidar que en todo momento estamos interpretando con base en nuestras emociones y pensamientos. Es por esto que el ver por nuestros animales de compañía en sus momentos más difíciles requiere un esfuerzo especial, pues es un hecho que no siempre sabemos de primera instancia qué es lo mejor para su bienestar (recordando que esto último no tan solo es lo físico, sino también lo cognitivo). Cuando la muerte es inevitable las formas de morir importan, e independientemente de cuán genuinamente preocupados estemos por nuestras mascotas, es de suma importancia tener en cuenta lo siguiente: lo mejor para mi mascota, no necesariamente va a ser lo mejor para mí. Quizás, incluso, sea todo lo contrario, pero parte de amarlos incondicionalmente es aceptar esto. Es por ello que cuando su salud ha decaído por enfermedad o accidente de manera irreversible, priorizar su sentir por sobre el nuestro es indispensable. Porque nunca estaremos listos para dejarlos ir, ni hay tiempo alguno que baste para “hacerse a la idea”; y, sin embargo, en ese tiempo que intentamos aplazar lo inevitable, pudiésemos haber olvidado atesorar el bienestar de un ser que lucha y se cansa, que es consciente de lo que ocurre y siente la pérdida de su cuerpo. Y si somos capaces de ver más allá de nuestro dolor, podremos encontrarnos con que una muerte digna, es señal de amor; porque morir dignamente es mejor que vivir en incapacidad y sufrimiento, que prolongar una agonía. Brindamos cariño incondicional, comprensión y cuidados, sabiendo además que a su especial manera somos correspondidos. Un compañero de otra especie es un ser amado que no tiene comparación, y cuya pérdida puede doler tanto como la de un familiar o un amigo queridos. Es por ello que el aliviar su dolor cuando el fin de su vida se acerca, es también un acto de amor, y de honrar la vida que se ha compartido, y el sentimiento de culpa no tiene cabida al saber que hasta el fin de sus días hemos hecho no solo lo que estaba en nuestras manos, no solo lo que parecía ser menos difícil, sino lo que era mejor para ellos. Autor: Psic. Adriana Rosete Viveros

Duelo por muerte de la mascota

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] Un día decidimos que nuestra morada puede convertirse en hogar para un miembro más en la familia, o quizás descubrimos con no poca sorpresa que alguien más se ha encargado de tomar esa decisión sin consultárnoslo; sea como fuere, lo cierto es que un día nos hallamos compartiendo mucho más que espacio con un ser vivo con el cual, si bien no podemos comunicarnos de manera directa, como acostumbramos a hacer con los de nuestra misma especie; sí podemos establecer vínculos de afecto gracias al entendimiento que surge de compartir el día a día. Es así como procurando atención y cuidados, volvemos parte de nuestra familia a un ser que el idioma designa como “mascota”, pero que en nuestro hogar es más que eso. Sin embargo, habrá ocasiones en las que una serie de eventualidades impidan al cuidador estar al tanto de las actividades que su compañero de otra especie realiza, o de lo que otros individuos pudieran hacer, quizás desde el desconocimiento o la inocencia, que resulte en la desaparición del animal de compañía. Cuando una mascota desaparece, se rompe el status quo, es decir, lo que se ha ido aceptando como parte de la vida diaria cambia de un momento a otro, y todo lo que ha implicado su presencia y compañía: los momentos juntos, las rutinas, los paseos, apodos y momentos de cariño, desaparecen repentinamente también, dejando en su lugar sentimientos como culpa, tristeza y enojo por el imprevisible cambio de realidad. El momento es crítico y sumamente difícil, multitud de pensamientos pueden suscitarse de golpe: “¿Cómo pudo ocurrir?” “¿Se encuentra bien?” “¿Estará a salvo?” “¿Dónde está ahora?” “¿Y si hubiera hecho X o Y en vez de lo que hice?” “¿Lo habrá encontrado alguien?” y un etc. que es particular para cada individuo; sin embargo, ninguno de estos pensamientos repentinos es de ayuda para procesar las circunstancias de la pérdida y los sentimientos que esta trae consigo. En un principio, a modo de protección contra el tener que adaptarse a la nueva realidad y sentir las emociones indeseadas que ella trae consigo, el cuidador puede encontrarse en un estado de negación, ya sea de la pérdida en sí o de las circunstancias en las cuales se suscitó. Aunado a esto, el desconocimiento de las circunstancias en las que vaya a encontrarse nuestra mascota de ahora en adelante es un factor crucial, así como lo es la esperanza: esperanza de que en poco tiempo vamos a hallarle, de que todo estará bien. “¿Cuánto tiempo debo esperar a que mi mascota regrese?”  “¿Vivir en duelo por la pérdida de mi mascota no equivale a dar por hecho que nunca volverá?” Lo cierto es que las circunstancias del presente son independientes a nosotros, y que aun si la pérdida se suscita durante unas pocas horas, el impacto resultante a nivel cognitivo-emocional es considerable, por lo cual, es sano el permitir que afloren nuestros sentimientos, pues son un puente para conectarnos con lo sucedido, y a partir de la aceptación, establecer el modo de actuar que más conveniente resulte dadas las circunstancias. Hacer esto, de ningún modo elimina los sentimientos positivos ligados a la mascota, ni rompe con la buena voluntad hacia ella. No hay respuestas correctas e incorrectas cuando se trata de experimentar nuestras emociones, no obstante, es cierto también que existen maneras de sentir nuestras emociones que conducen a una resolución de estas, y ello depende de la manera en que cada individuo opta por gestionarse, de su carácter y, en el caso de la desaparición de un animal de compañía, la forma en que sucedió la pérdida.  Respecto a esta última, y dada la naturaleza de la relación como cuidador, es posible encontrarse viviendo una fuerte sensación de culpa; por lo que se pudo haber hecho, por lo que no se hizo, y también por lo que sí se realizó. Sin embargo, la realidad es que nuestras acciones como cuidador en todo momento estuvieron encaminadas al bienestar y la felicidad de nuestro amigo de otra especie.  El tiempo compartido con nuestra mascota le convierte en un ser amado, y es por ello que su ausencia duele. Tan cierto es que le llevamos en nuestros corazones sin importar el tiempo, como cierto es también que hicimos todo cuanto estuvo en nuestras manos para hacer valer nuestro tiempo juntos, siempre buscando su bienestar, y por nada del mundo somos los responsables de su ausencia, porque si de nosotros dependiese, su presencia nunca nos dejaría, así como nunca nos deja el lazo de amor creado con dedicación y cariño.   Autor: Psic. Adriana Rosete Viveros

Voluntad anticipada.

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] El 17 de noviembre del 2018 entro en vigor la “Ley de voluntad anticipada para el estado de Veracruz” con el objetivo de garantizar una atención médica digna a los individuos en el final de su vida, ya sea que se trate de una persona con un pronóstico de vida inferior a los 6 meses, o bien de manera preventiva posterior a cumplir la mayoría de edad legal; todo lo anterior como parte del derecho a la vida que posee cada uno de nosotros. “Es importante entender que la voluntad anticipada no prolonga ni acorta la vida, respeta el momento natural de la muerte y favorece la atención y los cuidados paliativos al final de la vida.” Respetar el derecho a la vida incluye designar la actuación correcta ante la muerte con base en los deseos y necesidades particulares de cada sujeto, mismos que incluyen la propia concepción de muerte y vida, al igual que cuan pertinente se considera alargar artificialmente la estadía en el plano físico, por lo que se ha establecido un protocolo legal mediante el cual la persona próxima a trascender decide las acciones a realizar antes, durante y después de su partida. Con respecto a ello y dentro del acompañamiento tanatológico existe la ortotanasia, que engloba todas las medidas encaminadas a mejorar la calidad de vida de quienes en su momento dejaran este plano. El objetivo es evitar el encarnizamiento terapéutico al retirar todas las medidas desproporcionadas que en nada benefician al enfermo; se continúa con las medidas proporcionadas que disminuyen o suprimen el dolor y otras molestias. Así mismo, se enfatizan el aspecto no médico o los cuidados paliativos, como son los cuidados por parte de la familia y demás seres queridos, la relación e interacción con los mismos, el desahogo emocional, etc., puesto que la mente también es un componente importante para garantizar la salud digna. Es importante mencionar la atención y cuidados al personal encargado de suministrar la atención paliativa, quienes se encuentran de cara con el proceso de trabajar en pro de una digna calidad de vida a lo largo del desarrollo de la enfermedad y/o muerte, siendo entonces proclives a interiorizar parte de los sucesos desfavorables de a quien asiste, o bien, dada la naturaleza de sus funciones, incurra en descuidar uno o varios aspectos de autocuidado. Como padres, madres, abuelos, abuelas o figuras de autoridad, es de suma importancia se realice la tríada de la seguridad, que involucra: 1. Testamento. 2. Voluntad anticipada. 3. Plan de previsión funeraria. Ninguno de estos tres componentes como antiguamente se creía, hace que “llamen” a la muerte, no lo realizan porque “ya se quieren morir”, estas acciones en conjunto disminuyen la probabilidad de malos entendidos, reclamos y peleas entre familiares posteriormente, y abarca holísticamente tanto el aspecto emocional, económico, material y de salud. La ley de voluntad anticipada es un derecho que todos pueden ejercer, es un acto de amor y bondad, a veces se puede pensar o decir “mis hijos o mi familia nunca harían eso” y es un argumento válido, todo padre o madre sabe cómo son sus hijos o familia, sin embargo, no se recomienda utilizar las palabras siempre o nunca, para este tipo de situaciones, porque ya no se estará ahí para comprobarlo, porque no tan solo son ellos los que deciden, los que tienen perspectivas e ideas, son las familias de ellos, sus miedos y traumas, sus alegrías y tristezas, al final de cuentas casi siempre se busca prevenir, y prevenir cualquier malentendido aun cercano al final de la vida, es el mayor acto de amor. La voluntad anticipada nos enseña que, el mayor de los miedos es el que provocan los mitos, que en el tiempo se ha llevado a cabo, romper con los estereotipos, con aquello que se cree sin cuestionarlo, todo aquello que está en el marco de referencia, pero en la medida de sus posibilidades se irán deconstruyendo estos mitos de la muerte y sus alrededores.   Autor: Psic. Jonathan García Mezhua.

Cuando la casa de los abuelos se cierra

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] “Si algún día tienes la oportunidad de llamar a la puerta de esa casa y que alguien te abra desde dentro, debes aprovecharla cada vez que puedas, porque entrar ahí es imaginar ver a tus abuelos o a tus viejos, sentados esperando para darte un beso; es sentir la sensación más maravillosa que puedas tener en la vida” Tenemos en nuestro día a día el amor y las enseñanzas  de quienes son un refugio en los momentos de incertidumbre, aquellos que nos saben llenar de magia tras cruzar una puerta, quienes destapando nuestro corazón en una reunión a la mesa nos hacen saber que no estamos solos y que nunca lo estaremos, pues ellos siempre procuran mantenerse cercanos a nosotros: la familia. Una familia es vivir el amor,  y entender que este debe ser valorado no solo en nuestros peores momentos, sino también en los mejores, pues nos brindan incontables experiencias y oportunidades para encontrarnos a nosotros mismos en los pequeños y sutiles gestos de afecto, con nuestras risas cómplices y remedios para corazones rotos. Es importante valorar lo amados e importantes que somos, pues tenemos no solo un lugar seguro en las casas de nuestros familiares, sino también en sus corazones. Y es igual de importante aceptar  que   si bien las circunstancias familiares han de cambiar en algún momento, si bien los rostros que hoy vemos llenos de energía y juventud con el paso del tiempo se transformaran e irán cambiando hasta tornarse ausentes del que por mucho tiempo fue designado como su lugar, ello no significa que también se ausente el legado de amor y complicidad, ni los momentos felices compartidos juntos, ni tampoco significa que pase al olvido lo que en respeto y afecto se ha edificado: está en nosotros y quienes aún nos acompañan ese lugar seguro, aún somos capaces de mostrar cariño incondicional a través de pequeños, pero significativos gestos, pues la casa de los abuelos reside en vivir el amor con nuestros seres más cercanos. Para todos quienes esos seres de luz hayan trascendido, honren su memoria estando unidos, aquellas reuniones en familia pueden ser llevados a cabo en diferentes hogares de integrantes de la familia, no para suplantar, si para honrar la memoria de los abuelos, la casa de ellos siempre será símbolo de lo que se ama, se recuerda y se transmite con mucho amor y cariño, la casa de los abuelos demuestra que un hogar no es lo físico, sino las personas que lo rodean, el duelo por su pérdida lleva tiempo en sanar, y es más difícil cuando los abuelos parten relativamente uno cerca del otro, y en esto no entra el famoso mito “se lo llevo”, puesto que esto en el proceso puede ser incómodo para los familiares, ya que le estamos dando la responsabilidad de la partida a quien haya trascendido primero, cuando los abuelos parten,  dejan consigo la enseñanza perpetua, aquella que ha de perdurar entre siglos y hacer valer la valentía, honra y escucha de aquellas personas siempre estarán en nuestras mentes. Paradójicamente, la casa de los abuelos jamás se cierra, podrán cerrarse las puertas, pero jamás cerrarán su simbolismo, podrán cerrar las ventanas, pero no cerrarán su libertad, podrán no reunirse tan seguido, pero, los une sangre de los abuelos, podrá pasar el tiempo, pero no pasará ni su amor ni su legado. El agradecimiento es la memoria del corazón, el corazón es el hogar de los abuelos, y los abuelos son el mejor agradecimiento que le podemos dar a la vida. Nadie muere si no se le olvida. Autor: Psic Jonathan García Mezhua.

Cuidado del cuidador.

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] El cuidado de uno mismo, es uno de los temas que paso a paso va tomando relevancia en el mundo, no podemos dar lo que no tenemos, esto aplica para la mayoría de las cosas en la vida, y en caso que se dé, es sumamente  probable sea a mitad de lo que podríamos darlo, para amar a los demás debo trabajar el amor propio, para poder trabajar enfocado en los deberes, se debe de descansar apropiadamente la noche anterior, para criar a buenos hijos, se debe de tratar de ser buenos padres, buenas personas, para cuidar a una persona cercana al final de la vida o simplemente una persona mayor que depende del cuidado de otro, se debe cuidar la salud emocional y física de los cuidadores primarios. Es importante tener en cuenta los siguientes pasos para el sano cuidado, antes, durante y después: Todos los familiares cercanos deben de estar enterados de la magnitud de la enfermedad del familiar, esto incluye a los niños, quizá ellos no con tanto detalle, pero deben de saber, que sus abuelitos, padres o hermanos están pasando por una enfermedad. Esto depende de la cantidad de personas en el núcleo familiar haya, por ejemplo, hermanos, primos, tíos etc. Comúnmente se les da la responsabilidad a las mujeres del cuidado, ejemplo: “una familia de 4 hermanos, tres hombres y una mujer, tienen enfermo a su padre de cáncer pulmonar, aunque todos trabajan a quien se le da la responsabilidad del cuidado es a la hermana mujer, aunque sea la que vive más retirado de la casa del padre” no es que suceda en todos los casos, pero en la mayoría así es, la cuestión aquí es que NO le corresponde a solo un hermano/a, tío/a o primo/a o padre el cuidado del familiar, se recomienda repartirse en horarios equitativos, siendo empáticos con la situación familiar y económica de cada persona, por ejemplo, si algún hermano casi no puede estar al cuidado de su ser amado, puede si está en sus posibilidades dar un poco más de dinero para las medicinas, o mandar a alguien en su representación, al mismo tiempo se pueden buscar más opciones en las que se pueda solventar la ayuda. Es importante mantener un sano ambiente familiar, sin discusiones de herencias o “te toca a ti hermano/hermana porque a ti te dio más”, solo fomentan la incomodidad y dificultades para trabajar en equipo. Aunque se cuide a su ser amado, en las medidas de sus posibilidades se recomienda que no se dejen de realizar prácticas o actividades que le generen bienestar, como ejercicio, jugar futbol, cantar, ver a los amigos etc. Si bien, no quitará la tristeza e incertidumbre de lo que sucederá con su familiar, si ayuda a la distracción, relajación y desestrés. Se deben evitar señalamientos o reproches sobre “estás saliendo, parece que no te importa la enfermedad de tu papá, abuelo, mamá, hermano o el familiar que esté en ese estado“, ya que se tiene el derecho de distraerse. Este punto es para aquellos familiares que piensen que hacer su testamento o comprar su plan de previsión es llamar a la muerte, esos son mitos falsos, una persona que realiza estos movimientos es una persona que intenta prevenir, y no heredar problemas o deudas, les invitamos a dejar su testamento, a realizar su voluntad anticipada (de la cual se hablará más adelante en otro artículo) y a comprar su plan de previsión, porque: a) no sabemos que peleas puede haber entre los familiares, pero si se sabe que se puede prevenir con el testamento, b) no se sabe en qué situación difícil en el ámbito de la salud se esté más adelante, en las cuales los familiares tenga que tomar decisiones difíciles como desconectarlo o no, intubarlo o no, que provocan en la mayoría de los casos roces o malos entendidos, pero, si sabemos que sí dejó un documento legal en donde diga que hacer en diversos casos, evito todo eso, y c) estamos vivos y para morir eso se necesita, pero, no sabemos que tengan que empeñar, vender o que sueños de emprendimiento truncar para pagar nuestro funeral, pero, sabemos que con un plan los protejo. El cuidado de cuidador se trata de prevenir, con amor, con respeto y empatía. Autor: Psic. Jonathan García Mezhua.

Duelos anticipados

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] Hablar de los duelos anticipados es hablar de un proceso que poco se conoce, pero que es bastante común, el duelo anticipado se caracteriza por la aparición de los síntomas de duelo normal (tristeza, enojo, ira, falta de motivación, dificultades en el área cognitiva, problemas de sueño, de alimentación entre otros) ante una inminente pérdida (de empleo, separación, de salud, amputación o muerte de un ser amado) para este artículo nos basaremos en la última cuestión, la inminente muerte de un ser amado. El duelo comienza desde que aparece el diagnóstico desfavorable, en donde enfermedades crónicas y en fases avanzadas hacen que el propio paciente y la familia se proyecten en una situación de pérdida, esto genera angustia y ansiedad en todos y cada uno de ellos, la situación se complica cuando no hay un ambiente familiar estable y cuando el factor económico no está de su lado, si bien, en la mayoría de los casos los duelos anticipados propicia posterior a la pérdida un duelo normal, lastimosamente esto no es siempre así, se deben de cumplir una serie de factores para encaminarse a esta cúspide. Por un lado, la familia debe de centrarse en repartir roles tanto de cuidado y limpieza, sin embargo, se deben centrar en algo aún más importante, el familiar enfermo, entender su situación es algo primordial, saber sus deseos, sus miedos, sus necesidades, recuerden que si bien todos le estén pasando no tan bien ustedes no son el centro, siempre será el familiar a cuidar el centro y de quien sus decisiones deben de ser escuchadas, aunque se sepa, hay una enfermedad, respetar las convicciones en la medida de lo posible es lo adecuado, hay que reconocer que habrá ocasiones en que no tendrán la razón, y que, se deberá de hacer entender de la manera más amable y empática posible su error, no obstante, en muchas cosas la voluntad y última palabra la tendrá el familiar en cuestión, a menos que sus capacidades físicas o mentales no le permitan tomar decisiones conscientes. Los duelos anticipados dejan entrever posturas, decisiones y acciones directamente diferentes entre familiares en caso de que jamás se haya hablado de los temas enfermedad y muerte, porque todos puede opinar y propones cosas distintas. Para prevenir todo esto, se les invita a todas las personas que no se necesita estar enfermo para hacerles ver a su familia sus deseos, y al mismo tiempo, dejarse ayudar por sus familiares.               Reacciones emocionales de los duelos anticipados: Lo común en los duelos anticipados es la aparición en primer lugar del miedo y ansiedad del futuro incierto, puesto que tanto la familia como la persona cercana al final de la vida se enfrentan a algo desconocido, aparece el pensamiento constante de la partida del familiar y con ella, imágenes de eventos que aún no ocurren pero que general tristeza, y al mismo tiempo culpa por pensar aquellos acontecimientos, algunas personas serán rescatadoras, por lo general las y los líderes de la familia, se mostrarán “fuertes”, sin embargo hay emociones reprimidas que generan la misma angustia, es importante a todos los integrantes de la familia comentar que no necesita cargar con todo, que no pasa nada si se muestran sensibles también, que llorar no los hace débiles, lo mismo pasa para con el familiar cercano al final de la vida, dependiendo de su personalidad y conducta, puede que sea él o ella la persona rescatadora de todos los demás, pasa lo mismo, se recomienda decirle esas palabras con empatía para que pueda desahogarse y permitirse sentir el proceso, esto quizá les dé miedo o vean con malos ojos algunos familiares, ya que, muchas veces la persona cercana al final de la vida cuando decide desahogarse  y confiar sus emociones, pasa de una fortaleza a una tristeza, y de primera instancia puede parecer “malo” pero, es algo saludable porque de nada sirve un falso bienestar cuando se carga con todo, es mucho más saludable una sinceridad en la emocionalidad, para aceptar, desahogar, sacar todo aquello que se carga y a partir de ahí acompañarse mutuamente, cargando el peso todos y no uno solo. Despídanse amorosamente, agradezcan por lo vivido y amado, que al final de todo, tienen la oportunidad de brindar tiempo de calidad, amor y perdón. Los duelos no son eternos, pero el amor si lo es. Autor: Psic. Jonathan García Mezhua

Duelo por pérdida de los abuelos

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] Los abuelos muchas veces se convierten en los segundos padres, o en su defecto, son padres, que educan, crían y acompañan a los nietos con lo mejor que tienen; durante toda la existencia del ser humano, se ha enseñado los “pasos” que todo ser viviente sigue “naces, creces te reproduces y mueres” aunque, mucho de eso ha cambiado, no lo ha sido el pensamiento siguiente: muerte: a personas mayores, se piensa vagamente en algunas ocasiones “cuando sea grande y me toque morir” “ya cuando haya disfrutado y sea mi hora” pero, la realidad dista mucho de esta creencia, la muerte no observa edad, condición social, poder adquisitivo, nacionalidad o género, todos pueden morir esa es la realidad, pero, además de las personas cercanas al final de la vida, las personas de la tercera edad, y por ende la mayoría de los abuelos lo saben, y por consiguiente nosotros lo sabemos, y esto nos lleva a dos preguntas ¿cómo?, y ¿cuándo?. Nadie puede responder esas preguntas, y el pensarlas puede ocasionarles miedo y ansiedad, la trascendencia de los abuelos dejará un vacío que no se puede negar, sin embargo, si se vive con ese pensamiento constante será difícil centrarse en el aquí y ahora, toda la preocupación, tristeza y miedo del mundo no pueden cambiar el pasado, pero, gestionarlas de la mejor manera hará que mi ahora me dé un mejor futuro. Cuando sea el momento dolerá, cuando llegue el tiempo lloraran, pero, si están con ustedes en el presente, la mejor de las soluciones es disfrutar tiempo de calidad mutuamente, escuchar sus historias, aunque ya las hayan contado miles de veces, los abuelos son sabiduría, inteligencia, son esfuerzo combinado con un rico café y comida milenaria, se ven patrones en blanco y negro, pero siempre llega el color, los abuelos son eternos porque eterno es el recuerdo. Al trascender, deja un dolor indescriptible, regresar a la casa de los abuelos se vuelve difícil y las reuniones familiares no vuelven a ser las mismas, la tristeza invade por un tiempo es cierto, y aunque parezca a veces que no tiene fin, pasará, porque su amor es más grande que su tristeza Lo primero que aparece en muchas de las ocasiones es un duelo anticipado quiere decir que en algún momento ya sea que estén enfermos o simplemente estén grandes de edad, los integrantes de la familia piensan de una u otra forma que el momento de partir está cerca, a veces aparece una posible culpa al pensar “¿será está la última navidad con mis abuelos?” “¿logrará vivir para ver cuando me case?” “¿es el último cumpleaños que pasó con ellos?”, es normal pensar en estas cuestiones, ya que el duelo anticipado hace su trabajo, incluso imaginar el homenaje o velación. Al trascender, dependiendo de las causas de muerte, ya que, si es accidental, violenta, accidente de tránsito, suicidio, o violenta, se vuelca más complicado por lo traumático de la pérdida aunado a la pérdida misma, en comparación a la muerte esperada por enfermedad, en donde incluso, la familia puede despedirse, agradecer y brindar tiempo de calidad a su ser amado, aunque para los cuidadores primarios resulte agotador tanto físico como mentalmente. Aparece el no creer el hecho de una u otra forma, la negación se hace presente, este mecanismo psicológico que forma barreras emocionales naturales en momentos cumbre, la ira y tristeza no se hacen esperar, lo importante es no desquitarse con familiares o amigos, y poder gestionar las emociones y sentimientos que vayan sintiendo, aceptarlos, llorar, gritar, escribir, son parte del proceso, aunque los gritos vuelquen el ambiente tenso y hasta incómodo, esto no significa que está mal, no dañan a nadie, la cuestión es que las demás personas cercanas, sienten la responsabilidad de “controlar la situación” y comúnmente terminan reprimiendo la emocionalidad, dejar que pase el momento, cuidando que no se caigan, tropiecen o golpeen accidentalmente con algo. Posteriormente viene la negociación del proceso de duelo, el negociar estar bien, a través de las redes de apoyo para llegar a la aceptación. Sentir y vivir cada etapa del proceso es lo ideal, los abuelos forman parte fundamental del ser humano, y como se mencionó anteriormente, son eternos porque no se les olvidan. Autor: Psic. Jonathan García Mezhua.

La importancia de la vocación para el futuro de la juventud

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] La vocación es un ámbito dentro de la sociedad que genera mucha presión en las generaciones más jóvenes, por lo regular se maneja el “éxito” con tener dinero, lujos y tener poder, y si bien el éxito desde algunas perspectivas va de la mano con el poder adquisitivo esto no tiene que ser así en todo su esplendor. Hay diferentes definiciones y posturas con referente a este término, pero, partamos de una base común y fácil de indagar en todo momento, la Real Academia Española, que señala en la definición de éxito a: 1. Resultado feliz de un negocio, actuación, etc. 2. Buena aceptación que tiene alguien o algo. 3. Fin o terminación de un negocio o asunto. En general, una aceptada terminación feliz de algo o alguien moral o físico. O en simples palabras y atribuyendo un aspecto humanista, el éxito es lo que te hace feliz. ¿Cuántas personas han tenido que escuchar “tienes que ser alguien en la vida”?, pero, ¿es acaso que nuestra identidad está apegada a lo que tenemos o ganamos en lugar de lo que somos? O será que las personas que no tienen lujos, dinero o carreras universitarias ¿no son nadie en la vida? Y si esto fuera establecido ¿Quiénes somos nosotros para decidir los que son y no son? Desde el momento en que formamos nuestra identidad consciente, decidimos, nos equivocamos, lloramos, reímos, amamos, desde el momento en el cual respiramos ya somos alguien en la vida. La juventud busca el éxito a su manera y a sus tiempos, si antes pudiera ser que un factor del éxito estuviera ligado a la vestimenta, o los logros laborales, quizá en este ambiente generacional se vería más ligado a la capacidad de aceptación en redes sociales, likes, comentarios compartidas o alcance de su contenido, lo que la mayoría hace se vuelve tendencia, y la tendencia más la atención en masa lleva vacíos que irremediablemente los seres humanos tienen. Por ende, el papel de los padres es orientarles y acompañarles con una base en el acompañamiento empático y comprensivo, esto no quiere decir que no se les pueda llamar la atención, corregirlos y acompañarles por el buen sendero, sin embargo, se invita a realizarlos con los factores antes mencionados (empatía y comprensión) no insultos, no golpes y no minimización de sus ideas, de sus planes, recuerden que las cosas no tienen que ser como uno las quiere, sino como ellos la desean, el papel del padre no es el encasillar, proyectar y hacer que los hijos vivan los sueños de los padres, el papel se invita a que sea el de apoyar en lo que sus posibilidades pueda, el crecimiento está plagado de múltiples errores, caídas, pero sobre todo aprendizajes, la resiliencia es el objetivo, en lugar de utilizar frases como “te vas a morir de hambre en eso” “en mis tiempos había trabajos de verdad” “te sobra el tiempo y solo andas inventando cosas” “haz algo serio” “ya deja esas cosas” “eso no es ser alguien en la vida” podemos utilizar comentarios como “ayúdame a comprender tus sueños” “quizá en este momento no te entienda, pero quiero hacerlo” “no quiero minimizar tus sueños o metas porque sé que son importantes, explícame otra vez para que entienda mejor” “los tiempos han cambiado, me cuenta a veces darme cuenta, pero hago el intento” “perdón si alguna vez minimice tus ideas, para ti es importante y eso es lo que verdaderamente importa” “si vas a intentarlo, ve hasta el final, que yo estaré apoyándote” “te encontraras con fallos en el camino, pero es parte del paisaje, para amar la rosa hay que comprender que tiene espinas” “yo te apoyo hija/o, tenemos ideas diferentes pero, el mismo amor”. La vocación es algo cualitativo e individual, encontrarla y construirla por uno mismo tiene mérito, pero, hacerlo con la confianza de que tus seres amados te apoyan, sabiendo que tienes el respaldo y cariño, es algo inigualable. Autor: Psic. Jonathan García Mezhua.

Sentido de vida e identidad en jóvenes.

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] El ser humano siempre se ha caracterizado por querer tener el significado de la mayoría de las cosas, pensamientos, emociones, sensaciones. Buscar el sentido de la existencia, de la vida y de las interacciones ha sido un tema que se ha tocado en diversos momentos de la historia humana, Víctor Frankl toca el tema en su profundidad, a través de la logoterapia su corriente terapéutica señala que este propio sentido no es único e invariable, sino que cambia en cada momento y cada circunstancia y que para encontrar el sentido, uno no debe preguntarse (como frecuentemente hacemos) “¿qué espero de la vida?”, sino por el contrario, la interrogante debe ser “¿qué espera la vida de mí?” El sentido de vida no puede ser impuesto, no es transferible ni heredado, este es completamente voluntario y en constante cambio, es común pasar mucho tiempo en búsqueda del propio sentido, así como también no encontrarlo, aunque esto puede volcarse a un serio problema de identidad, puesto que al ir sin rumbo, la vida se vuelve rutina y hay falsos escapes, por ello es relativamente sencillo el hecho que la juventud no tenga definido su propio sentido de vida, sin embargo, me es importante realizar las siguientes preguntas, nosotros los adultos responsables de la educación y crecimiento emocional y personal de niños y jóvenes ¿tenemos bien definido nuestro sentido de vida? Si la respuesta es sí, felicidades esta del otro lado, si la respuesta es no, hay mucho que remar, puesto que ¿será congruente exigirles a nuestros jóvenes algo que ni los adultos han podido lograr? Abraham Maslow lo toma desde la perspectiva de necesidades, siguiendo la siguiente categoría necesidades fisiológicas (respirar, vestirse, alimentarse, descansar, sexo, etc. Se cubre todo lo relacionado con el ser humano para que pueda sobrevivir) necesidades de seguridad (aspectos que nos hacen sentir seguros para mantener el orden seguridad física, salud; tener dinero, trabajo; necesidad de una vivienda, esta etapa se cubren las necesidades que las personas necesitan una vez ya han sido cubiertas las necesidades biológicas) necesidades sociales (sentimientos de pertenencia. Es decir, sentirse integrado en la sociedad a través de las relaciones interpersonales y el desarrollo afectivo: amistades, pareja, familia, ser parte de un grupo, recibir y dar afecto) necesidades de reconocimiento (son aquellas relacionadas con la confianza y la reputación, hay dos categorías: la autoestima –independencia, confianza en uno mismo, dignidad, logro, etc., y la reputación o respeto, que precede a la autoestima o dignidad) para finalmente llegar a la autorrealización (nivel más alto y únicamente puede ser satisfecho una vez todas las demás han sido alcanzadas. En esta etapa es cuando el ser humano busca su crecimiento personal y desarrollar todo su potencial para lograr su éxito). Para los jóvenes puede ser difícil buscar, crear y trabajar un sentido de vida, cuando hay hambre, violencia, cuando no se sienten seguros en casa, y es difícil porque en esas situaciones el sentido de vida se trata de sobrevivir como se pueda, ¿cuántas personas tendrán este mismo sentido? A veces los jóvenes necesitan tiempo y comprensión, es complicado y más en estas épocas, en donde las crisis económicas, desempleo y demás son cada día más fuertes, sin embargo, traten de buscar 10 minutos al día para preguntar a sus hijos ¿cómo te sientes?, ¿te puedo ayudar en algo? El tiempo de calidad supera al tiempo en cantidad, muy importante saber que los padres no le pueden dar el sentido de vida a los jóvenes, porque esto es totalmente personal, sin embargo, si pueden apoyarle en sus ideas, metas y más allá escuchando, lo que tienen que decir, lo que tienen que externar, y también, muestren ustedes la confianza que tienen en ellos para pedir disculpas si es necesario, para solicitar su opinión referente a cualquier tema, para hablar de la vida y sus sentidos. Al final, no tan solo se trata del ¿para qué? Si no también del ¿cómo? Y en este andar, siempre es mejor buscar el sentido de vida acompañado. Autor: Jonathan García Mezhua.

Comunicación efectiva entre padres e hijos adolescentes.

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] Aunque se crea que la base fundamental de toda relación humana es la comunicación, realmente en esencia es la comprensión. Para hablar del primer término debemos de empezar con la raíz, se puede comunicar de la mejor manera, con las mejores técnicas y utilizando las palabras ideales, sin embargo, si la persona a la cual le estoy comunicando no me está comprendiendo, entonces le hablan a una pared, asegúrense de estar siendo comprendidos ¿Qué me entendiste de lo que te dije? ¿Me puedes explicar lo que entendiste? ¿Necesitas escucharlo nuevamente? Son algunas preguntas para poder identificar si lo que creí que dije se entendió como quería, porque como lo planteó magníficamente el escritor, sociólogo y doctor en filosofía chileno Rafael Echevarría en su libro “Actos del lenguaje, volumen I la escucha” en el 2011, también conocido por desarrollar el discurso de la Ontología del lenguaje: “Entre lo que pensamos, lo que queremos decir, lo que creemos decir, lo que decimos, lo que quieren oír, lo que oyen, lo que creen entender, lo que quieren entender y lo que entienden, existen nueve posibilidades de no entenderse” Y más importante, tratar de observar si yo estoy comprendiendo, para con base en mis áreas de oportunidad tratar de mejorar, pero ¿En dónde queda la comunicación? La comunicación es un arte, el arte de tratar de compartir, para mejorar la comunicación tenemos que identificar ¿en qué estoy fallando?, en los adolescentes es complicado más no imposible, cuando se obliga a cualquier persona a confiar, ¿realmente lo está haciendo? Para tener una comunicación efectiva entre padres e hijos se necesita enseñar con el ejemplo, hacerlo primero uno mismo para empatizar, abordar, confiar y crear un vínculo que posteriormente se convierte en una simbiosis. Para una comunicación efectiva se debe de escuchar y no de oír (la diferencia radica que al escuchar pongo atención y comprendo) y con base en la escucha hablo para solucionar, no para discutir, al hacerlo se trata también de centrarse en el problema actual y no en los anteriores comentar: ¿recuerdas la vez que también dijiste que ya no lo ibas a hacer? Y que paso nada, nada como siempre o la otra vez que te fuiste a no sé a dónde también dijiste lo mismo, no es lo adecuado en la comunicación efectiva, aunque sea difícil lo importante es abordar el tema desde el aquí y el ahora en la solución del conflicto, y también si los padres requieren de pedir disculpas no teman en hacerlo, porque no son perfectos, pero saben reconocer el fallo, y eso se aprende. Al final de todo, en las relaciones humanas siempre habrá obstáculos en el camino, pero vale la vida intentar modificar situaciones para modificar escenarios. Autor: Jonathan García Mezhua.

Cómo vivir el duelo en la adolescencia

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] El proceso de duelo es un espacio de crecimiento personal, un espacio en donde luchamos entre lo que tenemos y lo que deseamos, entre la tristeza y la voluntad, entre la añoranza y la esperanza, cuando este se combina con la adolescencia puede que sea un reto para los padres, hermanos, abuelos o tíos, pero el mayor reto es el del propio adolescente. Las reacciones ante el duelo, el adolescente por el nivel que desarrolla tanto en el aspecto cognitivo y de madurez socio-afectiva tienden a ser diferentes de lo que comúnmente se espera en momentos de tristeza y pérdida, puede que en algunos casos y con distintos niveles de severidad se pueda observar aislamiento social, desinterés, apatía  o hasta evitar y/o rechazar participar en los rituales funerarios, también en algunos casos más extremos, pero no tan frecuentes, pueden presentarse conductas riesgosas, entre algunas que se pueden observar: consumo de sustancias psicoactivas, autolesiones, o hasta pensamientos e intentos suicidas y que podrían confundirse con rebeldía e indiferencia (a excepción de los tres últimos que en cualquier ámbito se observaba más allá de la rebeldía), que para ciertos padres es algo a lo que están acostumbrados, sin embargo en ciertos casos de duelo están más asociados con la capacidad y madurez emocional para afrontar pérdidas afectivas significativas. Cuando los niños entran en la adolescencia, empiezan a entender que todos los seres humanos finalmente mueren, independientemente de su categoría, su comportamiento, sus deseos o lo que sea que intenten hacer, por ende, es de suma importancia que los padres tengan acercamientos desde la infancia con temas relacionados con la muerte, puede que esto sea algo difícil, sin embargo hay que aclarar que no por la incapacidad de comprenderlo por parte de los niños, más allá, por la estigmatización y el temor de no saber qué decir o hacer por parte de los padres. ¡No tengan miedo! Que duelo del adolescente empieza desde si se abordaron estos temas cuando fueron niños, a continuación, propongo algunos ejemplos de donde poder hablar de temas de duelo y muerte en los infantes: Cuando muere una mascota. Cuando asisten al funeral de un conocido. En películas infantiles. Al secarse las plantas. Para el adolescente la mejor forma de vivir el duelo es acompañado, como padres es importante darle su espacio, sin embargo, si se aísla totalmente puede ser una señal de alerta, llorar no tiene nada de malo así que háganle saber que no los juzgan o critican, y que, en el momento que ellos lo decidan no cuando los padres quieran, se permitan fluir emocionalmente, asegúrense que les están escuchando, ya que, puede solo estén oyendo (la diferencia radica en que al escuchar pones atención y comprendes). Es importante no obligarlo a hablar de fe si no lo quiere, escuchen lo que dice quizá está enojado con Dios porque “se lo llevó” porque “de que sirvió que rezaran tanto si no sirvió de nada” está hablando desde su enojo, no respondan para discutir, más bien háganlo sentir escuchado, comprendido, traten de no imponer, sino de comprender. Es importante ser congruentes entre lo que les dicen a sus hijos en duelo y lo que hacen en su duelo, si los padres tiene que llorar háganlo, si tienen que aceptar no se encuentran en el mejor estado anímicamente háganlo, que se enseña con la palabra, pero también con el ejemplo, cuando les permiten a sus hijos adolescentes ver su lado más sensible ante la pérdida, le están diciendo con palabra y acción que ellos también pueden confiar en ustedes, la fortaleza radica no en aguantar, sino en dejar que los que te quieren te ayuden. Pero, sobre todo, muéstrense empáticos, comprensivos y amorosos, y recuerden que los duelos no son para siempre, pero el amor si lo es.   Autor: Jonathan García Mezhua.

Rituales de fechas especiales dedicados a papá

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] Homenajear a papá, el gran dilema que se genera cada junio y se empieza por buscar la fecha en el calendario, hay diferentes maneras de homenajear a papá cuando sé le puede ver, cuando lo puede palpar, sentir, oler, probar. Sin embargo, ¿qué pasa cuando papá ha trascendido? Cuando físicamente no está con sus familiares. En primera instancia se está pasando por un duelo, y si este duelo es menor a un año, las fechas especiales como el día del padre, su cumpleaños, navidad, año nuevo o alguna otra se tornan nostálgicas, y es decisión de la familia si desea celebrar en memoria y amor de su ser amado que ha partido, o si por el contrario no desea hacer nada, cualquiera de las dos decisiones está bien, se debe saber que se tome la decisión que se tome, habrá personas cercanas o lejanas que no estén de acuerdo, y que puedan juzgarlos, algunas cosas que pueden decir: “tienen que estar bien y celebrar, porque a él no le gustaría verlos así” eso se llama presión social, y positividad tóxica, los momentos de malestar son necesarios para los momentos de bienestar, nadie tiene porque obligarlos a hacer algo que no desean “Tan rápido se olvidaron de él, se ve que no le querían tanto porque ya están en fiestas” “parecería que festejaran que ya no está” “no ha pasado ni un año y ya están festejando faltándole el respeto a la memoria de su padre”  el acudir o hacer reuniones para festejar, para celebrar para buscar sensación de bienestar no significa no querer u olvidar a su ser amado. Así que lo más importante es no darle importancia a lo que las personas juzguen de sus acciones. Aquí algunas recomendaciones para homenajear a papá en fechas especiales como el día del padre, además de la clásica comida, reunión en su honor, o de las visitas al cementerio o mausoleo. Plantar un árbol en memoria y amor de él. A veces se le da un simbolismo más profundo y se siembra con pertenencias de él, por ejemplo, dibujos para él, pétalos comprados en su memoria, se revuelve con composta y se siembra un árbol. Donar sus pertenencias. La ropa los zapatos, loncheras, gorras, cinturones pueden ser reutilizables, a veces por la propia familia, pero, si esto no lo quieren hacer pueden donarlo a personas que, si lo ocupen, amigos, familia, fundaciones, personas en calidad de calle, y así, mediante sus cosas y a través dela buena voluntad de su familia, él seguirá haciendo buenas acciones. Enmarcar y colocar una pintura o cuadro de él en el hogar. Al hacerlo en una fecha especial, con personas especiales toma un significado importante, todos pueden decir una anécdota, hablar de él, mientras se coloca el cuadro y pintura, como una obra de arte que se exhibe, como un ejemplo, como un honor que se da. Liberación de mariposas, de peces, de globos biodegradables. La acción de liberar en fechas especiales, da la sensación de desahogo, de un nuevo comienzo. Importante después de cualquier forma de homenajear a su ser amado, tomar un baño, después de un evento tan movido emocionalmente en una fecha especial en muchas veces se tiene la sensación de haber hecho algo bueno, algo grande, se producen dopamina, serotonina, endorfinas y oxitocina a manera de compensación del estímulo de bienestar, por haber hecho algo bien. El baño es el simbolismo de purificación, de renacimiento, darse una ducha después de esto puede sumar a su bienestar.   Autor: Psic. Jonathan García Mezhua

Dejar ir a nuestro padre con amor

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] A todos los seres humanos, tarde o temprano en la vida, nos llega el momento de nuestra partida, y en verdad lo tenemos más que asumido, o al menos deberíamos tenerlo. Lo que parece que no tenemos tan contemplado es el fallecimiento de nuestro padre, puesto que, junto a nuestra madre, es la persona que nos ha dado la vida, y con la que más tiempo hemos pasado a lo largo de nuestros días, no importando si ha sido tiempo de calidad. No hay duda de que la muerte de un padre es un momento muy complicado, triste y doloroso, que en función de cada persona variará la forma en como afrontamos el duelo por la pérdida, y que lógicamente, no se va de la noche a la mañana. De hecho, es muy importante remarcar que el duelo no se supera, se resignifica. Pero esto, lejos de ser un problema, debe ser un motivo para quedarte con los buenos recuerdos y seguir adelante con fuerza y determinación. Debes ser consciente de que vas a estar triste, de que vas a pasar por momentos complicados, y de que habrá días en los que no podrás evitar que broten las lágrimas, pero cuanto antes asumas la pérdida y aprendas a vivir sin la persona fallecida, será mucho más sanador para ti. En cualquier caso, a la hora de resignificar la muerte de un padre, las prisas no son buenas compañeras, y son diferentes los estudios que han demostrado que, los primeros 3 meses tras la pérdida pueden ser los más complicados. Y aunque no existen fórmulas mágicas que ayuden a superar la pérdida, a continuación, quiero compartir contigo una serie de recomendaciones que te pueden ser de gran ayuda, o al menos eso espero. Tómate el tiempo que necesites. Como ya he comentado, la prisa no es buena compañera a la hora de resignificar el fallecimiento de un padre, por ello es importante que te tomes el tiempo necesario para ello. Es importante que no trates de acelerar la transición por las etapas de duelo, y mucho menos que hagas como si no hubiera ocurrido, porque obviamente no es así. Deberás mantenerle en tus recuerdos, quedarte con los buenos momentos, y mirar siempre hacia adelante. No olvides que, aunque tu padre ya no esté, la vida continúa y el puede seguir siendo parte de ella simbólicamente hablando. Comparte tus sentimientos. Reprimir los sentimientos y actuar como si ya estuvieras recuperado, o como si la pérdida no te hubiera afectado, es una de las peores cosas que se pueden hacer. Especialmente cuando se trata del fallecimiento de una persona tan cercana como un padre. Ahora más que nunca es cuando debes apoyarte en tus seres queridos, compartir con ellos tus sentimientos y dejarte ayudar. Una de las mejores medicinas es ser escuchado y desahogarte. Y si lo crees necesario, no dudes en recurrir a ayuda profesional con nuestros expertos en duelo. Si tienes la necesidad de hablar del tema, busca esa persona que esté dispuesta a ayudarte y exprésale cómo te sientes. No hay nada como la ayuda de un ser querido o algún profesional para recuperarte de estos momentos tan dolorosos. Preserva su recuerdo. Que tu padre se haya ido no significa que tengas que olvidarle, sino todo lo contrario. Es importante que preserves su recuerdo y que te quedes con lo bueno que hayan vivido juntos. Haz aquello que no pudiste realizar con él. Si tu padre tenía el sueño de hacer algo contigo que no tuvo la oportunidad de cumplir, como viajar a algún destino concreto, realizar una maratón, acudir a un concierto de su grupo de música favorito o cualquier otra actividad, quizá sea el momento de que lo hagas en honor a él. Será una excelente ocasión para reflexionar, para recordar algunos de los mejores momentos que vivieron juntos y también para llorar. Porque llorar, a veces es la mejor medicina y nos ayuda a soltar y dejar ir el dolor por la ausencia de ese ser especial. De modo que, si tu padre ha fallecido, va a ser un momento doloroso, muy doloroso, pero con una buena actitud, conseguirás resignificarlo, manteniéndolo siempre contigo. Espero que estas recomendaciones te hayan sido de gran ayuda y si requieres el apoyo de nuestra Unidad de Asistencia Tanatológica acércate a nosotros, estamos para ayudarte.   Autor: Psic. Edwin Rivera Uscanga

Duelo por pérdida de papá

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] El duelo, independientemente de la edad en que ocurra, afecta de manera directa a la persona que pierde a un ser amado, perder a un padre es uno de los duelos más difíciles que se pueden vivir, entre los factores importantes que afectan de manera directa el duelo, su intensidad, su duración y sus manifestaciones están: el tipo de relación y de apego entre la persona trascendida y el doliente, mientras más cercana sea la relación, mientras más afecto, más vivencias haya entre padre e hijo la reacción ante duelo será mayor, es muy importante no considerar esto como algo malo, como algo malo, ya que, no es sano pensar “para que no me duela cuanto te vayas, mejor me alejo” Pablo Neruda, poeta chileno retrato en su poema “Farewell” este pensamiento, en la estrofa que dice “Para que nada nos separe que nada nos una” Sin embargo, pagar un precio tan alto por no sentir, no es algo saludable. El tipo de muerte mientras más joven e inesperada causa más malestar, cuando hay una enfermedad o un deterioro paulatino hay un poco más de tiempo para despedirse, perdonarse en general arreglar las cosas, también se encuentra el factor problemas en la relación cuantos más problemas no resueltos, malos entendidos o rencores perciba el doliente que no pudieron resolverse, mayor sentimiento de culpa se puede sentir. En general, los duelos son inevitables, justos y necesarios para el sano desarrollo, resignificación y sanación de la pérdida, si papá se ha ido, ha trascendido recuérdenlo con amor, recuérdenlo con cariño, es imposible no llorar sentir el malestar emocional que la ausencia nos provoca, cuando se quedan con todo eso y no permiten expresar sus emociones, simplemente se están ahogando, es cuestión solo de tiempo para que se explote emocionalmente por “ser fuertes” por “aguantar”, y lo más difícil de la situación es que no explotamos solos, como un Kamikaze japonés, una explosión individual repercute en otros, en este caso, en la familia. Perder a papá no es quedarse huérfanos, él seguirá viviendo a través de las enseñanzas, a través de los valores y de lo transmitido y aprendido, la verdadera pérdida se da cuando se hace en vida, se da cuando no se les visita, cuando se les olvida, ¿no es acaso más difícil perder a alguien en la vida que en la muerte? Por acciones propias, por falta de interés, por perdones no otorgados muchas veces los padres se nos van de las menos y no nos damos cuenta. Siempre se está a tiempo, en todo momento si así se quiere se está a tiempo, acérquense, ámense, perdónense, siempre se está a tiempo, y si este ya ha pasado, entonces trabajen con esa sensación de culpa, de malestar, no la escondan y lloren todo lo que se tenga que llorar. Recuerden que el amor de un padre rompe los espacios físicos temporales, porque aún en su trascendencia les sigue enseñando, en sus consejos, en sus anécdotas, en su amor. Autor: Psic. Jonathan García Mezhua.

La virtud de perdonar y cerrar ciclos con papá.

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] Entendemos lo complejo que puede llegar a ser definir el concepto de familia, ¿contemplamos en esta dimensión a quienes comparten nuestros mismos genes? ¿O a esas personas que hemos elegido libre y voluntariamente para construir vínculos positivos y significativos? Sin embargo, cuando hablamos de una familia “tradicional”, ¿qué sucede cuando hay un padre ausente o un padre presente que en algún momento de la vida nos dejó un sin sabor? Hablar del concepto de familia despierta en ocasiones ciertas heridas, desilusiones y pequeños resentimientos, incluso podríamos decir que una de las figuras con mayores índices de conflictos y más frecuente en nuestra sociedad puede llegar a ser la ausencia del padre. Es muy posible que esta situación te sea conocida. Que la hayas vivido en carne propia o que la hayas observado en tu círculo social más cercano. Crecer sin padre, sin madre o sin una figura relevante en nuestra infancia debido a un hecho traumático o estresante, es algo que de no ser atendido podríamos arrastrarlo por siempre, y que deja cicatrices internas que intentamos sobrellevar haciendo uso de nuestros pocos recursos. Sin embargo, el hecho de crecer junto a una figura paterna que, a pesar de estar, es incapaz de aportar plenitud, cariño o reconocimiento, deja corrientes de vacío en el corazón de un niño que está aprendiendo a construir su mundo, por ello es indispensable que los papás entiendan que ser padre, no solo es proveer de los recursos económicos y de sustento a los más pequeños, sino también de hacer presencia y mostrar interés en las actividades y necesidades afectivas de los hijos. Un error tradicional y arquetípico es creer que el peso de la crianza, del cuidado y la educación, recae en la figura materna, si bien no vamos a negar su importancia a la hora de crear ese apego saludable con el cual, disponer de seguridad en cada uno de nuestros pasos como hijos, debemos ser conscientes que debe ser una tarea conjunta para no propiciar la negligencia de cuidado paterno. El padre es muy importante, y eso es algo que nadie puede negar; pero… ¿Qué ocurre cuando en el seno familiar existe un padre ausente que no establece vínculo alguno con sus hijos? El cerebro de un niño es una pequeña “esponjita” procesadora de estímulos, y en su día a día, necesita ante todo refuerzos positivos para poder crecer de forma madura y segura. Un padre ausente genera incongruencias, vacíos y dificultad de trato. El niño espera afectos, comunicación, y una interacción diaria con la cual, abrirse al mundo también a través de su padre. Sin embargo, cuando esto no es así solo encuentra muros. Un trato vacío y esquivo genera ansiedad en los niños, que arrastrarán hasta la adultez, lo cual generará que no sepan “a qué atenerse”, desarrollen expectativas que no se cumplen, y tienden, además, a comparar “padres ajenos” con los que ellos tienen en casa. ¿Qué consecuencias genera el no perdonar y no cerrar ciclos en la vida adulta?   La figura de un padre ausente genera en la etapa adulta desapego afectivo que nos hace ser más inseguros a la hora de establecer determinadas relaciones, tanto de pareja, con amigos y demás familiares. Podemos llegar a ser desconfiados y reticentes. La idea de proyectar una alta carga afectiva en alguien, nos produce miedo, tememos ser traicionados, o no reconocidos. O peor aún, ignorados. Sobre todo, por la frustración que nos generó el no haber podido llamar la atención de nuestro padre en el periodo de la infancia. A medida que nos hacemos mayores, es muy posible que nos demos cuenta de muchas más cosas. Reconocemos el esfuerzo que hizo nuestra madre por suplir las carencias de nuestro padre, y de cómo, más de una vez, lo disculpó con frases como… “Ya sabes cómo es tu padre”, “No hagas esas cosas que ya sabes que a tu padre no le gustan”, “Es que tú no lo entiendes…” ¿Cómo superar las heridas del padre ausente?   Quizá, aunque has crecido, mantienes tu vida, llevas con orgullo tu armadura impenetrable, y tienes muy claro qué debes hacer al día de hoy para no cometer los mismos errores que tus padres cometieron contigo, la realidad es que guardas muchos asuntos inconclusos a nivel emocional. El vacío del padre ausente sigue ahí, y no importa si en el presente sigues manteniendo trato con él, o si ya lo perdiste, o si callas en las reuniones familiares y finges como si el pasado nunca hubiera existido. Lo primero que deberíamos hacer es “entender”. Comprender que nuestro padre es un hombre que aunque no supo ejercer su rol de padre, porque nunca entendió muy bien su papel como persona o porque fue lo que aprendió como referente a su propia crianza, con base en sus limitaciones trató de desempeñar su rol. Es muy posible que un padre ausente no dispusiera de adecuadas habilidades personales, de una buena autoestima, de un equilibrio interno que le permitiera ver sus errores, sus miedos y sus propias carencias. Sin embargo, tal vez lo anterior nos lleve a preguntarnos lo siguiente: ¿Justifica esto lo que nos hizo? ¿El vacío emocional que nos dejó? En absoluto, pero la comprensión, en ocasiones, nos ayuda a ajustar la realidad y a evitar almacenar más emociones negativas. Sabes que has crecido y madurado con muchos vacíos a causa de ese tipo de educación, y de esas carencias afectivas. Sin embargo, siempre llega un momento en que deberíamos cortar el vínculo con el sufrimiento de ayer, para sanar las heridas en este presente, ya que de lo contrario seguiríamos arrastrando el malestar y repitiendo el ciclo con nuestros propios hijos. Si no tuviste a tu padre o la versión que te hubiese gustado, lo más probable es que tu figura de apego más saludable y significativa fueran otros: tu madre, tus abuelos o incluso tus amigos o parejas a medida que crecías. Ellos quienes se alzaron como tus pilares en el día a

¿Qué hay detrás de lo que conocemos de papá?

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] En México, cada tercer domingo de junio, se conmemora y festeja el Día del Padre. Aunque hasta el momento no logra ser una fecha tan emblemática como lo es el festejo del Día de las Madres, la conmemoración de la misma representa la oportunidad de reconocer la presencia de la figura paterna en la crianza, protección y vínculo afectivo de todo ser humano. Fue en el año 1909, a partir de la iniciativa de Sonora Louise Smart, hija de William Jackson Smart, un veterano de la guerra civil que crio a sus seis hijos después de que su esposa falleciera dando a luz a Sonora, que se empezó el movimiento por el reconocimiento de los padres, de su importante presencia en la vida de sus hijos… una iniciativa en homenaje llena de gratitud por el hacer, estar y ser Padre. La fecha quedó establecida en 1966, por órdenes del presidente estadounidense Lyndon Johnson, extendiéndose la conmemoración a toda América y otros países del mundo incluidos México. Para el momento histórico que vivimos, ha quedado atrás el concebir que el papel de padre es solo ser proveedor de bienes o sostén total de la familia pues hemos dado paso a la integración del concepto de equidad en más espacios laborales, por ejemplo, donde se observan mujeres que, siendo también madres, sostienen gran parte y a veces totalmente las necesidades de los hijos y el hogar. Las nuevas economías incluso han obligado a muchos hombres a estar en casa, ejerciendo o no una actividad laboral (considerando la habitual presencia de formas de teletrabajo a partir de la pandemia del COVID-19) poniéndoles la oportunidad de vivir su paternidad de una forma distinta a la de sus ancestros, tomando conciencia de su propio potencial para formar y acompañar a los hijos. La decisión de ser un Padre es un acto libre. Por lo tanto, es importante que la determinación sea tomada desde la concepción, dando inicio a la responsabilidad de estar presente viviendo el embarazo. En padre no se convierte el hombre quien, en el profundo sentido que este vínculo implica, ha puesto una célula en un acto sexual. Tengamos en cuenta que la biología no obliga el ejercicio de la paternidad, las leyes en México solo protegen el sustento de los hijos a través de la entrega de una pensión alimenticia. Sin embargo, es digno de reconocer que, en algunos casos, el contacto con la familia a través de la obligación de la manutención, suele ser un medio de oportunidad por el que muchos hombres que aman a sus hijos logran abrirse paso, mostrando comunicación continua, interés y afecto por los mismos. ¿Qué significa ser Padre? ¿Qué implica entonces la paternidad? Esa respuesta puede ser tan particular para cada ser humano y es natural, además, en un momento donde lo social mueve los significados y rompe estructuras viejas que ya no responden a las necesidades de una actual niñez y juventud, sumergida en estímulos y aprendizajes digitales. Considerando la generalidad, podemos afirmar que se es Padre cuando se está presente para procurar seguridad, protección y afecto de los hijos, incluso en los casos donde la consanguinidad no está presente, donde hay un hombre que está dispuesto a acompañar a su pareja en la crianza y responsabilidad de responder ante los desafíos en la misma. La paternidad requiere el involucramiento en el cuidado de los hijos, el estar para guiarlos y aconsejarles. Ser también un compañero de juegos, una escucha comprensiva y un abrazo para momentos donde crecer implica algunos tropiezos. Alguien que apoye e impulse los proyectos de los hijos, que les invite a crecer a través de su ejemplo. Para quienes han vivido la ausencia física de un Padre, tienen aún más claro lo que es esa búsqueda de la figura que sea una muestra de guía, consejo y aprobación. A veces la figura paterna recae en abuelos, tíos, hermanos mayores o incluso profesores o adultos de confianza para los menores. Siempre se tiene un padre porque de algún modo la vida encuentra la manera de darle a cada ser la dicha de tener una mirada compasiva y amorosa de alguien que cree en ti y que te respeta tal y como eres… que también es capaz de darte por elección un amor incondicional y un consejo oportuno. Para tu experiencia personal, en vida o en la trascendencia de un Padre, el significado de su Día, sea una invitación a observar en tus adentros ¿cómo honras esa parte, de qué das gracias, cómo influyó en tus logros, qué momentos de alegría recuerdas a su lado?… que esa reflexión sea motor para ir a él y lo hagas digno de una celebración.   Autor: Psic. Jonathan García Mezhua.

Legados de gratitud y amor.

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] Un legado es algo que el tiempo no puede borrar, que a lo largo de los años se sigue manteniendo, los legados de gratitud rebasan las formalidades del espacio tiempo, y es ahí, a 22 centímetros de corazón en donde se guarda eternamente. Los legados que una madre entrega, que otorga, que da, que manifiesta, son entregados en valores que otorgó, en las plegarias que levantó y en todas las enseñanzas y educación que con amor pudo regalar, es por eso que, es importante reconocer a las madres, por absolutamente todo, y no tan solo en este mes, sino en toda la vida. Paciencia: Agradezcan la paciencia con la que fueron educados, aún con las diferencias que pudieron tener en familia, aún con las responsabilidades de ser madre y trabajar, de las travesuras que como hijos se cometen, siempre hubo paciencia, agradezcan de corazón porque probablemente es con esa paciencia con la que hoy también realizan las cosas. Humildad: Una virtud que es difícil de ver, pero que la mayoría de las mamás la tienen, sepan pues que no existe una madre perfecta, pero si las madres especiales, y muchas veces la humildad hace reconocer cuando se ha fallado, pedir disculpas es de valientes, tener humildad es de fuertes, madres valientes y fuertes, madres humildes, madres que educaron con amor. Amor: Para conocer el amor de verdad, basta con observar a los ojos de una madre, amor para educar, para compartir, amor para dar sin esperar recibir, agradezcan el amor más cálido que pueden recibir, a veces no viene empaquetado como muchos quisieran palparlo, pero, el amor se manifiesta en diez millones de formas, desde un te quiero hasta un regaño, con un plato lleno de comida o con un abrazo fuerte, en el orgullo de ver a sus hijos progresar y en el sentir los fallos de los demás, amor es amor en sus diferentes manifestaciones. Voluntad: Aunque a veces no se tenga ganas de nada, la voluntad sale a flote, y aunque no tan solo es responsabilidad de las madres educar y formar a sus hijos, muchas veces se deja de lado su enorme participación cuando el padre enfrenta dificultades, porque es ahí, en ella en donde recae emocionalmente todo el peso de ser siempre firme, claro que merece un descanso y claro es difícil mantener el ritmo, por ende si hoy se puede agradecer háganlo, que siempre se está tiempo, aunque haya trascendido, porque la muerte solo es un síntoma de que hubo vida, porque el final verdadero es el olvido, que en este viaje llamado vida, no es el destino sino la compañía la que verdaderamente hace maravilloso el andar. Los legados de gratitud que todo ser humano debe rememorar son las enseñanzas, los momentos, las oportunidades que se tuvo de abrazar y de ver a su madre feliz, mamá es mamá hoy mañana y siempre, y eso es algo que la muerte no puede romper.   Autor: Jonathan García Mezhua.

El dolor que una madre vive en silencio

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] La maternidad es una experiencia compleja que una mujer vivencia frente a la realidad de sentir en sus entrañas y posteriormente en sus brazos a un nuevo ser. Es tener la posibilidad, el sueño o la expectativa de cuidar y proteger a un nuevo ser, frágil y con muchas necesidades; se podría decir que es la ruptura del egocentrismo de vida para dar paso a la universalidad del amor ágape o incondicional. El vínculo que una madre crea con su hijo le otorga un sentido único no solo a ella como madre, sino también a la familia receptora de los efectos amorosos y espirituales de esa nueva vida, sin embargo cuando la muerte ocurre antes, durante o en el periodo posterior al nacimiento, el duelo sacudo dicha identificación. En el frío e inhumano imaginario social se puede llegar a creer que el dolor que una madre vive por la muerte de su hijo solo es válida cuando este está en una etapa del desarrollo de mayor contacto, cuando vemos partir a un niño de entre los 3 y los 12 años, un adolescente, un adulto joven o un adulto maduro, empero la muerte en el vientre materno o al momento de nacer genera el duelo perinatal o neonatal que es tan doloroso como cualquier otro tipo de pérdida; y es que es muy complicado para nuestra esfera psicológica y emocional procesar y aceptar haber sido madre como un hecho efímero y de corta duración, en estas circunstancias cae abruptamente el ideal y proyecto futuro de autorrealización como madre, lo cual es una ruptura de la continuidad generacional del legado vital que un hijo representa para sus padres, principalmente cuando era un embarazo que costó mucho esfuerzo lograr por ciertas dificultades en la concepción en cuanto a temas de salud reproductiva. La elaboración del duelo por la muerte de un hijo está dirigida a la resignificación del yo o sentido de vida, ya que con la muerte de un hijo la madre experimenta la sensación de haber perdido una parte de sí misma también, ya que depositó el objeto del amor en ese ser (no importa la edad que este tenga) que ya no está. Este tipo de pérdida es de carácter intolerable, puesto que su aceptación equivale a la propia pérdida o pérdida de la propia identidad de madres. Algunos aportes al duelo de la Teoría del Apego (Bowlby, 1993) o la Madre suficientemente buena (Winnicott, 1975) nos dicen que a la madre se le otorga toda la responsabilidad del destino subjetivo de su hijo/a (esto también unido a los “cuidados maternos” que la sociedad ha depositado a lo largo de las culturas en las mujeres), todo esto ha contribuido a que las madres carguen con gran responsabilidad sobre el cuidado y bienestar de sus hijos.  La gran pregunta es ¿qué sucede cuando esto no ocurre? En su Teoría del Apego, Bowlby (1993) sitúa a la madre como aquel lugar seguro y de contención emocional a la que hijo/a podrá acceder al sentirse amenazado. Esta conducta de apego proviene, según el autor, de la necesidad de protección y seguridad que posee el hombre por naturaleza; el hijo aún más, ya que precisa del “cuidado materno” para sobrevivir. Una madre en duelo siente que ha fallado en su función de cuidado y protección, y la culpa se manifiesta no solo en el sentimiento de haber fallado en esa función, sino también de haber fallado al propio hijo/a, de haberlo desamparado. (Roitman, Armus y Swarc, 2012); Haber sobrevivido a un hijo es sentido, a veces, como un acto imperdonable debido a la creencia de que “los hijos deben sepultar y despedir a sus padres” como si esta fuera una ley de la vida; dejar de sufrir por la pérdida, es sentido como falta de lealtad, traición o abandono al hijo muerto. La fidelidad al hijo actúa como un mandato inconsciente que obliga a mantener el contacto con él, a no dejar de extrañarlo, sin posibilidad de desligarse del objeto perdido. Es por ello que las madres frente al dolor por la pérdida de un hijo reviven una y otra vez lo sucedido en un intento por encontrar respuestas a ese fatídico hecho, acto que muchas veces las agota. Todo tipo de duelo es importante sin embargo muchas madres relatan haber experimentado esa pérdida como una de las más fuertes y significativas, por desgracia al no ser validados por las redes de apoyo que hay alrededor, muchas madres deciden vivir ese dolor en silencio y aislamiento social. Lo más humano que podemos hacer es brindar nuestra comprensión empática y no minimizar la validez y derecho que una madre tiene para expresar su dolor por tan significativa pérdida y de ser necesario acompañar a la persona de forma activa a lo largo del tiempo que dure la fase más complicada de la pérdida, para en caso de requerirse o incluso sin requerimiento aparente orientar a la persona a que reciba el apoyo profesional en duelo y salud mental.   Autor: Psic. Edwin Rivera Uscanga.

El vacío que deja la ausencia materna.

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] La muerte materna, uno de los momentos que todo ser humano teme, pero que inevitablemente llegará, para algunas personas es muy importante estar “preparados” para cuando eso suceda, sin embargo, es imposible estarlo en su totalidad, aún para los profesionales de la salud (médicos, psicólogos, enfermeros, tanatólogos etc.) esto es algo que se sale de las posibilidades, puesto que antes de ser profesionales son humanos. No obstante, si es posible conocer y aplicar las debidas acciones y recomendaciones para cuando nos enfrentamos a un duelo anticipado, es decir, un duelo que se genera antes de la trascendencia del ser amado, pero qué, dadas ciertas características como la edad, enfermedades y antecedentes de estas sabemos puede suceder con altas probabilidades. Si bien, el duelo anticipado produce ansiedad y preocupación sobre lo que sucederá, si se trabaja adecuadamente a la larga es probable sea una de las mayores herramientas para la sanación y resignificación del duelo, ahora bien, entendamos que es difícil que todos pasen por un duelo anticipado, puesto que también hay muertes accidentales, de tránsito, por homicidio, imprudenciales etc. Y es en este tipo de fallecimiento en donde se pueden complicar las cosas, puesto que es inesperado, en caso de no haber estado en buenos términos con su mamá, esa discusión, ese malentendido es el que provocará ansiedad, culpabilidad y desequilibrio emocional, además del dolor de perder a un ser amado. ► Por ende, se hacen las siguientes recomendaciones: ► Si hay dificultades en la relación con la figura materna, intenten acercarse a ellas, intenten dialogar, recuerden que, es mejor otorgar un perdón en vida, si las cosas sin irreparables, al menos que no quede en ustedes. ► Invierte tiempo de calidad en ella, trata de regalarle tu atención, tu tiempo, tus ganas, proponte no mirar el celular mientras visitas a tu madre, regálale esas flores que le gustan, esa comida que le encanta, coméntale lo hermosa que se ve con ese vestido o que le queda muy bien su nuevo corte de pelo. ► Si viven lejos, y les resulta difícil estar en contacto con su madre, utilicemos las herramientas tecnológicas, una llamada, un cómo estás, un mensaje no tan solo en eventos importantes les hace muy feliz. Apoya a sus cuidadores que se encuentren cerca, ya sean hermanos, primos, tíos, padre etc. Ya que, aunque se encuentren en la distancia no dejan de tener responsabilidades. ► Si su madre se encuentra enferma, denle todos los ánimos, estén en constante comunicación con ella, traten de no discutir delante cuando esté presente. ► No tan solo en momentos complicados, sino mucho antes, en cualquier punto de la vida, es importante preguntarles ¿qué quieres hacer en dado caso que suceda esto? Con base en sus antecedentes, hay familias con tendencia cardiaca, diabéticos, Alzheimer, enfermedades degenerativas como cáncer, demencia senil etc. ¿Quieres que en caso de que estés sufriendo, continuar, o deseas descansas? ¿Quieres que te intuben si llega a pasar algo en algún momento? Y también, podemos aprovechar el tiempo para dar nuestra opinión ante esto, que es lo que queremos, y, ante todo, quitarse ese estigma de que se está llamando a la muerte cuando no es así. Recuerden que lo más importe es quedarnos con los buenos momentos, agradecer de corazón a mamá, y cuando haya partido, dejen trabajar el duelo, dejen salir y fluir la emocionalidad porque al hablar de las madres no se llora de tristeza, se llora de amor. Autor: Psic Jonathan García Mezhua.

Tiranía infantil: cuando a los niños se les da todo.

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] Un niño tirano se inicia a corta edad. Un niño tirano no es solamente un caprichoso, no es el que tiene Déficit de Atención e Hiperactividad (THDA) o se caracteriza por ser hiperactivo, tampoco se trata de ser solamente un oposicionista, es un niño que, desde muy corta edad, siente placer y disfruta de los problemas que ocasiona a sus padres, que sus acciones van dirigidas para conseguir lo que él se propone. Es un niño que se caracteriza por un principio fundamental filosófico, que es primero yo y luego yo, muy posiblemente piensa que todo el mundo gira a su alrededor, y que no se tiene que poner en el lugar del abuelo o de la abuela, de la maestra, del maestro, del hermano, difícilmente muestra empatía y poco le importa ponerse histérico o gritar en la entrada de una tienda para conseguir sus objetivos. Aunque hay diversas formas en los que un niño tirano puede desarrollarse, no hay una sola fórmula secreta para esto, sin embargo, alguna de sus posibles factores que den inicio a esto son los padres o madres que están solos en la vida y es difícil educar desde la soledad, y más, cuando se tienen diferentes necesidades sin llenar y que, no se les presta la atención necesaria a los niños, se maltrata y se culpa muchas veces a los niños de “por tu culpa tu papá/ mamá me dejó” “si no hubieras nacido”, hay otros que tienen esposo o esposa, pero es como si estuvieran solos o solas ya que a uno de los padres no les interesa la educación de sus hijos ni el amor que le haga falta. Hay padres que se separan y arremeten contra el otro, se agreden, se ridiculizan se ofenden, hay casos en que la madre aporta dos hijos y el padre otros dos, pero no tienen fuerza moral para instruir al hijo biológico o vemos padres en una hamburguesería sentados frente al hijo de 14 años y sin saber qué decirle porque no lo conoce. En estos casos, los niños crecen en contradicción sin un referente real en su educación, muchas veces se vuelven manipuladores y empiezan a disfrutar de los conflictos, para de esta forma los padres tengan un motivo para verlos y pensar en ellos. La mejor herramienta ante esto y ante diferentes problemas es que difícilmente se educa desde la empatía para tratar de entender las sensaciones del prójimo, lugar, en las neuronas espejo, en la sensibilidad, en la compasión, en saber perdonar y saber perdonarse. No se nace dictador, se aprende, y si a los niños se les enseña a no ser egoístas con las palabras, pero también con el ejemplo, ellos tendrán más experiencia y mayores herramientas para afrontar la vida desde una mirada empática. Recuperen su autoridad como padres, aprendamos a poner límites y a ser congruentes con nosotros, para la acertada ayuda de sus hijos.   Autor: Psic. Jonathan García Mezhua.

La importancia de la socialización entre infantes

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] La socialización es un proceso mediante el cual el niño adopta los elementos socioculturales de su medio ambiente y los integra a su personalidad para adaptarse a la sociedad. Dicho de otra manera, socializar es el proceso por el cual el niño, aprende a diferenciar lo aceptable de lo inaceptable en su comportamiento y como emplearlo en la sana convivencia con sus iguales. Socializar es un proceso muy importante que debe fomentarse en los niños y niñas desde muy corta edad para que las habilidades se puedan afinar y la interacción con otros sea mejor. Durante la primera infancia, que es el periodo en el que tiene lugar el proceso de socialización más intenso, ya que somos como esponjas que absorbemos todo lo que hay a nuestro alrededor en cuanto a conocimientos, el ser humano es más apto para aprender. Desde que nacemos estamos aprendiendo y continuamos haciéndolo hasta la muerte. Así como no todos los niños gatean, caminan o hablan a la misma edad, tampoco para aprender hay una edad fija, por ello es menester entender que algunos niños se muestran un poco más impedidos para conectar con las demás personas. Los niños son muy diferentes unos de otros en cuanto a su ritmo de aprendizaje, de ahí la importancia de ofrecer estímulos, experiencias o materiales que contribuyan en el aprendizaje, ya que el proceso mismo lo realizan los propios niños. Las relaciones sociales infantiles suponen interacción y coordinación de los intereses mutuos, en las que el niño adquiere pautas de comportamiento social a través de los juegos, especialmente dentro de lo que se conoce como su “grupo de pares o iguales” (niños de la misma edad y aproximadamente el mismo estatus social, con los que comparte tiempo, espacio físico y actividades comunes). De lo anterior desprendemos que la socialización va muy ligada a establecer buenas y sanas relaciones interpersonales, lo cual es una de las virtudes más grandes de los infantes; así que la timidez en muchos casos podría deberse a problemas de comunicación o de interacción ausente o escasa en los niños y niñas. Es fundamental que ambos padres de familia, ayuden a formar la personalidad de su hijo (a), para encaminarlo hacia el éxito. En gran parte los padres de familia, tenemos en nuestras manos el poder de crear hijos éxitosos, es tiempo ya de empezar a trabajar en la construcción de una personalidad definida en los niños y niñas.   Autor: Psic. Edwin Rivera Uscanga.

La empatía infantil, una virtud para la vida

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] Cuando hablamos de empatía nos referimos a la capacidad que nos permite observar, analizar y entender lo que la otra persona siente, sin dejarnos invadir por los estados emocionales de esta. En el pasado se creía que ser empático se trataba de ponerse en los zapatos de la otra persona, sin embargo esta idea era como pensar que todos calzamos del mismo número y que las personas sentimos y pensamos igual. La empatía se trata de un concepto que representa la receptividad a las emociones de nuestros iguales y tener la capacidad de identificarlas a través de gestos y palabras, pero también habla de una capacidad para comprenderlas y apreciar la situación sin caer en juzgar a la otra persona. En el campo infantil, formar niños emocionalmente empáticos, es sensibilizarlos para que tengan la capacidad de entender a sus compañeros de escuela, amigos, familiares y personas en general, a través de la espontaneidad e inteligencia emocional. La empatía se forma a lo largo del tiempo, se construye con el ejemplo de los referentes familiares principalmente. En psicología se distinguen diferentes etapas del desarrollo empático:   ♦ Empatía emocional: Se da por imitación de la respuesta emocional del medio, en donde el bebé al escuchar que su hermano llora, él llora también.   ♦ Empatía entre el año y los dos años: La empatía evoluciona junto con el niño y ya sabe que los demás son personas externas a él y es capaz de darse cuenta cuando otra persona se encuentra mal. Sin embargo, no sabe bien cómo consolarle.   ♦ Empatía cognitiva: Sobre los seis años el niño sabe que sus sentimientos y emociones son diferentes de quienes le rodean. Aquí empieza el desarrollo de la empatía como nosotros la entendemos.   ♦ Empatía entre los 10 y 12 años: La empatía en su máxima expresión se presenta en la pubertad cuando los niños son capaces, no solo de preocuparse por quienes le rodean, sino también por personas a quienes no conocen. Por ejemplo, aparece la preocupación social por quienes no tienen comida o techo. Si queremos que nuestros niños desarrollen la empatía, debemos seguir unas sencillas recomendaciones:    1. Da ejemplo: Si quieres un hijo empático, ¡demuestra tú también empatía! Para ello, escúchale y muéstrale afecto cuando tenga un problema o, simplemente, no se sienta del todo bien.    2. Otórgale importancia a lo que te cuente: Tómate el tiempo para darle valor a cada palabra que salga de la boca de tu hijo.    3. Presta atención a sus sentimientos y no les juzgues por ellos: Es importante que los padres evitemos los juicios de valor como “deja de llorar por tonterías”, “pareces tonto llorando así”.    4. Acepta que cada persona tiene sus propias emociones y sentimientos.    5. Expresa tus sentimientos y ayuda a tu hijo a entenderlos.    6. Consuela a tus hijos cuando estén tristes.    7. Habla con él: Mirar una película, jugar o leer un cuento puede ser una buena oportunidad para ponerse en el lugar de algún personaje y preguntar a tu hijo qué haría él en tal o cual situación. La empatía se aprende y se practica, si queremos que nuestros niños tengan esta virtud para la vida, debemos mostrar una actitud, un trato y emociones diferentes; somos formadores en sus vidas, si en el aquí y ahora los educamos adecuadamente lograremos erradicar el bullying y entregaremos a la sociedad seres humanos de calidad, de bien y mujeres y hombres valiosos para un mañana más sano y humano para todo. Psic. Edwin Rivera Uscanga.

Principales problemas psicológicos en niños y adolescentes.

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] Muchas veces se asume que la infancia y la adolescencia son etapas en donde se encuentra sin preocupaciones, no obstante, hasta el 20% de los niños y adolescentes tienen uno o más trastornos mentales diagnosticables. Al igual que los adultos, los niños y adolescentes tienen distintos temperamentos, algunos son tímidos, reservados y retraídos; otros son socialmente eufóricos, tienen muchos amiguitos y les gusta ser el centro de atención. Algunos son metódicos y precavidos; otros, impulsivos y descuidados, las posibles variedades de personalidad y temperamento son inagotables. Lo que determina si un niño se comporta como un niño típico o presenta un trastorno es la presencia de alteraciones y el grado de angustia relacionado con los síntomas. Por ejemplo, supongamos que una niña de 12 años puede estar atemorizada por la perspectiva de presentar el ensayo de un libro delante de sus compañeros. Este temor se consideraría un trastorno de ansiedad social si fuera lo suficientemente intenso para causar angustia y evitación significativas, al mismo tiempo, las repeticiones de esto en determinadas situaciones y en un lapso de tiempo considerable más, las mermas en las relaciones interpersonales nos harán suponer que nos encontramos quizá ante un trastorno. Hay mucha superposición entre los síntomas de muchos trastornos en comparación con las conductas y las emociones de niños normales. Por consiguiente, muchas estrategias útiles para manejar problemas conductuales en los niños también pueden aplicarse en aquellos que tienen trastornos mentales, sin embargo, debe ser supervisado por algún profesional en salud mental. Además, el tratamiento apropiado de los problemas conductuales de la infancia puede disminuir el riesgo de que los niños con temperamentos vulnerables evolucionen a un trastorno florido. Así también, el tratamiento eficaz de algunos trastornos (p. ej., ansiedad) durante la infancia puede reducir el riesgo de trastornos del estado de ánimo en el futuro. Los trastornos mentales más comunes de la infancia y la adolescencia caen dentro de las siguientes categorías: Trastornos de ansiedad Trastornos relacionados con el estrés Trastornos del estado de ánimo Trastorno obsesivo compulsivo Trastornos por comportamientos disruptivos (p. ej., trastorno por déficit de atención/hiperactividad [TDAH], trastorno de conducta y trastorno negativista desafiante). La esquizofrenia y los trastornos psicóticos relacionados son mucho menos frecuentes, y al menos la esquizofrenia sé diagnóstica una vez cumplidos los 18 años de edad, antes se consideran rasgos o principios de esquizofrenia. La catatonia pediátrica es más común que la esquizofrenia infantil. Puede representar un trastorno psiquiátrico, pero a menudo ocurre en afecciones médicas (p. ej., infecciones, trastornos metabólicos, afecciones autoinmunitarias) y los pediatras comúnmente se dificulta en identificarla. Sin embargo, con más frecuencia, los niños y adolescentes presentan síntomas y problemas que atraviesan límites diagnósticos. Por ejemplo, más 25% de los niños con TDAH también tienen un trastorno de ansiedad, y el 25% cumple con los criterios para un trastorno del estado de ánimo. Evaluación La evaluación de las manifestaciones o síntomas mentales en niños y adolescentes varía con respecto a la de los adultos de 3 maneras importantes: 1. El contexto evolutivo es de crucial importancia en los niños. Conductas que son normales a una edad temprana pueden indicar un trastorno mental grave a mayor edad, golpes, violencia verbal, psicológica etc. 2. Los niños existen en el contexto de un sistema familiar, y ese sistema ejerce un profundo efecto sobre sus síntomas y conductas; niños normales que viven en una familia perturbada por violencia doméstica y abuso de sustancias pueden parecer, si se realiza una valoración superficial, afectados por uno o más trastornos mentales. 3. A menudo, los niños no cuentan con la sofisticación cognitiva ni lingüística necesaria para describir con precisión sus síntomas. Por lo tanto, es responsabilidad del profesional de salud mental basarse mucho en la observación directa, corroborada por observaciones de otras personas, como padres y maestros. Los porcentajes y datos duros, son tomados de los artículos de la Dra. Josephine Elia MD.   Autor: Psic. Jonathan García Mezhua

Duelo Infantil, Una Realidad Negada

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] Duelo en infante, un tema muy importante, pero que del cual, poco se ha hablado, a veces como adultos se piensa que la responsabilidad es proteger a los niños de todo dolor evitando se enfrenten a este, sin embargo, la mejor protección que como adultos se puede hacer es pasar estos momentos al lado de ellos. Según las investigaciones del Dr. Bessel Van Der Kolk, M.D en su libro “El cuerpo lleva la cuenta” cuando ocurrieron los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, los niños que pasaron este momento separados de sus padres, por ejemplo, en guarderías o con personas diferentes a sus padres tuvieron más problemáticas traumáticas a raíz del suceso, no obstante, los niños que pasaron por este momento acompañado de sus padres posteriormente sufrieron menos eventualidades traumáticas, la diferencia radica en el apego, aquellos niños que estuvieron junto con sus padres, se sintieron protegidos y tenían la sensación de que nada malo podría ocurrirles, biológicamente su amígdala se reguló por la presencia del padre la madre o ambos, sin embargo, aquellos que pasaron estos momentos separados de sus padres al no sentirse totalmente protegidos, el estrés del momento, y la falta de seguridad, hicieron que biológicamente su amígdala no pudiera regularse de forma adecuada, provocando un trauma, y consecuencias posteriores a causa de esto. Entendamos a la amígdala, como el aparato de alerta sísmica que los seres humanos tenemos en nuestro cerebro, específicamente en el sistema límbico, que regula la sensación de peligro, activando otras áreas del cerebro para la segregación de hormonas como el cortisol (hormona del estrés). ¿Cómo se relaciona todo esto con el duelo infantil? Bueno, cuando alguien cercano muere (Padres, abuelos, hermanos/as tíos/as) es imposible no tener reacciones emocionales, que puede llegar a hiperactivarnos como estallidos de enojo, ansiedad, desmayos, gritos a consecuencia del dolor de la perdida, o caso contrario a hipoactivarnos, tener lagunas mentales, no saber qué hacer, paralización, mudes entre otras, que los niños obviamente observan, ocultar que alguien ha trascendido y no llevarlos a despedirse de él o ella es uno de los peores errores que como adultos se pueden cometer, ya que, los niños estarán sabiendo a medias que pasa, pero no estarán con su figura de apoyo principal, o sea los padres, que posteriormente, esto desencadenará en posibles traumas, falta de confianza, sensación de sentirse incomprendidos, reclamos posteriores hacia las figuras de autoridad etc. La verdadera forma de apoyar a un hijo, sobrino o nieto en esta posición es hablando con la verdad con respeto, empatía y asertividad, esto causará profunda tristeza en los niños, pero, es mejor que los padres estén presentes, al final de cuentas una mentira es una deuda con la verdad, que jamás se sostiene para siempre. Los niños experimentarán un proceso a su manera, dependiendo de los siguientes factores: edad, cercanía con la persona trascendida, participación en los rituales de despedida (cuestiones religiosas, asistencia al funeral, ceremonias etc.) desde que se tiene conciencia y hasta aproximadamente los 8 años los niños están en su etapa del pensamiento mágico, aunque asistan al homenaje a su familiar, pueden preguntar por él o ella, querer que regrese o manifestar querer ir a visitarlos, y es qué, entendamos que no comprenden en su totalidad el concepto abstracto de la muerte, a partir de los 8 años en adelante, el concepto de la muerte se tiene más cercano a como un adulto, solo que, es probable aún no se piense con consciencia clara la idea de la propia muerte, desde los 12 años en adelante ya puede haber consciencia plena. Lo importante en todo sentido, es que haya acompañamiento, escucha, comprensión y mucho amor de parte de sus familiares cercano, hay que recordar que los niños sanaran conforme su proceso se los dicte, no cuando los adultos quieran, obligar a los niños a estar bien todo el tiempo sin normalizar los sentimientos como tristeza o enojo, es una negligencia emocional. Los niños saben lo que pasa aunque los adultos creen que no lo saben, es importante entender que tampoco es culpa del adulto no saberlo, pero, si es responsabilidad tratar de darle lo mejor posible a sus hijos, y esto en materia es lo que orientamos se deba seguir. Autor: Psic. Edwin Rivera U.

La Importancia de la Autoestima y la Motivación Infantil

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] Hablar de dos conceptos tan importantes como lo son la autoestima y la motivación infantil, es un tema complejo, elemental e indispensable para padres, hermanos, familiares, maestros y sociedad en general. La autoestima es un tema de primer nivel de atención, ya que adquiere cada vez mayor presencia en problemas y trastornos como la depresión, anorexia, retraimiento y/o abuso de sustancias nocivas, y es que no podemos ignorar que es uno de los pilares más fundamentales para el desarrollo afectivo y motivacional de los más pequeños. La autoestima por definición hace referencia a la conciencia de una persona sobre su propio valor, es el punto más alto de lo que somos y de la responsabilidad que tenemos con nuestra propia existencia, con pleno conocimiento de nuestros aspectos positivos y negativos, así como la sensación gratificante de querernos y aceptarnos como somos, pero entendiendo las limitaciones de nuestra individualidad y libertad. En el ámbito escolar los problemas de autoestima pueden afectar de manera directa el aprendizaje y el rendimiento académico del infante, ocasionando que el desarrollo de habilidades y conocimientos se vea permeado y limitado en perspectiva comparativa con otros iguales de la misma edad. Un primer punto que debemos enseñar a nuestros niños y adolescentes es que su autoconcepto es prioritario, es el espejo que les enseña como son, que habilidades tienen y como pueden desarrollarse a través de sus experiencias de vida y las expectativas que construyen y edifican sobre ellos mismos y no sobre otros. Si como padres, familiares o sociedad logramos que nuestros niños adquieran una buena autoestima se sentirán competentes, seguros y valiosos, tomando un nivel de seguridad en sí mismo no dejándose manipular por los demás, sin embargo, sería caso contrario en niños o adolescentes con baja autoestima que no confiará en sus propias posibilidades ni en las de los demás. Dada la importancia del fomento a la buena autoestima en nuestros pequeños, recomiendo algunos tips que pueden ser de utilidad a todos ustedes padres y guías del hogar: 1. Vigila la forma en la que le hablas a tus hijos, tanto el tono como las palabras que utilizas. 2. Dedica a tus hijos frases motivadoras e integradoras. Un niño motivado persigue sus sueños y se vuelve autosuficiente. 3. Deja que tus hijos tengan responsabilidades y tareas, permite que ellos mismos se encarguen de ellas. 4. Nunca compares a tus hijos entre ellos, ni con otros niños. Entiende que cada niño es único e irrepetible y merece ser tratado con amor y respeto. 5. Evita sobre proteger a los niños. En lugar de esto, deja que se enfrenten a las dificultades que surjan y dales las herramientas para que sepan solucionar los problemas. 6. Ama a tus hijos y házselo saber. Apóyales, respétalos, dales cariño y seguridad, para ello también deberás poner límites y normas. 7. Habla con los niños sobre sus emociones y potencia en tu hogar un clima seguro y de diálogo que les anime a contar como se sienten. La educación emocional resulta esencial para que los niños aprendan desde que son muy pequeños a identificar y poner nombre a sus emociones. Si seguimos estos puntos importantes, lograremos potenciar la motivación en ellos, esa fuerza que los empujará a actuar y proponerse objetivos en su vida. Un niño con buena motivación sabe bien cuáles son sus metas y es capaz de buscar los medios para conseguirlas y mejora su capacidad de resolución. Por el contrario, los pequeños con baja motivación suelen sentirse perdidos, sin guía y por ello no son capaces de invertir la energía suficiente para lograr sus metas. No debemos olvidar jamás que son los padres quienes han de motivar a sus hijos a tomar decisiones y llevarlas a cabo, demostrándoles su confianza en sus habilidades. Deben expresarles que confían en ellos. Esto les motivará para conseguir el éxito y les ayudará a superar las dificultades que encuentren en el camino.   Autor: Psic. Edwin Rivera Uscanga

Inteligencia Emocional Femenina para el Duelo

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] El tema de la Inteligencia Emocional es algo de lo que se escucha mucho en estos días y se suele asumir que la inteligencia emocional es un deber únicamente de las mujeres. Pero ¿es esto cierto o es otra etiqueta más? Antes de cualquier juicio, comencemos por entender de qué hablamos exactamente cuándo nos referimos a la inteligencia emocional, ya que esta es la capacidad que tenemos de identificar y gestionar emociones propias y ajenas para adaptarnos eficazmente. Según Mayer y Salovey (1997), esto incluiría la habilidad de percibir y expresar sentimientos y la de regular y generar emociones que faciliten nuestro pensamiento. Dicho de otra manera, sería la capacidad de utilizar nuestras emociones y las de otr@s para aprender y movernos mejor en el mundo. ¿Por qué y para qué necesitamos la inteligencia emocional las mujeres? Muchos de los problemas de estrés, de ansiedad o depresión están relacionados con un déficit en la inteligencia emocional, lo cual repercute en la capacidad de las personas para afrontar inteligentemente situaciones emocionales de la vida diaria, principalmente lo relacionado con experiencias traumáticas como la pérdida repentina o anticipado de algún ser querido o cualquier otro tipo de pérdida. Obviamente la IE (inteligencia emocional) no resuelve nuestros problemas como si fuera una varita mágica. La inteligencia emocional no va a evitar que sientas dolor, tristeza o enojo. Tampoco que tus pensamientos evoquen recuerdos. Pero disminuye el desgaste psicológico y te permite afrontar mejor las dificultades que encuentras en la vida, para que no frenes tu avance. ¿ES MAYOR LA INTELIGENCIA EMOCIONAL EN MUJERES QUE EN HOMBRES? ¿SOMOS DIFERENTES EN CUANTO A INTELIGENCIA EMOCIONAL UNOS Y OTRAS? A las mujeres siempre se les ha considerado el género más “emocional”. Los estereotipos de género para ellas incluyen que se emocionan fácilmente y que son más intuitivas. También se suele considerar que saben rápidamente lo que está sintiendo otra persona, son más empáticas. Y por supuesto expresan más las emociones, hablan más de sentimientos. En definitiva: que son más expertas que los hombres en cuanto a emociones y a inteligencia emocional. Desafortunadamente esto ha ocasionado que las mujeres lleven a cuestas grandes cargas mentales que no les permiten vivir con naturalidad su proceso de duelo. Hablar de inteligencia emocional femenina para el duelo, es referirnos a la capacidad que tiene la mujer para reconocer sus propias emociones, hacer un análisis de su biografía o historia de vida y establecerse una ruta de avance y desarrollo humano para poder resignificar los recuerdos tristes y dolorosos que conserva de su ser amado, sustituyendo esas memorias traumáticas por pensamientos activos que impulsen a la acción y resolución de los malestares psico-corporales. Una mujer con este coeficiente emocional tiene la capacidad de llevar a cabo la introspección y encontrarse con su yo herido, es también empática y resiliente, incluso aunque haya caído en un bache o se haya roto en pedazos su lado emocional, tiene la capacidad de resurgir de entre las cenizas tal cual lo hizo la mitológica Ave Fénix. Y siempre recuerda que si deseas trabajar tu capacidad emocional puedes acercarte a nosotros y te acompañaremos en todo tu proceso. Autor: Psic. Edwin Rivera Uscanga

MUJER Y DUELO INTEGRAL

[siteorigin_widget class=”WP_Widget_Media_Image”][/siteorigin_widget] El contexto de la mujer en el duelo es sumamente importante, su rol al enfrentar cualquier tipo de pérdida como en todo duelo depende del nivel de cercanía, de apego y de amor que se tuviera con su ser amado trascendido. El duelo de una madre a cualquier edad, es uno de los duelos más difíciles, expone todo el sentimiento y angustia, toda tristeza y amor, el duelo de esposa, aquel que separa cuerpos, pero no destinos, en donde se despide al compañero de vida y en donde los propósitos, metas y compromisos a futuro nos juegan en contra, el duelo de hija, el duelo de abuela, los duelos de las mujeres son duelos de la vida misma. Jamás ha sido el sexo débil, porque aun con toda la tristeza y dolor del mundo, cargan en los hombros el pesar de los que se fueron y los que se quedan, cuidando de todos ¿quién cuida de ti? Si tienen todo el derecho de ser cuidadas, de ser atendidas y comprendidas, pero, no porque se piense la mujer no puede, sino porque se sabe, que aunque puedan con todo un poco de ayuda jamás está de más, débil el que cree no debe demostrar, débil el que se desquita con inocentes, el que miente y no asume sus consecuencias, fuertes aquellos que lloran, que se levantan, que van que luchan, que recuerdan que encaran, fuertes y sensibles, como aquella almeja que protege la perla, como aquella madre que se permite sanar, duelo integral, duelo trabajado, duelo integral el que se explora, el que nos permitimos fluir y en el que, independientemente de la situación, lo gestiono, duelo integral aquel que trabajo, que no oculto, aquel que me hace ser persistente, para la mujer en duelo, que sea integral, que sea sano. Cuando se habla de la viudez, lastimosamente al ser desde el punto de vista femenino, se piensa, son vulnerables pues se quedaron sin la protección de su pareja, se les puede ver incompletas, pero esto no debería de ser así, mujer completa, la tristeza es inevitable, pero siguen estando completas, no están desamparadas y mucho menos sin futuro, se merecen ser felices aunque en el momento de la pérdida se vea lejano, lo conseguirán, el bienestar, jamás olvidarán a ese ser que les dio amor y compañía, pero podrán vivir su existencia sin el pesar de que no está, más bien con la tranquilidad de que existe de forma diferente. Claro que se merecen estar bien, no pasa nada con desearlo, así como también no pasa nada al rehacer su vida amorosa en algún punto de su vida si así se desea, porque el amor es libertad y no ataduras, como se dijo anteriormente, la muerte separa cuerpos, pero no destinos, su felicidad no es sinónimo de olvidar a su ser amado, es sinónimo de seguir avanzando, de ver por ustedes mismas, pero, sobre todo, de sentirse viva, mujer, eres lo te permites ser, permítete ser infinita. Autor: Psic. Jonathan García Mezhua

MUJER COMPLETA

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] Cuando se habla del sentir, muchas veces se entiende por verdadero lo que está establecido, lo que está dicho, lo que nos enseñaron que era lo correcto, cuando se habla del sentir recurrimos a lo que se ha aprendido a priori, al marco de referencia, pero, lamentablemente este marco en diversas ocasiones se basa en cuestiones no saludables, en creencias que se pudiera pensar ayudan, pero que solo reprimen. El ser humano, el ente más evolucionado del planeta tierra muchas veces encuentra sus fronteras al hablar del sentir, y más aún cuando se habla del sentir femenino, no son mentiras que aún el día de hoy las garras del machismo estén presente en la visión de los individuos, y lastimosamente hacen que no se midan con las mismas reglas el sentir del hombre y la mujer, no hay diferencias entre nosotros, aunque así se ha hecho creer, desde el baby shower que hace augurio del sexo del bebé, azul para niños rosa para niñas hay una distinción como tal, pero las mayores distinciones son la que lastiman y reprimen. El valor de todo ser humano no lo dictamina la pareja con la que decide acompañar su vida, tampoco por la cantidad de estudios o de dinero que posea, cada ser humano es un ente imposible de medir, y lo que dictamina su valor es su congruencia al existir (pensar, sentir y actuar de manera asertiva), pero, sucede algo curioso cuando hablamos del sentir humano enfocado al lado femenino, y es que la historia pesa para las personas que quieren cargarla. Contrario a lo que antes se creía la mujer no es el complemento del hombre, no está para servir y mucho menos para dedicarse en mente y corazón a algún hombre; hoy su lucha está de regreso y con más fuerza, y la consciencia de la equidad cada vez se deslumbra más, hoy su lucha les hace saber que son mujeres completas, las que trabajan y las que crían, las que deciden no tener hijos y las que estudian, aquellas que aman con libertad y sin prejuicios, y aunque su lucha es grande, no ha llegado a todas, no porque no pueda, sino, porque a veces no es permitido por las propias mujeres que tienen arraigado aquello que les enseñaron, aquello vivieron e interiorizaron, aquellas que normalizaron, y no es su culpa, no deben de ser señaladas, ni exigir que cambien de postura de la noche a la mañana, la deconstrucción es un atardecer en donde cada uno abre sus ojos para ver a su tiempo, pero, si deben ser ayudadas, orientadas y acompañadas en su trayecto.   Con la muerte se va parte de la vida, pero, se quedan muchas veces la sombra de la historia y de los mitos, para todos y todas aquellas personas que lean este articulo hecho con sumo respeto y empatía, les pido encarecidamente tomen en cuenta las siguientes recomendaciones si conocen a alguna persona que necesite este apoyo, familiar o amistad.   “Mujer eres fuerte” cuando trasciende el esposo, concubino, novio o pareja en muchas ocasiones se crea una estigmatización sobre la esposa y se le achaca el término “débil o vulnerable”, cuando se habla del sentir es imposible no se denote triste, pero no débil, más bien el termino correcto es sensible ¿y quién no está sensible tras la pérdida? Independientemente si la relación en vida haya sido buena o no, el dolor que se siente es real, por ende, la mejor forma de validar su duelo es no minimizando, evitar palabras como “ya otra vez vas a llorar, tienes que ser fuerte piensa en tus hijos, ya déjalo descansar no le llores, ya tienes que darle la vuelta a la página no sirve de nada que te sientas así”.   “Mujer no eres viuda” entendamos que este término es precisamente de luto y no de duelo, es una capa que cubre y ata, que encierra y reprime, y que aun cuando la pareja haya trascendido pesa más el “cumplir” con un deber de ser fiel aún después de la muerte, toda persona que ha perdido a su compañero/a de vida tiene derecho a encontrar una nueva pareja en el momento que se sienta lista/o, y que ésta acción no tiene nada que ver con “faltar el respeto a la memoria” o “serle infiel a la persona que ha trascendido”, mujer no eres viuda eres libre, de amar y de recordar, de extrañar y de mirar hacia enfrente, de aprender y de valorar, de querer estar y sentirse bien, y aunque para esto es importante primero desahogarse, dejar ir, perdonar y cerrar ciclos, no tiene nada de malo querer empezar de nuevo. Mujer eres más que la extensión del hombre, y tienen todo el derecho de amar amándose primero a ustedes mismas, ayudemos no encasillando, no reprimiendo ni señalando que su vida amorosa se ha acabado con la partida de su compañero de vida.   “Mujer, estás completa” son más de lo que les han dicho, más que sus problemas y sensibilidades, más que sus limitantes y sus errores, no son complemento y no buscan alguien que se complemente con ustedes, su dolor es válido y nadie tiene derecho a minimizarlo, a decirles que “no es para tanto” no son egoístas por pensar en ustedes como prioridad, por valorarse y reconocerse como seres inigualables e irrepetibles, soltar no significa olvidar, soltar es sanar y reconocer que no serán igual tras la pérdida pero que, esto necesariamente no tiene que ser malo. Ayuden comprendiendo, ayuden escuchado y empatizando con sus amigas, hermanas, madres o abuelas, tías o vecinas que pasan por esto, háganles saber el valor de su lucha y su sacrificio, el valor de las lágrimas y de la sanación y sobre todo ayuden a hacer consciente todas aquellas conductas y pensamiento de luto que no ayudan, que lastiman, en el arte del sentir es importante la deconstrucción que cada persona a su tiempo experimenta, mujer completa, mujer fuerte,

EL DOLOR QUE SE VIVE EN SILENCIO

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] El duelo desautorizado, también llamado duelo silente o duelo prohibido, es aquel que nosotros mismos, el entorno o la sociedad en la que vivimos nos niega o nos fuerza a no expresar de la forma en que necesitaríamos. Hay multitud de condicionantes que llevan a que se produzca un duelo desautorizado siendo uno de los principales que exista un conflicto interno que impida la posibilidad de expresar nuestras emociones con libertad. Cuando somos nosotros mismos los que deslegitimamos nuestras propias emociones acerca de una pérdida, en la mayoría de los casos, por no decir en todos, es porque nos presenta un conflicto interno. Por desgracia para muchas mujeres es una realidad que deben afrontar, sobre todo en ciertos casos específicos, como lo son todos los tipos de duelo silente, tales como: Duelo perinatal, Duelo por Ruptura Amorosa, Duelo por Pérdida de la Mascota, Duelo por pérdida de la salud, Duelo por Suicidio o Duelo por pérdida de la Pareja cuando se es Amante. Debemos entender que parte importante del proceso de duelo es entender que tanto hombres como mujeres tenemos diferencias en la forma de afrontamiento del proceso de duelo; el género y las influencias culturales, religiosas o espirituales también pueden tener un papel en cómo vivimos el duelo las personas. Estos factores afectan cómo se procesan y expresan nuestras emociones adecuadamente. Aunque las generalizaciones no son ciertas para todos, los hombres y mujeres solemos tener respuestas diferentes ante el duelo y no por ello significa que uno u otro lo afronta mejor, porque todo duelo es unipersonal, único y especial. Por desgracia existen ideas distorsionadas que estigmatizan a la mujer con frases como “la mujer está acostumbrada al dolor”, “es la cruz que le tocó cargar”, “una buena mujer conserva su matrimonio”, “una buena madre se sacrifica por sus hijos”, “una mujer debe saber conservar la compostura”, todas estas ideas van programando a las mujeres a silenciar sus malestares físicos y emocionales, provocando que el cumulo emocional les cobre posteriormente la factura, que la infelicidad y el sufrimiento aumenten y que se perciban a sí mismas como seres incompletos o carentes de capacidad para hacerle frente a la adversidad, convirtiéndose en una versión derrotista de su propia personalidad. Decirle a una mujer que acaba de perder a su bebé en el vientre que se calme, que su bebé ya está en un mejor lugar o que fue la voluntad de dios, es lo mismo que decirle a una madre de un suicida que se calme porque esa fue su voluntad, en ambos casos estamos impidiendo y desautorizando la expresión de sus necesidades, de sus sentimientos y de sus pensamientos angustiosos. Una mujer que vive un proceso de duelo tiene la capacidad de ser resiliente y sobreponerse a la adversidad, pero para ello necesita que su duelo sea validado y soportado por su red de apoyo familiar, social y religioso, entendiendo que ningún dolor debe minimizarse ni compararse con el de alguien mas. Es menester entender que esas expresiones emocionales que se contienen y retienen tienen una estrecha relación con las quejas psicosomáticas y que lo que hoy tus labios no enuncian, el día de mañana tu cuerpo hablará por ellos. Como mujer debes tener un compromiso y una fidelidad contigo misma, con tu sentir y con el amor propio que emana de ti. Siempre habrá tiempo para todo, para vivir el malestar pero también para levantarte, sacudirte el polvo de los residuos emocionales y continuar a tu ritmo hasta lograr recobrar totalmente tu camino. Recuerda que si otros no reconocen tu derecho a expresar tu duelo, siempre será más importante la opinión que tengas de ti misma, lo verdaderamente importante es no desatenderte ni entregarte a las sombras del sufrimiento. El duelo es un malestar provisional que estará moviendo muchas cosas en ti hasta que encuentres los recursos necesarios para emprender las tareas del duelo y resignificar la muerte de ese ser amado o el abandono de esa pareja. Piensa que es de humanos vernos rebasados por las situaciones y siempre es mejor pedir ayuda, acércate a los profesionales de Salud Mental para que te orienten en el camino. Autor: Psic. Edwin Rivera Uscanga Psicoterapeuta y Tanatólogo

PENSAR EN UNO

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] A lo largo del tiempo, el amor ha inspirado a innumerables poetas, se ha descrito desde muchos puntos de vista, el amor arropa y enseña, educa y crea, Jaime Sabines decía “Los amorosos callan, el amor es el silencio más fino, el más tembloroso, el más insoportable. Los amorosos buscan, los amorosos son los que abandonan, son los que cambian, los que olvidan”. Neruda creía que el amor puede salvarnos de la vida misma “si nada nos salva de la muerte que el amor nos salve de la vida”, pero, ¿qué pasa si el amor se acaba? ¿fue amor? ¿tiene fin? Preguntas que generan innumerables debates y es que, el amor no se gasta, lo desgastamos, y cuando hablamos de la reciprocidad de una pareja nos encontramos con que para tener encendida la fogata del querer se debe soplar con equidad. Cuando hablamos de dos corazones queriendo ser un corazón nos encontramos con que las medidas jamás van encajar, y lo que sobra se llaman expectativas, y mientras más haya mayor es el desencanto cuando rompemos la burbuja. De todos los amores hay en esencia uno infravalorado y que irónicamente ha sido muy hablado, el amor propio, sin embargo, para amarse hay que conocerse, y cuál es la sorpresa que muchas veces no sabemos quiénes somos, qué queremos, y que no, al final de cuentas la vida es un cambio constante. Cuando los cambios son inevitables hay que aceptarlos, estar en una relación de pareja que hace mucho tiempo dejó de ser relación para ser trinchera, se convierte en sufrimiento, ¿cuántos no han caído en las garras del pasado? Aferrándose a una versión de sus parejas que ya no existe, o a una felicidad pasada de nosotros mismos, disfrazada de “pero todo va a cambiar”, y es cierto todo cambia, pero muchas veces no como se quiere, a veces dejar morir ese árbol que antes les dio sombra, pero hoy me da pesares, es el mayor acto de humanidad. Y cuando el cambio se da, cuando estoy al borde solo hay una cosa que podemos hacer “pensar en uno” todo mundo nos puede abandonar consciente o inconscientemente, pero no podemos escapar de nosotros mismos ¿somos cárceles o praderas? Depende de la lupa que se vea. No es egoísta pensar en uno, no es egoísta ponerte de prioridad, tu salud mental, física y hasta espiritual, pensar en uno, es escuchar los consejos de los abuelos, honrar las enseñanzas los padres y valorar nuestra propia existencia ¿cómo puedo honrarme? Cuidando mi cuerpo, evitar caer en vicios que nos saquen de la realidad que se vive, los escapes a ratos cortan la libertad perpetua. Se pueden encontrar con diversas opiniones a lo largo del sendero, escuchar aquellas que pretenden ayudar asertivamente, probablemente, habrá personas que comenten que te debes dar tu tiempo, no estar al pendiente de redes sociales y demás, y habrá otras, que comenten lo contrario, que eso no es de personas “maduras” o que son “niñerías” y es aquí en donde la inteligencia emocional hace su entrada, ¿con qué podrás? ¿qué no necesitas aparentar? Recordemos que no a todos nos sirve lo mismo, pero si para aparentar ser fuertes se torturan, entonces la táctica no está funcionando, a veces por salud mental está bien dejar de insistir en hacernos presentes en la vida de aquellas personas de las que debemos de sanar, que no son niñerías y harían merito a una persona madura. Pensar en uno, es ser empático conmigo mismo y saber reconocer cuando mi ser necesita un descanso. Pero, hay otros momentos en donde podemos pensar en nosotros mismos y al mismo tiempo ser empáticos con alguien más, cuantos no han escuchado el siguiente dicho “un clavo saca a otro clavo” y es que esté dicho es tan común que se ha escuchado desde 1314 a. C. en la obra “Política” de Aristóteles y posteriormente por Marco Tulio Cicerón, que utilizó esta expresión en las “Disputaciones Tusculanas” (44 a. C.), al referirse a las penas originadas por el mal de amor, en los siguientes términos: “Novo amore, veteram amorem, tamquam clavo clavum, eficiendum putant” (el nuevo amor saca al viejo amor, como un clavo a otro). Entonces, si estos grandes pensadores la implementaron ¿cómo podrían estar equivocados? Y la respuesta es simple, y es que no le daban el mismo simbolismo que hoy se le da a esta frase. No hay porque hacer cargar a una persona inocente con nuestros pesares, cuando se pase por esta situación cuidar de uno significa cuidar del otro, si bien un clavo puede sacar a otro, esto jamás es instantáneo, puesto que antes de salir se entierra más, desgarra y lastima, sin embargo, si dejamos que el clavo haga frente al tiempo, que el aire lo embista, que la madera lo consuma, que sienta su duelo, el clavo se desgasta, se debilita y entonces y solo entonces puede salir, con una ayuda por supuesto, de la familia, de los amigos, de profesionales en la salud mental, y cuando la madera esté lista para recibir otro clavo, entonces puede entrar, en teoría un clavo sacó otro clavo sí, pero en esencia el duelo del primer clavo fue el que hizo todo el trabajo. La mente de los filósofos es un enigma, como el amor, como la vida, como los humanos. No tengamos miedo a lo que pueda pasar, que valorarse a uno mismo es saber que puede volver a amar, la herida hay que dejarla sanar, darle su tiempo, que siempre vendrán cosas mejores, y no hablamos de personas, si no de momentos, de crecimiento, de tristeza, pero, sobre todo, de Resignificación. Cuidar de uno, es cuidar de los demás, el amor es eterno y no termina, terminan las relaciones, pero los aprendizajes son significativos, son sempiternos. A lo largo del tiempo, el amor ha inspirado a innumerables poetas, se ha descrito desde muchos puntos de vista, el amor arropa y enseña, educa y crea, agradecer lo vivido y perdonar

AMAR Y QUERER NO ES LO MISMO

[siteorigin_widget class=”SiteOrigin_Widget_Image_Widget”][/siteorigin_widget] El amor es un sentimiento único e irrepetible, puede ser motivado o inspirado por alguna persona o incluso algún objeto. El amor crea vínculos cercanos entre dos seres individuales que se encuentran, se conocen, se descubren frente al otro y que después de un proceso de comunicación, interacción y de explosiones emocionales llegan a procesar racionalmente la emoción, transformándola en el sentimiento más puro que conocemos y al cual le llamamos amor. Sin embargo, hablar del tema del amor es un poco más complejo de lo que pensamos, no existe un único tipo de amor, son diferentes tipos que es importante conocer. Al amor romántico y pasional se le denomina “Eros”, usualmente se da al inicio de la relación, es aquí en donde las parejas aseguran haberse enamorado “a primera vista” y comienzan a idealizar a su pareja como lo máximo. Tiene que ver con la intensidad de la atracción física y pasional por la otra persona. Por otro lado, tenemos al segundo tipo de amor, me refiero al amor lúdico o “Ludus” en el cual la pareja busca más aventuras y diversión, en este tipo de amor la atracción física juega un papel muy importante, sin embargo, es un amor efímero y pasajero, ya que cuando alguno de los miembros de la pareja se aburre va en busca de algo nuevo que le despierte la misma capacidad de asombro. En tercer lugar, tenemos a uno de los amores más bonitos, el amor amistoso y leal “Storge”, el cual está basado en la lealtad, amistad y compañerismo, se caracteriza por ser un amor maduro y duradero en donde hay un compromiso real con la pareja y las demostraciones de pasión intensas pasan a segundo plano. Pero no solamente tenemos estos tres tipos de amor, existen combinaciones de los afectos que pueden dar como resultado alteraciones patológicas en las relaciones de pareja, por ejemplo: el amor maniático que surge de la suma del amor “eros” y “ludus”, nace pues de lo obsesivo y lo pasional, viene de las personas con baja autoestima que necesitan sentirse amadas, este tipo de relación se basa en los celos y la posesión, por ende puede terminar en violencia y ser un pase seguro al duelo por ruptura amorosa. Por otro lado, tenemos otro tipo de amor que pudiera tornarse patológico, pero en menor intensidad que el anterior, por supuesto hablo del amor pragmático, el cual se deriva de la suma del “Ludus” y “Storge”, este pudiera decirse que es un amor interesado, realista y práctico, en cuyo caso busca en la otra persona que pertenezca a su mismo círculo social, económico, de gustos e intereses, ya que de lo contrario terminará por decepcionarse y dará fin a la relación. A pesar de estas formas patológicas y variadas de amor, las parejas en el deber ser, tendrían que cultivar el amor Ágape el cual surge del amor “Eros” y “Storge”, ya que este amor es una combinación de lo romántico, amistoso y leal y se basa en un compromiso inquebrantable, en donde no hay celos, ni se espera nada del otro, la base es el bienestar de ambas partes. Si este tipo de amor se alcanza, el querer deja de ser y se vuelve un amor incondicional; es importante que sepamos que aquella persona que quiere, sentirá la necesidad de poseer a la otra persona, esperará que su pareja cumpla con sus expectativas e ideales y demandara de forma obsesiva su atención, su tiempo e incluso su voluntad. Quizá al inicio de la relación es imposible no empezar por el querer, ya que este nos sirve para ir conociendo a nuestra pareja y explorar infinitas posibilidades que nos alejen de la monotonía, sin embargo, debemos estar conscientes que todo amor debe madurar y fortalecerse, ya que de lo contrario puede estar destinado al fracaso y por ende derivar un duelo profundo por ruptura amorosa en el noviazgo o divorcio en el matrimonio. En este último punto debemos ser conscientes y entender que frente a cualquier tipo de ruptura amorosa en el matrimonio los hijos no tienen la culpa de las decisiones y/o conflictos de los padres, ponerlos entre la espada y la pared es una forma de violencia y negligencia de cuidados, ya que los niños al final del día siguen teniendo un vínculo con ambos padres y no tienen por qué generar resentimientos o conflictos. También es menester señalar que hablar de amor es también un tema individual, debemos partir del amor propio y no mantenernos en una relación destructiva bajo el pretexto o argumento de que lo hacemos por nuestros hijos, ya que lo único que lograremos es hacer sentir culpables o responsables a los niños por nuestros apegos patológicos y les generaremos un trauma. Autor: Psic. Edwin Rivera Uscanga Psicoterapeuta y Tanatólogo

Con la finalidad de darles a Usted y su familia las herramientas que les puedan ayudar a estar listos para atravesar la perdida de un ser amado, nuestro grupo de expertos en Tanatología han preparado una serie de publicaciones.